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I
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inris 3CIENTIA VÍRITaS
COLECCIÓN DE ESTUDIOS ARABES
III
DECADENCIA Y DESAPARICIÓN
DE LOS
ALMORÁVIDES EN ESPAÑA
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i»T(S SCIENTIA VERI
COLECCIÓN DE ESTUDIOS ARABES
III
DECADENCIA Y DESAPARICIÓN
DE LOS
ALMORÁVIDES EN ESPAÑA
DICáDINCIA f DI8iPARIGIl)N
DE LOS
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POR
D. FRANCISCO CODERA | > w ..
de la R. A. de la Historia
catedritico de Lengua Árabe en la Universidad
Central
ZARAGOZA
TIP. DE COMAS HERMANOS, PILAR, 1
V.3
/2.'9'. 5V-
INTRODUCCIÓN
Es cosa corriente j admitida por cuantos
«e dedican en serio al cultivo de nuestra
Historia, que la dominación de los árabes en
España está por escribir; pues si tenemos
una obra buena, en cuanto podía pedirse hace
40 años cuando Dozjr escribió su Historia de
los musulmanes de España hasta la conquista de
los almorávides, el autor holandés, como indi-
ca el título de su obra, suspendió la narra-
ción al terminar el período de los reyes de
Taifas, dejando por historiar los períodos de
Almorávides, Almohades, Beni merinos j Na-
VIH
seríes de Granada^ prescindiendo de otras
dinastías, españolas 6 africanas^ que por poco
tiempo dominaron parte de la Península.
Es verdad que ja antes había escrito don
José Antonio Conde su Historia de la domina-
ción de los árabes en España, libro que en un
principio se creyó en toda Europa que lle-
naba el vacío de nuestra historia; pero la
obra de Conde cajó pronto en descrédito pa-
ra los inteligentes nacionales j extranjeros,
habiendo sido objeto fuera de España de
acerbas críticas, que un mal entendido pa-
triotismo ha hecho creer infundadas, cuando
en realidad sólo resultan exageradas; pues se
atribuyó á ignorancia completa de la lengua
lo que en mi sentir (y en esto creo ser más
duro con Conde) es debido á lo que pudié-
ramos llamar mala fe literaria, porque el
autor, cuando encontraba una dificultad in-
soluble, como tenía que encontrar muchas
y se encuentran aún hoy, cortaba el nudo en
vez de desatarlo, ó de confesar su ignorancia
en puntos concretos por falta de datos.
En prueba de mis apreciaciones citaré
dos hechos muy importantes de nuestra his*
IX
loria árabe, que Conde no podía entender, j
que le llevaron, el uno á multitud de erro-
res, j hasta falsificaciones, j el otro á cam-
biar una fecha, alterando la unidad^ decena
j centena para hacer entrar el hecho, á que
parecía referirse, en la cronología recibida.
Habiendo encontrado en varios autores
árabes que el centro de la rebelión de Omar
Abenhafsún, fué y^-^^ que tomó por Bar-
bastro, en la provincia de Huesca, cuando en
realidad era Bibasler, en la provincia de Má-
laga, cerca de Antequera, trasladó á Barbas-
tro el centro de operaciones, é hizo girar á
Omar en torno de esta ciudad, cambiando
los nombres de Archidona, Antequera, Elvi-
ra^ Granada, Málaga j otras, por los de las
poblaciones, á que se podía llegar desde Bar-
bastro, como son Monzón, Tamarite, Lérida,
Roda, Huesca, Zaragoza, Alcañiz, etc.
Comprendo que este cargo es gravísimo
j que habrá quienes lo tacharán de exagera-
ción mía: no lo dirán los arabistas: éstos po-
drán decir que cargos tan graves, aunque
sean fundados^ no deben hacerse por un es-
pañol, máxime cuando Conde está bastante
desacreditado: á esto diré, que ni creo á Con-
de bastante desacreditado entre nosotros,
puesto que muchos siguen citándole j to-
mándole como guía, ni entiendo el patriotis-
mo de este modo tan estrecho.
Podría suponerse en defensa de Conde
que en algún manuscrito árabe lejó las gue-
rras de Omar Abenhafsún como las narra en
su libro: no podemos asegurar que así no
fuera; pero de todos modos es indudable que
Conde lej6 la narración de estas guerras co-
mo la leemos hoj en los autores publicados,
muchos de los cuales leyó, j en el mero he-
cho de diferir esencialmente la narración de
como se encontraba en el supuesto manus-
cristo, que nadie ha visto, tenía obligación
«stricta de advertirlo, so pena de autorizar-
nos á tacharle de falsario.
Hemos admitido la suposición de que
Conde viera un manuscrito cuja narración
en este punto difiriese de la de otros; pero
estamos seguros de que no hubo tal cosa, j
esta es en último término la opinión de los
arabistas, aun la de aquellos que procuran
atenuar los cargos contra Conde.
XI
El otro hecho á que hemos aludido es el
siguiente: Conde llegó á leer bástanle bien
las monedas árabes españolas: vio sin duda
muchas de las acuñadas á nombre de Hixem
11^ bastantes años después de muerto, j no
pudiendo entonces comprender esto, que se
explica hoj perfevUamente por el reconoci-
miento del falso Hixem II, por el cadí de
Sevilla j demás rejes de Taifas que podría-
mos llamar del partido legi ti mista, salió de
la dificultad, ó se alucinó, al describir una
moneda de Sevilla del año 438^lejendo en
ella la fecha 382: j nótese que la moneda
estaba bien conservada, según resulta del
grabado K
No todo lo que escribió Conde, ni mucho
menos, es disparatado; pero haj en su obra
muchos errores, j los no arabistas no están
en condiciones de distinguir lo bueno de lo
malo: por tanto no deben hacer uso de tal obra:
entre los arabistas dudo que haja uno que
se atreva á aceptar, por la sola autoridad de
I Memorias de la Real AcBílemia de la Historia,
to. V, pég. Í55, lámina 1." núm. 10.
XII
Conde» una noticia que le interese para sus
trabajos j que él mismo no baja encontrado
en los autores árabes.
La desconfianza absoluta que debe tener-
se de la obra de Conde, alcanza lo mismo á la
de Viardot, mero trasunto de la de Cpnde, á
las obras de Romey, D. Modesto Lafuenle j á
otras muchas que para la parte árabe son en
general meras paráfrasis de las de Conde 6
Yiardot, con la particularidad de que en
muchos casos, por no copiar las palabras del
original, al querer retocar el cuadro por su
cuenta, le dan más colorido, j con esto e}
cuadro resulta más falso: no lo hacen así los
autores árabes, que casi siempre copian las
palabras de los autores anteriores.
Además de las historias de Dozjr j Con-
de, tenemos la Historia de las Dinastías maho^
metanas en España por nuestro querido maes-
tro D. Pascual de Gajangos; pero esta obra,
escrita en inglés, sin que se haja hecho ver-
sión castellana, no es original, ni el autor lo
pretendió, sino traducción-arreglo de una
obra de autor árabe-marroquí de principios
del siglo xvii, con muchas ilustraciones to-
XIII
xnadas por el Sr. Gajangos de otras obras,
inéditas muchas de ellas.
La obra escrita en estos últimos años por
Mercier ^ , por su contenido general podría
servir mucho para ilustrar nuestra historia
árabe, ja que entre ambos países musulma-
nes hubo siempre gran comunicación, aun
cuando no existía identidad de gobierno,
como sucedió en períodos más ó menos lar-
gos; pero como probamos en las Aclaracio-
nes, en lo referente á los acontecimientos de
la dominación árabe ocurridos en España el
autor incurre con harta frecuencia en graves
errores j debe por tanto consultarse con des-
confianza, j es que Mr. Mercier se propuso
una cosa imposible, escribir la historia de
las dinastías africanas, que no han sido aún
objeto de estudio especial j completo por
parte de ningún europeo, j mientras no se
haja hecho la historia de cada dinastía, no
es posible que uno escriba bien la de todas
ellas.
4 Histoirf de I A frique neptentrionale (Berberie)
depuis les temps les plus recules jusqu' ii la conqui"^-
te franraise (1830) par EmeU Mercter. 3 lo. en 4.°— Pa-
ria, 1ffi»-1 891 .
XIV
Si hasta ahora no se ha escrito una bue*
na historia árabe de España, ¿se está en con-
diciones de escribirla? Creo que no: los
estudios árabes no están suficientemente ade-
lantados para que se pueda sintetizarla his-
toria: aunque se han publicado durante los
cincuenta años últimos muchos textos refe-
rentes á cosas de España, otros muchos^ j
quizá los más importantes, están aún sin
publicar^ j por muj buena voluntad j cons-
tancia que supongamos en los arabistas, no
es lo mismo estudiar cómodamente en su
gabinete un libro impreso^ que hojear un
manuscrito de mejor 6 peor letra en el de-
partamento de una biblioteca, con las mo-
lestias j deficiencias consiguientes: mien-
tras no se hajan publicado previamente los
muchos libros que se conocen de nuestra his-
toria^ nos parece mujr difícil, por no decir
imposible^ que pueda salir un genio^ que
después de examinar por su cuenta lo mucho
que existe esparcido en bibliotecas públicas
j privadas, pueda abarcar de un golpe la
historia general de los árabes en España.
Hoj por hoj, quizá lo único que debiera
XV
hacerse, es trabajar moDograríp":, dilacidan-
do puntos especiales; monogr. fías que rehe-
chas 6 completadas por el mismo autor, 6
por autores posteriores, preparasen los ele-
mentos para trabajos de conjunto.
Dicho lo que precede, se comprenderá
que no tenemos la pretensión de escribir la
Uistoria de los almorávides, propiamente tal: el
presente trabajo fué escrito hace bastantes
años como Estudio numismático del periodo in/er-
medio entre Almorávides y Almohades: publica-
das luego por nuestro amigo D. Antonio
Vives todas las monedas árabes españolas
conocidas, aunque sin discutirlas ni aprove-
char sus datos, pues esto no entraba en su
plan, ja nuestro trabajo primitivo había per-
dido una buena parte de su importancia, j
lo redactamos de nuevo, discutiendo los he-
chos á la luz de todos los datos conocidos,
muchos de los cuales aparecían bastante más
claros en vista de los datos que nos habían
proporcionado libros antes no conocidos, j
que hoj posee la Real Academia de la His-
toria.
Acordada la publicación de la Colección de
XVI
estudios árabes, como nuestro trabajo no resul-
taba de fácil lectura para los no arabistas,
pues los textos árabes estaban discutidos en el
cuerpo del trabajo, j el objeto de la Colección
es vulgarizar los resultados de los estudios
arábigos, lo hemos redactado de nuevo, his-
toriando el periodo de la decadencia y desapa-
rición de los Almorávides en España, refiriendo
los hechos como nos han parecido resultar
de nuestras investigaciones; pero no preten-
diendo que se nos crea por nuestra palabra,
en notas é ilustraciones nos referimos á los
textos, en que nos apoyamos, y como no po-
cas veces los autores están discordes, hemos
discutido los textos en comprobación de la
opinión que seguimos: alguna vez, sin em-
bargo, hemos dado en el texto las diferentes
versiones respecto á ciertos sucesos, cuando
por ser las noticias poco abundantes, no he-
mos encontrado razón especial para decidir-
nos por una versión más bien que por otra.
£1 número j extensión de las notas é
ilustraciones parecerá quizá excesivo; pero
téngase en cuenta que los puntos tratados lo
son casi por primera vez para el público j
XVII
había que indicar todas 6 la major parte de
las fuentes 6 de las razones que nos habían
guiado en nuestra investigación.
Fuentes. Como podrá observarse fácil-
mente, para nuestro estudio nos servimos en
primer término de los autores árabes publi-
cados 6 inéditos: no pocas veces nos guiamos
por los Cronicones, cujos datos son en general
de la majror importancia j deben tenerse
mujr en cuenta, aun en los casos, pocos por
cierto^ en que parecen en contradicción con
los textos árabes: siguiendo la marcha que
indicamos al escribir nuestro Discurso de recep-
ción en la Real Academia de la Historia^ aprecia-
mos en mucho los datos de los Cronicones y
Necrologías de monasterios, al paso que pres-
cindimos por completo de lo que digan res-
pecto á un punto especial los historiadores
generales 6 particulares desde el siglo xv en
adelante, porque de las cosas árabes sabían
casi siempre mujr poco j los encontramos
disparatados con harta frecuencia, extravia-
dos por las tradicciones locales; j como en
general no citan las fuentes, no tenemos la
pretensión de acertar á separar lo poco que
Almorávides
XVIII
pueda haber de aceptable de lo mucho que
indudablemente es disparatado.
Y esto merece alguna explicación. Na
hacemos á nuestros historiadores clásicos de
los últimos siglos la ofensa de suponer que
se fingieron los hechos relativos á los árabes;
de ordinario sólo conocían nuestros Cronico-
nes antiguos, que se esfuerzan en aclarar lu-
chando con la escasez de datos: alguna vez se
vislumbran en sus palabras trasuntos de tex-
tos árabes mejor ó peor traducidos^; pero
siempre resulta que muchas cosas evidente-
mente están muj mal entendidas, incurrien-
do casi todos ellos en muchos anacronismos
é incongruencias manifiestas, de donde re-
sulta que la mejor parte, ó muchas de las
noticias, que se encuentran en nuestros his-
toriadores particulares están tergiversadas: de
aquí la gran desconfianza que tienen que
inspirar las que no constan hoj por otro con-
ducto, aun en el supuesto de que no estén
4 Es casi seguro que varias obras ¿rabes, como
la anónima de Alholal almauxla, que citamos m¿s de
una vez, fueron traducidas al castellano, y probable-
mente serían utilizadas por nuestros historiadores.
XIX
en contradicción con lo que se tiene por ave-
riguado.
Creo que las noticias de esta clase sólo
podrán ser aquilatadas en su justo valor por
algún arabista que estudie de un modo espe-
cial la historia particular de la región ó po-
blación á que se refiera; el escritor regional,
como más enterado por lo común de los de-
talles de todo género referentes á su región,
está en mejores condiciones para apreciar
bien pequeños detalles, j podrá dedicar su
atención á investigar lo que pueda haber de
Tardad en las tradiciones locales consignadas
por nuestros historiadores de los siglos xvi j
posteriores, porque para él tendrá gran im-
portancia el aclarar un hecho más, aunque no
la tenga para la historia general; pero cree-
mos que siempre ha de ser tarea difícil, j
casi imposible, si el crítico no es arabista.
Aunque pueda parecer parcialidad de
profesión j exagerada insistencia, me atrevo
á recomendar mujr particularmente á cuantos
se dediquen á estudios de Historia de Espa-
ña, general ó particular, que en lo referente
á los árabes, ó relaciones de éstos con los
cristianos, no acepten hecho ni apreciación que
no encuentren en los autores árabes, en los
Cronicones antiguos 6 en los autores moder-
noSy que no sean trasuntos más 6 menos di-
rectos de Conde, como los hajr aún muchos.
No tenemos la pretensión de que nuestra
historia de este período sea completa j per-
fecta, ni mucho menos: nos hemos limitada
á exponer la historia externa, prescindiendo
de la interna, 6 sea de las instituciones, cos-
tumbres, comercio, industria é ideas del pue-
blo musulmán español durante este período,
no por principio j porque creamos que todas
estas materias no son parte esencial de la
historia, sino por ignorancia: de todo esto
poco 6 nada sabemos, teniendo además la
convicción de que nadie sabe mucho de ello,
aunque habría medio de saber bastante, si
alguien pudiera estudiar los muchos libros
donde con seguridad se encontrarían noticias
interesantes acerca de estos puntos, como son
los libros de administración árabe, coleccio-
nes de consultas de abogados ó alfaquíes tan
notables como el Abenroxd, abuelo del filó-
sofo Averroes, Abenijad j otros, de quienes
XXI
86 conserva j es muy apreciada una colec-
ción de consultas en seis gruesos Yolúme-
nea, j los libros de consejos acerca del modo
de gobernarse en la vida j otros; pero por
desgracia es de temer que tales libros tarden
mucho en ser utilizados, dada la escasez de
los arabistas j aun el poco estímulo que el
público presta á estos estudios.
Es tan grande la convicción que tenemos
de que hoj no puede pensarse en escribir la
historia de los árabes de España, que sólo
cediendo algo á la opinión general, intenta-
mos dar un bosquejo de la dominación árabe
en sus diferentes períodos: por nuestra parte
creemos más útil al progreso de la historia
patria la publicación de los datos que hubié-
ramos podido reunir^ j había pensado poder
publicar como Aparato histórico la colección
de papeletas que tenemos hechas, en cuja
publicación hubiéramos discutido los datos
que tenemos anotados referentes á cada suce-
so, sin tratar de llenar lagunas ni de aclarar
á todo trance los hechos de los que hajr pocos
datos; pero esto nos comprometía ante el pú-
blico á un trabajo superior á nuestros medios.
XXII
Una publicación de esta índole tendría la
ventaja de que en ella cabe perfectamente la
diferencia de extensión en los detalles: se
darían las noticias como se tuvieran: á veces
de sucesos muj importantes no haj más no-
ticia que una línea, j otros de escaso interés
<5 que sólo lo tienen para la historia local,
están narrados de un modo muj minucioso:
de éstos hay que prescindir en narración se-
guida, exponiéndose el autor en otro caso á
dar importancia á lo que no la tiene: es se-
guro que nuestro plan predilecto no hubiera
sido del agrado del público: es muj posible
que tampoco le agrade lo que hacemos j que
no consigamos ni aun la escasa acogida ne-
cesaria para poder continuar la presente Co-
lección, con la cual aspiramos á difundir un
poco entre nosotros el conocimiento de nues-
tra historia árabe, ó al menos á desterrar de
ella errores, que pasan como verdades san-
cionadas por asentimiento de los historia-
dores.
Las mismas causas que nos movieron de
un modo especial al estudio de la historia de
este período, nos han movido á reunir con
XXIII
^especial empeño datos para estudiar el perío-
do histórico entre Almohades j Benimerines;
pues también existen de él monedas difíciles
de explicar^ por referirse á hechos poco 6
nada conocidos: seguiremos reuniendo cuan-
tos datos nos sea posible, por si podemos
ilustrar con ellos nuestra historia árabe en
sus diferentes períodos: para el trabajo de
estudio no necesitamos estímulo alguno, ni
protección de nadie, sino facilidades de par-
te de quien posea documentos árabes de cual-
quier género: pero como el trabajo de redac-
ción, aun después de reunidos los datos, nos
cansa mucho, j satisface poco, por no tener
la ilusión de hacerlo bien, es muj posible
que nos coja la pereza por el cansancio inhe-
rente al disgusto en la redacción j quede la
tarea para que la lleve á cabo otro, quizá
alguno de nuestros arabistas que quiera apro-
vechar nuestras numerosas papeletas, lega-
das al predilecto de nuestros discípulos,
quien con seguridad, siguiendo las tradicio-
nes del insigne restaurador de los estudios
arábigos en España, que figura al frente del
primer tomo de esta Colección, las comuni-
XXIV
cara generosamente á cuantos estén en con-
diciones de aprovecharlas.
Transcripción, En éste, como en los de-
más tomos de la Colección, seguimos el siste-
ma de transcripción expuesto en el primer
tomo de la misma por el Sr. D. Eduarda
Saavedra; pero para este tomo j los demáa
que puedan seguir de la misma índole, ne-
cesitamos hacer alguna aclaración.
En obras históricas árabes hajr que hacer
mención de muchos nombres propios, no
sólo desconocidos por completo de nuestros
autores hispano-cristianos, sino apenas cita-
dos más que por uno ó dos autores árabes de
los conocidos hasta hoy, resultando con harta
frecuencia que un autor lo cita de un modo
j otro de otro modo: no es esto sólo, sino que
por la índole de la escritura árabe, de muchoa
nombres propios no constan las vocales, ni
haj medio de averiguarlo, cuando el nombre
propio no es de procedencia árabe, como su-
cede en muchos casos en nuestra historia; por
tanto no hay medio de averiguar ni de un
modo aproximado cual fuera la pronuncia-
ción de tal nombre; de aquí que, no sienda
XXV
posible en obras de esta clase, poner sólo las
consonantes, como quizá debiera hacerse, les
bajamos supuesto, casi á ciegas, vocales de-
terminadas^ j hemos transcrito el nombre en
virtud de esta supuesta vocalización; j como
para ésta apenas teníamos fundamento algu-
no, nada tendrá de extraño que el mismo
nombre resulte transcrito de diferente modo.
Fechas. Como la narración está tomada
casi siempre de los autores árabes, ofrecía
graves dificultades el poner siempre la co-
rrespondencia cronológica nuestra, prescin-
diendo de la árabe, j por eso de ordinario he-
mos consignado ésta, aunque poniendo casi
siempre la correspondencia con la nuestra.
Cuando los autores árabes fijan año j día
del mes, es fácil j hubiera sido mejor^ si
estos detalles se fijaran siempre, el poner só-
lo la fecha en nuestro cómputo: pero cuando
no citan el día del mes árabe, ó sólo citan el
año, sería muy vago poner la fecha en nues-
tro cómputo, pues casi siempre el año árabe
corresponde á parte de dos nuestros, j hu-
biera sido preciso siempre que se hace men-
ción del año 540, por ejemplo, decir desde
XXVI
24 de Junio de 1Í45 á 42 de Junio de 4146, y
lo mismo respectivamente cuando se cita el
mes, pero no el día, ja que el mes árabe casi
siempre corresponde á parte de dos meses
nuestros.
Como no siempre hemos puesto la co-
rrespondencia al citar fechas, que se repiten
mucho, j en el cuadro cronológico que po-
nemos al fín, no cabía tampoco hacerlo por
las razones indicadas, nos parece oportuno
poner á continuación los nombres de los
meses árabes j el cuadro de los principios
de los años árabes, que abarca este estudio,
previas unas indicaciones cronológicas res-
pecto al cómputo mahometano: con esto po-
drá el lector comprobar las correspondencias
anotadas en el texto, que pueden estar equi-
Yocadas j no bajamos corregido.
Francisco Codera.
Madrid, 11 de Mayo de 1899.
XXVII
CÓMPUTO ÁRABE •
Los musulmanes cueatan sus fechas por
su Era, llamada Bégira (huida) por la fuga
de Mahoma de la Meca á Medina en la no-
che del jueves 15 de Julio del año 622 de
J. C; la Era, sin embargo^ comienza á con-
tarse el día 16, aunque no pocos han creído
que comenzó el 15, j esta es la causa de que
haja diferencia de un día en las fachas con
relación á nuestra Era según el cómputo
que ha ja servido de punto de partida ^.
El año para los musulmanes consta de 12
meses lunares de 30 j 29 días alternativa-
mente; pero como el año lunar, ó las doce
4 De nuestro Frfi/at/o de Xamii^mátira Arábino-
«jv/HiMo/'j, pág. ¿83.
5 Las tablas de correspondencia que publicó
Masdeu en el tomo XIV de su Historia rritica ile Espa-
ña y de h Cnliura etpaíiola, están calculadtts de este
modo, año por año y mes por mes, comenzando el 45
de Julio del año 623, do modo que según el computo
Seoeralniente seguido hoy, hay siempre la diferencia
e un día en el principio de un mes, como lo consig-
na Masdeu o como lo pone Wustenfeld (\yer(¡leirhini{¡s-
Tühellen der Muhammedaj\iv'hen und Cliristlirheu Zeit-
rerhiiutuf, nach dem crsten Tage jedes Muhammeda-
nischen Monats berechnet... herausgegeben von Pr.
Ferdinand Wtisteufeld, Leipzig, 1854.)
XXVIII
lunaciones hacen 354 días, 8 horas, 48' 45^ j
30^^, haj necesidad de intercalar un día cada
dos 6 tres años, para que resulte, ya que no
exactitud matemática, aproximada: el día se
añade al último mes, que tiene 29 días j 30
cuando es intercalar: en cada ciclo de 30
años son intercalares los años 2, 5, 1, 10, 13,
16, 18, 21, 24, 26 y 29, comenzando el ciclo
con el primer año de la hégira.
Siendo el año musulmán de 354 6 355
días, es claro que no puede guardar relación
constante con nuestros años, que son 11
días más largos j por consiguiente el co-
mienzo del año árabe tiene que adelantar 11
días de un año á otro con relación al nues-
tro; pero como aun esto no es completamente
uniforme, pues hay que tener en cuenta la
existencia de nuestros años bisiestos, y la
diferencia puede ser de 10, 11 ó 12 días, re-
sulta una gran complicación que los cronó-
logos han salvado formando tablas, que se-
ñalan el primer día de cada año musulmán
con relación al nuestro.
De esta tabla ponemos á continuación la
parte correspondiente al período comprendí-
do en este libro, advirtiendo respecto á su
uso, que sólo se indica el primer día de cada
año de la hégira: los números de la cuarta co-
lumna indican el día de la semana, tenien-
do en cuenta que los árabes llaman al domin-
go, dia primero, al lunes, día segundo, etc. j
aunque al viernes j sábado llaman respectiva-
mente dia de la reunión j sabat, se indican
con los números 6 y 7: en la primera colum-
na los años intercalares van marcados con
la letra B.
Los nombres de los meses son: 1.*" ^j^^"^
Moharrem—2.'' jÁ^ Sa/or,— 3." J.^^ ^^j
o • v\
^^
Rehi el primero, — 4.**j.si-- ^^^j ñebi el pos-
(Tero *, — 5." Jj"^ ^^Ld^ Chumada el primero,
6.** j^^ ^^[.^ Chumada el postrero, — 7.°
s^^^^jRacheb, — 8.** ./-^xi» Xabán, — ^•°ij^^'^
Bamadán,— 10, "" Jy. Xaual,— 11,' jJ^K)! J
Ihtleada j 12." i^ar^t j^ Dulhicha,
4 Cuando citamos este mes en el texto, lo he-
mos llamado Hebia siguiendo una práctica, quizá algo
general, poro no justiíicada: advertido el error, evita-
mos repetirlo en el decurso de la impresión.
TABLA
Año de
la
hégira.
Año.
500
fl06
501 B.
1107
502
1108
503
1109
504 B.
1140
505
1111
506 B.
1112
507
1113
508
1114
5C9 B.
1115
510
1416
511
1117
512 B.
4118
513
1119
514
1120
515 B.
1121
516
1122
517 B.
1123
518
1124
519
4125
520 B.
4126
521
1127
522
4128
523 B.
4128
524
1129
525
1130
526 B.
1131
527
443ÍÍ
528 B.
4133
529
113^
530
4135
531 B.
4136
532
1437
533
4438
534 B.
4439
535
4440
536 B.
4444
537
4142
ERA CRISTIANA
2 Setiembre .
2i Agosto. . .
44 Agosto. . .
34 Julio.. . .
20 Julio.. . .
40 Julio.. . .
28 Junio. . .
48 Junio. . .
7 Junio. . .
27 Mayo . . .
46 Mayo . . .
5 Mayo. . .
24 Abril . . .
44 Abril . . .
2 Abril . . .
22 Marzo. . .
42 Marzo. . .
4 Marzo. . .
49 Febrero . .
7 Febrero . ,
27 Enero. . .
17 Enero. . .
6 Enero. . .
25 Diciembre.
45 Diciembre .
4 Diciembre .
23 Noviembre.
42 Noviembre.
4 Noviembre.
22 Octubre. .
44 Octubre. .
29 Setiembre .
49 Setiembre .
8 Setiembre .
28 Agosto. . .
47 Agosto. . .
6 Agosto. . .
27 Julio.. . .
4
5
3
7
4
&
4
4
5
3
7
4
2
6
3
4
5
3
7
4
2
6
3
4
5
2
7
4
2
6
3
4
5
2
7
4
2
Oclubre . .
Octubre. .
Retipinbre ,
REINADO DE YUSUF
La dinastía de los Almorávides, cajo
fundador Yúsuf, hijo de Texufín, había sido
llamado por los rejes de Taifas, príucipal-
meate por Almotamid de Sevilla ; Almota-
Tiqnil de Badajoz, para contrarrestar i laa
«nnas victoriosas de Alfonso VI, que amena-
Eaba acabar con el dominio da los muslimes
españoles, si en los primeros momentos con-
tuvo al conquistador de Toledo, humillán-
dole el 23 de Octubre de 1086 en la baU-
lla de Zalaca (I), pronto empleiJ sus fuerzas
— 2 —
en contra de los reyes, que con imprudencia
suma habían llamado en su auxilio unas gen»
tes que, cual previera Ismail Arraxid, Prín-
cipe heredero del rey de Sevilla^ se habían
de convertir en terribles enemigos, que los-
despojaran de sus estados.
Fortuna fué para los cristianos el que
Yúsuf, vencedor en Zalaca^ recibiera á se-
guida la noticia de la muerte de su hijo el
Príncipe heredero Abubéquer Sir, j hubiera
de volverse á Marruecos, abandonando la idea
de perseguir al derrotado ejército cristiano,
j de obtener el fruto que pudiera prometerse
de tan brillante victoria, apoderándose de
Toledo, idea que parecía natural, j que^ sin
embargo, no consta que Túsuf llegara á abri-
gar en su mente de un modo concreto, si
bien los autores árabes indican que, á no
ocurrir la muerte de su hijo, Yúsuf no hu-
biera abandonado inmediatamente el país de
Alandalus. Aunque los autores afirman que
la derrota sufrida por Alfonso VI fué terri-
ble^ j que á duras penas pudo escapar con
muy poca gente, su poder no quedó tan que*
brantado como se supone, ja que muj pronta
r
— 3 —
estuYO en condiciones de tomar la ofensiva;
pero la fortuna ja le fué siempre adversa.
Vuelto Yúsuf á Marruecos, pronto pudo
Alfonso rehacerse, j los Príncipes andaluces
hubieron de llamar de nuevo al almoravid,.
el cual viene á España por segunda (2) vez j
sitia el fuerte castillo de Aledo entre Lorca
j Murcia, desde donde valientes guerreros
de Castilla molestaban con incursiones las
comarcas pertenecientes al dominio del reina
de Sevilla: Túsuf permanece cuatro meses
en el sitio, al cabo de los cuales^ disgustado
ja de los Príncipes españoles, al acercarse
Alfonso en auxilio de los pocos guerreros
que quedaban en Aledo, se retira á Almería
por Lorca, j desde allí se embarca para Ma-
rruecos, con el propósito, sin duda, de ir
preparando las cosas para apoderarse de la
España musulmana, idea que comienza á
realizar personalmente en su tercera venida,
en el año 483 (6 de Marzo de 1090 á 22 de
Febrero de 1091), destronando al rej de Gra-
nada^ Abdala, después de un sitio de dos
meses, j luego á su hermano Temim, rej de
Málaga.
— 4 —
Vuelto Yúsuf á Marruecos, dispone las
cosas para apoderarse de los demás reinos
musulmanes, menos del de Zaragoza^ enco-
mendando estas empresas á varios de bus ge-
nerales, que sucesivamente se van apoderan-
do, sin gran resistencia^ de los reinos de Se-
villa, Badajoz^ Almería j del oriente de la
península, respetando la independencia de
Almostaín II de Zaragoza, fuera por las re-
laciones especiales que entre ambos media-
})an, fuera por la idea^ que recomendó á su
hijo Alí {S), de que el territorio de los Be--
nihud sirviera como muro de separación entre
•el dominio de los cristianos j el de los al-
morávides.
— 5 —
REINADO DE ALI
A primeros de Moharrem del año 500 (4)
(2 de Septiembre de 1106) muere Yúsuf
deqpués de un reinado de 47 años j 100 de
TÍda, según algunos autores^ j le sucede su
hijo menor Alí, proclamado Principe heredero
en los últimos años del reinado de su padre.
Alí^ hijo de Yúsuf j de una esclava cris-
tiana (5) (probablemente española), tenía 23
años cuando subió al trono, j en su largo
reinado hubo de ser testigo del mayor es-
plendor á que llegó el imperio de los almo-
rayides (6), j hubo de ver su casi completa
ruina, teniendo que declararse impotente
para ajudar á los musulmanes españoles
contra los ataques de tres Alfonsos, del jo-
ven Alfonso YII, que en el año 1126 sucedía
á su madre D.* Urraca en el trono de Casti-
lla S de Alfonso de Portugal, que en el año
4 Alfonso VII subió al trono el día 8 de Marzo
del año 4426 por muerte de su madre D.* Urraca. (Flo-
res. Esp. Sag. tomo XXI, p6g. 343.)
— 6 —
anterior se había armado caballero á la edad
de 14 años, j de Alfonso el Batallador^ qae
por este mismo tiempo paseaba sos yictorio-
sas huestes por toda la Andalucía: pero hay
que confesar^ que el abatimiento del poder
almoravid no se debe sino en pequeña parte
al esfuerzo de los guerreros cristianos: débese
casi por completo á los almohades, que con
Abdelmumen lanzan contra los almorávides
numerosas huestes fanatizadas con el entu-
siasmo de verdaderos neófitos.
Instalado Alí en el trono, j después de
someter á la obediencia á su sobrino Yahja,
hijo de su hermano Abubéquer (Sir?), que se
había negado á reconocerle en Fez^ pasa á
Alandalus, á fines del mismo año 500, con*
objeto de ordenar las cosas del gobierno, j
probablemente con el de iniciar las campañas
que, 6 personalmente (7), 6 bajo la dirección
de sus parientes j generales, hizo durante
casi todo su reinado, con próspera fortuna
algunas, con dudosa otras, j sin que nunca
obtuviera un resultado práctico importante,
aun de las dos más notables en que mueren
los Príncipes cristianos que las mandan, co-
— 7 —
mo son la batalla de Uclés, en la que muere
«1 Infante. D. Sancho, hijo de Alfonso VI, j
la de Fraga, donde es derrotado j quizá he-
rido de muerte D. Alfonso el Batallador.
En los primeros años del reinado de Alí,
los diferei|tes estados cristianos estaban en
condiciones muy diferentes para sostener el
prestigio de las armas contra las incursiones
de los almorayides, entonces en su major
pujanza: Castilla estaba gobernada por el an-
•ciano j achacoso Alfonso VI, que muere muj
pronto, sentándose en el trono de Castilla su
hija D.* Urraca; en el occidente, el nuevo
condado de Portugal estaba regido por la
Infanta D.* Teresa, viuda de Enrique de
Borgoña; los estados orientales, Aragón v
Cataluña, estaban en condiciones muy dife-
rentes: ambos estaban gobernados por prín-
cipes esforzados j en la plenitud de su vigor,
Alfonso, llamado el Batallador, j Ramón
Berenguer III, Conde de Barcelona: si á esto
se agrega que la frontera de los almorávides
con Castilla j Portugal era mucho más ex-
tensa que con Aragón j Cataluña, no causará
extrañeza el ver que los almorávides empren-
— 8 —
den menos incursiones contra estos estados^
que contra los dos primeros.
Entre Castilla j Portugal j los almorá-
vides puede asegurarse que en este período-
la guerra fué constante, llevándose á cabo
incursiones por una j otra parte, quizá todos
los años, aunque ni por los autores árabes ni
por los cristianos tengamos noticias concre-
tas sino de muj pocas relativamente.
Habiendo venido Alí á Alandalus á fínes-
del año 500, al regresar á su país, di6 el
mando de los ejércitos muslimes de España á
su hermano Temim, que hasta entonces había
estado de emir en Marruecos, j le estableció
en Granada, que parece ser en este tiempo
el asiento del gobierno de los almorávides en
la península; así que en Granada veremos
que también se establece Texufín, hijo de
Alí^ j sucesor de su tío Temim en el gobier-
no general de España.
Temim, á los pocos meses de haberse
encargado del gobierno de la España musul-
mana, reunió un numeroso ejército j al fren-
te del mismo se dirigió á Uclés, ciudad que
sitió j tomó á viva fuerza, teniendo la guar-
— 9 —
nicitfn qae retirarse á la alcazaba, en la que
opuso resistencia: llegada á oídos de Alfon-
so VI la nueva del ataque, por indicaciones
de su esposa, al decir de los cronistas, desiste
de ir al frente de la expedición que se pro-
ponía enviaren auxilio de los sitiados, y envía
en su lugar á su hijo Sancho^ joven de pocos
años, que acababa de ser armado caballero:
como es consiguiente, el joven príncipe no
era el jefe efectivo del ejército cristiano: avis-
tados cerca de Uclés, los almorávides man-
dados por Temim, j los cristianos por el
Infante D. Sancho, el almoravid intenta le-
vantar el sitio; pero los jefes le contienen j,
trabada la batalla, sin que Temim desistiera
de su propósito, que no tuvo ocasión de reali-
zar, son vencidos los cristianos con muerte
del Infante D. Sancho, de siete Condes (por
lo que se llamó la Batalla de los Siete Condes) j
23.000 cristianos, según el autor del Cartas,
que confiesa el martirio de muchos muslimes,
lo cual indica que la victoria fué muj dispu-
tada: añade este autor que D. Alfonso murió
de pesar á los 20 días; mas en esto no está
bien informado: la Batalla de Uclés, llamada
— 10 —
también de los Siete Condes, tuyo lugar el 30 de
Mayo del año 1108 (8) (17 de Xaual de 501).
Para algunos historiadores, la derrota de
Uclés no podía quedar sin reparación inme-
diata, j suponemos que á ellos 6 á la fanta-
sía popular se deba la reunión de numeroso
ejército gallego, al mando del obispo Gelmí-
rez^ con el que se refuerza el de León, que
sale en busca del enemigo, el cual no se atre-
vió á esperarle *.
No veinte días, como dice el autor del
Cartas, sino poco más de un año había trans-
currido después de la batalla de Uclés, cuan-
do el miércoles 30 de Junio de 1109 bajaba
al sepulcro el anciano conquistador de Tole-
do^ sucediéndole en el reino de Castilla su
hija D.^ Urraca, la cual ocupa el trono des-
de I."" de Julio de 1109 á 8 de Marzo de
1126 2.
Era natural que, en tales circunstancias,
los almorávides intentaran rechazar de sus
4 Sánchez Casado en sus Elementos de Historia
Je España, pág. 284, admite esta versión, de la que no
encuentro indicio en los autores antiguos.
2 Flórez, España Sagrada, to. XXI, pág. 313.
— 11 —
fronteras á los cristianos^ haciéndolos retro-
ceder hasta el Duero; pero aunque vino Alí
con numeroso ejército en el año 503 (de 31
de Julio de 1109 á 20 de Julio de 1110) j
devastó la comarca de Toledo^ tomando va-
rios castillos, entre otros, Madrid j Guadala-
jara, después de sitiar la capital durante un
mes, hubo de regresar á Córdoba, sin haber
conseguido su intento ^.
Con la expedición de Talayera é incur-
sión en tierra de Toledo, había Alí quebran-
tado las fuerzas de Castilla j necesitaba em-
prender alguna contra el naciente condado
de Portugal: la empresa fué encomendada al
emir Sir, hijo de Abubéquer, quien en el año
504 se apodera de Santarén, Badajoz, Portu-
cal (Oporto), Evora j Lisboa (9).
En los años siguientes se repiten, casi de
un modo normal^ las expediciones de una j
otra parte, siendo siempre Toledo el blanco
de los almo ra vides, pero sin que nunca lle-
garan á conseguir su objeto.
4 Véanse los detalles y discusión de esta cam*
paña en la ilustración núm. 7.
— 12 —
Artíttúm Tudela, Zaragoza, Caianda.
Si las armas cristianas del centro j occi-
dente, Castilla j Portugal, hacían no poca
con sostenerse contra los musulmanes^ en
oriente, Aragón j Cataluña, eran por de pron-
to más afortunadas, pues Alfonso el Batalla-
dor mata en Yaltierra al rey de Zaragoza Al-
mostain II, el 24 de Enero de 1110 (10); más
adelante sitia á Zaragoza, j después de ale-
jar de sus muros al pusilánime Temim ^ el
héroe por fuerza de Uclés, hermano de Alí^
se apodera en 512 de Zaragoza (II), de donde
los naturales, ayudados de los almorayides,
habían echado al último rej de la dinastía
de los Benihud, Abdelmélic Imadodaula (12),
que hubo de refugiarse en Rueda, último
baluarte del reino de Zaragoza (13).
No conformándose los almorávides con la
pérdida de Zaragoza, que apenas había esta-
4 De este hecho de nuestra historia de Aragón^
no comprobado antes por los autores árabes, traté en
el tomo XXXlI,pág. 103, del Boletín de la Real Acade-
mia de la Historia.
— 13 —
do en sa poder naeve años, intentan reco-
brarla, enviando un ejército á su conquista;
pero Alfonso sale al encuentro al Príncipe
Ibrahim, hermano del Sultán Alí, j obtiene
en Gutanda una brillante victoria, que de-
bió de ser muj sentida por los musulmanes,
quienes, al mencionar el año 514, recuerdan
con frecuencia la célebre derrota, haciendo
referencia de algunos de los célebres alfa-
quíes que en ella murieron (14).
#
Expedieión á AndalueUi
Gomo consecuencia de la toma de Zara-
goza, 6 de un modo más inmediato, de la
victoria de Gutanda, D. Alfonso conquista
en poco tiempo á Tarazona, Alagén, Epila,
Riela, Borja^ Magallón, Mallén, Calatajud,
Bubierca, Ariza j Medinaceli, j por oriente
Daroca j Monreal, que fortifica como ame-
naza j defensa contra los moros de Valencia.
Apenas transcurridos siete años desde la
toma de Zaragoza, Alfonso emprende una
expedición, que pudiera tacharse de caballe-
r^BCB, j cu JO objeto desconoceríamos por
— 14 —
completo á no ser por los autores árabes, al-
guno de los cuales nos da bastantes deta-
lles ^
Los mozárabes de Granada, de acuerdo
probablemente con los de otros puntos^ pi-
den con insistencia la protección de Alfonso,
quien, después de largas negociaciones, re-
unido un brillante ejército de 4.000 caballe-
ros, sale de Zaragoza á principios de Septiem-
bre de 1125 sin manifestar el objeto de la
expedición: pasando por cerca de Valencia,
Alcira, Denia j Murcia, llega en Diciembre á
Guadix, que ataca sin resultado; el 8 de Ene-
ro llega á la vista de Granada, de la que no
puede apoderarse j, después de un combate
en sus inmediaciones, levanta el campamen-
to, no sin haberse quejado al jefe de los mo-
zárabes de haberle comprometido á una em-
presa temeraria é inútil, de los cuales cargos
pude éste sincerarse muj bien diciendo que
la culpa era del mismo Alfonso, por haberse
4 Véase Dozy, ñecherche» «ur Vhisloire.., II.* edi-
ción, to. 4, pág. 342 y III.' edíc, to. 4, pág. 348, á quien
seguimos en este punto, acerca del cual nada impor-
tante hemos encontrado que no haya aprovechado el
sabio profesor de Leiden.
— 15 —
detenido tanto en las primeras etapas, dando
tiempo á que los almorávides se prepararan:
moleslado frecuentemente por el ejército
granadino á las órdenes del Príncipe Temim,
Alfonso se dirige á Córdoba, pasando por
Laque, Baena, Ecija j Cabra, deteniéndose
en Arinsol, cerca de Lucena, donde, atacado
por los almorávides, que obtuvieron alguna
▼enteja al principio, hubo de organizar las
huestes para una batalla formal: como los
almorávides estaban desordenados j poco
prevenidos, Alfonso consiguió una brillante
victoria, que se hizo major por la imprevi-
sión ó cobardía del Príncipe Temim, el cual,
con hacer trasladar su tienda durante la no-
che, infundió sospechas en los sujos j cun-
dió tanto el pánico, que una gran parte hu-
yeron á la desbandada: la batalla de Arinsol
ocurrió el 9 de Marzo de 1126 ^
4 Los Anales Toledanos dan cuenta de esta ba-
talla con estas palabras: «Entró el Rey de Aragón con
gran hocste en tierra de Moros, ó lidió é venció á XI
Reyes de Moros en Aranzuel, Era 1161.» La Era está
equivocada, por culpa sin duda de los manuscritos:
los XI reyes moros han de entenderse jefes ó magna-
tea ó generales.
— 16 —
D. Alfonso no pudo aprovecliarse de la
yictoria, por no tener elementos para apo-
derarse de Córdoba, j desde Arinsol se diri-
gió á la costa de Salobreña, atravesando las
Alpujarras; allí comió pescado que hizo co-
ger en el mar; j luego se volvió casi por el
mismo camino.
Quince meses invirtió en la expedición,
durante la cual hubo de librar muchos com-
bates parciales; con esto j la peste perdió
muchos de sus caballeros, j si bien recogió
mucho botín é hizo mucho daño al enemigo,
no pudo conseguir apoderarse de ninguna
población importante.
La situación de los mozárabes se agravó
por efecto de esta expedición, pues entera-
dos los almorávides de su connivencia con
D. Alfonso, el cadí de Córdoba Abulualid
hijo de Roxd (abuelo de Averroes), se tras-
ladó á Marruecos para conferenciar con Alí,
j éste decretó la expulsión de los mozárabes,
los cuales en gran parte fueron trasladados á
Marruecos: muchos, previendo esto^ se ha-
bían unido al ejército de D. Alfonso j se
habían trasladado á Valencia.
17
Batalla de Fraila
Ocho años habían pasado desde la expe-
-dición á Andalucía, cuando Alfonso el Bata-
llador se apoderaba de Mequinenza tras san-
grienta matanza 6 castigo j sitiaba á Fraga,
cuja guarnición estaba á punto de sucum-
bir, cuando los sitiados recibieron opor-
tuno j eñcaz auxilio, que Saad Abenmerda-
nix había pedido al gobernador general de
la España musulmana, el Príncipe Texufín:
desde Córdoba envió éste un gran convoy j
mil ginetes á las órdenes de Azobéir, hijo de
Amru, (el Azuel de nuestras crónicas); el
gobernador de Murcia j Valencia, Yahja
Abengania (Abengania de nuestras cróni-
cas), reúne 500 ginetes y se incorpora con las
tropas de Córdoba, de cu jo mando debió de
encargarse * lo mismo que de los 200 ginetes
i El texto p<roco atribuir el mando a Azobóir,
pero otros textos indican la superior categuria do
Abongania, á quien se atribuye la gluria de la cam-
paña.
Almorávides 2
— 18 —
que aportó el gobernador de Lérida Abdal»
Abenijad.
Al acercarse á Fraga^ Abeogania orga-
niza su hueste poniendo en la vanguardia
las tropas de Lérida á las órdenes de Abeni—
jad; él ocupa el centro con las de Murcia, j
en la retaguardia deja á Azobéir, protegiendo
el convoy.
En la mañana del 17 de Julio de 1134
(15), el ejército sitiador ve llegar al auxiliar^
j Alfonso, que había licenciado parte de sus-
fuerzas, contando sin duda con que el de
Lérida acometía con solas las sujas, le des-
precia, y envía contra él un grueso destaca-
mentó á recibir el regalo que, según dice el
autor, les enviaban los musulmanes: Abeni-
jad acomete con brío al destacamento cris-
tiano, al que consigue romper j desordenar,
haciendo en ellos gran matanza: acude en
su auxilio el mismo Alfonso con todas sus
tropas, confiado en su número j bravura,
pero llega al mismo tiempo el centro del
ejército á las inmediatas órdenes de Aben-
gania, y se traba un terrible combate gene-
ral, en el que toman parte todas las fuerzas-
— 19 —
de uno j otro bando: en el acto, los sitiados
80 enteran de que llega el convoj ^, j salen
de la ciudad hombres y mujeres^ grandes j
pequeños, y acometen el campamento: loa
hombres matan á cuantos encuentran y las
mujeres roban cuanto hallan: Alfonso j Aben-
gania entre tanto luchaban tenazmente, lle-
vando ja la peor parte los cristianos de Al-
fonso» quien al llegar la retaguardia á las
órdenes de Azobéir con sus tropas de refres-
co, se retira con las pocas fuerzas que le que-
dan, marchando á Zaragoza, según el autor:
el rejr de Aragón al ver los muchos que ha-
bían muerto, á los veinte días murió de
pesar.
La derrota de Fraga, uo tanto por tu pro-
pia importancia, como por la muerte de don
Alfonso (que si no sobrevino á los 20 días,
tardó poco en acaecer), fué de gran transcen-
dencia para Aragón, pues por la muerte de
D. Alfonso y por su extraño testamento en-
contróse el reino al borde del abismo, del que
4 Abenaljulib, Ms. do Ar}íel, foi. 106 ilo nues-
tra copia.
— 20 —
«61o la prudencia y buen sentido del pueblo
pudieron salvarle.
liOfli almorairldefli en Cátala ¡la: batalla
de Martorell (16).
Hacia el mes de Junio del año 1114 salía
de Zaragoza una expedición mandada por su
gobernador Abuabdala Mohámed Abenal-
hacb, quien ja antes, siendo gobernador de
Valencia, había hecho muchas incursiones
en el país de los cristianos: reunidos, quizá
en Lérida, Abenalhach j el Príncipe Abuab-
dala vulgarmente conocido por Abenaixa,
hermano del sultán Alí, pasan por Gervera y
llegan hasta Barcelona, desolando el país y
cogiendo ricos despojos; Abenalhach, jefe
efectivo sin duda de lu expedición, envía el
botín por una parte, por el camino grande
(vía romana?), mientras toma él otra dirección
por un camino próximo al país de los mus-
limes, por terreno quebrado, á propósito
para sorpresas del enemigo, pues necesaria-
mente había que pasar por un ¿estrecho? (ca-
nal): cuando se hubo internado en él, encon-
— 21 —
tróse con los cristianos, que habían preparado
una emboscada en uno de sus lados. Aben-
alhach j los capitanes que le acompañaban,
pelearon con los cristianos con el denuedo
de quien está seguro de la muerte y de al-
canzar el martirio, ja que no había quien
les pudiera librar, pues la mayor parte de la
gente iba con el botíu. Abenalhach murió
mártir con multitud de voluntarios, salván-
dose con muy pocos el Príncipe, jefe ¿hono-
rario? de la expedición, Mohámed Abenaixa ^.
En cuanto Alí tuvo noticia de la derrota,
entristecido por la muerte de Abenalhach j
del esiado mental de su hermano el Príncipe
I El Príncipe Abuobdala conocido por Abenaixa
fué nombrado gobernador por su padre Yúsuf al
principio de la dominación de los almorávides en
España: no había capitán más valienle y solícito por
las cosas do la religión, ni más cuidadoso en la obe-
diencia: tuvo muchos encuentros con los cristianos
y él fué quien conquistó el castillo do Aledo: á con-
secuencia de la expedición de Barcelona en la que
murió mártir Abuabdala, Abenalhach se volvió loco
(enfermo su in'eligencia en su pecho) y no lardó en
quedarse ciego ó ¿idiota?, por lo que su hermano Alí
lo llamo, y nombro en su lugar á su otro hermano
Ibrahim (Bibl. Ar. bis. IV, pág. 5o).
— 22 —
Abenaixa, nombró, para reemplazar á éste, á
su cuñado Abubéquer hijo de Ibrahim Aben-
teflut? (17), que era gobernador de Murcia;
éste inmediatamente de recibir su nombra-
miento de gobernador de Valencia^ Tortosa
j sus dependencias^ salió para Valencia^ don-
de se le unieron las tropas que allí había^ j
con ellas contiouó su marcha hasta Barcelo-
na, á la que¡[sitió durante 20 días, talando j
saqueando sus alrededores: habiendo llegado
(probablemente desde Mallorca) D. Ramón
Berenguer con las tropas del llano de Barce-
lona j del país de Narbona, trabóse entre
ambos ejércitos un sangriento combate, en
el que murieron muchos cristianos, no sin
que sufrieran el martirio cerca de setecien-
tos muslimes.
Portugal y Castilla
Tocaba á su leí mino la debilidad relativa
de Portugal y Castilla; pues en el año 1125
de J. G. (518 y 519 de la hégira), el ínclito
Infante D. Alfonso, hijo del Conde D. Enri-
que y de la Infanta D.* Teresa, hija de Al-
— 23 —
€on£0 VI, se arma caballero á la edad de 14
afios, j en Castilla, muerta la Reina doña
Urraca el 8 de Marzo de 1126, le sucede en
el trono su hijo Alfonso, que había de tomar
j llevar con gloria el título de Emperador.
Casi por el mismo tiempo, en que los
-reinos de Castilla j Portugal con sus jóvenes
_j valientes Alfonsos entraban en condiciones
no sólo de resistir las acometidas de los mu-
sulmanes, si que tambiéa de tomar la ofensi-
va contra los almorávides, éatos^ con la apa-
rición de los almohades, en el año 519, en-
traban en el período de una decadencia que
los había de llevar pronto á la completa
ruina; pues ocupados en la guerra contra
Almehdi, j luego contra Abdelmumen, ver-
dadero fundador militar del Imperio almo-
hada, no tuvieron fuerza para proteger á los
musulmanes españoles contra las armas de
los dos Alfonsos ^ .
Verdad es que aun intentan varias veces
apoderarse de Toledo, y más de una vez de-
4 Fl aulor del Carlas (páj;. !I0) reíioro ni año
519 el periodo cnlico eii que se nuinifiesta la debili-
dad de los almorávides, que no pueilen olender a au-
xiliar a los musulmanes do Alaiidalus.
— 24 —
rrotan á los cristianos, apoderándose de algu-
nos castillos; pero otras veces son derrotados,
j de todos modos nunca consiguen una vic-
toria decisiva.
En el año 1132^ en el mes de Majo, las-
milicias de Toledo llevaron á cabo, en tierra
de Sevilla, con feliz éxito, una incursión, la
cual debió de causar gran entusiasmo éntre-
los cristianos, que llegaron á las puertas de
Sevilla dando muerte á su gobernador Ornar
con muchos principales j capitanes, como
dice la Crónica del Emperador y confirman
los autores árabes (18).
Por estos tiempos (año 1131=525 y 526^
de la hégira), Zafadola, descendiente de los
reyes de Zaragoza, de cuyo dominio sólo-
conservaba el castillo de Rota (Rueda de
Jalón, ó el futuro Monasterio de Rueda),,
oídas las victorias del rey Alfonso VII, al
decir de la Crónica de este Emperador, llamó
á sus hijos y mujeres y les propuso entre-
garse á Alfonso: conformes todos en ello,,
envió legado?, prometiendo presentarse per-
sonalmente, si por alguno de sus magnates
le enviaba salvo-conducto, como así lo hizo^
— 25 —
Recibido Zafadola por D. Alfonso, le~
hizo entrega de su castillo de Rota, recibien-
do en cambio castillos j ciudades en tierra
de Toledo j Extremadura (19): dos años des-
pués^ habido consejo con Zafadola j los
magnates, Alfonso determina tomar vengan-
za del Príncipe Texufín j demás reyes moa-
bitas (jefes almorávides) que, puestos sobre
Toledo, habían muerto á muchos cristianos
j destruido el castillo de Azeca.
Reunido el ejército en Toledo, salió el rej
D. Alfonso con Zafadola entrando en tierra
del enemigo por Portum Regem (Puerto-
llano?), jlo restante del ejercito entró porMu-
radal, encontrándose después de quince días
de marcha en Gallelloj desde allí atravesaron
la campiña deCórdoba, llegando hasta Cádiz.
Viendo los muslimes españoles, añade la
Crónica, los estragos causados por los cris-
tianos j que los almorávides eran impotentes
para protegerles, entraron en tratos con Za-
fadola, para que, de acuerdo con el Empera-
dor j pagándole tributo, se pusiese al frente
del movimiento general para echar á los al-
morávides: no sabemos lo que Zafadola diría.
— 26 —
-al Emperador j los propósitos de éste; pero
la expedición no tuvo resultados prácticos, j
debió de limitarse á que los expedicionarios
volvieran cargados de botín.
De esta expedición^ tan prolija j retórica-
mente narrada en la Crónica del Emperador,
'dan cuenta los Anales Toledanos con estas
concisas palabras: «Entró el Emperador con el
Rey Cefadola en tierra de moros. Era 1171»
<1133 de J. C. ó 527 de la hégira).
Aun hizo el Emperador otra entrada en
tierra de moros en vida de AIí, llegando
hasta el Guadalquivir, j á su vez los almorá-
vides hicieron varias incursiones en la co-
marca de Toledo, intentando apoderarse de
la capital; pero siempre en vano.
A una de estas expediciones j mientras
-el Emperador estaba sitiando el fuerte casti-
llo de Aurelia ú Oreja, que tomó en Septiem-
bre de 1177 (533 de la hégira), se refiere la
anécdota caballeresca de haber desistido los
almorávides del sitio de Toledo, por haberse
presentado en la muralla la Emperatriz j
haber manifestado á los sitiadores que su
marido los esperaba en Oreja.
— 27 —
REINADO DE TEXUFÍN
Tocaba á su término el largo reina Jo do
Alí j coa su muerte puede decirse que ter-
mina el Imperio de los almorávides, pues,
muerto el 28 de Enero de 1143 (8 de Racheb
<lel 537), le sucede su hijo Texufín, cuando
ja los almohades se habían apoderado de
gran parte del territorio del aclual Imperio
de Marruecos, que había sido la cuna del
Imperio de los almorávides.
Un mes justo había transcurrido desde la
muerte de Alí, cuando morían en campal
batalla contra los cristianos de Toledo dos
jefes almorávides, Azuel y Abenceta, gober-
nadores de Córdoba j Sevilla, quienes por
largos años habían sostenido el honor de las
armas musulmanas en Andalus: esta victoria
debió de ser de las más celebradas por los
cristianos, según lo que nos dice la Crónica
del Emperador, que cuenta estos hechos con
gran prolijidad, aunque con poca precisión '.
I Chroni. Adoplionsi Imp. Esp. Sojz. tomo XXI
pag. 381 a 38().-An. ToIcmI. Ksp. Sag. lo. XX III, p. aiK):
en los autores arabos nada oiicuonlro referente a esto
— 28 —
£1 jefe cristiano, Munio Alfonso, que tan
señalada victoria había obtenido en la Mata
de Montellos gozó por pocos meses de la
gloria alcanzada con tan celebrada yictoria,
pues en Agosto del mismo año fué yencida
y muerlo en otro encuentro, siendo uno de
sus brazos llevado á Córdoba.
Pudiera decirse que con el reinado de
Texufíu comienza el importante período en->
tre almorávides j almohades, que en los ca-
pítulos siguientes nos proponemos estudiar
de un modo especial á la luz de los datos
suministrados por los autores árabes, cono-
cidos sin duda los más, pero no aprovecha-
dos hasta ahora con relación á estos sucesos,
desconocidos otros, quizá los más importan-
tes: también las monedas dan no poca lus^
para aclarar este período.
y otros hochos de armas, é po?ar de su importancia,
y es que nos falla mucho que conocer: aun la identi-
iicacion de los dos reyes, sej^úo la Crónica, Azuel y
Abenccta, ofrece dificultades: ei; Azuel parece ser
Azobéir hijo de Ornar el Lamluni, emir ó gobernador
de Córdoba, á(iuicri Almacari llama por dos veces rey
de Córdoba y otra emir, á quien vimos figurar en la
batalla de Fraga: no sabemos quien pueda ser el
Abenceta, gobernador de Sevilla.
REBELIÓN DE LOS ESPAÑOLES
No es fácil determinar cuáles fuisron las
causas de la sublevación general de los mu-
sulmanes españoles contra los almorávides,
cujo gobierno, si de algo pecaba, era de de-
bilidad: es cierto que sus agentes no serían
intachables en su conducta, pero esto no era
ni nuevo ni extraordinario, j los moros es-
pañoles vieron pronto que, si habían cam-
i)iado de gobierno, poco 6 nada habían gana-
do, j que los jefes 6 gobernadores almohades,
sucesores de los almorávides, gobernaban
peor: una de las causas que quizá determinó
— so-
mas el descontento de los moros españole»
fué la tolerancia, 6 mejor dicho, la predilec-
ción con que Alí y después su hijo Texufín
miraban á los cristianos incorporados en los
ejércitos de Fez á las órdenes del cristiano
Reverter ^, tolerancia ó protección, que de—
bíó de exacerbar el odio de los, más que pia-
dosos, fanáticos sufíes, cuja secta, transfor-
mada en Alandal US en la de los hermanos mo-
ridin ó adeptos, es indudable que tuvo ^ran
parte en la rebelión, pues los hermanos adep-
tos fueron los que la prepararon j llevaron
á cabo en los primeros momentos, si bien
pronto tomó otro carácter, no religioso, sino
político aristocrático.
Tres hombres podemos admitir que per-
son i fícan la marcha de la rebelión en este
1 La existencia de tropas cristianas al servicio
de los almorávides, y que rarece iins prueba de que
no dominaba en ellos el fanatismo religioso, como se
dice generalmente, continúa en algunas ó en todas
las dinastías posteriores, no sabemos hasta qué tiem-
po: Abenjaldún hace mención de ello variar veces, y
sería curioso el reunir las noticiss que da, con mpn-
ción do los jeTes que las mandaban y su intervención
en las discordias y guerras civiles, principalmente ei>
tiempo de los Benimerines.
— 31 —
primer período entre almorávides j almoha-
des, 6 sea desde que los primeros (con sus
Príncipes Texufín, hijo de Alí, Ibrahim,
hijo de Texufín é Ishac tío de esle ultimo)
aparecen impotentes para resistir á los almo-
hades j á los cristianos, hasta que los almo-
hades quedan dueños de la España musul-
mana: estos tres personajes son Abencasi de
Mértola, Abenhamdin de Córdoba j Ahenhud
Almostúnsir 6 sea el Za/adola de nuestras cró-
nicas; Abencasi dirige la insurrección en el
Algarbe ó sea el occidente, Abenhamdin en
el centro^ en Córdoba, j Zafadola en el orien-
te de Alandálus ó sea en Murcia j Valencia;
la rebelión se desarrolla en los dos puntos
casi simultáneamente, girando en torno de
cada uno de estos tres personajes otros varios
poco conocidos j que merecen serlo, siquiera
sea por el hecho de haber sido verdaderos
rejes independientes con pretensiones mani-
festadas en títulos pomposos, que aparecen en
las monedas; por lo cual este período podría
llamarse Segundo periodo de reyes de Taifas,
pues fueron verdaderos rejes de banderias.
LA REBELIÓN EN EL ALGARBE
El alma de la rebelióu en el Algarbe fué
Abulcásim Ahmed hijo de Alhosáiu, conoci-
do más comúnmente por Áhencasi, en torno
del cual giran al principio casi todos los re-
beldes del Algarbe, aunque más de una vez
se separan j le hacen guerra, hasta el punto
de fraguar su muerte uno de los que le ha-
bían sido más adictos.
De origen cristiano ó español, y natural
de Silves, donde pasó parte de su juventud
en las oñcinas de hacienda ^, 6 derrochando
parte de su fortuna, como dice otro autor, se
inició en las doctrinas de los sufíes j, ha-
i Dozy, Nolices etc., póg. 199.
Almobatides 3
— 34 —
hiendo viajado por España, entró en relacio-
nes con el jeque Abulabás Abenalarif, que
en Almería era el jefe de los sufíes, secta
que ja debía de estar extendida en esta ciu-
dad durante el reiuado de Alí hijo de Yúsuf,
pues que habiendo tenido noticia de ello^
llamó á Marruecos á Abulabás Abenalarif, á
su compañero Abulháquera Abenfarchán y
otros adeptos, á quienes detuvo honorífica-
mente en Marruecos, donde murieron en el
año 537 ^ .
Desde esta fecha ó antes debió Abencasi
de quedar reconocido de hecho como jefe de
los sufíes, dando á la sfcta giro especial,
pues parece fué él quien dio á sus sectarios
el título de moridln, que llamaremos adeptos,
siendo conocida la rebelión de que fué el
alma, con el nombre de La Rehelión de ¡os mo-
ridin, como lo atestigua, además del aserto
terminante de Abenaljatib, el hecho de que
el historiador llamado Sáhibasala escribió
un libro que tituló Rebelión de los moridin.
De vuelta á su país, el Algarbe, Abencasi
Abenaljatib, Ms. Ar. de la Acad. X. 37.
- 35 —
se puso á explicar en público los libros del
filósofo Abuhámid el Gazelí j, atrajendo á
sí á los que profesaban sus doctrinas, en se-
creto les excitaba á la rebelión.
Encarnada la nueva secta en Abencasi,
86 extendió mucho por el Algarbe, princi-
palmente en Silves, Niebla j la región de
Mértola: habiendo construido en la costa, en
las inmediaciones de Silves, un monasterio,
que los musulmanes llaman rabila ^, en la
que se reunían sus adeptos, desde ella debie-
ron éstos propalor los falsos milagros 2, que
4 Abonaljalil), obra citada. Dozy, Nolicos. pá-
gina 20Í. — Aonqne .^o kWcc que csla nibida oslaba cerca
de Silves, quizá por oslar en su jurisdicción, ¿oslaría
donde el acUial C(>;)venlo do Sania María do la Habi-
da, (|Uo nos líüva conservado ol mmibre?
á Los niilaíin^s ((uo cila Abonaijalil) atribuidos
¿ Abencasi son: ol haber hecho la porojírinacion á
la Moca on una noc .o: ol hablaron socrolo lo que
quería: y el jíaslar díM tr>(»ro st»brcnalural, pues da-
ba á niano:4 IbMias: decían las genios que cuando so
concluía ol dinero, so iiacía on su casa, y (lue uno do
la campiña dijo a v iro, a (luioii Abencasi híbia dado
una gran cantidad. ■ ciorlamenlo oslo dinero del cielo
qno da el Imam, lo hace el tesorero de los almorávi-
des, pues no hay otro que acuño-: oslo so referirá á
los primor, s lionipíjs ilí- la rohclioii; puo^ luego Aben-
casi llego á acuñar moneda con su nombre.
— 36 —
á Abencasi atribuje Abenaljatib, propagán-
dose con esto la secta del mal (dice), por
toda Alandalus, formándose un niicleo de
devotos fanáticos dispuestos á obedecerle en
todo.
No pasaron inadvertidos los trabajos re-
volucionarios de los adeptos, principalmente
las predicaciones de Abencasi, á quien se
quiso prender; pero pudo ocultarse, siendo
detenidos algunos de sus partidarios, que
fueron llevados á Sevilla: uno de éstos fué
AbulualidMoliámed hijo de Ornar Abenal-
móndir, de quien habremos de hablar más de
una vez por el papel, muj importante, que
desempeñó en estos acontecimientos K
Los autores refieren el levantamiento con-
tra los almorávides al año 539 (4 de Julio de
1144 á 23 de Junio de 1145), j aun hasta
cierto punto á la muerte de Texufín, que gene-
ralmente fijan en el 27 deRamadán del 539(23
de Marzo de 1145) (20); pero aun suponien-
do esto exacto, la sublevación comenzó antes
de la muerte de Texufín, pues que en Xaual
í Dozy, Notices, pág. 202.
— 37 —
del año 538 uno de los partidarios de Aben-
casi se apoderó del castillo de Monte- Agudo?,
si bien, acometido por los almorávides j no
habiendo sido auxiliado por Abencasi, ni
por sus partidarios, hubo de capitular y fué
muerto: para responder á los reproches de los
amigos del que había sido víctima de su im-
previsión, decía Abencasi que había sido
como la falsa aurora, después de la cual se
levanta la verdadera, amaneciendo en reali-
dad: en vista del castigo de su partidario,
Abencasi, no creyéndose seguro, salió hacia
la región de Mértola, permaneciendo entre
unas gentes en la alquería de Alchuza? en el
distrito de Mértola.
Hebía entre sus partidarios un hombre
llamado Mohámed hijo de Yahja conocido
por Abenalcabila el de Saltis, el hombre más
bravo, astuto j valeroso de su tiempo, al par
que literato, de quien Abenaljatib añade que
era célebre por la elegancia de sus epístolas
j famoso por su elocuencia: este Abenalca-
bila, honrado por Abencasi con los títulos de
Espada de su rebelión, Brazo de m estado y victo-
ria y Almostáfa (el Elegido), fué designado
— as-
para apoderarse de Mértola, á donde se diri-
gió desde la morada de Abencasi en compa-
ñía de setenta hermanos adeptos.
Por la astucia ó por la fuerza consiguió
Abenalcabila apoderarse de la fortaleza ^ j
aunque los almorávides acudieron á comba-
tirle, nada pudieron contra él j hubieron de
retirarse, no sin haber devastado la región
de Mértola.
La toma del castillo de Mértola tuvo lu-
gar en la noche del 12 de Safar de 539 *
(14 de Agosto de 1144), j propagada la no-
ticia por el Algarbe, varios pueblos se adhi-
rieron al movimiento, que pudiéramos lla-
mar cantonal, proclamando sin duda como
jefe al personaje más importante de entre
los iniciados, aunque bajo la obediencia de
Abencasi, quien el 1.^ del mes siguiente se
i Refiere Abeuaijatib que el jefe de la fortaleza
había convenido con uno en que iría de noche á ver-
le, y al efecto, dio orden al portero de que le fran-
quease e! paso sin investigar más, y que habiéndose
presentado Abenalcabila con los setenta hermanos
adeptos, no dudo en abrirles la puerta: Abenalabar,
(Dozy, Notices, pág. 199) dice que mataron á los por-
teros.
2 Abenalabar, pág. 198.
— 39 —
•presentó en Mértolo, acompañado do muchos
adeptos, é, instalándose en la alcazaba, se ti-
tuló Imam Almehdi hila.
Desde la alcazaba deMcrtola, como desde
su corle, escribió á los pueblos, invitándoles
á la rebelión^ j entonces debió de comenzar
á ejercer sus larguezas con el dinero de los
hermanos adeptos, quo suponía bajado del
cielo, pues que no percibía tributos.
Abumohámed Sidrey Abenuuzir, cjue se
había rebelado en Kvora y Beclia, v Abulua-
lid Moliámed Abenalmóndir, que liubía he-
cho lo mismo en Silves (20), se presentaron
en Mértola á prestar lioinciiajo á Abencasi
por los mismos días en que éste se instalaba
en su corte: hecha por estos dos rebeldes la
visita de cortesía al señor ([ue habían recono-
cido como jefe, j confirmados en sus gobier-
nos, AbenuBzir se retiró á Becha, que. parece
era su capital, j Abenalmóndir se detuvo
algunos días en Mértola: como entre éste y
Abenuazir habían surgido diferencias, á pe-
sar de la amistad íntima que los unía, es de
sospechar que Abenalmóndir aprovechase
«stos días para sembrar en Abencasi la des-
— 40 —
confianza contra Abenuazir^ la cual pronto se
hizo manifiesta.
Vuelto Abenalmdndir á Silves, cuanda
hubo reunido las tropas de Ocsonova, que se
unieron á la gente del Silves y á los herma-
nos adeptos^ se presentó de nuevo á Aben-
casi, dispuesto á ayudarle con sus tropas en
el propósito de hacerse reconocer como jefe
del levantamiento por aquella región: agra-
decido Abencasi, le renovó la investidura de
lo que ja estaba en su poder j le confirió el
título, hasta entonces desconocido, que sepa-
mos, de Alazizbila (el iluslre por Alá).
Abenalmóndir , al frente del ejército que
había reunido, pasa el Guadiana en direc-
ción á Huelva, que le abre las puertas, j
desde allí se extendió á Niebla, de la que se
apoderó gracias al auxilio de Yúsuf el Pe-
trochí, uno de los valientes adeptos que ha-
bían sitiado á los almorávides, quienes se
habían defendido en sus torres.
En Huelva tuvo Abenalmóndir noticia
de que Sevilla estaba sin gobernador almora-
vid que la guardase, y le entraron deseos
de apoderarse de población tan importante
— 41 —
para la causa de los rebeldes: saliendo de
Niebla en dirección de Sevilla, entró en las
fortalezas de Alcázar j Tejada j habiendo
llegado á Azahir se apoderó de ella.
Ya á la vista de Triana^ le alcanzó Aba-
zacaría Yahja Abengania, quien al tener
noticia de lo ocurrido en Niebla j el Algarbe
había salido precipitadamente de Sevilla *
para someter á los rebeldes; pero hubo de
acudir á la defensa de la capital amenazada
por Abenalmóndir, á quien sorprendió cuan-
do estaba merodeando en sus inmediaciones:
Abengania designó de entre los sujos, quien
siguiese á los de Abenalmóndir, que fué de-
rrotado con grandes pérdidas, por cujo mo-
tivo emprendió de noche la retirada hacia
Niebla, donde se detuvo dos días, j dejando
en ella á Yiisuf el Petrochí, él se refugió en
Silves.
Abengania, que desde Sevilla había se-
guido á Abenalmóndir en su retirada, sitió
á Yúsuf el Petrochí, que defendió á Niebla
durante tres meses (lo fuerte j fín del in-
Dozy, Notices, pég. 203.
— 42 —
vierno), hasta que le llegó la noticia del al-
zamiento de Abenliamdín en Córdoba.
Por su parte Abencasi, al tener noticia
del alzamiento de Córdoba, dio orden á Aben-
almóndir para que reuniendo su ejército sa-
liese contra la antigua corte de los Omeyas,
acompañado de Abeualcabila, su secretario,
dándoles cartas para los partidarios que te-
nía en el arrabal oriental, á quienes excita-
ba á que le reconociesen: salieron efectiva-
mente los expedicionarios con las tropas de
Silves j Niebla; pero al llegar á Córdoba se
encontraron con que se les liübía adelantado
Zafudola, á quien sus partidarios de la capi-
tal habían llevado desde la Frontera '.
Durante la expedición de Abcualmóndir
á Niebla, Huelva j Sevilla, Abencasi se ha-
bía reconciliado con Sidrey Abenuazir, de-
volviéndole el gobierno de su pequeño esta-
do, reconciliación que duró poco, pues al
regresar de Córdoba Abenalmóndir de la
fracasada expedición contra Abeuhamdín,
Abencasi llamó á Sidrey para que se le unie-
i Dozy, Nolices, pág. 203.
— 43 —
se: dudó en presentarse, pero por fin, recor-
dando que ja una vez había sido encarcela-
do en Mérlola j temiendo por su persona, se
rebeló en Badajoz ó en Silves, como dice
Abenaljatib é hicieron lo mismü otros, ci-
tándose sólo al hermano de Sidrej que se re-
beló en Becha, proclamando á Abeuhamdín
de Córdoba ': llegado esto á conocimiento de
Abencasi envió contra Sidrey á Abeualmón-
dir, quien derrotado y prisionero fué mania-
tado y encarcelado en Becha: no se coateutó
Sidrej con tener aherrojado á su entonces
mortal enemigo, sino que al poco tiempo,
cuando ja fué señor de Badajoz y su distrito,
dio orden á Abdala Abenasomáil de que pre-
sen tan dose^enBecha, le sacase los ojos, como
lo hizo: allí siguió Abenalmóudir hasta que
I Esto explica la exisloncía de monedas de S¡d-
roy Abenuazir, en las que ligura en lupar proftM-en-
le el nombre do Abenhamdín: vóaso Vivi:s, .Vo»fí/as*
rfí /it DinaxtMn Aráhigo-e'^pfn'iolaa, números 1909, 1910 y
1913, aunque en esta úUima no figura el nombre de
Uamdín, pero sí el título Almansurbila, quo si bien
pudiera referirse al mismo Sidrey, no consta por do-
cumento alguno que llegase á tomar tal título, si bien
esta moneda nos lo hace sospechar.
— 44 —
los almohades se apoderaron de esta ciudad»
Derrotado j prisionero Abenalmóndir^
Abencasi quedó sin medios de defensa^ de
modo que Sidrej pudo pasar de agredido á
agresor j en el mes de Xabán del mismo
año 540 (17 de Enero de 1146 á 14 de Fe-
brero) se apoderó de Mértola ^, huyendo sin
duda Abencasi, quien al menos desde este
momento parece debiera haber renunciado á
sus ridiculas pretensiones; pero aun teniendo
que acudir á la humillación de pedir protec-
ción á los aljnohades, no se despojó del pom-
poso título de Almehdi, con que al principia
de la rebelión se había proclamado en Mór-
lola: así al menos lo indica Abenjaldún al
decir que habiendo enviado como mensajero
á Abdelmumen á Abubéquer Abenhabís, no
recibió contestación á causa de que Abdel-
mumen se incomodó porque el enviado daba
á su señor el título de Almehdi 2, pero poco
1 Dozy, Notices, pág. 239.— Abenjaldún, edición
del Cairo, lo. IV, pág. 166 y lo. VI, pág. 2ai.
2 La vaguedad del uso del afijo el en árabe y
lo ridículo de que Aboncasi lomara el pomposo títu-
lo de Almehdi fueron sin duda causa do que el Barón
de Slane al traducir esie texto creyera que el eraba-
— 45 —
después, por iniciativa de Alí hijo de Isa
AbenmaimÚD^ señor de Cádiz, Abencasi re-
solvió visitar personalmente á Abdelmumen
para invitarle á apoderarse de Alandalus, j
entonces abandonó sus pretensiones: obse-
({uiado por el gobernador de Ceuta, Yúsuf
Ai)enmajluf, que le dio una escolta, en Rebia
postrero de 540 *, Abencasi se presentó á Ab-
delmumen, que le recibió en Salé: sin duda
le expondría el estado de Alandalus, j la
posibilidad de apoderarse de este país, pues
Abdelmumen le envió con un ejércilo á las
órdenes de Barraz, á quien ordenó hacer la
guerra á los almorávides j á los rebeldes:
jador daba este título á Abdelmumon, no que lo diese
á su señor: la traducción no me parecía buena; pero
no tuvo seguridad de ello, hosia quo vi coníirmada
mi sospecha por las monedas de Abenca^^i: véase la
obra citada del Sr. Vives, núms. l9Io, 19!6, 4917 y 1918:
hoy teDomos ademas el texto explícito do Abenalja-
tib, que en el epígrafe del Cipilulo en que trata de él,
le llama ¿1jIJí,*!| zX^ ^^ 7'"" ¡^e atribuye ht direcrióji,
y en el texto afirma que se tiluló Imam Alm^hái, si bien
esto último quizá falte en el códice do Argel; pues en
la copia de nuestro uso falta, pero está en el códice
de la Real Academia de la Historia.
4 Dozy, Notices, pág. 200.
— 46 —
luego Barraz fué auxiliado por otros do»
ejércitos^ udo á las órdenes de Muza Aben*
sáid j otro á las de Ornar Abensálih.
El ejército almohade^ que pasó á Alanda-
lus á las órdenes de Barraz \ tomadas Tarifa
j Algeciras, sometió uno tras otro á Abul-
gomar AbenazrÚD, rebelde en Jerez, luego
á Yúsuf el Petrochí, que prestó obediencia
en Niebla, y pasando por Mértola, recobrada
sin duda entonces por los partidarios de
Abencasi, se dirigió á Sil ves, que fué conquis-
tada, j puesta bajo la obediencia de éste: el
ejército salió luego de Silves y habiendo pa-
sado por Becha j Badajoz, donde prestó obe-
diencia Sidrej Abenuazir, incorporados to-
dos al ejército invasor ó auxiliar, asistieron
al sitio de Sevilla, que fué tomada el doce ó
trece de Xabán de 541 (17 ó 18 de Enero de
1147) -, huyendo los almorávides á refugiar-
1 El ojíMTito íilmohHílí» pasó a Alnndalnsá prin-
cipios (le Dulliiclia, lilUnio mes, üe 540, pues que Kego
la nolicia a Conlol);! on MoliMrroni do ñil, cuando el
Emperador se apoderó de ella el 10 de dicho mes (Do-
zy, rs'olices, pág. 200).
2 Dozy, Notices, páízs. 200 y 239. Abonalabar
dice en un punto que la loma de Sevilla fu<^ el i2,
en otro (|ue el 13 y en arabos casos dice que era miér-
coles: I o t<'dos modos eslo último resulta inexacto,
pues el 12 fué viernes.
— 47 —
se en Carmoaa, no sin que fueran muertos
cuantos fueron alcanzados.
Aunque todo el Algarbe de Alandalus
quedó sometido en esta fecha al poder de los
almohades, no debió de durar mucho este
estado de cosas.
Se habían instalado en Sevilla, aunque
al parecer sin caiácter oficial, pero sí con
gran influencia, parecida al mando, dos per-
sonajes que por sus obusos fueron funestísi-
mos á la dominación almohade^ siendo causa
inmediata de que s*i vertiese mucha san-
gre: eran éslos Abdeloziz ó Isa, liermanos
del Almehdi, fundador de la secta almohada,
quienes se permitieron el derromamiento de
sangre y se apoderaron de riquezas que no
les correspondían: habieudo tenido noticia
Yúsuf el Petrochí, gobernador ó rej feu-
datario de Niebla, de que intentaban echarse
sobre él, se refugió en su país, echando de
Niebla á los almohades j negando la obe-
diencia: no se necesitó más para qne se pro-
dujera una sublevación cosi general, que
secuudaroii Abencasi en Silves, Alí Abenmai-
mún en Cádiz, j Mohámed Abenalhacham
— 48 —
en Badajoz: sólo Abul gomar Abenazmo, se-
ñor de Jerez j Ronda, siguió fiel á la domi-
nación almohade.
El almoravid Abengania, que había vuel-
to á apoderarse de Córdoba con el apojo de
Alfonso VII, tomó á su vez la ofensiva y se
apoderó de Algeciras, entrando en relaciones
CDn los de Ceuta, que también sacudieron la
obediencia almohade.
Estrechados en Sevilla los almohades,
los causantes de la rebelión, Abdelaziz é Isa
j un primo de ambos, Yalsatín, hubieron
de retirarse al castillo de Bobastro, donde
se les unió Abulgomar Abenaznín, quien
con las pocas fuerzas que quedaban á los de
Sevilla unidas á las sujas, sitió j tomó á
Algeciras, dando muerte á los almorávides
que allí encontró.
Los hermanos del Almehdi, desde Bo-
bastro se retiraron á Marruecos, j Abdelmu-
men envió á Sevilla de gobernador á Yusuf,
hijo de Soleiman, dejando de recaudador de
impuestos al poco afortunado general Barraz:
el nuevo gobernador pudo tomar la ofensiva
j sometió los distritos de Yúsuf el Petrochí,
— 49 —
Niebla j Tejada; j el de Abencasi, Silves:
Alí hijo de Isa Abenmaimún ^ prestó obe-
diencia en Santa María, haciendo lo mismo
Mohámed hijo de Alí Abenalhacham ^ de
Badajoz, quien en prueba de sumisión envió
regalos^ que fueron aceptados: recobrada de
■éste una buena parte del Algarbe, el gober-
nador Tusuf hijo de Suleiman se volvió á
Sevilla.
Poco antes de este tiempo, estrechado
Abengania por las crecientes exigencias de
D. Alfonso VII, en una entrevista que tuvo
en Ecija con Barraz, pactó alianza, abando-
nando Córdoba á los almohades, de la que
parece que se apoderó D. Alfonso, si bien
los almohades de Sevilla la recobraron pron-
to, gracias al auxilio de Abulgomar Aben-
aznin, de Yúsuf el Petroclií de Niebla j del
ejército enviado por Abdelmumen á las ór-
denes de Yahja Abenjagmor, á quien los re-
beldes se apresuraron á pedir el aman (la
4 El texto de Abenjaldún (edic. del Cairo, tomo
TI, p¿g. 235) le llama Isa Abonmaímún, pero supone-
caos será el mismo que antes figura en Cádiz.
i A veces se le llama Albacli.
AXMORÁVIB£S 4
— 50 —
seguridad 6 perdón), que les fué concedido'
por Yabja j ratificado por Abdelmumen.
En el año 545 el Sultán llamó á Salé á
los jefes españoles, quienes acudieron al lla-
mamiento j reconocieron á Abdelmumen^
renunciando el mando de sus respectivos dis-
tritos ^: asistieron á la cita Sidrej Abenua-
zir, señor de Becha y Evora?, el Petrochí, se-
ñor de Niebla, Abenazrún, señor de Jerez j
Ronda, Abenalbacbam, señor de Badajoz j
Amil Abenmoháib, señor de Tabira 3.* sólo
Abencasi con los de Silves se opuso á este-
reconocimiento, lo que después fué causa de-
su muerte.
Declarado Abencasi en rebelión centra-
les almohades en 545, cuando todos los de-
más jefes habían prestado obediencia, se alió
con los cristianos del naciente reino de Por-
tugal, enviando un mensaje á D. Alfonso
1 Así creemos que deben entenderse las pala-
bras de Abenjaldún ^c j]^]] ^ Á^.j]\ ójo\jj
2 £1 texto de Abenjaldún en la edición del Cai-
ro pone Talabera: ]a edición de Argel Tavira.
— 51 —
Earíquez, á quien Abenaljatib llama señor
de Coimbra: el monarca portugués recibid
al mensajero de Abencasi, regalándole un
caballo de sus carros, una adarga j una lan-
za: la gente de Silves, disgustada de esta
alianza, en especial el ciego Abenalmóndir
qae desde la conquista de Becha por los al-
mohades había vuelto á su antigua corte,
prepararon una conspiración, en la que fué
muerto Abencasi en Chumada 1.° del año 546
(16 de Agosto á 14 de Septiembre de 1151) ^,
siendo clayada su cabeza en la punta de la
lanza que, como regalo, le había enviados
Abenenrique, como llaman, los musulmane
á los re jes de Portugal.
Abenalmóndir, aunque ciego, volvió á
encargarse del mando de la ciudad hasta que
la entregó á los almohades con historia lar-
ga, como dice Abenaljatib j que en parte
indica otro autor diciendo que temiéndose
de el que se rebelase por tercera vez, fué
trasladado á Sevilla después de ser depuesto
por Abenuazir, que gobernó á Silves con ex-
clusión de él con historia que cuenta el his-
4 Dozy, Notices, pág. 200 y pág. 20V.
— 52 —
toriador Abensáhibasala en su libro S éhS i m
de los moridin.
Pasan algunos años desde la muerte im
Abencasi sin que los historiadores nos den
noticia referente á los rebeldes del Algarbe.
hasta que en el año 551 los de Sevilla piden
á Abdelmumen que les dé por gobernador
alguno de sus hijos j habiendo sido designa-
do para este cargo el Príncipe (Sid) * Abuja-
cub, hubo de comenzar su gobierno some-
tiendo algunos rebeldes, personajes nuevos
unos, ya conocido algún otro: acompañado
del visir Abuhafs Abenatía, el Príncipe
Abujacub salió para Tabira, donde se había
rebelado Aluasiní, que hubo de prestar obe-
diencia; luego se apoderó del distrito de
Abenuazir -, v en el año 552 desalojó de
Mértola á Texuñu el Lamtuni, quedando con
esto terminada la conquista del Algarbe por
los almohades.
1 Desde este tiempo los hijos de los saltases
almohades y posteriores toman el título de S'iid ó Sid,
*euor.
2 El texto añade '-y de Abencasi • pero creo sea
■una mala inteligencia del autor: o que falti algo en
4i\ texto, en general, bastante incorrecto.
LA REBELIÓN EN CÓRDOBA
Si la rebelión en el Algarbe puede consi-
derarse simbolizada por Abencasi, la de Cór-
doba j centro de la España musulmana lo
esU por dos personajes, cada uno de los cua-
les iuYO sus partidarios j gobernó en Córdoba
por más ó menos tiempo, siendo reconocido
como jefe no sólo por los de Córdoba, sino
por iodos ó la mayor parte de los que en el
centro j oriente de Alandalus se rebelan
contra los almorávides: los personajes aludi-
dos son Abenhamdin de Córdoba j Abenhud
Ábnoslánsir, á quien los cronistas cristianos
conocieron sólo por el título de Seilodaula,
que transformaron en Zaladola, con cu jo
— 54 —
combie 6 con el de Abenhud le designa-
remos.
Hamdín, hijo de Mohámed, hijo de Alí,
hijo de Mohámed, hijo de Abdelaziz, Aben—
hamdÍD, natural de Córdoba j oriundo de
Pego de Abenhaitán del distrito de Granada,
fué cadí de Córdoba, primero desde el año 527
ó 529 al 532, en cuja fecha fué destituido
por Alí hijo de Yúsuf, siendo reemplazado
por Abulcásim Abenroxd, á quien á su vez
reemplazó en 536 por nombramiento del
pueblo, á quien el Príncipe concedió este
derecho después de un año de la dimisión 6
renuncia presentada por Abeuroxd: Aben-
hamdín seguía de cadí de Córdoba cuando en
el año 539 estalló la rebelión en el Algarbe,
alzándose en Mértola Abencasi con el pom-
poso título de Almehdi biamrila (el dirigido por
mandato de Alá).
No sabemos si las predicaciones de Aben-
casi habían encontrado eco en Córdoba: pro-
sélitos ó amigos tenía, según algún autor,
pero no serían muchos, ó al menos no supie-
ron aprovechar la ocasión de proclamarle.
Respecto á Abenhamdín no encontramos
— 55 —
indicios de que al principio deseara j traba-
jase para alzarse con el mando ^, como vere-
mos que lo hizo ¿u rival Abenhud: pero es lo
cierto que por dos veces se hizo cargo del
gobierno de Córdoba j que la segunda pro-
clamación fué preparada con participación
su ja j de un modo trágico ^.
Ni en los autores árabes ni en los cristia-
nos encontramos la narración seguida de es-
tos sucesos: las fechas más importantes de la
vida política de Abenhamdín no se encuen-
tran en las biografías sujas, que nos han
dejado varios autores ^: hay que recogerlas,
4 Alguna indicación se encuentra en Abenal-
jatib, al narrar la rebelión del pueblo do Córdoba
contra el cadí Abulcésim Abenroxd, que hubo de
abandonar la ciudad, quedando ésta huérfana de au-
toridad durante mós do un mes porque el Principo
no quiso nombrar sucesor, hasta que por fín autorizo
& la ciudad para que eligiera cadí, recayendo la elec-
ción en Abenhamdín.
8 Véase la ChronUa Adefonsi ImperatoriSf Espa-
ña Sag. to. XXI, pág. 394.
3 Adabi y Abenalabar ponen su biografía, pu-
blicadas ambas en la Biblioteca Ar. hisp. te. III, nú-
•mero 385, to. V, núm. 119, donde so bollan también
las de su padre y do Ahmcd y AIí, hermanos de Aben-
Jiamdin.
— se-
no buscarlas^ en las biografías de otros per^
sonajes, en los sumarios 6 compendios de*
los acontecimientos de este periodo 6 dond»
se encuentren, j muchas veces las noticias
concretas se encuentran donde menos po-
drían esperarse.
Proclamado Abencasi en Mértola á prín--
cipios de Rebia primero del año 539, como
hemos visto, Yahjra Abengania gobernador
general de la España musulmana, al tener
noticia del alzamiento y de que Abenalmón-
dir, lugarteniente de Abencasi, estaba sobre
Niebla, salió de Sevilla (6 Córdoba) con obje-
to de combatir á los rebeldes, á quienes si-
tió en Niebla durante tres meses: en este in-
termedio, los de Córdoba proclaman á Aben-
hamdÍD, por lo que Abengania hubo de aban-
donar el sitio de Niebla y volverse á Sevilla
con intención sin duda de asegurar la capi-
tal y en su caso prepararse para recobrar á
Córdoba .
La sublevación de Abenhamdín debió-
llevarse á cabo en el mes de Racheb del mis-
mo año 539 (28 de Diciembre de 1144 á 2S
de Enero de 1145) (22), tomando el modesto
— 57 —
título de cadi y lugarlenienle, quizá porque
obrara de acuerdo con Abenhud, que se pre-
sentó en Córdoba á los 12 ó 14 días, j se
apoderó del mando (23); pero Abeubud, ó
sea Zafadola, debió de gobernar muj mal,,
pues los autores suponen que los de Córdoba
le echaron á los doce días, dando muerte á
su visir Abenxamaj * j á una porción de sus
partidarios ó satélites: creemos, sin embar-
go, que no fué tan efímero el reinado de
Abenhud en Córdoba j que duró bastantes
días más^ como dicen otros, hasta el sába-
do cinco de Ramadán ó sea primero de Mar-
zo de 1145^ fecha fijada por los Anales Tole-
danos, de modo que el gobierno de Zafadola
duró de uno á dos meses, siendo restableci-
do Abcnhamdín, que esta vez tomó los títu-
los de Álmaiisur hila, amir almuslimin, dándose
desde esta fecha aires de verdadero Príncipe,
teniendo oficinas, reuniendo ejércitos j escribiendo
á los rebeldes de otras poblaciones, algunos de
los cuales le reconocieron.
Consta que así lo hicieron, Sidrejr Aben-
4 Dozy, Notices, p. 204 y Si5.
— 58 —
uazir, de quien hasta se conocen monedas
con el nombre de Abenhamdín ^, j Abuchá-
far Abderahmen de Murcia, quien hizo la
oración pública por él durante algunos días
de los meses Ramadán j Xaual del año 539,
es decir, en los mismos meses en que Aben-
hamdín fué proclamado en Córdoba por se-
gunda vez: también consta, ó al menos lo
dice Abenaljatib, que en Granada fué reco-
nocido por Abenadha, j en Jerez j Arcos por
Abulgomar, hijo de Asáib Abenazrún ^; es
de suponer que además Abenhamdín fuera
reconocido por la major parte de los cadíes,
que se alzaron con el mando de las ciuda-
des, que antes gobernaban á nombre de los
almorávides.
1 Véase Vives, obra citada, números 1909 y
1910: la moneda del número 1913 pudiera haber sido
acuñada por Abenuazir, que tomara también el titulo
«de Almansur hila; pero nos inclinamos á creer que el
haber suprimido el nombre de Abenhamdín, aunque
no su título, se debió á la circunstancia de que Aben-
uazir quiso poner en la moneda su nombro propio y
de familia ^ :. ,*-» ^tj-^-^ Sidrey Abenuazir, y
é que había poco espacio.
2 Dozy, Nolices, pág. 222.
— 59 —
Poco sabemos de un modo concreto de
lo que hiciera Abenhamdía en Córdoba des-
ale Ramadán de 539, en que fué proclamado
por segunda vez, basta el mes de Chumada
postrero del año siguiente, en que llamado
por los de Córdoba Yahja Abengania, go-
bernador de Sevilla, Abenhamdín le sale ol
encuentro j derrotado ou Ecija, buje á Ba-
dajoz, entrando Abengania vencedor en Cór-
doba el día 12 de Xabán de 540 ^ (24).
De los once metes de reinado de Aben-
hamdín, sólo tenemos noticia de que habien-
do sido reconocido en Murcia su competidor
Abenhud por Abderráhmen Aben táhir, Aben-
hamdín envió uno tras otro dos ejércitos, el
primero á las órdenes de su sobrino Omali-
mad j el segundo á las de su primo Alfolfc-
lí, acompañado de Abumohámed A henal-
4 Adabí (p¿g. 32) pone la entrada de Abengania
en Córdoba á fines de Xabán de 5^1; poro será error
del autor ó errata de nuestra edición: la fecha de la
entrada de Abengania en Córdoba resulta coniirmada
por los Anales Toledanos, que dicen «El Rey Abenga-
ma (por Abengania) sacó al Rey Aben llamdin de
Córdoba en el mes de Febrero» que en este año de
4446 correspondió á parte de Xabán y de Ramadán de
ZM de la hégira.
— 60 —
hach, de Abensiuar j otros murcianos, que
se le habían presentado: ambos ejércitos fra-
casaron en su intento j los partidarios de-
Abenhamdín fueron perseguidos^ 6 al menee
buscados ^.
Estos sucesos debían tener lugar entre
las fechas de ñaes de Rebia primero, en que
fuá proclamado Abentáhir y el 10 de Chu-
mada primero del mismo año 540, en que,
como veremos, hubo de abandonar el alcázar
major para dejar el puesto á Abenijad.
Nada sabemos de las causas que motiva-
ron el disgusto de los cordobeses del gobier-
no de Abenhamdín: habiéadose refugiado en
Badajoz^ no renunció á recobrar su reino,
para lo que crejó conveniente trasladarse á
Andújar 2, donde Abengania le sitió durante
un mes: no contando con fuerzas para resis-
tir á las de Abengania, Abenhamdín tuvo el
mal acuerdo de pedir la protección del Em-
i Dozy, NoticeS; p. 219.
2 La generalidad de los autores dice que al
ser destronado se trasladó á Andújar; poro el texto
explícito de Abenaljatib dice que se refugió en Bada-
joz y que después de algún tiempo se trasludó á An-
dújar.
— 61 —
perador D. Alfonso, prometiéadole cuanto
^jaisiera: no sabemos lo que éste exigiría; es
lo cierto que éste se presentó en Andújar,
■según los textos árabes, aunque según la
Crónica del Emperador sólo envió al Duque
Fernando Juánez: el Emperador consiguió
hacer levantar el sitio de Andújar, j persi-
.guiendo á Abeügania^ al parecer eu auxilio
de Abenbamdín, llegó á Córdoba, de la que
se apoderó ajrudado por los parciales de su
protegido ^: pero Abengania se encierra en
la almádina j en ella se sostiene j defiende
hasta que nuevas complicaciones le hacen
aliado ó subdito de D. Alfonso.
Aunque D. Alfonso ó sus tropas habían
entrado en Córdoba como auxiliares de Aben-
hamdín, las cosas se prepararon de modo,
que la conquista no fuera en provecho de
•éste, sino del Emperador, ó de nadie; pues
estando D. Alfonso sitiando la almedina,
1 La entrada del Emperador y de Abenhamdín
eo Córdoba tuvo lugar el 10 o el 12 del ultimo mes del
año 5M, focha que coíDcide con la que dan los Anales
Toledaous (pág. 380) con estas palabras '<En el mes de
Mayo priso el Emperador á Córdoba é después dióla
•éAbengama (Abengania)».
— 62 —
donde se había hecho fuerte Abengania, 1»
llegó la noticia de la entrada de los almoha-
des j que los de Sevilla habían negado la
obediencia á los almorávides: el Emperador,
sorprendido v contrariado por los nuevoa
elementos que entraban en juego, de acuerdo
con sus consejeros, dice Abenaljatib, resol-
vió entrar en negociaciones con Abengania
con objeto de dejarle la posesión de Córdoba,
como efectivamente lo hizo, sin que sepamos
las condiciones que con él estipulara ^.
Defraudado Abenhamdín de sus esperan-
zas, después de haber contribuido á la toma
de Córdoba por los cristianos, que saquearon
la parte oriental, según acuerdo anterior,
hubo de retirarse á Hornachuelos ó Bada-
joz, ;y desde allí pasó á visitar á Abdelmu-
men, quien le recibió, despidiéndole honro-
samente é invitándole á que se volviese:
vuelto á España, Abenhamdín se establece
en Málaga, donde su lugarteniente j hechu-
ra Abulháquem Alhosáín Abenhasún se ha—
i Abenaljatib copia ol di5«curso dirigido por
D. Alfonso al pueblo do Córdoba al dejarlos bajo la
obediencia de Abengania.
— 63 —
bía rebelado contra los almorávides, j allí
permaneció hasta su muerte, no sin que aun
intentara apoderarse de Córdoba, é' donde se
dirigió, dice Abenaljatib; pero puesta de
manifiesto su debilidad, j declinando ja al
ocaso su fortuna, hubo de volverse á Málaga,
donde murió el 19 de Racheb del año 546
(1 de Noviembre de 1151) ^, siendo enterra-
do en la parte de la alquibla ^ de la mezqui-
ta, donde sus huesos no descansaron en paz;
pues cuando los almohades se apoderaron de
Málaga 20 meses niás tarde, desenterraron
su cadáver, j habiéndolo encontrado inco-
rrupto, le crucificaron: consignan algunos
historiadores que los astrólogos habían pre-
dicho que sería crucificado: al menos esta
era la tradición del vulgo entre sus enemigos.
Veamos cuál fué la suerte de Córdoba
después de la definitiva expulsión de Aben-
hamdín, ó sea desde fines del año 540.
\ Artabí (Bibl. Ar. his. lo. IV pág. ?6I) fija en el
año 5(3 la muerte do Abenhaindín; pero parece más
aceptable la (ocha consignada por Abenaljatib, que
da más detallos: Abenalabar (Bibl. Ar. his. to. V, p. 39).
le supone muerto en 5^8.
2 Parto que mira á la Meca.
— 64 —
Establecido en ella Abengania por el Em-
perador D. Alfonso, siendo por lo yisto su
feudatario, permaneció en paz durante algún
tiempo hasta fines del año 541, en cuja fe-
cha, tomada Sevilla por los almohades cua-
tro meses antes, j viéndose de cada día más
hostigado por D. Alfonso, quien en una en-
trevista en Andújar le exigió le entregara
las ciudades de Ubeda y Baeza ^, como poco
-después le exigiera lo mismo respecto á Jaén,
ó que pagase majror tributo, Abengania se
puso secretamente de acuerdo con Barraz,
gobernador de Sevilla, j después de una en-
trevista en Ecija, le hizo entrega de las ciu-
dades de Córdoba j Jaén hacia mitad del
año 543, retirándose á Granada, donde mu-
rió después de una estancia de dos meses el
viernes 24 de Xabán 2 (7 de Eaero de 1149),
4 El autor del Carlas (pág. 176) supone hecha
esta entrega on el año 54(, siendo así quo de Aben-
gania (pá^. 1^5) dice que había muerto en Xabán del
año anterior; bien que on el texto impropio le llama
^ Abenaljatib on la biografía de Abcnginia fija
la fecha de su muerte el viernes 44^ pero como el 44
era martes, y el texto del Cartas dice viernes 24, segui-
mos esta indicación: en los textos árabes las fechas
10 y 20 se confunden con mucha facilidad.
— 65 —
-siendo enterrado en el interior de la alcaza-
ba, en la mezquita pequeña, que estaba uni-
dla al alcázar de Badís, hijo de Habús.
Yahjra Abengania intentó inducir al go-
bernador de Granada, Maimún Abenbéder, á
que entregase la ciudad á los almohades,
pero no pudo conseguirlo ^ : seis años des-
pués, en 549, por fin Granada cajó en poder
de los almohades por entrega del mismo
Maimún Abenbéder ^.
Entregada Córdoba á los almohades por
Abengania, ó acordada su entrega, no re-
nunció D. Alfonso á ser nuevamente señor
de ella, j aprovechando sin duda la ocasión
de que estuviera poco guarnecida, logró sus
deseos; pero los almohades de Sevilla á las
órdenes de Abulgomar Abenazriin con los
refuerzos suministrados por Yúsuf el Petro-
chí de Niebla y los enviados por Abdelmu-
men bajo la dirección de Yahja Abenjag-
mor la recobraron á los pocos días 3.
4 Abenjaldún, edi. Slano to. I, pág. 312: edi. del
Cairo, lo. VI. pág. 323.
2 Abenjaldún, lo. VI. fii^. -235.
3 AbeDJaldun, to. VI, pág. 235.
Almorávides 5
— 66 —
En la relación de los acontecimientos^
ocurridos en Alandalus desde que en 538 se
inició la rebelión contra los almorávides»
hasta el año 543, no hemos tenido necesidad
de mencionar á los Príncipes de esta dinas-
tía, porque para nada intervienen en las co-
sas de nuestra península^ en la que parece
que ningún eco tuvo su desaparición, á pe*
sar de que oficialmente una buena parte»,
quizá aun la major, de la España musulma-
na estaba ^sometida al dominio de los almo-
rávides.
De que en estos últimos años de la dinas-
tía de Yúsuf hijo de Texufín, sus Príncipes
eran reconocidos oficialmente en España,,
tenemos buena prueba en los preciosos di-
nares que de ellos se conservan, acuñados en
Almería en los años 538 j 539, de Sevilla
de los años 538, 539, 540 j 541, y de estos-
dos últimos años en Granada ^.
Muerto Ishac, hijo de Alí, último sultán,
después j á consecuencia de la toma de Ma-
rruecos por los almohades en el mes de Xaual
4 Vives, obra citada, números 4859 y algunos,
de los siguientes.
— 67 —
del año 541, si quedaban individuos de la
familia, parece que nadie pensó en procla-
marles al otro lado del Estrecho: tampoco
consta que se pensase en ello en las ciudades
españolas, que hasta entonces les habían per-
manecido adictas, ni menos en las que des-
pués de haberse rebelado contra los almora-
YÍdes, resistieron prestar obediencia á los
almohades: pudiéramos decir que Córdoba j
Granada, en las monedas posteriores al año
541 la primera dá muestras de su arrepenti-
miento por haberse rebelado, j la segunda
de su constancia en la adhesión á los almo-
rayides; pues no teniendo Príncipe á quien
proclamar, ponen en sus monedas, «Oh Dios,
perdona á los Príncipes de los muslimes, lo»
Benitexufín» ^
Vives, obra citada, números 4978 y 1979.
— 68 —
LA. REBELIÓN EN MÁLAGA
Se ha dicho antes que AbenhamdÍQ des-
pués do su expulsión defínitiva de Córdoba
se retiró á Málaga, j que allí murió en el
año 546 ^ .
En el año 539, al tiempo de la subleva-
ción general contra los almorávides, era cadí
de Málaga, desde el año anterior, Alhosáin,
Lijo de Alhosáin, hijo de Abdala, hijo de
Alhosáin^ conocido más comúnmente por
Abulháquem Abenkasún, hombre de ilustre as-
cendencia j que se había criado en la hol-
gura de su posición, llegando á adquirir
nombre por su ciencia: cuando los cadí es de
las diferentes ciudades se pusieron en rela-
ción, sin duda para acordar su conducta con
los almorávides, se declaró independiente en
Málaga, el sábado 13 de Ramadán de 539
(9 de Marzo de 1145): sitiados los almorávi-
des en la alcazaba durante siete meses, el
I Lo que de la suerte do Málaga en osle pe-
ríodo había podido averi>!uarse era muy poco y vago:
(vedase en Guillan Rnbl''fi, Málngn mwinlmnna, pág. 142):
hoy sabemos algo más, gracias á los libros adquiridos
ó publicados últimamente.
— 69 —
gobernador Almansur hijo de Mohámed el
Hach, hubo de capitular, instalándose en ella
Abenhasún después de dos meses, tomando
el título de emir j dándose el tono de los ca-
díes que habían asumido el mando: al frente
del ejército puso á sh hermano Abulhasán,
á quien, dice Abenaljatib, dí6 el gobierno
dé Córdoba j su comarca; aunque esto sería
como aspiración ó puro título, pues no haj
indicio de que llegase á obtener tal mando
efectÍYO.
Los almorávides vecinos de Abenhasún
no cesaron de molestarle procurando cortarle
las comunicaciones j aprovisionamiento, j
esto le obligó á tomar á su servicio ó pedir
auxilio á los cristianos, comprometiéndose á
darles sueldo, para lo que hubo de estrechar
á los de Málaga con impuestos: disgustado
el pueblo con esto, unido á la reprobación de
su conducta, se pusieron de acuerdo con un
hombre sagaz de entre sus servidores, cono-
cido por El de Loja, j fijado el día, se rebe-
laron, sorprendiendo á los porteros y apode-
rándose de la alcazaba: encerrado Abenhasún
en el alcázar, allí se defendió; al convencerse
— 70 —
de que iba á morir (pues su hermano ya ba-
hía sido muerto en la conmoción)^ temiendo
que sus mujeres llegaran á poder de otros,
intentó matarlas en el palacio; pero ellas se
defendieron en las galerías j cuartos: agra-
vada más la situación* prendió fuego á sus
lihros j tesoros, j luego tomó un veneno que
no produjo el efecto deseado: en vista de
esto, aguzó el hierro de una lanza j se pre-
cipitó sobre él hasta que le salió por la es-
palda, sin que ni aun esto acabara con su
vida; así que, al entrar los almohades en el
palacio, le encontraron revolviéndose en su
sangre j ofreciéndose á la muerte: aun vivió
dos días, muriendo el 11 de Rebia primero
del año 548 (6 de Junio de 1153): su cadáver
fué crucificado j, cortada la cabeza^ fué lle-
vada á Marruecos, quedando Málaga desde
esta fecha en poder de los almohades, quie-
nes ja dijimos que habían crucificado tam-
bién el cadáver de Abenhamdín, muerto
veinte meses antes ^ .
4 Abenaliatib, Ms. Ar. de la Academia, núm. 37,
folio 253, y fot. 49 de mi copia sobre el códice de la
Biblioteca de Argel: Adabi, Bib. Ar. his. to. III. pási-
ñas 32 y 33.
LA REBELIÓN EN EL ORIENTE
DE ALANDALUS
Como se ha dicho, uno de los que más
•contribuyeron á expulsar de Alandalus^ 6
•mejor dicho, á que desapareciera de ella el
imperio de los almorávides, fué Almoslánsir
Abenhudf llamado también Zafadola, hijo de
Abdelmélic Imadodaula, último rej de Za-
ragoza.
Nuestro Zafadola, pues así le llamamos
•con los autores cristianos, á la muerte de su
padre en el año 524, le sucede en el señorío
de Rueda j en el año 525 6 526 ^, 6 acosado
4 Bibl. Ar. his. lo. 111, pág. 32.— Dozy, Nolices,
página 935, y Abenaljatib, obra citada.
— 72 —
por las armas victoriosas de Alfonso YII, 6-
entusiasmado con sus hazañas, como dicen
nuestras crónicas^ entrega el castillo de Rue-
da en cambio de la mitad de Toledo * .
Establecido Zafadola en Toledo, allí per-
manecería hasta el año 539^ en el que, ini-
ciada la rebelión general contra los almora—
yides, se rebela en las fortalezas inmediatas
á su pequeño dominio, y desde allí baja ét
Córdoba, donde entra sin resistencia por la
connivencia con sus moradoi*es j el auxilia
de los ricos ^.
1 Abcnalabar en la biografía de Zafadola (Do-
zy, Notices, pág. 224) asigna á este acontecimiento la
fecha del penúltimo mes del año 534.— Abenalatir, to-
mo XI, pág. 20, ílja la fecha 529: la Crónica del Emperador
D. Alfonso^ aunque no asigna fecha concreta á la en-
trega del castillo de Rueda y á la alianza de Zafadola
con el Emperador, parece asignar á estos sucesos la
fecha que aceptamos ó muy inmediata, pues los re-
fiere á continuación del año 1131 (ó sea 52o y 526 de
la hégira) (Es. Sag., to. XXI, pág. 330); después en los
años 1133 y 1135 supone la presencia de Zafadola en la
expedición contra Andalucía y en la proclamación
del Emperador, por tanto parece debemos admitir
para la alianza de Zafadola con el Emperador la fe-
cha que parece inferirse de la Crónica.
2 Véase su biografía en Dozy, Notices, pág. 224.
— 73 —
De las negociaciones que para esto de-
bieron mediar nos da alguna indicación la
Crónica de Alfonso YII, á quien Zafadola
acompañó en sus expediciones á Andalucía
en el año 1133, j probablemente en 1144.
Refiriéndose al final de la primera de
estas expediciones dice el autor de la Cróni-
ca ^: «Viendo esto (los estragos causados por
el ejército del Emperador), los magnates de
los agarenos enviaban secretamente mensa-
jeros al Rej Zafadola diciéndole: habla con
el Rej de los cristianos j con él líbranos de
las manos de los Moabitas ^; nosotros paga-
remos al Rej de León tributos reales majo-
res que los que nuestros padres dieron á los
SUJOS, j seguros contigo, le serviremos, j tú
j tus hijos reinaréis sobre nosotrosi>. Oido
este mensaje por el Rej Zafadola, después
de consultar con el Rej j sus fieles conseje-
ros, les contestó: «Id y decid de mi parte á
mis hermanos los príncipes de los agarenos
(lo siguiente): «Apoderaos de algunos casti-
4 Ep. Sag. lo. XXI, pág. 334.
4 A los musulmanes españoles llama Agarenox,
y MoíibUas ¿i los almorávides.
— 74 —
lioa r^árwa v ¿¿ al^ri^aa torres de las cia-
da dea ^ ni^Ted :r^¿"a e:i todo luc^r. t al
nioTnec-Go. vi ve*. Rev de Leca oa sacone-
remos >. D¿ap':LÍi de ea'.aa plitícaa. elEmpo-
rador levan nó el campo, paad el paerto de
Amireli j '--¿g'^ á Tala vera.
Nada áab¿m.as de los reaultadoa piictícos
de laa plá!;i::aa iaiciadas ea el. año 1 1 33 (527
V oSíS"^. n: aun si se siíaió ^restíoatado 6
prepara adj el terreno para ana sableTación
general: probablemente no se coosignió mis
qae fomentar el descontento contra los almo-
rávides.
Diez años despees, la expedición del
Emperador hasta el corazón de Andalacía
en 1144 (de Chumada 2 * de 538á Racheb
de 539) debió de contribuir no poco á moTer
los ánimos contra ios almorávides, impotentefl
para toda resistencia: por eso los moros an-
daluces volvieron naturalmente los ojos hacia
los personajes propiamente españoles j de
ascendencia ilustre por descender de estirpe
real.
En Septiembre de 1144 (Rebia 1.° de 539)
se reunían en Toledo todos los Condes, Mag-
— 75 —
nales j Duques del Emperador, cada uno con
BUS milicias^ j los alcaides, caballeros j peo-
nes de toda Extremadura ^: reunido este nu-
meroso ejército, el Emperador levantó el
campo, dirigiéndose al país enemigo, que
devastó desde Almería á Calatrava, «destru-
yeron todas sus viñas j olivares; cortaron las
higueras j manzanos; prendieron fuego en
«US ciudades, villas j aldeas, quemaron con
llamas sus castillos; se apoderaron de hom-
bres j mujeres j de sus hijos, haciendo gran
botín de caballos, jeguas, camellos, mulos,
aisnos, buejes, vacas j toda clase de ganado,
oro, plata j objetos preciosos, que encontra-
ban en las casas: todo lo sobredicho fué
llevado al Emperador, que estaba acampado
«n tierra de Granada: después de esto, el
Emperador se volvió á Toledo».
Exagerada será sin duda la narración an-
terior; pero de todos modos se comprende el
efecto que la campaña debió de producir en
el ánimo de los moros españoles j que el
4 Según el editor de la Crónica, Extremadura
indica aqui la frontera que venia ¿comprender, poco
más 6 menos, la cuenca del Tajo.
— 76 —
autor dd la Crónica añade á continuación.
«Viendo los principales j jefes j todo el
pueblo de los Agarenos los referidos males j
que el Emperador j sus magnates se dirigían
todos los años contra su tierra; que las hues-
tes de Toledo, Segovia, Avila, Salamanca j
otras ciudades destruían todos los días alga
del territorio musulmán^ se congregaban en
las plazas j asientos de las ciudades j en la&
sinagogas (mezquitas) diciendo: «Qué vamos
á hacer, pues no podemos sostener la guerra
contra el Emperador j sus capitanes». A la
cual respondían algunos diciendo: «Los Moa-
bitas se comen lo mejor de la tierra; nos qui-
tan nuestras posesiones, oro j plata, j opri-
men á nuestras mujeres é hijos; peleemos
por tanto contra ellos; matémoslas j sacuda-
mos de nosotros el jugo con que nos opri-
men, ja que no tenemos parte en el palacio
de Texufín, ni herencia entre los hijos de
Alí j de su padre Yúsuf»: otros decían: «ha-
gamos primero paz j alianza con el Empera-
dor de León j Toledo j démosle tributos de
Rej, como nuestros padres los dieron á los
SUJOS» : pareció esto bien j el que todos es-
— 77 —
tuviesen preparados para la guerra contra los
Marroquinos ^: vueltos inmediatamente ásus
BÍnagogas, oraban pidiendo la misericordia
de su falso profeta Mahoma para que les ayu-
dase en lo que habían comenzado; j, enviando
mensajeros, llamaban al rej Zafadola j á to-
dos los descendientes de los antiguos rejes
-de los Agarenos para que fuesen hacia ellos
j peleasen contra los Moabitas».
Y efectivamente, en aquel mismo año se
hizo general la sublevación que en Mértola
había iniciado Ahmed Abencasi, probable-
mente sin conexión con estas tendencias;
pero si Zafadola no fué el primero ni el más
afortunado de los que se levantaron contra
los almorávides, fué indudablemente el de
más nombradla j prestigio entre los musul-
manes españoles, j su autoridad fué recono-
cida en varios puntos, bien que de un modo
poco duradero, pues probablemente no me-
recía el prestigio de que gozaba, más por su
4 Los almorávides toiiian la corlo en Marrue-
cos y sin duda los moros españoles emplearían el pa-
tronímico marroi¡ui ó marro(¡uino como sinónimo do
■almorafid.
— 78 —
ascendencia j edad que por sos mérito»
propios.
Al fijar j discutir las fechas de los acón*
tecimientos en que tomó parte Abenhamdín,
ha sido preciso apreciar las indicaciones de
los autores respecto á Zafadola: de ellas re-
sulta^ como hemos visto, que Abenhamdín
fué proclamado en Córdoba por primera Tez
hacia el mes de Chumada postrero del año
539 (Noviembre ó Diciembre de 1144); pero
no por cuenta propia, sino como lugarte-
niente de Zafadola, hasta que éste entró sin
resistencia alguna en la antigua capital del
califato en Enero de 1145 (Ramadán de 539).
Si efímero fué éste que se ha llamada
primer reinado de Abenhamdín, tanto que
los toledanos parece que no tuvieron noticia
de él, porque no fuera proclamado con títu-
los pomposos, como lo fué después, no duró
mucho más el reinado de Zafadola en Cór-
doba, á pesar de haber sido llamado por el
pueblo j ricos, con quienes se habría puestcv
en relación desde que acompañara al Empe-
rador en las incursiones por territorio mu-
sulmán.
— 79 —
Al decir de casi todos los historiadores
árabes que de ello hacen menciÓD^ sólo doce
dios permaDeció Zafadola en Córdoba j, aun-
que aceptemos lo que dicen los Anales To-
ledanos, siempre resulta que su reinado fué
muj corto, pues que habiendo entrado en el
mes de Enero, ¡uxó á Granadaisn el mes de Mar-
do de 1145 j entonces fué proclamado de nue-
TO Abenhamdín.
De lo que en Córdoba hiciera Zafadola
en su corto reinado, nada dicen los autores
árabes j poco nuestros cronicones: cuando
tan pronto se dis;>ustaron de él los de Córdo-
ba, j lo mismo hicieron luego los de Grana-
da, no tendría grandes condiciones de man-
do; j el hecho de haber dado muerte á Farax
Adali, el antiguo gobernador de Calatrava,
que tantas victorias había conseguido contra
los cristianos, prueba al menos que la gloria
adquirida en los combates no era bastante á
garantir la vida de los que le contrariaban.
Echado de Córdoba, Zafadola hujó á
Granada, como dicen los Anales Toledanos,
ó á Jaén j de allí á Granada, lo cual no está
en contradicción: en Jaén venció al cadí
— 80 —
Abencliozaj, que se había rebelado, sin da-
da contra los almorávides^ declarándose in-
dependiente, 6 mejor dicho, no reconociendo
á Zafado] a como representante del poder en
Córdoba.
Habiendo dejado en Jaén por lugarte-
niente á un sobrino sujo, Zafadola se diri-
gió á Granada^ adelantándose á las fuerzas
que Abenhamdín enviaba en auxilio de Ali
Abenadha; así que, las tropas mandadas por
Alí Omalimad, sobrino ó primo, según pa-
rece, de Abenhamdín, hubieron de regresar á
Córdoba: sin duda Abenadha de Granada se
habría puesto de acuerdo con Zafadola, aun-
que había proclamado á Abenhamdín, pues
no ofreció resistencia á la entrada de Zafa-
dola ^.
No es fácil fijar la fecha concreta de la
4 Abenalabar, Dozy, Xolices, pág. 208.~No es
fácil comprender lo que pasó en Granada: Abenala-
bar dice que Abenadha, en lucha contra los almorá-
vides encerrados en la alcazaba, pidió auxilio á Aben-
hamdín de Córdoba y á Abenchozay de Jaén, y que
habiéndose adelantado Zafadola al ejército enviado
por Abenhamdín, Abenadha y Zafadola se auxiliaron
9 mutuamente.
— 81 —
•entiada. de Za&dola en Granada, ni tampoco
el tiempo que en ella permaneció; pero pue-
•de fijarse de un modo aproximado, por la
marcha de los acontecimientos que se des-
arrollan en Córdoba j Murcia: los sucesos de
«Granada en que interviene Zafadola han de
•encerrarse precisamente en los nueve meses
-que median entre Ramadán de 539 (Marzo de
1145), en que es echado de Córdoba, j el
-viernes 18 de Racheb del año 540 (5 de Ene-
ro de 1146) en que entra en Murcia (25).
Instalado Zafadola en la alcazaba de la
Alhambra, quedó reconocido como señor de
-Granada j su comarca, j por esto en el mes
de Dulcada le vemos nombrar gobernador de
'Guadix á Abdelaziz Abenabuasin ^.
Entre tanto los almorávides de la alca-
zaba hacían sin duda frecuentes salidas j en
•una de ellas, en un combate librado con las
-fuerzas de Zafadola, fué mortalmente herido
Imadodaula, su hijo, j los almorávides le
envían su cadáver: en encuentro posterior,
•entrado ja el año 540, muere también AIí
4 M8. de la Bibl. Na. Gg. i8, p. 447.
Almorávides 6
— 82 —
Abenadha, sucediéndole en el mando su hija
Mohámed.
No contando Zafadola con fuerzas para
someter á los almorávides encerrados en la
alcazaba, gestionaría sin duda el que sus par-
tidarios de otros puntos le enviasen refuer-
zos; j, efectivamente, después de la muerte
de Alí Abenadha, llegaba desde Murcia Aben-
abicháfar, con ejército de alguna importan^
cia; pero fué derrotado j muerto en la bata-
lla de la Almosala, bien porque los almora—
yides se aprovecharan de un desorden acci-
dental producido al acampar, bien porque
acometieran dispuestos aun supremo esfuerzo-
j á morir, consiguiendo con esto desordenar
las haces enemigas: es lo cierto que los que
se salvaron del ejército de Abenabi chafar se
retiraron precipitadamente á Murcia.
La batalla de la Almosala j muerte de
Abenabicháfar, tuvieron lugar el viernes^
tres de Rebia primero del año 540 (24 de
Agosto de 1145).
Después de esta derrota parece que Za-
fadola pudo sostenerse en Granada durante
un mes, j que desconfiando ja de poder sos-
— 83 —
tener la lacha constante con los almorávides,
se retiró á Jaén, quizá en el mes de Rebia
segundo, continuando allí por algún tiempo,
hasta que dos meses después se dirige á Mur-
cia, donde entra el 18 de Racheb de 540 (4
de Enero de 1146).
Al retirarse Zafadola de Granada, quedó
con el mando de la ciudad, como indepen-
diente ó como feudatario sujo, Mohámed
hijo de Alí Abenadha, quien^ á los ocho días^
fatigado de haber de sostener combates ma-
ñana j tarde contra los almorávides de la
alcazaba^ se retira á Almuñécar, volviendo
sin duda el pueblo de Granada á la obedien-
cia de los almorávides, á cuja causa perma-
neció fiel después durante bastante tiempo,
cuando ja toda Alandalus reconocía á los al-
mohades ó á Abenmerdanix de Murcia.
Testimonio elocuente de la adhesión de
Granada á la causa almoravide tenemos, co-
mo queda dicho, en un precioso diñar de^
año 545, en el que, extinguida la familia de
los Príncipes almorávides, se pide para ellos
la misericordia de Alá '.
4 Véase Vives, obra citada, número 1779.
— 84 —
Hacia el mismo tiempo en que Zafádola
salía de Granada, tomaba posesión del go*
bierno de Murcia, j probablemente como yi-
sallo 6 lugarteniente, un amigo sujo, llama-
do Abumohámed Abdala Abenijad, quien,
puesto de acuerdo con sus partidarios que
salieron á visitarle en Orihuela, en cuanto
esta población le fué entregada por el yeIí
Abenzanón, se dirigió á Murcia j se instaló
en el alcázar major, sin que nadie tratara de
estorbárselo: sucedía esto el 10 de Chuma-
da primero del año 540 (29 de Octubre de
1145) «.
El reyezuelo de Murcia Abuabderrahman
Abentáhir, que desde la muerte de su ante-
cesor en la batalla de la Almosala de Grana-
da, apenas había tenido tiempo para enterarse
de los rincones del alcázar grande, si efecti-
vamente merecía este nombre, nada supo de
las negociaciones del que trataba de suplan-
tarle, j hasta se esforzaba por congraciarse
con los que iban á Orihuela á cumplimentar
al futuro rej de Murcia: es lo cierto que
4 Dozy, Notices, p. 214 y 219: según otro autor,
«itado en la misma página, fué el 26 del mismo mes.
— 85 —
Abuabderrahman Abentáhir no hizo resis-
tencia^ j retirándose, primero al alcázar pe-
queño, j luego á su casa, consiguió que
Abenijad, no considerándole temible, le de-
jase en paz. (26)
Instalado Abenijad en el alcázar major
de Murcia, proclamó á Abenhud, contentán-
dose con ser su lugarteniente; j Zafadola,
en tanto que se preparaba para presentarse en
sa nuera capital, envió á Murcia á su hijo
Abubéquer, á quien salió á recibir Abenijad,
mostrándose muj honrado con su presencia:
luego se fueron ambos á Valencia, donde el
pueblo, al echar de ella al cadí Meruán Aben-
abdelaziz había proclamado á Abenijad, casi
al mismo tiempo que el de Murcia.
Abenijad entregó el mando de Denia á
Abubéquer Abenhud, j vuelto á Valencia,
al tener noticia de la llegada de Zafadola á
Murcia, á los dos días se le presentó, pres-
tando homenage, é instalándose en el alcá-
xar pequeño ^ .
Poco tiempo permaneció en Murcia Za-
4 Doxy, Notices, p. 226.
— 86 —
fadola, pues se acercaba el término de su ac-
cidentada carrera: aunque le vemos salir á
campaña personalmente, era poco amigo de
iocuparse en la gobernación del estado, pues
Inos dice Abenalabar que entregó los negocies
á Abenijad, contentándose con el nombre de
Principe,
No aparecen claras las circunstancias de
la batalla en la que Zafadola pierde el trono
j la vida: Abenalabar dice que á las pocas
noches de haber hecho entrega de los nego-
cios en poder de Abenijad, se dirigieron
ambos á Játiva, á donde ja se les había ade-
lantado, con el ejército de Valencia, Abdala
Abensaad: había éste salido en persecución
de los cristianos, que talaban la comarca:
eran éstos los soldados del tirano Alfonso
(VII), j cuando se encontraron ambos ejér-
citos, después de haberse unido las tropas de
Valencia j Murcia, trabada la batalla, mu-
rieron Abenhud j Abensaad, salvándose
Abenijad.
Esta batalla, perdida por los muslimes,
se dio en el lugar conocido por Alloch (?), en
la llanura cerca de Chinchilla, el viernes 20
— 87 —
<le Xabán del año 540(5 de Febrero de 1146),
aunque se dice que fué el sábado siguiente:
algunos autores le llaman la batalla de Alba-
-cele, j por haber muerto en ella Abensaad,
es conocido por el de (la batalla de) Albacete ^.
En los Anales Toledanos se hace mención
-de esta batalla j de sus resultados con estas
lacónicas palabras: «Lidió Cahedola con
-Gbristianos é matáronlo en el mes de Febre-
ro, Era 1184» ^: fecha que concuerda perfec-
tamente con la que hemos tomado de Aben-
alabar. (27)
Estudiada la historia de la rebelión ge-
neral contra los almorávides, en el Algarbe,
•en Córdoba j en Granada, j desembaraza-
dos ja de la narración de lo que se refiere &
Ahmed hijo de Yúsuf conocido por Zafadola
j por Abenhud, j que como hemos visto,
1 En el tomo XXXll, pág. 467 del Boletín de la
Heal Academia de la Historia, dijimos equivocada-
mente, que el muerto en la batalla de Albacete, fué
Abeniyad: aunque la equivocación quedó rectificada
luego en el tomo XXXllI, pág. 352, no croemos in-
oportuno hacer esta rectificación.
2 España Sagrada, to. XXllI, p. 390.
— 88 —
figura en primera línea^'lo mismo en la his-
toria de la rebelión de Córdoba, que en la
de la parte oriental, pasemos ja al estudio-
de ésta.
REBELIÓN EN EL ORIENTE
DE ALANDA.LUS
Marola y falencia
La historia del oriente de Alandalus^
principalmente de Murcia j Valencia, en este
período que examinamos, ofrece tal compli-
cación que, á pesar de que nos dan mucha
luz las biografías de algunos de los persona-
jes que en este período obtuvieron el mando
supremo, difícilmente podemos darnos cuen-
ta de muchos de los sucesos: narración deta-
llada j especial no haj que buscarla en los
— 90 —
autores árabes j menos en nuestros histo—
ría dores particulares, que poca 6 ninguna no-
ticia tuvieron de largos periodos de la domi-
nación musulmana, cabalmente de aquellos
que más interés podían ofrecer para los his-
toriadores de ciudades; pues cuando éstas
formaban parte de la dominación general,
lo que á ellas se refiriese, había de tener in-
terés secundario, al paso que lo tenía muj
capital, cuando cada ciudad constituía una
entidad independiente; tanto más si, como
sucede en Murcia en este período, el jefe de
ella aspiraba, j lograba alguna yez, ser el
centro de casi toda la España musulmana.
La historia de Murcia j la de Valencia
en este período se compenetran entre sí j,
por fin, se refunden en la de los yalíes 6
príncipes que dominan en Murcia, donde
en los dos primeros años de este período, 539
j 540, los rejes ó valíes independientes fue-
ron muchos, j de ellos apenas tenemos más
noticias que las que nos han legado Aben-
alabar j Abenaljatib, j por cierto que mu—
chas de ellas se encuentran no en la biogra-
fía del personaje á quien se refieren, sino en
— Ol-
la de algún otro, en la cual entran de un
modo más 6 menos natural.
Inciiada la sublevación contra los almo-
rayides en el Algarbe en el mes de Safar del
año 539 (Agosto de 1144) j secundada en
Córdoba por Abenhamdín hacia el mes de
Racbeb (de 28 de Diciembre de 1144 á 26 de
Enero de 1145)^ j luego como legalizada
con la proclamación de Abenhud en Rama-
dan de este mismo año (de 25 de Febrero
á 26 de Marzo de 1145), por este mismo
tíempo se propaga por Murcia j Valencia.
Ciobferno de Abenalhaeh
(reconociendo á AbenhamdEn>
Los de Murcia, bien porque alguien es-
tuyiese preparando el terreno en connivencia
con Abenhamdío^ ó como manifestación es-
pontánea del odio que los musulmanes espa-
ñoles profesaran á los almorávides, al tener
conocimiento de lo ocurrido en Córdoba, se
rebelan, poniendo al frente del gobierno á
Abumohámed Abderrahman, hijo de Chafar,
— 92 —
hijo de Ibrahim, el de Lorca, conocido de
ordinario por Ahenalhach, el cual proclamó á
Abenhamdín, por quien hizo la oración pú-
blica durante algunos días de los meses de
Ramadán j Xaual ^ de este año, en que, co-
mo dice Abenalabar, abundaron los rebelde»
en el oriente j occidente de Alandalus.
No había nacido Abenalhach para el car-
go á que le elevaron las circunstancias, así
que, luego manifestó disgusto del mando j
deseo de dejarlo, quizá porque le crearon di-
ficultades los partidarios de Zafadola, quien,
por aquellos meses, manifestaba pretensiones
de dominar en la parte oriental; pues dice
Abenalabar ser cosa corriente entre los auto-
res que Zafadola envió á Murcia uno de su»
capitanes llamado Abdala Abenfárech, el
Tegrí ó Zegrí (el de la frontera), quien á mi-
tad de Xaual echó de Murcia j reemplazó ét
Abenalhach, que durante un mes escaso ha-
bía ejercido el mando bajo la obediencia á
proclamando á Abenhamdín. (28)
4 Dozy, Notices, p. 217.
— 93 —
GoMerno del arráes Abdala el Segrí
Reemplazado en Murcia Abenalhach por
Abdala Abenfárech el Zegrí, que después fi-
gurará en las monedas con el título de arráez^
proclama la obediencia de Abenbud á mitad
de Xaual, pero á fines del mismo mes es re-
emplazado por Abenabicháfar.
Gobierno de Abenabicháfar
•
Abucháfar Mohámed hijo de Abdala, co-
nocido por Abenabicháfar, sucesor del Zegrí,
decía, respecto á su elección, que el mando no
le cuadraba ni <^un le merecía; pero que lo
«ceptaba para proteger al pueblo j á unos
contra otros, hasta que se presentase quien
fuese digno del mando ^ .
Abenabicháfar gobernó á Murcia du-
rante los tres últimos meses del año 539, j
primeros del 540, pero aun este corto tiem-
po no lo pasó sin disturbios; pues habiendo
salido de la capital con objeto de unirse al
i Dozy, Nolices, p. 217.
— 94 —
ejército de Meruán AbeDabdelmélic, rej de-
Valen cia, que en Játiya sitiaba á los almo-
ravides^ los de Murcia promoyieron un albo-
roto, que Abenabicháfar acudid á sofocar^
yolyiendo luego á Játiya, hasta que esta ciu-
dad C8 JÓ en poder de su aliado el rej de Va-
lencia : en el mes de Safar del año 540, yuel-
to á Murcia Abenabicháfar, pronto hubo de
salir de nueyo, para no yolyer, pues habien-
do salido en auxilio de Alí Abenadha de
Granada, 6 mejor dicho, de Abenhud Zafa-
dola en lucha con los almorayides de la alca-
zaba, el de Murcia fué derrotado j muerto
en la batalla de Almosala antes de fin de
Rebia primero ^, 'ja que en este día, llegada á
Murcia la noticia de su derrota j muerte, se
le dio sucesor: el ejército á las órdenes de
Abenabicháfar se dice que llegaba á 12.000-
hombres entre peones j ginetes.
£1 mismo Abenalabar, después de refe—
rir la historia de estos dos últimos reyes de
Murcia del modo que lo acabamos de hacer
casi con sus mismas palabras^ pone otra tra-
\ Dozy, Notices, p. 218.
— 95 —
dici<$Q que, conforme en las fechas/ difiere
bastante en el fondo: esta segunda versión
dice estar tomada del historiador Abensáhi-
basala, generalmente mejor informado que
otros; por esto^ no encontrando razones, ja
que no decisivas, de alguna fuerza para se-
guir una versión más bien que otra^ debe-
mos consignarlas ambas.
Dice Abensáhibasala que Abdala el Ze-
grí estaba de capitán en Cuenca, cuando tu-
vo noticia de la proclamación de Abenham-
din en Córdoba j que se dirigió hacia él
permaneciendo algiin tiempo en su compa-
ñía: convienen los historiadores^ añade, que
Abenhamdín recibió mensaje de los de Mur-
cia diciéndole que^ habiendo dado el mando
á Abumohámed Abenalhach (bajo su obe-
diencia, por supuesto), éste había hecho re-
nuncia del gobierno, j que entonces Aben-
hamdín les envió de valí á Abdala el Zegrí,
nombrando cadí á Abucháfar Abenabichá-
far: el Zegrí llegó á Murcia el martes mitad
de Xaual del año 539: luego, aunque Aben-
abicháfar, en su calidad de cadí, era real-
mente el segundo, manifestó ó se vio quo
— 96 —
ambicionaba la jefatura; paea babiendo
unido tropas, marchó á combatir ¿ los almo-
rávides de Orihuela, ¿ quienes mató pérfida-
mente faltando á lo que con ellos babüi
estipulado: desembarazado de Mta expedi-
ción, entró abiertamente en cabildeos con la
gente de Murcia, proponiendo que le diesen
el mando; que el cadiazgo, que él habia ejei^
cido, pasase á manos de Abuabdala Aben—
alhallel; j que Abdala el Zegrí fuese nom-
brado jefe de la caballería.
No encontrando Abenabicbáfar quien se
opusiese á sus miras ambiciosas, fué procla-
mado sin oposición^ j á seguida negó la obe»
diencia á Abenbamdín, declarándose inde-
pendiente: como para sellar solemnemente
este acto de rebeldía, no se contentó con me-
nos que con tomar el titulo de El emir Aiuutr-
iidinala (el emir protector de la religión de
Alá), desechando el que llevara antes de Adai
¡iamir almoslimin (el que obedece al emir de
los muslimes): necesitando sin duda preca-
verse contra los partidarios de Abenhamdín»
encarceló á Abdala el Zegrí, lo mismo que 6
dos cuñados de éste, hijos de Masluca, danda
— 97 —
<ií cargo de jefe de la caballería á ZanÓD, uno
de los jefes del ejército ^.
Desde este punto están conformes ambas
narraciones con la única diferencia de que
Abensáhibasala indica cuál fuera el motivo
del alboroto ocurrido en Murcia, mientras
Abenabicháfar estaba en el sitio de Játiva:
no fué otro que el de poner en libertad á
Abdala el Zegrí j á sus cuñados, quienes
probablemente huirían todos á Cuenca al
llegar Abenabicháfar, aunque el autor sólo
lo asegura respecto á Abdala el Zegrí.
(■Obi erno de Abentáhf r
Muerto Abenabicháfar en la desgracia-
da expedición de Granada, al llegar á Murcia
la noticia, los de la ciudad convinieron en
dar el mando á Abuabderrahman Mohámed
hijo de Abderrahman, hijo de Ahmed^ hijo
de Abderrahman Abentáhir el Caisí, conoci-
do generalmente por Abentáhir: sucedía esto
á fines de Rebia primero del año 540 (20 de
Septiembre de 1145).
^ Dozy, Nolices, pág. 218.
Almorávides 7
— 98 —
Instalado Abentáhir en el alcázar^ procla-
mó la obediencia de Abenhud^ á reserva, se-
gún parece, de aspirar á sucederle en el man-
do: al frente de la caballería^ jefatura que
resulta ser en este tiempo la más importante,
puso á su hermano Abubéquer.
Por aquel mismo tiempo, Abenhamdín
quiso recobrar la inñuencia que había tenida
en Murcia, j al efecto envió un ejército á las
órdenes de un sobrino sujo llamado Omal-
imad, quien hubo de volverse defraudado,
habiendo sucedido lo mismo con otro ejército
á las órdenes de su primo, llamado Alfol—
folí ^, acompañado de Abumohámed Aben-
alhach, el primero que se había rebelado, ó
mejor dicho, que había ejercido el mando en
Murcia: acompañábanles otros que habían ido
á prestar homenaje á Abenhamdín, j á pesar
de que los expedicionarios debían de tener
connivencias dentro de la ciudad, no pudie—
i Abcnalabar (Dozy, Nolicos, pág. 228) pone la
biografía de este personaje, llamado Abulhasán Mo~
hámed, hijo do Hamdín, hijo de Alí, hijo de Moho-
med, hijo de Abieíaziz Abenhamdín.
— 99 —
ron enlrar, j los partidarios de Abenhamdín
hubieron de esconderse.
Ocupado j aun preocupado Abentáhir en
perseguir á los partidarios de Abenhamdín,
no advirtió que tenía en casa otros enemigos,
j su emirato dura muj poco tiempo, pues
los de Murcia, escribieron á Abumobámed
Abenijad de Valencia para que fuera á en-
cargarse del mando, como efectivamente lo
hizo.
Gobierno de Abeniyad
(á nombre de Xafadola)
Al llegar Abenijad á Orihuela, el valí
Zanón le hizo entrega de la ciudad, y allí
fueron á visitarle los que le habían invitado
á que se apoderase de Murcia: Abentáhir en-
tre tanto nada sabía de lo que contra él se
tramaba j hasta procuraba captarse la amis-
tad de los que iban á visitar á Abenijad,
quien, cuando Abentáhir menos lo pensaba,
entró en Murcia, se dirigió al alcázar major
j tomó posesión del mando, sin que nadie
se le opusiera: esto sucedía el 10 de Chumada
primero del año 540 (29 de Octubre de 1145);
— 100 —
de modo que Abeniáhir ejerció el mando
unos 40 días; pues, como hemos visto, se ha-
bía trasladado al alcázar grande á fines de
Rebla primero de este mismo año j ahora se
traslada al alcázar pequeño, donde no sabemos
cuánto es tu yo: pero pronto se trasladó á su
casa, donde Abenijad le dejó vivir tranquilo,
conociendo sin duda que no era temible.
Vuelto Abentáhir á la vida privada, no
vemos que tomara parte alguna en los sucesos
posteriores de Murcia, donde vivió durante
largos años, hasta la muerte de Mohámed
Abensaad, cuja ambición j prudencia le tu-
vieron siempre receloso: muerto Abensaad,
se calmó el temor de Abentáhir j habiendo
entrado en la obediencia de los almohades,
se trasladó á Marruecos, donde murió en el
año 574 ^.
1 Dozy, Notices, pág. 220.
— 101 —
LA REBELIÓN EN VALENCIA
Durante los primeros meses de la rebelión
general contra los almorávides. Valencia no
tuTO relaciones especiales con Murcia, si bien
pronto aparece como ejerciendo supremacía
sobre ella; pues hemos visto que Abenabi-
cháíar fué en auxilio de Abenabdelaziz de
Valencia^ que sitiaba á los almorávides en
Játiva; j parece que estaba como mero au-
xiliar, ya que, tomada ésta, quedó agrega-
da á Valencia.
Mientras en Murcia se sucedían en el
mando Abumohámed Abeualhach^ Abdala
Abeofárech el Zegrí, Abenabicháfar j Ab-
derrahman Abentáhir, Valencia estaba go-
bernada por Abuabdelmélic Meruán hijo de
Abdala, hijo de Meruán, hijo de Mohámed,
conocido más generalmente por Abenabde-
laziz.
— 102 —
Abenalabar ^ pone una biografía detalla
da de Abenabdelaziz^ de la cual extractamos
aquí lo más importante^ referente á este pan-
to, prescindiendo de lo que se utiliza en la
narración relativo á otros personajes.
Cuando llegó á Valencia, el sábado 5 de
Ramadán del año 539, la noticia de la procla-
mación de Abenhamdín y de que Abengania
se había retirado de Niebla^ desesperando de
poderla recobrar, teniendo otras cosas más
urgentes é importantes que dominar, la gente
de Valencia se alborotó: estaba de valí 6 go-
bernador un sobrino de Abengania, llamado
Abumohámed Abdala hijo de Mohámed, hijo
de Alí, y de cadí, este Abenabdelaziz, á quien
Texufín hijo de Alí había conferido este car-
go el 24 del mes de Dulhicha del año 538 ^.
A pesar de la rivalidad que en secreto
^ Dozy, Notices, pág. 212 y siguientes.
2 El mismo Abona labar en su Tecmila (Bibl.
Ar. hisp., to. V, p. 382) en la que pone una biografía
más corta de este mismo personaje, dice que según
algunos este nombramiento fué en el año 539: tam-
bién en el Almocham (Bibl. Ar. bis. to. IV, p. 491) pone
otra biografía con algún detalle poco importante, que
no consta en ninguna de las otras dos.
— 103 —
Labia entre el valí j el cadí, convinieron en
obrar de común acuerdo, prescindiendo de
rivalidades, y habiendo convocado á las gen-
tes á la mezquita aljama, tomando la palabra
^1 cadi Abenabdelaziz, recordó al pueblo que
los almorávides hacían la guerra santa á los
cristianos, habían ayudado á los musulmanes
españoles, j singularmente habían libertado
á Valencia del dominio cristiano, por lo que
les exhortaba á permanecer fíeles en su obe-
diencia: levantóse luego el valí, y hablando
-en el mismo sentido recordó la cordialidad
que pocos años antes había existido entre
ellos y su tío, durante el tiempo en que ha-
bía sido gobernador de Valencia: con esto se
disolvió la asamblea.
No obstante esto, llegó á oídos de Abda-
la el rumor de algún dicho del cadí y de
otros, que no dejó Je inquietarle, y en la
noche del miércoles 18 de Ramadán, envió
su familia y equipaje á Játiva: al día si-
guiente amaneció inquieto, y entre él y el
ejército ocurrió algo grave que le determinó
A retirarse con los sujos.
Cuando el valí con sus almorávides llegó
— 104 —
á Játiya, envió su caballería contra las co^
marcas vecinas á Valencia j los soldados sa-
quearon cuanto encontraron: quejáronse los
de Valencia ante el cadí Abenabdelaziz, ro-
gándole el ejército, los árabes j los magna-
tes, que tomase el mando; pero rehusó ha-
cerlo, aconsejándoles que eligiesen entre sus
jefes uno que se encargase del gobierno: con-
YÍnieron efectivamente en conferirlo á una
de los almorávides que habían quedado en
Valencia después de la fuga á Játiva del
gobernador Abdala, y las cosas continuaron
bien durante algunos días; pero luego este
almoravid, en cuya elección habían conveni-
do, quiso apoderarse del cadí Abenabdelazíz,
j no habiendo conseguido su intento^ ame—
drentado, se refugió en Játiva acompañado
de los demás almorávides que habían que—
dado en Valencia: recajó entonces la elec-
ción unánime en Absnabdelaziz; pero éste
se negaba á aceptar j se escondió, hasla que
habiéndole hablado á solas Abumohámed Ab-
dala Abenij^ad; capitán de la Frontera, j
Abdala Abeomerdanix, le hicieron ver la
necesidad de aceptar j efectivamente acce—
— 105 —
díd á encargarse del mando: sucedía esto el
lunes 3 de Xaual del 539 ^ (29 de Marzo de
1145).
Los almorávides entre tan lo seguían ha-
ciendo incursiones por tierras de Valencia,
devastando las llanuras j forlalezas inme-
diatas; por lo cual Abenabdelaziz hubo de
llamar las tropas de las fronteras j, puesto
al frente de ellas, marchó á si liar á Játiva:
al tener noticia de ello, enojados los almo-
rávides, descendieron á la ciudad desde la
alcazaba, robaron las casas é hicieron prisio-
neras á las mujeres: el viernes 13 de Xaual,
Abenabdelaziz llegó con sus tropas, j des-
pués de algunos encuentros, en que salió
vencedor de los almorávides, éstos se reti-
raron á la alcazaba: á fínes del mes, llegó
con el ejército de Murcia Abena bicháfar, j
ambos permanecieron apretando el sitio, con-
formes en apariencia, aunque rivales en se-
creto, pues cada uno de ellos aspiraba al do-
minio de Játiva.
Entre tanto, como hemos visto, hubo un
4 En la Tecmila se dice que esto rué ¿ flnes de
Ramadán ó primeros de Xaual (p. 382).
— 106 —
alboroto en Murcia, á donde hubo de acudir
Abenabicháfar, pero en seguida se yol vio al
sitio de Játivs, á donde llegó también por el
mismo tiempo Abenijad con gente de la
frontera en auxilio de su emir Abenabdela—
ziz, contra cuvo refuerzo no crejó oportuno
resistir el jefe de la alcazaba, Abdala hijo de
Mohámed Abengania, j hujó, refugiándose
en Almería.
Tomada la alcazaba de Játiva por capiiu-
lación después de la fuga del gobernador,
Abenabdelaziz la fortificó j se solvió á Va-
lencia, donde se dice que entró montado en
un camello j en traje de campaña, renován-
dose su proclamación, en el día de la entra—
da, que tuvo lugar en el mes de Safar del
año 540 ^ (de 24 de Julio á 22 de Agosto de
1145).
En virtud de la toma de Játiva, ésta j su
distrito, lo mismo que Alicante, se unieron á
Valencia, con lo que Abenabdelaziz se enor-
gulleció, j como los tributos no bastaban
á las necesidades que sobrevenían, las tro—
4 Abenalabar habla de esto en la Tecmila (ta-
mo I, p. 382) como si fuese la única proclamacióD.
— 107 —
pas 86 disgustaron j pensaron en destituirle,
poniéodose de acuerdo con Abenijad, quien
por aquellos días había sido proclamado en
Murcia, j á quien escribieron para que ace-
lerase la marcha.
Nada advirtió Abenabdelaziz hasta que
el martes, 25 de Chumada primero (13 de
Noviembre de 1144), como dice Abensáhi-
básala, las tropas rodearon el alcázar: pudo
evadirse, sin embargo, disfrazándose j des-
colgándose del muro: sin guía j andando
fuera de camino, llegó á la montaña de Al-
mería, reuniéndose con Mohámed Abenmai-
mún, que se apoderó de él j le encadenó,
pagando con esto una deuda con los Beniga-
nia, á quienes Abenabdelaziz había echado
de Valencia j Játiva.
Abenabdelaziz permaneció prisionero de
Mohámed Abenmaimún, hasta que habiendo
llegado á Almería con las galeras de Mallor-
ca Abdala hijo de Mohámed (Abengania), el
mismo á quien Abenabdelaziz había echado
de Valencia j Játiva, fué entregado á éste,
que se abstuvo de derramar su sangre j se lo
llevó encadenado: la conducta de Abenmai-
— 108 —
mún con el fugitivo gobernador de Valencia
fué llevada muj á mal por el pueblo. (29)
Al ser destronado en Valencia Abenabde-
laziz; los sublevados pusieron al frente del
gobierno, como lugarteniente de Abenijad^
á Abdala hijo de Mohámed Abenmerdanix,
á quien instalaron en el alcázar.
Abenijad, que en virtud de la excitación
de los de Valencia, se dirigía á ella desde-
Murcia, supo en el camino su proclamación»
llegando á fía de mes, j allí permaneció al-
gún tiempo cuidando de los negocios de la
capital y de mejorar el estado de las fronte-
ras; luego, dejando de valí de Valencia á su
cuñado? Abdala hijo de Saad Abenmerda—
nix, regresó á Murcia ^, donde siguió de
emir, aunque bajo la obediencia de Almos-
tánsir Abenhud, á quien encontró en la ca-
pital.
Poco tiempo permaneció Abenijad bajo
la obediencia de Abenhud; pues habienda
salido ambos, como se ha dicho, contra los
cristianos, Abenhud j el valí de Valencia,.
4 Dozy, Notic€s, p. 215.
— 109 —
Abdala Abenmerdanix, fueron muertos en la
batalla junto á Chinchilla en Febrero de 1146,
<;omo dicen los Anales Toledanos.
Muerto Zafadola, Abenijad se declaró in-
dependiente en Valencia; pero en Murcia se
le opuso Abdala el Zegrí, quien, como hemos
dicho, había ejercido ja el mando j se había
retirado á Cuenca después de haber estado
algún tiempo preso por Abenabicháfar: la
lucha entre Abdala el Zegrí j Mohámed hijo
de Saad Abenmerdanix, como lugarteniente
de Abenijad, parece que terminó á prim ro
de Dulhicha del año 540 (15 de Majo de
1146), hujendo á Alicante ó refugiándose en
Valencia el valí Mohámed ^ .
Del reinado de Abdala el Zegrí en Mur-
<5Ía desde principios de Dulhicha de 540 (15
4 Según el mismo Abenalabar, Abdala el Zegrí
había sido enviado por Aboniyad á la corle de Alfon-
80, con objeto de pactar alianza é inclinarle contra el
Conde de Barcelona: vuelto do su viaje, Abdala ase-
guro que Alfonso le había conferido el mando de
Murcia, hecho que solo podría comprenderse, admi-
tiendo lo que indica la Crónica del Emperador, que
éste fuera muy amigo y en realidad señor de Aben-
hud, y que muerto éste en la batalla de Albacete, el
£mperador diera á Abdala el Zegrí el feudo de Murcia.
— lio —
de Majo de 1146) hasta el 7 de Racheb de
541 (13 de Diciembre de 1146) en que fué
muerto, sólo sabemos que acuñó moneda de
oro en los años 540 y 541, titulándose el arráez
Abdala Abenfárech ^: ni aun las circunstancias
de su muerte son conocidaF, pues Abenalabar
sólo dice, como de paso^ que fué muerto en
esa fecha j que por segunda vez ocupó el
trono de Murcia Abenijad, hasta que murió
de la herida que recibió en una batalla con-
tra los cristianos el viernes 22 de Rebia pri-
mero del año 542 (21 de Agosto de 1147),
después de un reinado de un año, nueve me-
ses j veinte días.
1 Vives, obra citada, números 4927 y 1928.
— 111 —
REINADO DE MOHÁMED ABENSAAD
Muerto Abdala Abenijad j llevado á en-
terrar á Valencia, donde estaba de valí Mo-
bámed Abensaad, éste se alzó con el poder,
como dice Abenalabar, y sabiendo el pueblo
que el difunto Abenijad le había designado
para sucederlo, le reconoció sin dificultad,
aunque otros di^^en que fué elevado á este
puesto sin nombramiento de su antecesor ^
1 Abdoluáhid ol Marrccoxí ipág. !49> da di^ ta-
lles curiosos respecto á la elercioo de Muliámcd Aben-
saad, diciendu: «A la nuiorle de Abeniyad se alzo con
el mando de e-ítas regiones un hombro llamado Mo-
hámed Abensaad, conocido entre ellos por Abenmer-
danix, Tamiliar y escudero de Abeniyad: estando ésto
para morir, se reunieron en torno suyo los principa-
les del país y del ejercito, y le preguntaron á quión
nombraba sucesor en el muiulo o á quitan les acon-
sejaba qiie ellos eligieran; y como el tenía un hijo,
quisiiTon aludirlo; pero Abeniynd dijo, <no conviene»
pues he oído que bebo vioo y descuida la oración, y
— 112 —
Los de Murcia á su vez, dieron por ter-
miDada la lugartenencia de Alí Abenobáid^
nombrado por Abenijad, j á fines de Cha-
mada primero del mismo año hizo entrega
de cuanlo tenía en su poder^ perteneciente
al rej difunto, quedando en consecuencia
Abuabdala Mohámed hijo de Saad, hijo de
Mohámed, hijo de Saad Abenmerdanix co-
mo rej independiente de Valencia, Murcia
j toda la España oriental.
* Dozj pintando el carácter de este persona-
je dice ^: Después de la caída de los almorá-
vides, dos partidos se disputaban la posesión
de la España musulmana; el de los berebe-
res, 6 sea almohades, que se consideraban
legítimos herederos de la dinastía destrona-
si es (así), no hay medio (de que se le dé el mando),
elegid por tanto á éste, indicando á Mohámed Aben-
saad, pues es valiente y rico, y quiera Alá favorecer
por su medio á los muslimes».
La frase que hemos traducido «y si es (así), no hay
medio (de que se le dé el mando)»^ es muy obscura
en el texto; nuestro amigo Mr. Fagnán traduce «Sí
vous le voulez, je n'y puis rien» traducción que nos
parece demasiado libro é inexacta, si bien tampoco
cstamcs seguros de que la nuestra sea buena.
4 Rccherches, 3.* edic, tomo i.", pág. 365.
— 113 —
•da 6 extinguida, j el partido español 6 na-
cional, que trataba aun de mantener la in-
dependencia del país.
El jefe de este último partido era Abuab-
dala Mohámed, conocido por Abensaad 6
Abenmerdanix, rej de Murcia, de Valencia
j de iodo el sudeste de España: era este per-
sonaje una de las figuras características y di-
fíciles de clasificar, que produce á yeces el
contacto de muchas nacionalidades y de di-
ferentes religiones.
A qué nación pertenecía? El pretendía
«er árabe; según unos, se decía de la tribu
de Chodam; según otros de la de Tochib;
duda que demuestra su falsedad, pues los
yerdaderos árabes, tan pagados de su no-
bleza, nunca dudaban en asunto tan im-
portante.
Añádase á esto que el nombre de su ter-
cer abuelo no es árabe, sino español: Marda-
nich 6 Mardenex es evideutemente Martí-
nez (30): todo hace creer que era de origen
español j cristiano; que su abuelo se hizo
musulmán, j que su familia, como tantas
•otras que se encontraban en condiciones pa-
Almoravides 8
— 114 —
recidas, trataba de pasar como perteneciente^
á la nobleza árabe.
Eq sus maneras no desmentía Abenmer-
danix su origen, antes al contrario: gustaba
de vestir como los cristianos, sus yecinos;
usaba las mismas armas, aparejaba sus caba-
llos del mismo modo y gustaba de hablar su
lengua: sus soldados eran en su major parte
castellanos, navarros y catalanes, j para ellos-
edificó cuarteles, y hasta buen número de
cantinas con grande escándalo de los buenos
musulmanes: con sus larguezas se atraía á
los jefes, y para ello tenía que oprimir con
excesivos impuestos á sus vasallos. Hasta
llegó á recompensar á uno de sus caballeros,
á Pedro Ruiz de Azagra, dándole la ciudad
de Santa María de Albarracín con su terri-
torio, que este caballero hizo erigir en obis-
pado.
La política constante de Abenmerdanix.
fué estar íntimamente aliado con los prínci-
pes cristianos; él había comprado la protec-
ción del rej de xVragón, del de Castilla j del
Conde de Barcelona, comprometiéndose á-
pagar un tributo: en realidad no era más que--
— 115 —
un vasallo, de modo que un cronista anglo-
sajón de su tiempo no se aparta mucho de la
verdad al decir que el rej de Castilla reina-
ba en Murcia j Valencia. Para los cristianos
no se llamaba Mohámed, sino Lope 6 Lobo:
en todos los príncipes de la cristiandad veía
aliados, amigos y hermanos: él enviaba mag-
níficos regalos de oro, seda, caballos y ca-
mellos al rej de Inglaterra Enrique II, y los
recibía á su vez: su reputación entre los ene-
migos de su religión era tal, que un siglo
después de su muerte un Papa le llamó el
rey Lope de gloriosa memoria.
Y bajo muchos conceptos merecía este
elogio; pues era hombre de gran sagacidad,
j según las circunstancias sabía perdonar
noblemente ó castigar con severidad: dolado
de una fuerza prodigiosa y excelente cabs-
llero, era de una bravura á toda prueba: en
los combates no rehuía el peligro j exponía
su vida de modo que era preciso recordarle
que el general en jefe tiene otros deberes que
el simple soldado.
Para sus oficiales tenía además otras cua-
lidades apreciables: los lunes y jueves de to-
— 116 —
das las semanas los convidaba, lo mismo que
á los altos dignatarios, á un banquete que se
celebraba eb uno de los salones de su pala-
cio: mientras los convidados bebían, sus es-
clavas bailaban j cantaban, j al terminar la
ñesta, muchas veces distribuía entre los con-
vidados los vasos de plata que habían serví—
do en el convite, j hasta los tapices que
adornaban la estancia: siendo esto así, nada
tiene de extraño que tal capitán fuese el ído-
lo de sus guerreros: la mancha de su carác-
ter, aun para los mismos musulmanes, era
su gran lujuria.
Tenía el rej Lobo por lugarteniente á su
su suegro y vasallo, señor de Jaén, Ubeda j '
Baeza, poblaciones que Abenmerdanix le ha-
bía dado: era ese Ibraliim,hijo de Ahmed, hi-
jo de Mofárech, hijo de Hemochico, también
de origea cristiano, lo que él no ocultaba:
llnnochko era un sobrenombre ó apodo de su
bisabuelo, un cristiano del ejército de los
Beuihud de Zaragoza; le llamaban Hemo-
chico, porque le habían cortado una oreja, j
los españoles, cuando le veían en el comba-
te, decían Ih Mocliico, es decir he aqui el mo-
— 117 —
eho pequeño: este apodo vino á ser el nombre
de la familia, como ha sucedido en muchos
casca análogos con nuestros apellidos: Hemo>
chico ó au hijo renegó del cristianismo ha-
ciéndose musulmán por la mediación de uno
de los rejres de Zaragoza, de modo que nues-
tro Ibrahim fué criado en el islamismo; pero
no parecía musulmán: sus aventuras fueron
muchas, sirviendo á muchos príncipes, hasta
al mismo rejr de Castilla y quizá entonces se
hacía pasar por cristiano; pero poco importa:
era un capitán j nada más; como tal capitán,
uno de los mejores de su tiempo; pero un
monstruo de crueldad: se complacía en que-
mar vivos á sus prisioneros; en precipitarlos
de lo alto de las montañas ó de las torres, j
en atarlos á las ramas encorvadas de los ár-
boles, para que al dejarlas libres, cada una
se llevase una parte del cuerpo: los verdade-
ros musulmaues creían que había ido derecho
al infierno, y se cuenta que después de su
muerte se apareció en sueños á uu devoto
musulmán para decirle que eu efecto estaba
sufriendo atroces dolores sobre carboucs en-
cendidos.
— 118 —
Si á los ojos de la historia imparcial tales
hombres no pueden ser tenidos por buenos
musulmanes (ni menos por buenos cristia-
nos), ¿qué aversión j horror no debía inspirar
á los almohades, ignorantes bereberes, ani-
mados del más ardiente fanatismo? ^: para
éstos, tales hombres eran apóstatas é infieles
de la peor clase: la guerra que les hacían, era
una guerra de religión, una guerra santa, j
en cuanto les quitaban una ciudad, se apre-
suraban á purificar las mezquitas profanadas
por la presencia de tales hombres.
. Los cristianos y los judíos, por el contra-
rio, consideraban de un modo muj diferente
á los soldados de Abenmerdanix, j tenían
para ello razones poderosas: su suerte, ja bien
desgraciada durante el imperio de los almo-
rávides, se había hecho intolerable bajo los
almohades: hasta la sombra de tolerancia
había desaparecido: el califa Abdelmumen,
inmediatamente después de la toma de Ma-
rruecos (1140), les había anunciado que no
consentiría en sus estados sino á musulmanes,
I En mi sentir el autor exagera el espíritu re-
ligioso (le los almohades.
— 119 —
j que por tanto sus iglesias y sinagogas ae-
rían demolidas, j que debían elegir entre el
islamismo 6 la muerte: á lo sumo se ]es per-
mitiría la expatriación: muchos optaron por
este extremo ^: otros sufrieron el martirio, j
los almohades se apresuraron á apropiarse
■sus casas, sus riquezas^ j hasta sus mujeres:
otros, principalmente entre los judíos, per-
maneciendo, en secreto, fíeles á la religión de
sus mejores, se resignaron á profesar exte-
riormente el islamismo: gracias á esta tran-
sacción ó apostasía, conservaron sus bienes;
pero su posición era harto falsa, pues el go-
bierno, que sabía muy bien que su conver-
sión no era sincera , les tenía relegados, no
consintiendo los matrimonios con los verda-
deros musulmanes, de modo que estos des-
graciados debían sin duda desear verse libres
1 A esto obeilocio sin duda lo inmigración de
cristianos procedentes de Marruecos, de que da cuen-
ta la Crónica del Emperador AITonso con estas pala-
bras: «Quo temporo ^lacia el año 1i:)0) multa millia
militum et peditum (^hristianorum cuní suo Episcc-
po et cum maf];na parte clericorum, qui fuera nt do
<lonio Regis llaly et íilii ejus Texulini. tronsíorunt
mare, el venerunl Toletum >. Esp. Saj:. toni. XXI, pá-
gina 391).
— 120 —
del jugo que sobre ellos pesaba, j esto sólo
podían esperarlo de los soldados de Abenmer-
danix, en quienes yeían á sus libertadores, j
á quienes estaban dispuestos á auxiliar con
todas sus fuerzas, como lo indica el autor
contemporáneo ALensáhibasala.
Hechas estas indicaciones acerca del ca-
rácter de Abenmerdanix, procuremos hacer
la historia de su reinado, reuniendo los pocos
datos concretos que hemos visto en diferen-
tes autoies, ja que los historiadores árabes,,
aun escribiendo su biografía, dan pocas noti-
cias referentes á su gobierno.
Tratador de Abennierdanix con los cristianos.
El primero de los príncipes cristianos
con quien Abenmerdanix, que sepamos, en-
tabló relaciones, fué el conde de Barcelona,
D. Ramón Berenguer IV., con quien consta
que hizo paces por cuatro años, comprome-
tiéndose á pagar un tributo de cien mil mis-
cales de oro, de los sujos ^, que por cierta
1 Abenaljalib, Ms. Ar. de la Academia, núme-
ro 37, fol. 2,-y) V." y iiO de mi copia.
— 121 —
son de oro mu j bueno j abundan en las co-
lecciones numismáticas: es de advertir que,
según algún otro texto, los cien mil mis-
cales no eran el tributo al conde de Barcelo-
na, sino á éste j al rej de Castilla, el Empe-
rador D. Alfonso Vil, * quien, como queda
indicado, quizá podía considerarse como el
verdadero rej de Murcia j Valencia.
Como la alianza ó amistad pactada por
Abenmerdanix, ó rej Lope, con el conde de
Barcelona era sólo por cuatro años, es de su-
poner fuera renovada al expirar el plazo,
tanto más cuanto, siendo casi un reconoci-
miento de vasallaje por parte del rey Lope,
mediante el pago de un tributo anual, el
conde de Barcelona había de tener interés en
su renovación; pero nada concreto nos consta
hasta veinte años después, ó sea el 11 68, en
cuja fecha se pacta nueva alianza entre el
rej Lobo j Alfonso II de Aragón, sucesor
de D. Hamón Berenguer IV en el condado
de Barcelona: el día de las nonas (día 5) de
1 Abenüljalib tMi 1u Ihata, Ms. do la Color. (ía-
yangos, folio 186 v.
— 122 —
^Noviembre de 1168, se firma el documento
correspondiente, en el cual el rej Lobo, por
medio de su apoderado Geraldo de Jorba^ se
compromete á pagar á Alfonso II veinticinco
mil maravedises antes del día de la Natividad
del Señor, y el rey Alfonso, por su parte, se
compromete á tener j hacer respetar la paz
con el rej Lobo desde 1.° de Majo próximo
hasta dos años después: por parte del rej Al-
fonso juran observar lo pactado Pelegrín de
Gastillazuelo, Blasco Romeu, Mayordomo
del rej, j Ximeno de Atrosillo, su alférez *.
El rev Lobo hubo de pagar tributo no
sólo á los soberanos de Barcelona j Castilla,
sino tambiÓQ á los de otros estados: en el se-
gundo año de su reinado, el día 15 de Ra—
madán del año 543 (ó sea el 27 de Enero de
1149), firmaba uq tratado por 10 años con la
República de Pisa, j luego otro de major
importancia con la de Genova, comprome-
tiéndose con ésta á pagar diez mil morabiti—
nes, cinco mil en el mismo año, j los otros
i Villanueva en su Vinje ¡ilprario, tomo XVII,
pág. 328, publicó el documenlo latino de este tratado.
— 123 —
cinco mil en el siguiente: además del sub-
sidio, el rejr Lobo, que en el documento
figura con sus nombres moros de Aboadella
Mochomet Abensat(por Abuabdala Mohámed
Abensaad), ofrece á los genoveses habitantes
en Valencia j Denia un fondac ó mesón para
el comercio, pero con prohibición de que
otros habiten allí j además les concede un
baño gratis cada semana: los genoveses, por
43U parte, sólo se compromeleu á no hacer daño
á los ftúbditos del rejr Lobo en Torlosa y Al-
mería ^ : es de suponer que el rey Lobo ha-
bría de firmar tratados análogos en otras fe-
chas, además de las conocidas.
BeconqufMfa por Iom criMtiaiiOM fie la.«« ciudadeM
de TortoMa, I^érida, Frag;a y lleciuiíieiiza
En los primeros años de su reinado, el
rey Lobo, estrechado por el conde de Barce-
! Amari, / cli¡ilowi tir. del H. Arrh. Fiormitino, pá-
gina XXXIV, 2W y 4o!. El tratado con G(^nova fui» pu-
blicado por Silvestre de Saoy on el iDin. XI, pág. 7 do
las Sotit't"i el extraits dvx m'tnus. de lu líih. dn Hoy.
— 124 —
lona con los muchos extraDJeros que de todas-
partes acudían en su ajuda para la guerra
con los moros, pierde la ciudades de Tortosa,
Lérida, Fraga j Mequinenza: la primera
hubo de ser entregada ai conde D. Ramón
Berenguer, después de un largo j porfiado
sitio, el último día del año 1148 ^: conforme
á compromisos anteriores la ciudad fué do-
nada en feudo, por terceras partes, á los Ge-
noveses, á Guillermo Ramón de Moneada j
á Guillermo de Montpeller, quienes habían
tomado una parte muj activa en el asedio j
ataque de la ciudad: por los historiadores
árabes sólo sabemos el año en que Tortosa
salió de su dominación: ni aun podríamos
asegurar que Tortosa y su comarca formasen
parte del territorio del rej Lobo, á no exigir-
lo así la posición general de su reino; pero el
hecho de que muy pronto, en Junio de 1149^
pacte, como hemos visto, con la República
de Genova para que los genoveses no hicie-
ran daño á los moros habitantes de Tortosa,
prueba que el rey Lobo no abandonó á sus
1 BalJKjuer, llistorui de Cataluña, to. II, pág. 448.
— 125 —
antiguos subditos musulmanes, teniendo que
sacrificar la no despreciable suma de diez
mil morabitines, en cujo pacto se incluía
además á los moros residentes en Almería,
en cuja conquista los genoveses habían to~
mado también una parte muj activa.
Tomada Tortosa por las armas de D. Ra-
món Berenguer j de sus aliados, las ciudades
de Lérida, Fraga y Mequinenza^ que aun
pertenecían al dominio musulmán, no podían
ser defendidas por sus solas guarniciones, á
quienes no habían de auxiliar los moros an-
daluces, como sucediera pocos años antes
cuando el sitio de Fraga por Alfonso el Ba-
tallador, sino que ni de Valencia podían es-
perar auxilio, aunque el rej Lobo hubiera
podido prestárselos: así parece que Lérida j
Fraga sostenían el sitio con sus solas fuer-
zas, j en el mismo año 543, en que fué to-
mada Tortosa, caen en poder del conde de
Barcelona; los autores árabes conocidos nada
concreto nos dicen de la pérdida de estas
ciudades para el islamismo, fuera del hecho
de la conquista, involucrando la noticia de
la pérdida de éstas con las de otras ciudades
— 126 —
bien distantes, como Lisboa j Santaréa ^.
Los autores catalanes admiten que las tres-
ciudades, Lérida, Fraga j Mequinenza, fue-
ron tomadas en el mismo día, 24 de octubre
de 1149. 2
Por el mismo tiempo, y sin que conste da
un modo claro que pertenecieran al dominio
del rey Lobo, aunque Abenaljatib habla de^
ello en la biografía de éste^ los cristianos se
apoderaron de Uclés 3 j del castillo Serranía.
Si Abenmerdanix, ó el rej Lobo, pierde
en los primeros años de su reinado algunas
poblaciones importantes, en cambio incor-
1 El autor del Carlas dice en la pág. 176 «En el
ano oii los cristianos se apoderaron de Almehdía en
el país de África, y en el de Alandalus do las ciudades
do Almería, Tortosa, Mórida (lóase Lérida), firjga
(léase Fraga), Santarón y Santa-María: se apoderaron
de todo esto por mano de Aben Enrique (en el texto
dice Aben Zarín).
2 Bítlajiier, Tlisloria de Cdt'ílufia, lo. II, pág. 455.
.3 No conceptúo muy pro])al)lo el que Uclés-
permaneciora en poder del rey Lobo liasla el añoH57
(años o5l y ü.">2 de la hrgira) y que entonces la cediera
al Emperador 1). Alfonso en permuta por la villa de
Alagón, como se dice en un artículo acerca de Uclés,
publicado en el to. II, pág. 18.) del lioleim de la Socie-
dad de K-rciimionislaü.
— 127 —
pora al reino de Murcia otras, que nunca
habían pertenecido á la región oriental, apo-
derándose de Jaén^ Ubeda, Baeza, Baza,
Guadix j Carmona, llegando á poner sitio á
Córdoba j Sevilla, j, como dice Abeualjatib,
por poco llegó á dominar en toda Alandalus.
Valencia hajo el rey Lobo
Como veremos en capítulos posteriores,
puede decirse que el rej Lobo compartió el
mando con individuos de su familia, parien-
tes consanguíneos, como su hermano Yúsuf,
que ejerció el mando en Valencia j un pri-
mo sujo del mismo nombre, Mohámed Aben-
saad, que gobernó en Almería, ó parientes
por afinidad, j á esta misma circunstancia
debió en gran parte, 6Í no por completo, su
entronizamiento.
Parece que, desde el principio de su rei-
nado, el rej Lobo confió el mando de Valen-
cia á su hermano Abulhachach Yúsuf, como
si Valencia en este período, en que está bajo
la supremacía de Murcia, fuese, como era
— 128 —
razón, el punto de residencia de la autoridad
inmediata á la del rej.
Sólo indicaciones muj yagas encontra-
mos respecto á la suerte de Valencia en estos
años^ indicaciones que algunas, por lo in-
completas j al parecer incoherentes^ casi no
pueden considerarse con valor histórico. (31)
En el año 546 (de 20 de Abril de 1151 á
7 de Abril de 1152) hubo en Valencia ana
rebelión, que tardó algún tiempo en ser so-
focada, durante la cual estuvo emancipada
del dominio del rej Lobo, por haberse re-
belado en ella Abdelmélic Abensilbán, jan-
tes que él parece que había hecho lo mismo
un Abenhámid: la rebelión terminó en el
año siguiente, sufriendo Valencia un sitio
que parece fué bastante largo. (32)
Después de esto transcurren bastantes
años sin que encontremos noticia alguna re-
ferente á Valencia, j por cierto noticia bas-
tante vaga, pues se reduce á consignar la
asistencia de Abulhachach Yúsuf á un entie-
rro el 18 de Racheb del año 564 (17 de Abril
de 1169): el autor llama sultán entonces de
Valencia á Abulhachach Yúsuf, el hermano
— 129 —
del rey Lobo ^ : ¿es que Abulhachach se había
ja rebelado contra su hermano, declarándose
independiente en Valencia? Creo que no.
Habiéndose rebelado en Jaén en el año
564 Abenhemochico, y en Almería un primo
del rej Lobo^ llamado como él, Mohámed
Abensaad, el rej temió en Valencia hasta
por su persona, é hizo salir de la ciudad á
sus moradores^ guarneciéndola con cristia-
nos j lo mismo se proponía hacer en otras
ciudades: á esto, j quizá por esto, sigue una
rebelión en Alcira, donde un santón muj
respetado, temiendo que el r^ le echase de
ella^ llamó á los almohades, á quienes el rey
hubo de someter mediante un sitio, que de-
bió de ser largo, según las indicaciones qué se
hacen de su continuación hasta el año 566 ^,
habiendo intervenido on la sumisión Abul-
hachach YúsuT, á quien por este tiempo se
supone ja rebelado en Valencia contra su
4 Abenalabar, Bibl. Ar. bis., tomo VI, pág. 667,
y póg. 4ÍO del (Midico dol Cairo, en nuestra reproduc-
ción fotográílca.
2 flozy, Nolirc^, pág. -237.
Almorávides 9
— 130 —
hermano, ó al menos consta alguna indica—
ción.
En los últimos años de su reinado, el rej*
Lobo tuvo el disgusto de que se fueran al
partido de los almohades sus mismos parien-
tes, que habídn sido el sostén de su estado:
parece que el último fué su hermano Abul-
hachach Yúsuf, quien, según Almacari, se
pasó á éstos en el año 566 ^.
Abenjaldún adelanta esta rebelión, di—
ciendo que Abulliachach Yúsuf sitió á Va-
lencia; que hizo en ella la oración pública
por el califa Abasí, Almostánchid, á quien
escribió, y que éste le contestó confirmándole
en el mando y que luego reconoció á los al-
mohades en el año 566 2.
C<»n<|iiíHtaH de Abennierdanfx
Al hacer el retrato del rey Lobo ó sea de-
Mohámed Abensaad Abenmerdanix, queda
hecho también, con el brillante pincel de^
1 Tomo II, pag. 7o;).
2 Tomo IV, póg. iC6, de la edición del Cairo.
— 131 —
Dozj, el de su suegro j brazo derecho de su
reino, Ibrahim Abenhemochico.
Ta antes de que Abensaad fuera procla-
mado defínitivamente como rej de Valencia
j Murcia, parece que aprovechó los servicios
de Abenhemochico, enviándole á Segura con-
tra Abensiuar ^: muj pronto debió de llenar
sa cometido, ja que, llegado Abensaad á Mur-
cia en el mes de Chumada primero del año
542, pronto llegó á ella Abenhemochico j,
hecha la proclamación solemne, Abensaad se
volvió á Valencia, dejando en Murcia de lu-
garteniente á su suegro, que permaneció,
dice el autor, en la obediencia de Abensaad
en Segura, hasta que se levantó contra él
después del año 560.
€onqui»ta de Guadix
Rechazado el rej Lobo en la parte Norte
de sus estados por las armas del conde de
Barcelona, pretende extenderse por medio-
1 El texto de Adabi, Bibl. Ar. hist. tomo 111,
pág. 3i, donde so da esta noticia, está fallo, y no s(>
rntiende lo que dice do esto acontecimiento.
— 132 —
día j poniente, mermando el poder de los
almohades j el de los que se conseryaban in-
dependientes de éstos.
Al declararse independiente en Córdoba
Abenhamdín en el año 539, haciendo lo
mismo otros jefes en sus respectivas ciuda-
des, se declaró independiente en Guadix, no
por ambición, sino por la fuerza de las cir-
cunstancias, un personaje desconocido hasta
hoj en nuestra historia ^, j que á ser más
conocido, sería el personaje más simpático de
cuantos figuraron en la España musulmana
en este período de revueltas.
Llamábase Ahmed, hijo de Mohámed
Abenmilháu: era natural de Guadix, de re-
conocida suficiencia j muj considerado por
sus obras: al declararse independiente, tomó
el título de Almotaajjad bila, j fortificada
la alcazaba, se dedicó á proveer j gobernar
con mano firme su pequeño estado, sin en-
cargar á otro el mando: la perturbación ge-
4 Kntre los {«iilo'-cs i)ubl¡ra(los, quizá sólo so
le oiicuentra rilado [)f)r Abeiialatir: Abenaljatib en el
_Ms. Ar. de la Academia, núm. M, fol. 257, ver., le de-
dica media página.
— 133 —
neral le impulsó, j ajudándose de la agri-
caltara y arboricultura adquirió grandes ri-
quezas j tesoros^ llegando á ser el más rico
de su tiempo, y á prevalecer sobre cuantos
estaban próximos á su ciudad Guadix, apo-
derándose de Baza, donde dice el autor que
en su tiempo (dos siglos más tarde) se con-
servaba descendencia de Abenmilhán.
Cuando Abensaad, que ambicionaba lo
que poseía Abenmilhán le estrechó en el año
546, ajudado, según parece, por el Empera-
dor D. Alfonso VII, de (juien dicen los Ana-
les Toledanos que en este año «posó sobre Ga-
diex», Abenmilhán entró en la obediencia de
los almohades, trasladándose á Marruecos,
donde se encargó de la albuera ó pantano, de
BU construcción ó reparación y de la distri-
bución de sus aguas: perseguido luego, no
sabemos por qué causas, perdió sus riquezas
j murió en este estado.
Durante su reinado en Guadix, Aben-
milhán había sabido atraer á su servicio á los
más célebres literatos, como Abubéíiuer Aben.
tofáil y Abulháacam Heredes (?)
Respecto á la suerte de Guadix, no cons-
— 134 —
ta si al entrar su rejezuelo en la obediencia
de los almohades, entró también en ella, 6
había caido en poder de Abensaad: parece
fué esto último, pues en su biografía se men-
ciona á Guadix entre las ciudades que le
estuvieron sometidas.
Jaén, Ubeda y Baeza
En el año 554, ó quizá ja en el anterior,
Abensaad, acompañado, según parece, de
Abenhemochico, sitia á Jaén, cu jo goberna-
dor almohade Mohámed, hijo de Alí el Cu-
mí le presta obediencia, lo mismo que Ubeda
j Baeza '•: luego sitia á Córdoba j Sevilla en
el mismo año 554, apretando los ataques
contra Córdoba hasta el punto de que los la-
bradores hubieron de arar sus huertos (?) den-
tro de la ciudad: lo más recio del sitio de
Córdoba, si no fueron dos, debió ser hacia
fines del año 555 ^: por este tiempo, ó duran-
1 Abenjaldún, to. VI, pág. 238.— Ahmed Anasiri,
tomo I, pág. 1o7.
2 Esta fecha resulta fijada por la indicación
de Abenaljatib de que Mohámed Abenguzmán murió
— 135 —
te el sitio de Córdoba se apoderó de Ecija, j
un merodeador^ llamado Abensaraliil, le hizo
•dueño de Carmona ^ .
Parece, sin embargo, que Abenmerdanix
no llegó á apoderarse de Córdoba, á pesar de
que en una salida había muerto el goberna-
dor Abenbocait '.
Almería
Tomada Almería por los cristianos (cas-
tellanos, catalanes, navarros j genoveses) el
20 de Chumada primero del año 542 (17
de Octubre de 1147), cabalmente por el mis-
mo tiempo en que Abenmerdanix era procla-
mado rej de Valencia j Murcia, aunque Al-
el último día del año 555, estando á la sazón sitiada
Córdoba porAbensaad: Ihata, tom. II, fol., 1% de la
copia completa de la Academia, pues en el ejemplar
de la Col. Gayangos fol. 369 vcr.° falta una palabra,
resultando la muerto en una noche del año oHo^ en vez
de una noche por andar del año 5oü.
4 Abenaljatib, Ms. Ar. de la Academia, núme.
ro 37, fol. 236 r.
9 Abenjaldiin, to. VI, pág. -238, lo llama Aben-
bocait: Ahmed Anasirf, to. 1, pág. 157, escribo Aben-
yocail.
— 136 —
mería no había estado bajo su poder, Aben-
saad se creía sin duda con derecho á ella, 6
al menos consideraba que los moros españo-
les, que allí habían quedado, debían consi-
derarse como subditos sujos.
Los almohades, dueños de una buena
parte de la España musulmana desde poco
antes de la conquista de Almería por los cris-
tianos, habían de intentar apoderarse de po-
blación tan importante, j había de resultar
difícil el que los cristianos pudieran defen-
derla de un modo eficaz.
Entregada Granada á los nuevos domi-
nadores en el año 549, por sumisión del go-
bernador almoravid Maimún Abenbóder ^,
el gobernador de Algeciras j Málaga^ el
príncipe ó sid Abusaíd Otmán, hijo de Ab-
delmumen, gobernador ja de Granada, reci-
be de su padre la orden de sitiar á Almería:
formalizado el sitio por mar j tierra, los cris-
1 El nombre de este personaje resulta muy
dudoso, pues unos escriben j^l > otros j-^f > como
con esta forma aparece muchas veces como nombre
propio, y no con otra, aceptamos la forma J^V •
— 137 —
líanos se retiran á la alcazaba, j Abusaíd
acampa su ejército en el monte que domina
la ciudad, construjendo un muro y un foso
entre el monte j el mar^ de modo que la
ciudad j fortaleza quedaron cercadas por este
muro: los cristianos, en este estado, pidieron
auxilio al Emperador, quien se dirigió á Al-
mería con 12.000 hombres, más 6.000 que
llevaba su constante aliado el rey Lobo; pero,
á pesar de llevar un ejército tan respetable,
los aliados no pudieron hacer levantar el
sitio, j hubieron de retirarse, separándose
ambos rejes para siempre, pues el Empera-
dor murió en el camino antes de llegará To-
ledo, en Fresneda, cerca del puerto do Mura-
dal, el 21 de Agosto de 1157 '.
Almería, defraudada en sus esperanzas
de ver levantado el sitio, hubo de capitular,
volviendo al poder de los musulmanes des-
pués de haber estado diez años en el de los
cristianos: los autores árabes solo ñjan el año
552 de la hégira (de 13 de Febrero de 1157
4 Caballinos, en su Historia de Espanu, to. II,
página 498, da la fecha 21 de Marzo do ll.iT; pero los
Anales Toledanos (pág. 3íM) ponen 2! de Agosto.
— 140 —
poner las catapultas para combatir á los al-
mohades, quienes inmediatamente avisaron
al califa j al gobernador de Sevilla, pidiendo
auxilio: el califa Abdelmumen, que estaba á
dos jornadas de Rabat, recibida la noticia de
la pérdida de Granada, se trasladó á Rabat
para tomar disposiciones, j su hijo el prín-
cipe Abusaíd, que estaba allí con su padre^
salió inmediatamente para su gobierno de
Málaga en la esperanza de poder someter á
Abenhemochico, á quien por considerarle
solo, creía poder combatir sin esperar la reu-
nión de mayores fuerzas; así que, llegado á
Málaga, avisó al gobernador de Sevilla para
que inmediatamente se le uniese con las
fuerzas disponibles, j ambos se dirigieron á
Granado, donde estaban ya los cristianos en-
viados de Murcia por Abenmerdanix: Aben-
hemochico con los suyos salió al encuentro
del príncipe Abusaíd, cuyas tropas, atacadas
de improviso á cuatro millas de la ciudad en
la pradera llamada Marcharocad, se disper-
saron, cayendo muchos en las acequias de
riego, abundantes allí, siendo esto una de
las principales causas de la derrota.
— 141 —
El príncipe Abusaíd tuvo la suerte de
poder escapar del desastre j se retiró á Má-
laga: no así el gobernador de Sevilla, que
murió en la batalla con muchos almoliades y
musulmanes españoles: los almohades ence-
rrados en la alcazaba, testigos del combate,
nada pudieron hacer en auxilio de los que
iban á prestárselo á ellos, j después de pre-
senciar el desastre, hubieron de presenciar
también, según el autor, las crueldades que
Abenhemochico ejecutó con los prisioneros.
Cuando el califa, en torno del cual se
habían reunido muchos almohades, bedui-
nos j tropas regulares, tuvo noticia de esta
derrota, reuuió un escogido ejército de 20.000
caballeros j peones, y después de haberles
arengado, recordando las recompensas pro-
metidas á los que hacen la guerra santa, los
despidió, dando el mando á su hijo Abuja-
cub Yiisuf, haciendo que le acompañase el
general Abensoliman, jefe de su confianza por
su grande amistad, j experiencia y bravura
en la guerra: las tropas march-i ron al princi-
pio con la mayor rapidez, atravesando el Es-
trecho, y llegadas á Algeciras, se dirigieron
— 142 —
á Málaga, donde se reunieron á las faerzas
del príncipe Abusaíd: aproyisionadas todaa
estas tropas, salieron de Málaga en busca
del enemigo, pero en jornadas cortas según
las disposiciones de Abensoliman, que de
acuerdo con sus guías, se proponía que aun.
la gente más floja llegase con brios á Gra-
nada.
Entre tanto Abenmerdanix había llegado
con los nuevos refuerzos, con sus cristianos,
j había acampado en la montaña inmediata
á la alcazaba: su suegro Abenhemochico con-
tinuaba á la otra parte del Darro en la Al*
hambre, j con él estaban los cristianos (gra-
nadinos?) mandados por el Calvo, los del nieto
de Alvar Fáñez y los de los dos hijos del
conde de Urgel: el número de estos cristia-
nos pasaba de ocho mil caballeros, sin contar
los ¿oldados de Abenhemochico y las tropas
de Abenmerdanix eran aún más numerosas:
de un día á otro esperaban al ejército enemi-
go, que avanzaba lentamente, hasta (jue por
fin llego á Dilar, junto á Alhendín, donde
hizo alto para descansar.
El jueves 27 de Racheb del año 557 (12
— 143 —
de Julio de 1162) el general Abensoliman
reuDÍó á los jefes j les hizo udq exhortaciÓD,
explicándoles sin duda el plan de ataque j
dando las órdenes oportunas: terminada la
oración del mediodía^ mandó dar pienso á
los caballos, j dada la orden de marchar por
la noche, la gente se armó, y terminada la
oración de la tarde, se pusieron todos en
marcha: los guias y la infantería almohade
comenzaron á subir la montaña, que domina
el Geni], contigua á la montaña Asabica y á
la Alhambra, donde estaba el ejército de
Abenhemochico: la subida fue lenta durante
toda la noche por camino tan escarpado; sin
embargo, como durante la segunda mitad
brilló la luna, los soldados veían donde po-
nían el pie: al amanecer del viernes 13 de
Julio los almohades cajeron sobre el campa-
mento enemigo, y como todos dormían aún,
apenas habían montado sobre sus caballos,
cuando pudieron convencerse de que Dios
había rabuelto su derrota: dieron algunos
ataques, pero al querer huir conforme á su
táctica, engañados por efecto de la obscuri-
dad producida por el polvo, y olvidando la
— 144 —
posición que ocupaban, se precipitaron en el
río Darro, rodando por las rápidas pendientes
de los cerros, de modo que sus escuadrones
fueron aniquilados: el cristiano de Granada
llamado el Calvo j el nieto de Alvar Fáñez
murieron en el combate, j la cabeza de éste
fué llevada á Córdoba después de algunos
días: también murió Abenobaid, pariente de
Abenmerdaiiix y uno de sus mejores capi-
tanes.
Abenmerdanix, testigo de la derrota de
los SUJ03, á quienes le era imposible prestar
auxilio desde su posición al otro lado del
Darro, en cuanto vio destruido el ejército de
Abenhemochico, y que los almohades habían
entrado triunfantes en Granada, se convenció
de que todo estaba perdido j levantó el cam-
po, abandonando las tiendas j gran parte de
sus bagajes: perseguido de cerca en su reti-
rada, liubo de perder mucha gente, pudiendo
salvarse, sabe Dios cómo. (34)
Fugitivos de Granada Abenmerdanix j
Abenliemorhico, el primero se dirige á Mur-
cia y el segundo á Jaén, donde fué sitiado
por los almohades, aunque parece que sin
— 145 —
resaltado inmediato, pues los dos príncipes
Abasaíd O Imán j Abujacub Yúsuf se ade-
lantaron hasta Córdoba, de donde pronto fué
llamado este último para ser declarado Prín-
cipe heredero en el año 558, poco antes de la
muerte de su padre Abdelmumen ^.
Muerto Abdelmumen en el año 558, en
el mes de Chumada postrero (7 de Majo á 4
de Junio de 1163) ^, le sucedió en el mando
su hijo Abujracud Yiisuf, quien en el año 560
llama de Granada á su hermano el príncipe
Abusaíd Otmán, que es recibido en Ceuta
por su hermano Abuhafá.
Durante la ausencia de Granada de su
^bernador el príncipe Abusaíd, quizá go-
bernador general de la España almohada,
parece que el rej Lobo, acompañado 6 no de
fiu suegro Abenhemochico, intentó nueva-
mente apoderarse de Córdoba ^, aunque en
4 Abcnjaldún, to. VI, p^g. 338, de la edición del
Cairo.
1 Los autores árabes varían en el día do la
iDUiTte de Abdülniumen y, aun respeclo al mes, no
«atan de acuerdo todos.
3 Abenjaldún, tomo VI, pág. 238.
ALMOR.ÍVIDES 10
— 146 —
Taño, pues al tener noticia de ello el calii»
Abujacub envió á España un poderoso ejér*
cito á las órdenes de sus dos hermanos Abu--
saíd j Abuhafs: el ejército expedicionario,
pasado el Estrecho, se dirige hacia Murcia
contra Abenmerdanix, que le sale al encuen-
tro dispuesto á presentar la batalla: á pesar
de que el rej Lobo había reunido sus trepas-
j las de sus aliados cristianos, avistadoe am-
bos ejércitos en el llano de Murcia, se trabd
un encarnizado combate, en el que fué de-
rrotado el rej Lobo con muerte de todos soa
soldados cristianos, al decir de algunos his-
toriadores árabes, que hacen llegar su núme-
ro á trece mil ^: la batalla tuYO lugar el
viernes 7 de Dulhicha del año 560. (35)
El rej Lobo después de su derrota huba
de encerrarse en Murcia, que fué sitiada por
el ejército vencedor, sin que los almohades
consiguieran apoderarse de ella, porque sin
duda no contaban con el material y tiempo
4 Cartas, pág. 137; en el resumen, pág. 477, no
dice que murieran lodos, sino muchos: Ahmed Ana-
siii, tom. I, pág. 159, dice también que eran trece mi),,
y que murieron todos.
— 147 —
necesarios para un sitio en regla: los prínci-
pes Abosaíd j Abahafs se limitaron á devas-
tar la comarca, j en el año siguiente se yol-
TÍeron á Marruecos^ una vez extinguido el
faego de la guerra civil de Abenmerdanix.
¡Pefecciones en la fanif lia del rey Ijobo
Hemos visto que los parientes del rej
Lobo ejercieron gran influencia en su reina-
áo, ajudándole en sus continuas guerras,
principalmente su suegro Abenhemochico:
éste, que más que nadie contribuyó al éxita
de las conquistas de Abenmerdanix, fué de
loe primeros en abandonarle en los últimos
afios de su reinado: al menos de éste consta
con bastante seguridad el año. de su de-
fección.
En el año 564, estando en Córdoba el
jeque Abuhafs, según Abenjaldún ^ recibió
un mensaje de Ibrahim Abenhemochico pro-
metiendo obediencia, ingresar en la secta al-
4 Tomo VI, pág. 339 de la edición dol Cairo: to-
mo I, pég. 320 de la edición do Argel bastante más
correcta y completa en este texto.
— 148 —
mohade j romper toda relación con su jemo
Abenmerdanix: la causa de esta separación,
según Abenaljatib ^, fueron las relaciones
entre Abenmerdanix j su mujer, hija de
Abenhemochico, á la que llegó á repudiar,
devolviéndola á su padre.
El jeque Abuhafs dio cuenta al califa de
los propósitos de Abenhemochico, quien sin
duda para terminar personalmente las nego-
ciaciones de la sumisión, en el año sigoien—
te, 565, pasó á Marruecos á verse con el cali-
fa: éste, en virtud de las graves noticias que
le habían sido comunicadas al mismo tiempo
respecto al daño que los cristianos causaban
á los muslimes^ despachó para Alandalus á
su hermano j visir Abuhafs, quien inmedia-
tamente salió para su destino con un ejército
almohade, acompañado de su hermano Aba—
saíd: llegados los hermanos á Sevilla, Abu-
saíd fué enviado á Badajoz, de donde regresó
pronto, una vez pactada paz con D. Alfonso
4 Biografía do Ibrahim Abenhemochico, fol. 64
y siguientes del manuscrito de la Ihata de la Colec-
ción Gayangos, y tomo I, fol. 76 y siguientes, de la
copia do la misma obra procedente de Túnez.
— 149 —
Enríqaez de Portugal: incorporado Abusaíd
con su hermano el principe Abuhafs, acom-
pañados de Abenhemochico^ se dirigieron á
Murcia contra Abenmerdanix, á quien si-
tiaron.
Con la presencia del ejército almohade
en la región de Murcia, Lorca se rebela con-
tra el rej Lobo j entra en la obediencia de
los almohades: tomada posesión de Lorca, el
príncipe Abuhafs conquista á Baza, j por el
mismo tiempo presta también obediencia á
loB almohades un primo del rey Lobo, lla-
mado, como éste, Mohámed Abenmerdanix,
gobernador 6 señor de Almería.
A este tiempo se refiere sin duda la rebe-
lión de Alcira por instigación de Abubéquer,
hijo de Sofián, la cual fué sitiada á mitad de
Xaual del año 566 por uno de los capitanes
del arráez Abulhachacli Yúsuf, hermano del
rejr Lobo, sosteniendo un duro sitio hasta
mitad de Dulhicha del mismo año: entonces
parece que hubo de encar<2:arse del sitio
Abuajub Abenhilel, á quien Abensofián en-
tregó la ciudad * .
4 Düzy, Notices, pág. -237.
— 150 —
También Elche se rebeló contra Aben-
merdanix en los últimos tiempos, y de ello
tenemos una indicación concreta en el hecho
de haber muerto mártir un tal Abenfaid»
€uando los de Elche salían de la ciudad por
miedo al emir Abensaad, contra quien se ha-
bían rebelado^ negándole la obediencia *: no
se indica el día ni el mes^ sí el año 567.
Con la defección del gobernador ó señor
de Almería j principalmente con la de Aben-
hemochico, hecha pública con su asistencia
al sitio de Murcia por el ejército almohade,
quedó cortada, como indica un autor^ una de
las alas del rej Lobo, j aunque por de pron-
to no se continuó el sitio de Murcia, desde
esta fecha era inminente la ruina de este
reino j su desaparición como estado inde-
pendiente de los almohades.
4 En el texto impreso, Bíbl. Ar. hist. to. VI, pá-
gina 670, al emir se le llama Saad hijo de Mohámed, sin
duda por errata del compilador, pues en la biografía
del mismo personaje Abuihasán, Ali, hijo de Mohá-
med, hijo de Ahmed, hijo de Faid, el de Córdoba, que
se conserva íntegra en el códice del to. III de la Tec-
mila existente en el Cairo, y del que tenemos fotogra-
fía, el texto dice Mohámed Abensaad.
-r^ 151 —
Comunicadas al califa las conquistas j
adhesiones obtenidas por sus dos hermanos
«H Alandalus en ocasión en que se habían
reunido en Marruecos numerosas fuerzas pro-
cedentes de los gobiernos de Bugía j Treme-
cén, revisadas éstas, el califa Abujacub Yú-
smf le dirige á España, dejando en Marrue-
TOS de lugarteniente á su hermano Abuimrán.
Llegado el califa Abujacub á España, se
instala en Córdoba entrado ja el año 567 j
desde allí se traslada luego á Sevilla, donde
le encentró su hermano Abuhafs al volver de
^n campaña contra la región de Murcia.
El rej Lobo, desde la defección de Aben-
hemochico, al ver que las fuerzas de éste j
SH prestigio se unían á los almohades, com-
prendió la imposibilidad de que su ja mer-
mado reino se sostuviese por mucho tiempo
•contra las fuerzas almohades, j aunque sin
dada había nombrado Príncipe heredero á
su hijo Hilel, pues así consta en monedas
desde el año 564^ al tener noticia de la lle-
gada k Sevilla del califa Abujacub, se dice
<iue decajó su ánimo, j que habiendo enfer-
mado, murió el 29 de Racheb del año 567
— 152 —
(27 de Marzo de 1172): otros dicen que le
envenenó su madre \ porque habiéndole re-
prendido duramente su conducta con su fé*
milia, servidores j magnates del estado, el
hijo llegó á amenazarle, j la madre, temien-
do su violencia, le envenenó.
Había nacido Abenmerdanix en Penis-
cola en el año 518; tenía por tanto 49 años
cuando murió, dejando varios hijos varones.
Abdeluáhid (pág. 180) pone los nombres de
ocho, j hace además mención de dos hijas,
de las cuales una casó con el califa Abuja-
cub Yúsuf, j la otra con su hijo j sucesor
Abujúsuf Yacub.
Muerto el rey Abenmerdanix, su hijo y
sucesor Abulcámar Hilcl, conforme á las in-
dicaciones que recibiera de su padre, entró
en la obediencia de los almohades, k cujo
efecto el príncipe Abuhafs se dirigió á Mur-
cia de la que tomó posesión, siendo enviados
á Sevilla Hilel j su familia, á quienes el ca-
lifa hizo muy buena acogida, como lo con-
firma el hecho de que luego se casara con
4 Al)enjfll¡cán, odie, del Cairo, to. III, póg. 465,
en la biografiaidel califa Abuyacub Yúsuf.
— 153 —
nna de las hermanas de Hilel j el que con-
fiara cargos importantes á varios individuos
de la familia.
Después de una expedición poco feliz
contra Ubeda 6 Huete (36), el califa se diri-
gió á Murcia, j vuelto á Sevilla, ja en el
año 568 entabló cordiales relaciones con el
destronado ó dimisionario rej de Murcia, j
86 casó con su hermana ', dando á su tío Yii-
suf el mando de Valencia, que había gober-
nado bastantes años antes en nombre de su
hermano el rej Lobo.
Años después, en 575, aparece nombrado
jefe de la escuadra, mandando una expedi-
ción contra Lisboa, Gánim hijo de Aben-
merdanix ^.
I Sogún ol llainndo Anónimo de Copenhague,
Ms. Gg. núm. 41K) de la Bibl. Nac. fol. 16 y 17, la boda
8o voriílcó el sábado, cinco de Rcbia primero del
a no 570.
í Aunque el texto de. VbíMijaldún lellamaCáiro,
creo será Gánim, uno de los ocho hermanos, ((ue
inenciona Abdeluáhid el Marreooxí.
— 153 —
lina de las hermanas de Hilel j el que con-
fiara cargos importantes á varios individuos
de la familia.
Después de una expedición poco feliz
contra Ubeda 6 Huete (36), el califa se diri-
gió á Murcia, j vuelto á Sevilla, ja en el
año 568 entabló cordiales relaciones con el
destronado ó dimisionario rey de Murcia, y
se casó con su hermana ', dando á su tío Yú-
suf el mando de Valencia, que había gober-
nado bastantes años antes en nombre de su
hermano el rey Lobo.
Años después, en 575, aparece nombrado
jefe de la escuadra, mandando una expedi-
ción contra Lisboa, Gánim hijo de Aben-
merdanix ^.
1 Según el llamado Anónimo de Copenhague»
Ms. Gg. núm. 490 de la Bibl. Nac. fol. 16 y 17, la boda
«e verificó el sábado, cinco de Rebia primero del
año 570.
2 Aunque el texto de Abenjaldún lellama Cairo,
creo será Gánim, uno do los ocho hermanos, que
menciona Abdeluáhid el Marrecoxí.
— 156 —
agruparon casi todos los demás rebeldes de
esta región.
De algunos de estos personajes se dan
algunas noticias por incidencia, por su rela-
ción con los hechos más importantes de este
período: de otros, como de Lebid, hijo de
Abdala, señor de San taren, de Ahmed, hijo
de Hachar el Xaquianí, j de Merif, el Mero-
deador (?), no encuentro mención en parte
alguna: haj otros que, mencionados también
por incidencia, merecen algún estudio apar-
te, j por eso ponemos á continuación lo que
de ellos hemos podido averiguar.
Ahyal, rebelde en Ronda
Ahjal, hijo de Idrís, el de Ronda, fué
secretario de Abucháfar Hamdín, mientras
éste fué cadí; cuando Abengania entró en
Córdoba echando á Abenhamdín, Ahjal se
refugió en Ronda, su país natal, declarándo-
se independiente por muy poco tiempo, pues
los de Ronda entraron en negociaciones con
Abulgamar, hijo de Asa ib Abengarriin, que
en Jerez j Arcos seguía bajo la obediencia
— 157 —
•
de Abenhamdín: terminadas las negociacio-
nes, Abulgamar quedó dueño de la célebre
alcazaba de Ronda sin combate^ por habér-
sele entregado Ahjal sin resistencia, fiándose
de él j salvándose con lo que tenía á mano;
sin embargo Abulgamar saqueó las casas
de los partidarios de Abjal, y luego negó
la obediencia á Abenhamdín, obedeciéndole
las fortalezas inmediatas j asegurándose su
mando.
Respecto á Ahjal, haj quien dice que
fué encarcelado por Abulgamar, pero que
luego le puso en libertad, j que se acogió
en Málaga junto á Abulháquem Abenhasún
j que desde allí pasó á Marruecos.
Por las relaciones con Abucháfar Abena-
tía, Ahjal recobró sus riquezas j después
fué cadí de Córdoba y Sevilla, donde murió
en el año 560 ó 561 ^: era elocuente j enten-
dido j se conservan de él algunos versos é
indicaciones de haber enseñado en Córdoba ^.
4 Dozy, Notices, pg. i-li.
2 Abenalabar, Tecmila, pg. 629.
— 158 —
AbescarráB seBor de «lercs y Arco*
Entre los persona] es deqnienes dice Aben-
aljatib qae en este período de remellas tn-
yieron mando independiente, cita á Abol-
gamar Abengamin á quien llama señor de
Jerez.
Pocas son las noticias qne de este perso-
naje encontramos: por lo dicho al dar noti-
cias de Ahjal, señor de Ronda, resulta que
Abulgamar, hijo de Asaib Abengarrún, como
le llama Abenalabar i, fué señor de Arcos y
Jerez, bajo la obediencia de Abenhamdín,
de la cual se separó cuando, echado Aben-
4 Abenalabar, apud Dozy, Notíces, pág. 222, le
llama ^,_.y ^ _jL J| ^^l ^^H o! ; el Car-
tas, pág. 122, le llama ^)| ^ | j AbeDjaldún, to. VI,
pág. 2ai. ^ . -c ^ j^k]\ jj t , en el lomo I, de la
edición de Argel, página 3H, .» •Ve ^ j^\ j)]:
ante tal variedad, en vista de que en el Cartas (pág. 91)
y Adabí (pág. 31) encontramos citados los . . A \Aj
aceptamos esta lectura, abandonando la de ^^|
• • I l£ Q"® habíamos aceptado.
— 157 —
•
de Abenhamdín: terminadas las negociacio-
nes, Abulgamar quedó dueño de la célebre
alcazaba de Ronda sin combate, por habér-
sele entregado Ahjal sin resistencia, fiándose
de él j salvándose con lo que tenía á mano;
Bin embargo Abulgamar saqueó las casas
de los partidarios de Abjal, y luego negó
la obediencia á Abenhamdín^ obedeciéndole
las fortalezas inmediatas j asegurándose su
mando.
Respecto á Ahjal, haj quien dice que
fué encarcelado por Abulgamar, pero que
luego le puso en libertad, j que se acogió
en Málaga junto á Abulháquem Abenhasún
j que desde allí pasó á Marruecos.
Por las relaciones con Abucháfar Abena-
tía, Ahjal recobró sus riquezas j después
fué cadí de Córdoba y Sevilla, donde murió
en el año 560 ó 561 ^: era elocuente j enten-
dido j se conservan de él algunos versos é
indicaciones de haber enseñado en Córdoba ^.
4 Dozy, Notices, pg. 222.
2 Abenalabar, Tecmila, pg. 629.
— 160 —
lar Abulgamar con su perspicacia, compren-
diendo la falsa retirada del enemigo, por
lo que hizo que el ejército auxiliar entrase
á deshora en Córdoba antes de que pudiera
ser acometido por D. Alfonso. (37)
Rechazado de Córdoba D. Alfonso á la
llegada del ejército de los almohades, man-
dado por Yah ja Aben jagmor, y gracias á las
prudentes observaciones del alcaide Abulga-
mar^ los jefes rebeldes del Algarbe se apre-
suraron á pedir el aman (la paz), que Abdel-
mumen les concedió por mediación del gene-
ral Yah ja Abenjagmor, presentándose al ca-
lifa en Salé, renunciando á sus mandos: allí
se presentó también Abulgamar^ siendo la
última noticia, que de él encuentro, la indi-
cación de haber muerto mártir á la vista de
Sevilla en el año 553, ^ donde también muri^
Abenalhacham, de quien vamos á tratar.
Abenalhacham rey de Badajoz
La particularidad de que Abenaljatib, al
mencionar de paso los rebeldes contra los al-
1 Abenjaldún, to. VI, póg. 237.— To. II, pág. U3
(le la traducción de Slane.
— :i6i —
morayideSj que en este período se declararon
independientes, cite á Abenalhacham, lla-
mándole Mohámed, hijo de Alí Abenalha-
cham, nos ha hecho caer en la cuenta de una
de las particulaTÍdades de este personaje, de
quien tenemos pocas noticias.
No encontramos que figurara en los pri-
meros momentos de la rebelión contra los
almorávides, j podemos suponer que por de
pronto no figuró, ja que se cita como señor
de Badajoz á otro de los personajes, que más
figuran en este período, á Sidrej Abenuazir:
de Mohámed^ hijo de Alí Abenalhacham, co-
mo le llama Abenaljatib i, no encuentro
mención hasta el tiempo de la primera rebe-
lión de los jefes españoles contra los almoha-
des, después que Abeugania hubo recobrado
de éstos á Algeciras; pues entonces Mohámed
Abenalhacham, como le llama Abenjaldán '^,
se adhirió en Badajoz al movimiento insu-
rreccional; pero luego, cuando el nuevo ge-
4 Ms. Ar. de la Academia, N. 37, fol. 250 ver. y
47 de mi copia.
4 Tomo VI, de la edición del Cairo, pág. 2;H, y
pág. M\ del tomo I, do la edición de Argel.
Alsioravides 4 1
— 160 —
lar Abulgamar con su perspicacia, compren-
diendo la falsa retirada del enemigo, por
lo que hizo que el ejército auxiliar entrase
á deshora en Córdoba antes de que pudiera
ser acometido por D. Alfonso. (37)
Rechazado de Córdoba D. Alfonso á la
llegada del ejército de los almohades, man-
dado por Yah ja Aben jagmor, j gracias á las
prudentes observaciones del alcaide Abulga*
mar, los jefes rebeldes del Algarbe se apre-
suraron á pedir el aman (la paz), que Abdel-
mumen les concedió por mediación del gene-
ral Yah ja Abenjagmor, presentándose al ca-
lifa en Salé, renunciando á sus mandos: allí
se presentó también Abulgamar, siendo la
última noticia, que de él encuentro, la indi-
cación de haber muerto mártir á la vista de
Sevilla en el año 553, ^ donde también janñá
Abenalhacham, de quien vamos á tratar.
Abenalliacham rey de Badajos
La particularidad de que Abenaljatib, al
mencionar de paso los rebeldes contra los al-
1 Abenjaldún, to. Vi, pág. 237.— To. II, pág. 1W
*le la traducción de Slanc.
— 163 —
en los preciosos diñares que se acuñaron en
su nombre en Badajoz en el año 543, con-
serrando por completo el tipo j leyendas de
las monedas almorávides * .
Ali Abenniafniún, señor de CádfK
Otro de los jefes rebeldes, que tuvieron
estado e historia conforme á la importancia
de su región, es Alí, hijo de Isa Abenmai-
mún, señor de Cádiz, de quien se ha hecho
mención al tratar de la rebelión general en
el Algarbe.
Almirante de la escuadra de los almora-
YÍdes en Cádiz ^ Alí, hijo de Isa Abenmai-
mún, á la muerte de Texufín se rebeló en
Cádiz j se presentó á Abdelmumen, cuando
estaba sitiando á Fez, entrando en su obe-
diencia en el año 540.
4 Véase, Vives, obra citada, n." 1914.
i Según Almacari, to. I, pág. 103, era hijo de
una hermana de Mohémod Ahonmaimún, que figura
como jefe de la escuadra on Almería, quien al frente
de 40 embarcaciones llegó ¿ Oran en socorro de Te-
xufín, sin que pudiera evilor su derrota y muerte.
— 164 —
En este mismo año, j quizá después de
negar la obediencia á los almorávides, mandó
derribar el ídolo de Cádiz, de cujo hecho no
da detalles el autor del Cartas ^ : algún autor
dice que al derribar el ídolo, Abenmaimún
esperaba encontrar en los cimientos un te-
soro 2.
Como Abdelmumen no hubiera querido
contestar al mensaje de Abencasi, cuando
éste, enviando como mensajero á Abubéquer
Abenhabís, buscó por primera vez su protec-
ción, pero sin renunciar á sus ridiculas pre-
tensiones, al menos en cuanto al título, Alí
Abenmaimún, ardiente partidario entonces,
según parece, de los almohades, aconsejó á
Abencasi que se presentase personalmente,
como lo hizo, probablemente con recomen-
dación de Alí para el gobernador de Ceuta
Yúsuf Abenmajluf, quien le prestó facilida-
des para presentarse al califa.
Al tiempo de la primera sublevación ge-
neral contra los almohades, también entró en
1 Carlas, edi. Tornberg, pág. 176.
2 Alcazuiní, to. II, pág. 370.
— 165 —
ella AbenmaimÚD, j es la última noticia que
de él encuentro, á no ser que esté confundido
con Isa Abenmaimún , que podría ser su pa-
dre, y figura como señor de Sauta María, j
probablemente de Tavira pues que asegura
AJbenjaldún ^, que después de haber someti-
do Túsuf hijo de Suleiman á los rebeldes de
Niebla y Silves, acometió á Tavira j le pres-
tó obediencia Isa Abenmaimún. sefior de
Sania María: cuando en «545 se presentan en
Salé los rebeldes j renuncian sus derechos
en manos de Abdelmumen, no fígura entre
ellos este Abenmaimún, que <[uizá hubiera
muerto, ja que figura como señor de Tavira
un Amil Abenmohib, que no encontramos
mencionado en otra parte.
^/frí-
4 Tomo 1, de la cdi. do Argrl, pog. Mi: oi\ lu
ioi
edición dt»l Cairo, lomo VI, pág. 2:^), so loe í,.,.v2w I>t>r
LAS BALEARES
BAJO LOS ALMORÁVIDES
De los reinos llamados de Taifas, consti-
tuidos á la desaparición del califato de Cór-
doba, uno de los primeros j de los más im-
portantes fué el de Denia y las Islas Orien-
tales, fundado por Mocliéhid, cliente de la
familia de Almanzor: muerto Mochóhid en
el año 436 de la hégira, le sucede en el man-
do su hijo Alí, j al ser éste despojado de su
reino por su suegro Almoctádir, rej de Za-
ragoza, en el año 468 (16 de Agosto de 1075
á 4 de Agosto de 1076), las Islas Orientales,
sin que sepamos cómo, se constituyen en
i:
— 169 —
otra con el carácter de Cruzada ^ á la cual
86 adhirió por circunstancias imprevistas el
mismo Ramón Herenguer III, cujas armas>
unidas para este fin á las de Genova j Pisa,
se apoderan de Mallorca después de un fuer-
te j largo sitio, dando muerte á la guar-
nición j haciendo cautivos á las mujeres j
nitios ^.
Como Mobáxer, al verse sitiado por los
cristianos^ había pedido auxilio al príncipe
almoravid Alí, éste, que ó no pudo ó no qui-
so auxiliar á tiempo á los sitiados, muerto
Mobáxer, y entregada Mallorca á los cristia-
nos después de la prisión de su sucesor Abu-
rebia Suleiman, envió una numerosa escua-
dra, j los Genoveses, que parece habían
quedado solos depués de sometida la Isla,
bien porque no se creyeran con fuerzas para
1 Abenjahlún. tom. II de la traducción de Sla-
ne, pág. Í06, nota.
S Respecto á la fecha de la conquista de Ma-
llorca puedo verso lo que so dice en la ilustración
N. 4<>: respecto a los prisioneros co{:;ido3 por los cris-
lian os, puedo consultarse la obra Hnstfuejo históriro de
la (lominnrioH itlamiln m /a.< Ixhs Halcuret, por D. Alva-
ro Canipacer, pág. 81 y ?70.
— 170 —
resistir á las armas de los almorávides, 6
porque no tuyieran interés en conservar bajo
su dominio las Islas, abandonan á Mallorca»
con lo que los almorávides vinieron á ser
dueños de ella sin resistencia. (38)
Recobrada Mallorca para el islamismo
por Alí hijo de Yúsuf, envía, ó entra en ella
Yanudín, hijo de Sir, en el mismo año 509
j la gobierna durante tres meses, sucedién-
dolé luego en el mando Abubéquer Tieratat
6 Tacratat, á quien sucede Yabur 6 Uanur
hijo de Moliámed, contra quien se sableva
la nobleza, dándole muerte, sin que el autor
nos diga la causa; otros dicen que por haber
intentado que se construjese 6 reparase la
ciudad lejos del mar, los de Mallorca se su-
blevaron j que Uanur dio muerte al jefe de
los amotinados, quienes le encarcelaron j
enviaron mensajeros á dar explicaciones al
príncipe Alí: después del mando de Uanur,
se encargó del gobierno de Mallorca Abubé-
quer hijo de Alí hijo de Uarafe ^, quien mu-
1 Probablemente este personaje es el que poco
después figura como gobernador de Valencia con el
— Hi-
rió ejerciendo el mando, probablemente en
el año 520, en que se inaugura en las Islas
el gobierno de los Benigania. (39)
Mohámed Abenganla, &tO 4 &4e é &&•
Cuando en el año 520 Alí hijo de Yiisuf
dí6 el gobierno general de Alandalus á su
hijo Texufín, éste se encargó del mando de
toda la España musulmana menos de las Is-
las Orientales, para cuyo gobierno fué nom-
brado Mohámed hijo de Alí Abengania.
Muj poco sabemos de la historia de Ma-
llorca durante el gobierno de Mohámed, tan-
to en los primeros años, en que indudable-
mente se consideraba como simple goberna-
dor, como en los posteriores, en que desapa-
nombre de Yeder hijo do Uaná (li i • .»J , Aj ) on
Abenaljatib en la biografía de Yahya Abengania, á cu-
ya exaltación contribuyo no poco por haber recono-
cido su mórilo: cuál sea su verdadero nombre no es
fácil íijarlo, dada la discrepancia de los dos textos en
que figura: un Maimún hijo de Beder o Yeder Aben-
uarca ügura como gobernador do Granada en 549»
cuanio ésta pasó al dominio do los almohades: indu-
dablemente es do la misma ramilia.
— 172 — .
recida la dinastía de los Benitexuñn en el aña
541^ debió considerarse, al menos de hecho,
como verdadero rey, bien reconociera la so-
beranía espiritual de los Abasidas de Oriente,
como la habían reconocido los Benitexufín,
bien gobernase como presidente 6 jefe del
Consejo ^.
En el año 537, ó más bien en el 538, Mo-
hámed Abengania pasó á Alandalus á visitar
á 6u hermano Yahja, nombrado gobernador
general de la España musulmana con resi-
dencia en Sevilla ó Córdoba: del gobierno de
Mallorca quedó encargado durante su ausen-
cia Abdala Abentimacadmat; pero habién-
dose promovido alguna sedición, Mohámed
hubo de regresar á su gobierno, permane-
ciendo en él aun después de la desaparición
de la dinastía de los Benitexufín j de la
i El senador Amari, rofiriéndose á Ishac, hijo
y sucesor d« Mohámed, que en sus tratados toma sólo
el título de yl//i<7»//. hace la oportuna observación de
que los Benigania en catus primeros tiempos de su
su mando probablemente lo ejercían bajo la aparien-
cia de presidentes del Consejo inunicipal, como en el
período de los reyes de Taifas lo habían hecho Aben-
cliahuar en Córdoba y Abenabad en Sevilla. Amari,
I Diplomi arnhi del U. ardiiriu Fiorentino, p. 448, nota.
-^ Í73 —
muerte de su hermano Yahja, j desde esta
fecha, 6 mejor, desde que éste se retiró á
Granada desposeído de todo mando, Mohá-
med pudo considerarse de hecho como rej
independiente de Mallorca, como en parte lo
indica el haber nombrado para sucederle á su
hijo major Abdala, promoviendo el enojo de
su hijo Ishac, que dio muerte á su hermano,
j también á su padre, según algún autor, si
bien se dice que el padre murió mártir en
guerra con los cristianos en el año 546 ó
550. (40)
Tenemos otro indicio de que Mohámed
Abengania obraba en realidad como rej en
el hecho de haberse entablado en los últimos
años de su vida relaciones oficiales entre
Mallorca j las Repúblicas de Genova j Pisa,
firmándose un tratado de comercio con la
primera en el año 1149 j en el siguiente con
Pisa^
Durante el reinado de Mohámed Aben-
4 Amari, obra citada (pág. XXVI) dice, «i primi
<lraUati di commercio) de' quali si canosca il tenore
tornano por Genova al 1 1 JO e por Pisa al 1150, ontram-
bi con Maiorca.»
— 174 —
gania en Mallorca, su hijo Abdala estuvo al-
gún tiempo de gobernador militar en Yalen-
cia, donde se encontraba cuando la subleva-
ción general contra los almorávides, la que
no pudo contener ni aun en Valencia, reti-
rándose á Játiva j huyendo luego á Alme-
ría ^ como se dijo al tratar de la rebelión de
Valencia, pág. 103.
Poco y malo es lo que sabemos del go-
bierno ó reinado de Ishac, que si llegó á la»
gradas del trono por medios infames, dando
muerte á su mismo padre ó al menos á su
hermano Abdala, una vez desembarazado de
ellos, sospechando que los Lamtuníes, sus
cómplices, habían acordado deshacerse de él,
como era verdad, según Abenjaldún, puesto
de acuerdo con el almirante Lop Abenmai-
mún 2, los sorprendió en sus casas y los hizo
morir.
Desaparecido por completo el imperio de
1 Dozy, Nüliccs, págs. 213 y 214.
2 Lop, Humado lambían Mohámod Abenmaimün.
— 175 —
los almorávides en España y en Marruecos,
si ja su padre Mohámed pudo de hecho con-
siderarse como verdadero rej, con más razón
podía hacerlo Ishac, quien sin embargo en
los tratados que celebró con Genova j Pisa
no se dio título de emiTy como lo hizo luego
su hijo j sucesor Abdala, sino de aljaqid, go-
bernando quizá á nombre del Consejo.
De su reinado se conservan preciosas mo-
nedas de oro, acuñadas en Mallorca en los
años 565 j 567 ^ , si bien en ellas no puso su
nombre, quizá por no darse oficialmente
aires de rej: las monedas están acuñadas,
siguiendo el mismo tipo de las de los almo-
rávides, en lo que podríamos tener una prue-
ba de que por este tiempo no tenía aun las
tendencias almohades, que en los últimos
años de su reinado le atribuje Abenjaldún,
al decir que enviaba al califa Abujacub los
prisioneros j cristianos ^.
En los primeros años de su mando Ishac
k Vóaso la obra del Sr. Vives, pág. 332.
2 Tomo VI de la edi. del Cairo pág. 242— página
325 del tomo 1, de la edic. do Argel—) lomo II, pág. 2C8
de la traducción de Slanc.
— 17e —
Abengania se dedicó á las construcciones j
plantaciones, cuja frase interpreta el Barón
de Slane, diciendo que se hizo construir pa-
lacios j plantar jardines: su gobierno debió
de ser tiránico, pues se dice que angustiadas
las gentes por lo mal que gobernaba, Lob
AbenmaimÚQ, que le había ayudado al prin-
cipio en el sangriento castigo de los conspi-
radores, se pasó á los almohades.
En los últimos años de su vida volvió su
atención á las cosas de la guerra, haciendo
dos incursiones anuales en territorio de cris-
tianos, del que, como es consiguiente, apre-
saba muchos cautivos, que enviaba al califa
Abujacub, al cual se dice que llegó á ofre-
cer reconocerle, y. poco antes del cual murió
en el año 580 » . (41)
Conforme con estas indicaciones tenemos
noticia de dos expediciones piráticas lleva-
das á cabo por Ishac en los últimos años de
su mando, j por una de ellas vemos cuan
grandes eran su atrevimiento j audacia: en
i La particularidad do que su muerto ocurriera
¡)oio antes que la del califa Abuyacub, consta en
Abenjaldiiu, tomo VI, pág. 242.
— 177 —
-el año 1178 (574 de la hógira) encontramos
mención de dos de sus incursiones, la una
en el mediodía de Francia, la otra en las
costas de Cataluña: la primera dirigida por
-el rej en persona^ la otra no lo sabemos.
En el año 1178 Abengania acomete j to-
ma la ciudad de Tolón, haciendo muchos
prisioneros, que fueron Hoyados á Mallorca^
encontrándose entre ellos Ugo Gaufredo viz-
conde de Marsella j su nieto.
En el mismo año, en el día 27 de Junio,
los moros mallorquines, quizá los de la mis-
ma expedición, sorprenden la Iglesia de
Santa María de Ulla, en la actual proTÍncia
de Gerona, cujos canónigos unos fueron
muertos, y otros llevados cautivos á Ma-
llorca. (42)
Si Mohámed Abengania había llegado á
poderse considerar como rej, ya que como
dice Abdeluáhíd se asemejaba á ellos, j co-
mo tal hizo tratados con las Repúblicas de
Oénova y Pisa, en mejores condiciones se
encontraba su hijo Ishac, que entraba á go-
bernar un estado ya constituido y como re-
conocido, así que podía suponerse que las
Almobavides 42
— 178 —
relaciones diplomáticas se habían de renovar
con aquellas Repúblicas.
Y efectivamente haj noticia de que en
el año 1161 trató con los Pisanos, con quie-
nes no se sabe que fírmase la paz hasta el
año 1173 j de nuevo en 1184, siendo pro-
bable que á las negociaciones de 1161 si-
guiese algún tratado, desconocido hasta hoj,.
j del que fuese renovación el de 1173.
Del tratado de 1184 conocemos el texto-
árabe j un extracto latino, publicados por
Amari ^ : tanto este tratado con Pisa firma-
do muj poco antes de la muerte de Ishac^
como el concluido con Genova tres años
antes, en 1181 2, son vagos j las partes con-
tratantes sólo se obligan á no hacerse daño
mutuamente j á proteger, ó más bien, á ha-
cer respetar á los náufragos: en el tratada
con Pisa se incluye también á los naturales
de la República de Luca.
1 Obra citada, pág. 230 y 274: también publica
en árabe y iatín, en las páginas i4 y 273, la carta en la
que el rey comunica la firma del tratado al Arzobis-
po, cónsules, ancianos y notables de Pisa.
S Publicado primero por De Sacy puede verse
en Campaner, obra citada, pág. 445, en Mas-Latrie,.
pág. 109 y otros.
— 179 —
Qaizá ya en estos tiempos las Repúblicas
comerciales del Mediterráneo^ para proteger
au comercio, constantemente amenazado por
los piratas musulmanes, pagasen tributo en
forma disfrazada de presentes 6 regalos, co-
mo ha sucedido en los tiempos modernos,
casi hasta nuestros días. (43)
Las circunstancias de la muerte de Ishac
son desconocidas: haj alguna indicación de
haber muerto 6 sido herido grayemente en
una incursión en país cristiano; así lo dice
Abdeluáhid, aunque por lo menos equivoca
la fecha diciendo fué á principios del año
579: según Abenalabar parece que murió en
una subleyación de los cautiyos cristianos,
que había en palacio. (44)
Bflaieroa reinados de Moh4nied, All, Talha^
lIoh4nied (segunda ves) y Texufin
Muerto Ishac Abengania en el año 580,
como queda indicado, dejando varios hijos,
la historia de Mallorca se complica en el in-
terior, j en el exterior llega á tener gran im-
portancia; pues acometiendo los mallorquines
bajo la dirección de los hermanos Alí j Yah-
— 180 —
ja, la parte oriental del imperio de los almo-
hades, llegan á hacer hamholear á los suce-
sores de los almorayides ^; pero la historia de
estas atrevidas expediciones en el período de
53 años sale de los límites de nuestro tra-
bajo, j solo debemos ocuparnos en la inves-
tigación de lo que á Mallorca 6 las Islas se
refiere: esto no deja de ofrecer greyes dificul-
tades, pues las noticias referentes á los pri-
meros sucesos que en Mallorca se desarrollan,
son contradictorias, 6 lo parecen por incom-
pletas.
No resulta claro si Ishac Abengania llegó
á prometer sumisión al califa Abujacub Yú-
suf, ó fué su hijo j sucesor inmediato Mo-
háined, quien en su caso debió hacerlo in-
mediatamente después de su proclamación,
toda vez que antes de los dos meses muere
el califa después de haber enviado á Mallorca
á Alí hijo de Reverter.
Este Alí, cujo padre Reverter, fué ge-
neral de los almorávides en los últimos
tiempos, muj querido j considerado de Alí,
1 Al)enjalicán lo. 111, edi. del Cairo, pág. 3^y
siguientes.
— 181 —
hijo de Yúsuf, j de Texufín, su hijo j suce-
sor ^, fué enviado por el califa Abujacub á
tomar posesión de las Islas, cuja sumisión
hiciera el nuevo rej Mohámed; pero antes de
que se hiciera cargo del mando, disgustados
los hermanos del rej de la sumisión al im-
perio de los almohades, se apoderan de Mo-
hámed j del enviado del califa, j ence-
rrándolos en el alcázar, proclaman rej á su
hermano Alí: esto debió suceder entre el 19
del mes de Safar, fecha en la cual vivía aún
Ishac, j el mes de Rebia 2.® en que muere
Abayacub á consecuencia ó después de la
batalla de Sentaren s. (45)
Llegada á Alí la noticia de la muerte del
califa Abujacub, j la proclamación de su
hijo Abujúsuf Yacub, titulado Almansur,
4 Respecto ¿ este singular personaje, puedo
verse Dozy, Reoherches, 3.* edi. tomo 111, pág. 347.
? Abuyacub Yúsuf murió en Santarén, ó á con-
secuencia de la expedición de Santarén en Rebia i.**
ó 2.° del año 580, pues los autores no concuerdan en
el dia, ni aun en el mes: el autor del Cartas, pág. 136
y 479, fija el día 18 de Rebia postrero, y en la pág. 144
dice fué el 2 del mismo mes:— Ahmed Anasiri, to. 1,
pág. 469, señala eMOde Rebia 1."— Abenjalicán (bio-
grafía 855) sólo ílja el mes, Robia 2.".
— 182 —
resuelve llevar la guerra contra los almoha-
des á las vecinas costas africanas, se prepara
rápidamente, j en el mes de Xabán^ dejando
en Mallorca á su hermano Talha, que alga-
nos llaman rey, sale para Bugía, de la que
se apodera el viernes 6 de dicho mes ^ . (46)
Alí Abenreverter, que había quedado
preso en Mallorca, al partir para Bugía los
dos hermanos Yahja j Alí, á pesar de la yi-
gilancia, que con él se tenía, consiguió so-
bornar á la guardia y al pueblo, proclamando
al destronado Mohámed, que sale de la cár-
cel para empuñar el mando por segunda vez 3.
4 Abenjaldún, to. I, pág. 325, edi. de Argel,—
to. VI, pág. 242, edi. del Cairo— Caries, pég. 479.
2 Anónimo de Copenhague Ms. Gg. 490 de la
Bibl. Nació, pág. 73, y Ms. Ar. de la Academia N. S3,
pág. 33, dan detalles de este acontecimiento pero
por desgracia poco concretos respecto á personajes:
los mayores detalles se refieren á las negociaciones
con los esclavos cristianos para que tomaran parte
activa en el movimiento: en el códice de la Biblioteca
Nacional falta la mitad del texto. A esta rebelión pae-
de referirse la Crónica do San Salvador de Marsella
al decir con referencia al año 4185; «MCLXXXV Chris-
tiani ceperunt Palatium civitatis Majoricarum et fue-
runt liberati a captivitate», aunque como se dice en
la Ilustración 44 pueda referirse á otra rebelión en el
mismo año, al tiempo de la muerte de Ishac.
— 181 —
lijo de Yúsuf, j de Texufín, su hijo j suce-
sor *, fué enviado por el califa Abujacub á
tomar posesión de las Islas^ cuja sumisión
liiciera el nuevo rej Mohámed; pero antes de
que se hiciera cargo del mando, disgustados
los hermanos del rej de la sumisión al im-
perio de los almohades, se apoderan de Mo-
hámed j del enviado del califa, j ence-
rrándolos en el alcázar, proclaman rej á su
hermano Alí: esto debió suceder entre el 19
del mes de Safar, fecha en la cual vivía aún
Ishac, j el mes de Rebia 2.** en que muere
Abujacub á consecuencia ó después de la
batalla de Santarén ^. (45)
Llegada á Alí la noticia de la muerte del
califa Abujacub, j la proclamación de su
hijo Abujúsuf Yacub, titulado Almansur,
4 Respecto á este singular personaje, puede
verse Dozy, Recherches, 3.* edi. lomo 111, pég. 347.
5 Abuyacub Yúsuf murió en Santarén, ó á con-
secuencia de la expedición de Santarén en Rebia 1 .*^
ó 2.<^ del año 580, pues los autores no concuerdan en
el dia, ni aun en el mes: el autor del Cartas, péig. i36
y 179, fija el día 18 de Rebia postrero, y en la pág. 141
dice fué el 2 del mismo mes:— Abmed Anasirí, to. 1,
pág. 463, señala eMO.de Rebia 4.°— Abenjalicán (bio-
grafía 855) sólo fija el mes, Rebia 2.°.
— 184 —
Texufín, enyió á Sicilia á sus hermanos Ab*
dala j Algaci, quienes desde allí se embar-
caron para Mallorca, de la que, entrando en
relación con algunos de la ciudad, se apo-
deró Abdala sin gran dificultad, quedando
destronado Texufín, ó quizá Mohámed, pues
no conceptuamos seguro el reinado de Te-
xufín ^.
Proclamado Abdala como rej de Mallorca,
probablemente ya entrado el año 583, el califa
Almansur intentó varias veces apoderarse de
su reino, enviando sus escuadras contra Ma-
llorca á las órdenes de Abdala hijo de Chami
j luego á las de Yahja, hijo del jeque Abu-
ibrahim el Hazrachí; pero los de Mallorca se
defendieron con resolución j con éxito con
muerte de muchos almohades j con esto se
fortificó el poder de Abdala.
Por el mismo tiempo en que se desarro-
llaban en Mallorca estos sucesos, haj noticia
vaga de haberse apoderado de Ibiza en el
año 583 el capitán Abulabás el de Sicilia,
haciendo prisionero al capitán Abennachah
4 Abenjaldún, to. I, do la edi. de Argel, p. 332.
— 185 —
)1 de Mallorca, quien se había pasado de las
banderas de Abengania á las de los almoha-
les, con quienes había roto después, enga-
lando también á los de Ibiza, de cuja isla
se hizo dueño ^.
En el año 584 de la hégira, sin duda lúe-
^ de quedar Abdala instalado de un modo
lefínitivo como rey de Mallorca, firma un
miado con la República de Genova; pero
[oizá no hizo más que confirmar lo pactado
>or su padre poco antes de su muerte, j que
probablemente no habría sido observado al
nenos por parte de Mallorca, atendidas las
revueltas que en ella habían tenido lugar en
il período de cuatro años: la paz entre la
República de Genova j Abdala como emir
le Mallorca se firma en el mes de Chumada
>ostrero del año 584 (28 de Julio á 25 de
k^sto de 1188) j el plazo fijado de 10 años,
lebía comenzar á contarse desde 1.° del mes
le Safar del mismo año (1.*^ de Abril de
L188). (47)
4 Anónimo de Copenhague pág. 86 del códice
le la Bibl. Nacional, y pág. 37 del códice do la Aca-
lemia.
— 186 —
Muerto el califa Almansur en el año 595»
su hijo j sucesor Mohámed Anásir envia
contra Mallorca una escuadra á las órdenes
de su tío el sid Abulalé, j del jeque AJbu-
saíd Otmán hijo de Abuhafis; sitiado Abdala
en Mallorca j abandonado por su hermano
Texufín^ según Abenjaldún, murió en un
combate ^ .
Otros autores fijan la fecha de la desapa-
rición definitiva, del poder de los almorayi-
des en Mallorca en el año 599 ó 600 6 601,
diciendo que el califa Anásir salió de Ma-
rruecos en el año 598 j al llegar á Argel
mandó construir (ú organizar) una escuadra
j preparar los ejércitos contra Mallorca, la
cual conquistó con muerte de su rej Abda-
la 2, j hujendo al desierto su hermano Yah-
4 Abenjaldún to. I, pág. 332 de la edi. de Ar-
gel.— Ahmed Anasirí, tomo I, pág. i90.
2 Según Abdeluáhid (pág. 231) al ser sitiada
Mallorca y salir por una de las puertas de la ciudad,
su rey Abdala en estado de embriaguez, cayó su
caballo, y le mató un curdo llamado Omar el Adelan-
tado: la entrada de los almohades en Mallorca, y la
muerte de Abdala tuvieron logaren el mes de Dulhi-
cha del año 599 (de 11 de Agosto á 10 de Septiembre
— 187 —
ja: el conquistador una Tez dueño de Ma-
llorca, acogió muy bien á los naturales del
país, que le reconocieron j ofrecieron sus
respetos K
de 4S03): á pesar de noticias tan terminantes, Mercier
en su Histoire de I A frique sepíentrionale, tomo II, pági-
na 438, sienta que Abdala no murió, y pudo evadirse.
4 Abendinar, pág. 417.— Cartas, pág. 453— Ah-
med Anasiri, to. 1, pág. 490.— Anónimo de Copenhague.
Ms. de la Bibl. Nació, pág. 435— Abenjalicán, edi. del
€airo, to. III, biog. del califa Abuyúsuf Yacub, p. 385.
JUICIO ACERCA DE LA DOMINACIÓN
DE LOS ALMORÁVIDES EN ESPAÑA
Dado el imperfecto conocimiento que te-
nemos tanto de la historia de los almorávides
como de la de los otros períodos de la domi-
nación árabe en España, no creemos que se
pueda formular un juicio definitivo, ni mu-
cho menos, acerca del carácter de su domina-
ción en nuestro suelo; pues aun la historia
externa hemos visto que está por dilucidar
en gran parte: respecto á la historia interna,
no menos importante, apenas si tenemos otra
cosa que noticias sueltas referentes á institu-
ciones, costumbres, artes, agricultura, cien-
cias, letras, administración j demás manifes-
— 190 —
taciones de la vida del pueblo: sólo respecto
á las ciencias^ j sobre todo» á las letras,
parece que pudiéramos decir bastante; pera
en realidad sería sólo de la parte bibliográ-
fica, citando muchas de las obras escritas en
este período j de las que se tiene noticia;
pero siendo muy contadas las que hasta hoy
ha jan sido objeto de estudio, aún esta parte
resultaría conocida en apariencia nada más.
A pesar de lo que se acaba de indicar» se
han formulado juicios muy categóricos j
poco favorables respecto al gobierno de los
almorávides, j como no los creemos justi-
ficados, á pesar de la gran autoridad de Dozj,
con quien hacen coro casi todos los autores
posteriores, recargando no poco las tintas,
como sucede con frecuencia» creemos pre-
ciso decir algo por nuestra cuenta, ya que
el juicio del sabio holandés, si al parecer
muj justificado con datos tomados de autores
árabes j cristianos, en mi sentir resulta muj
parcial, siendo esto en gran parte debido á
su clerofobia aplicada al pueblo musulmán,
j á su marcada tendencia, muj común en
nuestros días, á querer generalizar j deducir
— 191 —
consecuencias con escaso número de datos.
Ya al tratar de Abenmerdauix hemos te-
nido ocasión de indicar algo de lo que dice
Dozj respecto al carácter tanto de la domi-
nación almoravid, como de la almohada,
principalmente con relación á los cristianos
6 mozárabes: veamos lo que dice al tratar de
la expedición de Alfonso el Batallador ^, que
es quizá donde cita los hechos más concretos
en apoyo de sus apreciaciones.
«Hacia el fin del siglo xi, cuando la Es-
paña musulmana pasó del poder de los rejes
de Taifas al de un príncipe africano, que ha-
bía Tenido como aliado, j luego destronó á
loB rejezuelos indígenas, se operó en este pais
una brusca y funesta revolución. La civilización
cedió el puesto á la barbarie, la inteligencia á la
superstición, la tolerancia al fanatismo. El país
gemía bajo el régimen abrumador del clero
j de la soldadesca: en lugar de las eruditas
é ingeniosas discusiones en las academias,
de los profundos discursos de los filósofos j
de los armoniosos cantares de los poetas, no
4 Rfchtrvhex, 2.' edíc. to. I, pág. 343 y siguientes.
— 190 —
taciones de la vida del pueblo: sólo redpecto
á las ciencias^ j sobre todo» á las letras,
parece que pudiéramos decir bastante; pero
en realidad sería sólo de la parte bibliográ-
fica, citando muchas de las obras escritas en
este período j de las que se tiene noticia;
pero siendo muj contadas las que hasta hoy
hajan sido objeto de estudio, aún esta parte
resultaría conocida en apariencia nada más.
A pesar de lo que se acaba de indicar» se
han formulado juicios muy categóricos j
poco favorables respecto al gobierno de los
almorávides, j como no los creemos justi-
ficados, á pesar de la gran autoridad de Dozj,
con quien hacen coro casi todos los autores
posteriores, recargando no poco las tintas,
como sucede con frecuencia^ creemos pre-
ciso decir algo por nuestra cuenta, ja que
el juicio del sabio holandés, si al parecer
muj justificado con datos tomados de autores
árabes j cristianos, en mi sentir resulta muj
parcial, siendo esto en gran parte debido á
su clerofobia aplicada al pueblo musulmán,
j á su marcada tendencia, muj común en
nuestros días, á querer generalizar j deducir
— 193 —
qae faese & libertarlos del insoportable jiigo
que sobre ellos pesaba, j Alfonso respon-
diendo á su llamamiento marchó hacia An-
dalucía» .
El mismo Dozj, insistiendo en lo qae
liabia escrito en los párrafos transcritos, di-
<^ ^, hablando de los príncipes almorayides:
«Los tres príncipes de esta dinastía, que rei-
naron en España, Yusuf, Alí j Texufín eran
extremadamente devotos: rodeaban á los al-
faquíes de toda clase de respetos j homena-
jes, j nada hacían sin haber obtenido antes
8u aprobación: pero la palma en este modo
4e obrar hay que concederla á Alí: la casua-
lidad se había equivocado, haciéndole nacer
sobre las gradas del trono: la naturaleza le
había destinado á una vida de reposo j pia-
dosa meditación, para el claustro ó para la
tí da eremítica en el desierto: durante su vida
no hizo más que orar y ayunar: como era natu-
ral, los alfaquíes se felicitaban de esto: ellos
manejaban al monarca como querían, gober-
naban el estado, disponían de todos los car-
4 Histoire des musulmans, to. IV, pág. 948 y si-
f^uíentes.
AUIORAVIDES 43
— 194 —
gos, con lo que atesoraban inmensas riqae*
zas, en una palabra^ recogían el fruto que se
habían prometido de la dominación almoitr-
YÍde, j quizá la cosecha sobrepujaba á sos
esperanzas».
Más adelante, fijándose en el hecho más^
concreto de intolerancia, que nada tenía de
particular, dice^: «La intolerancia de los
alfaquíes traspasaba todo límite j sus miras^
eran muj estrechas: poco Tersados en el estu-
dio del Alcorán j de las tradiciones relativas
al Profeta, no conocían más que los escritos
de la escuela de Málic, que consideraban co-
mo autoridades infalibles, de las cuales no
era lícito apartarse: en realidad su teología
no era otra cosa que un conocimiento minu-
cioso del derecho canónico: en vano los teó-
logos un poco ilustrados protestaban contra
este exclusivismo en pro de cuestiones j li-
bros secundarios: la persecución era la única
respuesta j se les tachaba de heterodoxos,
cismáticos ó impíos: el libro que en Oriente
había publicado el célebre Algazalí con el
4 Obra citada, póg. 53.
— 193 —
que fuese á libertarlos del insoportable jugo
que sobre ellos pesaba, j Alfonso respon-
diendo á su llamamiento marchó hacia An-
dalucía:» .
El mismo Dozj, insistiendo en lo que
había escrito en los párrafos transcritos, di-
<*e ^ , hablando de los príncipes almorávides:
«Los tres príncipes de esta dinastía, que rei-
naron en España, Yúsuf, Alí j Texufín eran
extremadamente devotos: rodeaban á los al-
faquíes de toda clase de respetos j homena-
jes, j nada hacían sin haber obtenido antes
su aprobación: pero la palma en este modo
de obrar haj que concederla á Alí: la casua-
lidad se había equivocado, haciéndole nacer
sobre las gradas del trono: la naturaleza le
había destinado á una vida de reposo j pia-
dosa meditación, para el claustro ó para la
vida eremítica en el desierto: durante su vida
no hizo más que orar y ayunar: como era natu-
ral, los alfaquíes se felicitaban de esto: ellos
manejaban al monarca como querían, gober-
naban el estado, disponían de todos los car-
4 Ilistoire des musulmans, to. IV, pág. 248 y si-
guientes.
Almorávides 43
— 196 —
paña musulmana el esplendor j grandeza
que había tenido en los tiempos de Abde-
rrahman III, de Alháquem II j de A.lman-
zor. Las circunstancias sin embargo eran &-
Torables, porque después de la muerte de
Alfonso VI, en 1109^ la España cristiana
estuvo sumida por largo tiempo en la discor-
dia j guerra civil; pero los almorávides no
supieron aprovecharse de la ocasión: todos
sus esfuerzos por recobrar á Toledo fueron
inútiles j sólo consiguieron apoderarse de
algunas poblaciones poco importantes; pero
la pérdida de Zaragoza fué un gran golpe
para contrarrestar las pequeñas ventajas ob-
tenidas» .
«El pueblo por lo demás no pudo felici-
tarse por mucho tiempo de la revolución
llevada á cabo: gobierno, generales j solda-
dos, todo se corrompió con asombrosa ra-
pidez.»
«Los generales de Yúsuf, cuando llegaron
á España, si no eran ilustrados, en cambio
eran piadosos, bravos y probos, j acostum-
brados á la vida sencilla j frugal del desier-
to: enriquecidos con los tesoros de los prín-
— 197 —
cipes andalaces, que Yúsuf les di6 á manos
llenaa, perdieron pronto sus virtudes j sólo
pensaron en gozar tranquilamente de las ri~
qaezas adquiridas: la civilización de España
fue para ellos un espectáculo completamente
naoTo: avergonzados de su barbarie^ quisie-
ron iniciarse en la civilización, tomando por
modelos á los príncipes destronados; pero por
desgracia su epidermis era demasiado dura
para apropiarse la delicadeza^ el tacto j las
buenas maneras de los españoles: todo entre
ellos ostentaba el sello de una imitación ser-
Til j poco apropiada».
Basta lo transcrito para formarse idea del
negro cuadro de la dominación almoravide
pintado por el hábil pincel de Dozj, j re-
cargado por los autores posteriores, que co-
mo ee ha indicado, se inspiran en el criterio
del autor holandés, conocedor, es verdad,
cual ningún otro, de nuestra historia árabe:
creemos sin embargo ser de estricta justicia
el aclarar las tintas de tal cuadro, j esto nos
proponemos en parte ^ sometiendo algunas
indicaciones á la consideración de los lectores.
En la historia de los musulmanes puede
— 198 —
hablarse de teocracia j clero? Sólo de un
modo muj impropio: en realidad el único
sacerdote es el califa, cujas funciones pode-
mos decir que imprimen carácter, j aun este
tiene atribuciones religiosas muy limitadas
por la tradición ó por las pocas exigencias
de la religión musulmana, que parece no da
lugar á consultas de doctrina ni de costum-
bres^ ja que todo se supone determinado por
el Alcorán ó por las tradiciones referentes á
Mahoma.
Por otra parte los individuos á (piienes
se confieren las funciones del culto musul-
mán, si asi quiere llamársele, no son perpe-
tuas, ni imprimen carácter dentro de sus
creencias, sino que pueden considerarse como
funciones civiles; así que el imam j pre-
dicador de la mezquita al mismo tiempo
pueden ejercer otros cargos, ó pasan á ellos
indistintamente: en realidad, más bien que
los dedicados al servicio de las mezquitas,
pudieran llamarse sacerdotes los jueces; pu
"por la unión íntima, ó más bien identida
entre el derecho canónico, si así puede lla-
marse, j el civil j político, las ideas más
— 199 —
menos amplias del juez pueden influir mu-
•cho en la práctica judicial j peúal, cuando
se presentan ideas nuevas en el terreno filo-
sófico teológico; así vemos que los cargos de
intolerancia se dirigen de un modo concreto
<x>ntra los alfaquíes (jurisconsultos), de cu-
jdi clase, á la que pertenecían casi todos
los hombres de letras, se nombraban los
jaeces.
Ahora bien, pueden sentarse las proposi-
ciones de que con la venida de los almorá-
vides se operó en España una brusca y funesta
refoolución; que la civilización cediera el puesto á
4a barbarie; la inteligencia á la superstición; y
Ja tolerancia al fanatismo? En manera alguna:
la vida de los musulmanes españoles siguió
siendo la misma, que había sido hasta en-
tonces: podría retarse á cualquiera á que es-
tudiando las biografías de los personajes que
figuran en los Diccionarios biográficos, mar-
case diferencias en el modo de ser de los
literatos, ó mejor, hombres de letras hasta el
tiempo de los reyes de Taifas j los posterio-
res: estudiaban lo que querían, j con los
maestros de su elección, ja que la ense-
1
— 200 —
ñanza fué entre los masulmanes completa-
mente libre^'si exceptuamos quizá los últimos
tiempos.
En las biograñas de los muchos persona*
jes que figuran en este período, musulmanes
españoles los más, almorávides algunos de
ellos, poco 6 nada se encuentra que indique
V^mbio alguno, j que los que habían conoci-
do el gobierno de los rejes de Taifas se vie-
sen obligados á cambiar de modo de vivir:
aduladores cortesanos j parásitos saldrían
mal parados del cambio, si no se prestaban
á adular á los nuevos señores; pero esto su-
cede siempre que cambian los dominadores:
del conjunto de datos que se han aducido al
tratar de la rebelión general contra los almo-
rávides, resulla que ni había grandes .guar»
niciones africanas, ni aún que el mando de
las poblaciones más importantes estüviSe
por completo en manos de musulmanes al-
morávides: nada por tanto justifica el aserto
de que con la venida de los almorávides se operó
en este país una brusca y funesta revolución,
¿La civilización cedió el puesto á la barbarie;
la intelifjencia á la superstición y la tolerancia al
— 201 —
fanatismo, como asegura Doztft Esto es muy bo-
nito j de grande efecto en un libro; sobre
todo cuando á continuación se ponen frases
tan gráficas, si fuesen verdaderas, como és-
tas: «El país gemía bajo el régimen abruma-
dor del clero j de la soldadesca, en lugar de
las eruditas é ingeniosas discusiones en las
Academias... no se oía más que la voz mo-
nótona de los sacerdotea j el ruido de los sa-
bles arrastrados por el suelo», pero necesita/
pruebas que no puedan tacharse de hechoá
aislados. ^
Se parte del supuesto, no probado, de que
los bereberes en sus diferentes tribus eran |
unos bárbaros p or civilizar, cuando de entre f
ellósse levantan los almorávides j dominan
todo el Almagreb: hablaban lengua diferente .
j por tanto entenderían con dificultad el \
árabe, en especial la poesía, j por esto nada
tiene de extraño que Yúsuf Abentexufín no
entendiese ó no le exaltasen los rebuscados
versos de los poetas españoles, que en reali-
dad le pedían pan, aunque no lo dijesen en
sos versos: Yúsuf era un bárbaro en este sen-
tido para los poetas españoles, como lo era
— 202 —
Ovidio para los del Ponto^ de quienes mnj
bien pudo decir: «Barbarus hic ego sum, qnia
non intelligor ulli: et rident stolidi verba
latina GetsB.» «Yo aquí soy un bárbaro, por-
que nadie me entiende, j los necios Getas se
ríen de las palabras latinas. » ^
No haj más que echar una ojeada por las
obras de Wusténfeld j Pons ^, en las que se
•da cuenta de los historiadores por orden cro-
; nológico, para conyencerse de que al menos
' los estudios históricos no dejaron de tener
; tantos cultivadores como en cualquier otro
\ período, j en general de no menor ímpor-
\ tancia: facilísimo sería, tomándolo de la obra
'■■ de Pons, continuar una gran lista de histo-
riadores polígrafos españoles de este período,
j ponderar la importancia de algunos de
ellos, j no lo sería menos el anotar los mu-
chos escritores de todo género, de quienes
1 Elegía X, libfi V. Tristium, versu 37.
2 WmtPnfeld, Die Geschichtschreiber der Araber
' und ihre Werke, Gollingen^ 188^. — Pon«. — Ennayo Bi(h-
bibliográfico sobre los historiadores y geógrafos arábigo^
españoles, por Francisco Pons Boigues. Obra premiada
por la Biblioteca Nacional en el concurso público de
4893 é impresa á expensas del Estado. Madrid, 4896.
— 203 —
tenemos datos bibliográficos en nuestras pa-
peletas de esta clase por orden alfabético.
Tenemos obras fílosófíco-polí ticas escritas
•en este período por musulmanes españoles, j
<pie quizá cuando se puedan estudiar en bue-
nas condiciones, pues al menos dos existen,
•dan luz para conocer las causas de la caída
de los almorávides.
La primera, titulada Advertencia acerca de
las causas que producen la disidencia ó discordia
-entre los muslimes, está escrita por el polígrafo,
pero principalmente gramático, natural de
Badajoz, Abumohámed Abdala, hijo de Mo-
hámed, Abenasid conocido por el de Badajoz;
el título nos hace sospechar que la obra pue-
da ser interesante para la ilustración de la
historia de este período, pues que debió de
•escribirse en plena dominación almoravide,
ja que el autor murió en el año 521 : de las
muchas obras escritas por este autor, se con-
servan varias: tenemos nota de ocho de ellas,
conservándose varios ejemplares de la que es
objeto de nuestro estudio en este lugar. (48)
Pocos años después debió de escribirse otra
obra, que si no podemos decir que sea im-
— 204 —
portante, pues tampoco está estudiada, prue-
ba al menos que los estudios no estaban tan
decaídos en la España musulmana, como
resultaría de las palabras de Dozj, tomadas
en sentido estricto j según la mente del au-
tor. Un almoravid de pura raza de la tribu
de Sinhacha, Abulabás Ahmed hijo de Mo-
hámed el Sinhachí, el Andalusí, conocido
por Abenalarif, de quien hemos hecho men-
ción al tratar de Abencasi, de quien fué
maestro j pudiéramos decir cofundador de
la secta de los moridín, escribió un libro
titulado: Los tesoros, las bellezas de las sesiones,
el cebo para prender los corazones y la contempla-
ción de los amados, obra que se conserva en la
Biblioteca del Escorial ^ .
Y por cierto que como queda indicado,
teniendo Alí noticia de que propalaba doc-
trinas sediciosas, ó se hacía muj popular, no
tomó contra él j su compañero, Abenbarra-
chán ^ más medida que la de alejarlos de
1 Derenbourg, Catalogue des maniiscríts ara-
bes de r Escurial, lomo II, en prensa, pág. 21, N.° 732.
2 Abenaljatib, Ms. Ar. de la Academia nám. 37,
fol. 251 r.
— 205 —
Almería j lleyarlos á Marruecos, donde mu-
rieron en el año 536, poco antes de iniciarse
la rebelión general contra los almorávides,
que contribuyó á preparar: por esto merecía
dicha obra algún estudio, ja que tan poco
sabemos de la secta de los moridín, que pa-
rece contribuyeron en gran manera á la rebe-
lión. (49)
Hachi Jalifa menciona esta obra de Aben-
alarif con dos títulos diferentes. Bellezas de
las sesiones, 6 simplemente Sesiones, bajo los
números 11499 y 11384.
También Abencasi, el discípulo de Aben-
^aríf, é iniciador de la rebelión, escribió
una obra acerca del sufismo, la cual debió de
tener importancia entre los suñes posterio-
res; pues como dice Hachi Jalifa, fué co-
mentada por el célebre sufí murciano Mo-
liidín Abenarabí, quien dice de Abencasi, ó
sea del autor de la obra, que comenta, que
-era literato excelente, gran filólogo j que no
hablaba sino para pronunciar sentencias filo-
sóficas. ^
4 Hachi Jalifa, N. 4788. La obra lleva por título
•Cambio de calzado para llegar á la presencia de lot dos
— 206 —
De lo dicho paede inferirse qne en el pe-
ríodo de los almorávides los musulmanes es-
pañoles siguieron dedicándose al estudio^
cujo aprecio indican bien los versos de
Abenasid citados por Pons:
aEI sabio vivirá eternamente después de su muer-
te, aunque sus miembros se corrompan bajo déla
tierra; mas el ignorante es un muerto que anda por
el mundo: cuéntase entre los vivos y se halla privado
de vida»».
Abenalabar en la biografía de Ibrahim,
hermano de Alí ^ dice que durante su go-
bierno en Murcia fué discípulo de Abualí
Asadafí, para lo que hubo de ir á casa del
maestro, pues éste se hizo el desentendido
respecto á la pretensión no extraña, de que
Abualí fuese á la residencia del gobernador.
Abenalabar dice terminantemente en esta
biografía que durante el mando del hermano
de su biografiado (Alí Abenjúsuf, año 500
eKindoa buenos: o] bibliógrafo turco parece que no tenía
noticia de la patria del autor, á quien solo llama
Ahímrnsijefe il'j los sufie^, pero Abenaljatib (fol. 46 de
mi copia), al iiablar de Abencasi, dice que es el autor
de la obra mencionada.
1 Hiblio. Arab. bis. tomo IV, pág. 56.
— 205 —
-Minería j llevarlos á Marruecos, donde mu-
yeron en el año 536, poco antes de iniciarse
1% rebelión general contra los almorávides,
<Jiie contribuyó á preparar: por esto merecía
clicha obra algún estudio, ja que tan poco
Sabemos de la secta de los moridín, que pa-
x^ece contribuyeron en gran manera á la rebe-
lión. (49)
Hachi Jalifa menciona esta obra de Aben-
^larif con dos títulos diferentes, Bellezas de
£a8 sesiones, 6 simplemente Sesiones, bajo los
znúmeros 11499 j 11384.
También Abencasi, el discípulo de Aben-
-alarif^ é iniciador de la rebelión, escribió
una obra acerca del sufismo, la cual debió de
tener importancia entre los sufíes posterio-
res; pues como dice Hacbi Jalifa, fué co-
mentada por el célebre sufí murciano Mo-
liidín Abenarabí, quien dice de Abencasi, ó
sea del autor de la obra, que comenta, que
era literato excelente, gran filólogo j que no
hablaba sino para pronunciar sentencias filo-
sóficas. ^
i Hachi Jalifa, N. 4788. La obra Uova por título
•Cambio de calzado para llegar á la prenenria de los dos
— 208 —
Quienes tales aficiones manifestaban é
iban á las casas de maestros particalares, ñ-
quiera fuesen tan célebres como Abaalí Asa-
dafí^ no dejarían de tener 6 asistir á tertulias
■6 reuniones literarias, mal llamadas A.cade-
mias; pues con carácter oficial es casi seguro
que nunca las hubo en la España mosnlma-
na, á no ser en los últimos tiempos; j en
esas tertulias 6 Academias se discutiría con
la misma libertad j altura de miras, que en
los tiempos anteriores.
Peraecucl<>n de los moaérabes
Por los autores cristianos poco 6 nada sa-
bemos del estado de los mozárabes en Anda-
lucía durante los primeros años de los almo-
rávides: sólo con motivo de la incursión de
Alfonso el Batallador se dan algunas noticias
acerca de su estado, ó más bien, de la perse-
cución que contra ellos se movió á conse-
cuencia de esta famosa expedición, poco co-
nocida en sus causas j no mucho mejor en
sus efectos.
— 209 —
Por el testimoDÍo de Abenasairafí ^ , re-
iulta qne en el reinado de Yúsuf en el año
192 los cristianos de Granada fueron inquie-
tados en el ejercicio de su culto, siéndoles
lemolida una iglesia antigua^ que existía en
la qne hoj es plaza del Triunfo: en realidad
Bsto es lo único que se sabe; suponiendo que
QSto fué debido exclusivamente al fanatismo
le los alfaquíes j á su iniciativa, á la que de
buen grado debió de asentir Yúsuf, Dozj
supone j da por sentado que los alfaquíes no
30 detuvieron en mitad del camino, j que,
obtenido el permiso de derribar una iglesia,
lo tendrían para todas, j que los cristianos
fueron atrozmente vejados por los musulma-
nes hasta que habiéndose llenado la medida
liacia el año 1125, suplicaron á Alfonso el
Batallador que les ayudase á sacudir el jugo
Y se apoderase del territorio sometido al
islam; j que en virtud de esto el rej de Ara-
gón emprendió su famosa expedición.
Admitida la demolición de la antigua
iglesia de Granada, ja que ningún dato po-
4 Dozy, Recherches, 2.* edi. tomo I, pág. 346.
ALM0BAVIDE8 44
— 210 —
damos aducir en contra, ni haj motivo es-
pecial para ponerla en duda, aunque mencio-
nada en rigor por un solo autor, como éste
nada dice de las causas que la motivaron, en
buena crítica no cabe ampliar la persecución
j suponer que los alfaquíes se ensañaron con
los cristianos, tanto más, cuanto que el au-
tor, al mencionar este hecho, no hace ahí—
si6n alguna á tirantez de relaciones entre-
musulmanes j cristianos por este tiempo:
indica sí con preciosos detalles la alianza con
Alfonso el Batallador j la consiguiente ex-
pedición de éste, después de la cual j á con-
secuencia de la misma se inicia la persecu-
ción, que DO podía menos de sobrevenir, co-
mo previeron los diez mil cristianos, según
Orderico Vital, que se reunieron al ejército
de Alfonso al regresar; j aun así se necesitó
que á raíz de la derrota de Arnisol j regreso
de D. Alfonso, el cadí de Córdoba Abulua-
lid Abenroxd (abuelo de Averroes) se diri-
giese á Marruecos á informar á Alí de lo su
cedido j pedirle tomara medidas contra 1
cristianos, por lo menos la de desterrarlos
como efectivamente tomó esta medida, pu
— 211 —
en el mes de Ramadán del mismo año 520
muchos cristianos fueron deportados á Afri-
ca, sufriendo mucho en el viaje por el mal
tiempo j los malos caminos: á los sufrimien-^
tOB naturales del viaje, que confiesa el autor
árabe del relato^ haj que añadir^ según Or-
derico Vital, los atropellos de todo género
cometidos por los musulmanes, irritados por
la marcha de los que se habían unido al ejér-
cito de Alfonso ^ .
Estos parecen ser los únicos datos que
nos suministran los autores antiguos: falta
ahora apreciarlos en su verdadero valor^ ja
que están poco conformes entre sí.
Dada la connivencia indudable de los
mozárabes en general con Alfonso el Batalla-
4 Porro Cordubenses alíique Sarracenorum po-
puli valde irati sunt, ut Muceravios ciim familiis et
rebussuis discessísse viderunt. Quapropter commiini
decreto contra residuos insurroxerunt, rebus ómni-
bus eos crudelíter expoliaverunt, verberibus et vin-
oulis mullisque iniuriis graviter vexavorunt. Multes
eorum horrendis suppliciis interemerunt, et omnes
alios in African) ultra íretum Athlanticum relegave-
runt, exilioque truci pro Christianorum odio, quibus
magna pars eorum comilata fueratcondemna\erunt.
(Dozy, Recherches,2.« edi. tomo I, pág. düS).
— 212 —
dor, no paeden tacliarse de exageradas las
pretensiones del cadí de Córdoba Abalnalid
Abenroxd de que lo menos que procedía era
expulsar á los mozárabes, j por tanto bajo el
punto de vista del gobierno musulmán, en
mi sentir no es justo hacer cargos al emir
Alí por esta medida; que produjo atropellos
injustificados, no lo dudo; pero probable-
mente no serían tantos como dice Orderico
Vital; pues es lo cierto que en Granada que-
daron bastantes cristianos, como dice el autor
árabe, j confirman de un modo indudable
los graves acontecimientos ocurridos en esta
misma ciudad en el año 557^ de los que se
ha hecho mención en la página 139 y si-
guientes.
¿El llamamiento de Alfonso por los cris-
tianos de Andalucía se debió, como dice Do-
zj, á que la medida del sufrimiento de los
mozárabes se hubiera llenado por este tiem-
po? Podrá ser; pero lo dudamos: habían pa
sado 28 años desde que había sido derribad
la antigua iglesia de la puerta de Elvira,
si la persecución de los alfaquíes con aquies —
«encia del príncipe hubiera sido tan violenta
— 213 —
no 86 concibe su prolongación por espacio de
28 años.
Es probable, en mi sentir, que la expe-
dición de Alfonso el Batallador partiese de
su iniciativa ^, j que como era natural pro-
curara antes ponerse en relación con los mo-
zárabes que habían de ver con simpatía sus
trianfos j podían servirle de mucho, aun sin
tomar una parte activa j directa en la lucha.
De que la persecución iniciada según
Abenasairañ en el año 492 j exacerbada ha-
cia el año 519 no tuvo ni de mucho el al-
cance que le supuso Dozj j han exagerado
autores posteriores, encontramos un indicio
mes, aunque puramente negativo en el si-
lencio de los Anales Toledanos.
El autor ó autores de estos Anales, muj
4 Orderico Vital la atribuyo al deseo de Alfon-
so de acometer empresas superiores á las que habían
llevado á feliz término el Conde Rotrón y compañe-
ros,— Anno ab incarnatione Domini MCXXV, post-
qoam Rotro Comes cum suis satellitibus et auxiliariis
íd Galliam romeavit, Aragonensis Rex visis insigni-
bus gestis, qua? Franci sine illo super Paganos in
Hispania fecerant, invidit: laudisque cupidus ingen-
tem 8ua3 gentis exercitum arroganter adunas it. Es-
paña Sag. tomo X, p¿g. 607.
— 214 —
«fecto á los moros, como oportunamente in-
dicó el Sr. Saayedra, nada indica de la des-
trucción de la iglesia de Granada ni de per-
secución: quizá pudiera encontrarse algo de
ésta en lo que se dice con relación al año 499,
siete después de la demolición de la iglesia
de Granada — «Fué la hueste de Málaga cuan-
do exieron los Mozárabes de Malaga, Bra
MCXLI V» , pero parece mucho más probable
que mozárabes de Málaga salieran al serricio
de los moros como supone el P. Flórez ^.
No consta en dichos Anales Toledanos
otra indicación referente á los mozárabes
hasta la entrada de Alfonso el Batallador en
Andalucía, que como se dijo, refiere con es-
tas lacónicas palabras; «Entró el rey de Ara-
gón con grand hueste en tierra de moros é
lidió é venció a XI Re jes de Moros en Aran-
zuel, Era MCLXI», añadiendo á continua-
ción: «Pasaron los Mozárabes á Marruecos
ambidos. Era MCLXII», (año de J. C. 1124).
La fecha está equivocada, pues estos sucesos
ocurrieron en los años 1125 j 1126.
I España Sagrada, tomo XXIII, p6g. 387.
— 215 —
^aenia de los libros de Algraisalf
Es indudable que la obra de Algazalí La
resurrección de las ciencias religiosas, fué pro-
hibida en la España musulmana con la in-
tervención del cadí de Córdoba Abuabdala
Abenhamdín: son muchos los autores árabes
que hacen indicaciones acerca del hecho j
no cabe ponerlo en duda: de lo que cabe du-
dar, es de la aplicación que del decreto se
hiciera: probablemente la prohibición exci-
taría el deseo de leer la obra, j sería causa
de su major circulación, como resulta del
hecho de que 30 años después Abencasi ex-
plicaba este libro á los sufíes, á quienes ini-
ciaba en la idea de rebelarse contra los almo-
rávides: en lo que no están conformes es en
los detalles de la proscripción, y en reali-
dad, en el principe que la autorizó, j me-
nos, en las causas: podría muj bien sospe-
charse que la acrimonia con que según Dozj,
atacaba á los teólogos ó alfaquíes fuese la
causa principal de la proscripción de la obra
de Algazalí, que debió de alcanzar gran éxito
«n el mundo musulmán, si atendemos al nú-
— 216 —
mero considerable de ejemplares que se han
conservado en las bibliotecas: parece sin em*
bargo que en España circuló poco en la época
inmediatamente posterior^ al menos de un
modo público, pues Abenjáir no le cita éntre-
los libros que estudió ^.
Las circunstancias j la fecha de la quema
de la obra de Algazalí son desconocidas por
los autores árabes: la fecha puede fijarse en—
tre el año 500 y 507, (50) ya que en el año
500 subió al trono Alí, j en 507 muere uno
de los que intervienen en el proceso.
Ahora bien, el anatema lanzado contra un
libro determinado autoriza para asegurar que
la civilización cedió el puesto á la barbarie; la in^
teligencia á la superstición y la tolerancia al ¡ana-
lismo? En manera alguna: de todos los perío-
dos históricos de los musulmanes de España
se citan hechos análogos j lo mismo ha su-
cedido en todos ó casi todos los pueblos, j
casi podría asegurarse que sucederá siempre.
' Añade Dozy, «que gobierno, generales y
4 Abenjáir nació en el año 502, por el tiempo
en que fué quemada la obra de Algazalí, y murió en-
Córdoba en 575. JUbl. Ar. his. tomo X, Introducción.
— 217 —
soldados todo se corrompió con asombrosa
rapidez; que los generales sólo pensaron en
gozar tranquilamente de las riquezas adqui-
ridas j que avergonzados de su barbarie qui-
sieron iniciarse en la civilización, pero que
todo en ellos ostentaba el sello de una imi-.
tación servil j poco apropiada»^ es muj sen-
cillo 7 de mucho efecto el asegurar todo
esto; pero hacen falta pruebas, imposibles de
aducir, porque en el estado actual de los
estudios árabes no es aún posible ver en
conjunto los hechos j la marcha de los acon-
tecimientos: pueden citarse hechos particu-
lares de caudillos ineptos ó desgraciados en
la dirección de los ejércitos, como Temim el
héroe por fuerza de Uclés, que se retira sin
pelear de los muros de Zaragoza; j del ven-
cido en Cutanda, el príncipe Ibrahim; pero
también hemos citado no pocos que luchan
con acierto j valor durante largos años j que
si por fin sucumben, saben hacerlo con honor.
Como por otra parte vemos que en mu-
chos casos los jefes de poblaciones de impor-
tancia son españoles, y esto les proporciona
el poderse rebelar contra los almorávides en
— 218 —
los últimos tiempos, haciéndoles concebir la
idea de independencia nacional 6 de autono-
mía regional, no encontramos que los almo—
ravides acaparasen para sí los cargos milita-
res, ni mucho menos los civiles, que si eran
dados á los alfaquíes 6 jurisconsultos, sólo
ha podido hacerse antipática esta conducta;
tachándola sin razón de clericalismo j teo-
cracia.
Queda probado que en lo militar j cien-
tífico no cabe encontrar diferencia radical
desfavorable á los almorávides: ¿la haj en lo
demás? Del estado de la agricultura, indus-
tria y comercio de este período como de los
demás, poco ó nada sabemos; pero hay un
ramo importante de la administración, en el
que los almorávides son muy superiores á
los gobiernos que les precedieron, y es el sis-
tema monetario.
/' Las monedas de los almorávides en belle-
za y en el sistema á que obedecen, son muy
superiores á todo lo que se había visto hasta
entonces: y cosa singular, el sistema mone-
tario almoravid viene de Marruecos, pues
resulta implantado antes que Yúsuf Abente-
— 219 —
xuñn fuera llamado por los re jes de Taifas.
La perfección j abundancia de las mone-
das almorávides tanto en oro como en plata
paeden considerarse por una parte como un
indicio de la prosperidad material en este
período, prosperidad que confiesa el mismo
Dozj, como no podía menos de reconocer con
los autores árabes ^ , (51) j por otra su buena
j hermosa acuñación nos prueban que en
todas las poblaciones de importancia se cul-
tivaba al menos el arte del grabado, como no
fie había hecho antes, y que la reforma mo-
netaria no se había hecho á la ventura j por
desenvolvimiento espontáneo aislado, sino
-con plan fijo procedente del poder central.
En efecto, las monedas de oro, muj
abundantes en este período, son de peso muj
uniforme, lo que no había sucedido antes^
de modo que quizá sólo desde este tiempo la
moneda de oro árabe española, tiene en rea-
lidad el carácter de tal con peso j lej fijos: j
aun en las mismas monedas encontramos in-
dicio de algún cambio de peso, pero tan poco
4 Cartas, edi. Tornberg, pág. 108; Abcnalatir,
odi. Tornberg, lomo X, pág. 287 y 288.
— 220 —
importante^ que no ha podido fijarse á pesar
de las muchas monedas que se conservan,
bien que de mu j pocas sabemos que perte-
nezcan al sistema antiguo, que probablemen-
te indicará algún major peso ^.
En todo el período de los rejes de Taifas
puede decirse que no se acuñó moneda de
plata, pues la que llevaba el nombre de dir-
hem era en realidad de cobre 6 de plata de
pésima lej j peso muj diferente: con los
almorávides se introduce un sistema mone-
tario, con el cual reaparece la plata del)uena
lej, y las monedas fraccionarias del dirhem^
fraccionarios que no se habían conocido en
período anterior, y que en España trataron
de introducir los últimos reyes de Badajoz,,
de quienes se conocen monedas parecidas.
Para facilitar las transacciones mercanti-
les al por menor, los almorávides acuñaron
semidirhemes, cuartos de dirhem, octavos j
dieciseisavos, llamando á estas microscópicas
monedas, jan^iha (algorroba): así lo dice Ab-
1 Esta particularidad se expresa en algunas
monedas de Granada del año 520 y en las do 521 y 522:
Vives, obra citada, números 1621, 1622 y 1623.
— 221 —
deluáhid ^, j bsí resulta de las monedas de
este período estudiadas y dadas á conocer por
«1 Sr. Vives. (52)
La perfección artística que aparece en las
monedas de este período, resulta también en
otra clase de monumentos no menos autén-
ticos, en las inscripciones sepulcrales, en las
que las letras dejan de aparecer en la forma
llamada cúfica, para ostentar el carácter cur-
sivo, mucho más elegante, j el conjunto de
Ia inscripción se encierra á veces en marcos
elegantísimos.
Como, al menos para la España musul-
mana, Alí es el representante legítimo de la
■dinastía almoravid, dígase si quien vino á
España cinco veces tomando en varias de
«lias la dirección personal de las campañas j
arreglando los negocios, si un príncipe en
cuyo reinado tanto florecen las ciencias j las
«rtes, no hizo más (¡ue rezar y ayunar, como
dice Dozy y repiten en coro autores poste-
riores.
1 Abdeluáhid el de Marruecos, p¿g. 148.
ILUSTRACIONES
ILUSTRACIONES
1
(Página 4)
La generalidad de nuestros cronicones
antiguos fijan de un modo muj vago j poco
preciso la fecha de la batalla de Zalaca, que
llaman de Badajoz, de Sacralias, Sagralias, Sa^
rallas 6 Zagalla: la major parte fijan sólo
el año j no siempre bien; pues son bastantes
los cronicones que retrasan un año la fecha:
algunos citan el mes de Noviembre: sólo en
los Anuales Complutenses (España Sagrada, to-
mo XXIII, p. 314) encontramos la indicación
concreta de la fecha con estas palabras: «In
-^ra MCXXIV. Die sexta feria, scilicet X
kal. Novembris, die Sanctorum Servandi et
Oermani fuit illa arrancada (derrota) in Ba-
dalozio, id est, Sacralias, et fuit ruptus Rex
Domnus Aldefonsus».
Almorávides 45
— 226 —
Los autores árabes dan más detalles 7 sox»
yarios los que de un modo concreto fijan la
fecha de la batalla en el yiernes 12 de Ra-
cheb del año 479, que coincide perfecta—
mente con la anterior, correspondiendo al
yiernes 23 de Octubre de 1086 (Bibliothec»
Arabico-hisp. to. III. p. 31. — Abenalcadi,
edi. litog. de Fez, pág. 343.— Ms. N. X. d^
la Colección Gayangos en la Academia de la
Historia, fol. 39. y.). Otros autores árabes^
fijando el mismo mes, yarían en el día.
(Página 3)
Las venidas de Yúsuf á España j el ob—
jeto de cada una de ellas no aparecen bas-
tante claros en los autores árabes: resulta que
yino cinco yeces, aunque la generalidad dé-
los autores solamente mencionan dos de sus-
yiajes.
La primera venida, conocida de todos, es>
la que da por resultado la batalla de Zalaca>
— 227 —
el yiemes 12 de Racheb del año 479, 6 sea
23 de Octubre de 1086.
Segunda venida en el año 481: en Rebia I.""
sale de Algeciras, se dirige á Aledo, que si-
tia durante cuatro meses (Cartas, p. 98, —
AJbmed Anasirí, p. 119, — Alholal Almauxía,
fo. 41.
Tercera venida: Yúsuf pasa el mar por ter-
cera Yez en 483: llega á Córdoba en Chuma-
da 1.*; luego se apodera de Granada j Má-
laga, destronando á los rejes Abdala j Te-
mim, hijos de Boloquín hijo de Badís, j en
Ramadán pasa de nuevo el mar: según algu-
nos, la toma de Granada j Málaga debería
atribuirse á la segunda venida (Bibl. Arab.
hisp., to. III, p. 32. — Cartas, p. 98. — ^Aben-
jalicán, biog. de Yúsuf, tomo III, pág. 462.
Ahmed Anasirí, to. I, pég. 120. — Alholal
Almauxía^ fol. 44).
Cuart^ venida: Yúsuf pasa á España por
cuarta vez en el año 490 (Ahmed Anasirí,
to. I, p. 121), aunque el autor dice por ter-
cera: Alfonso se dirige contra él, j Yúsuf
envía el ejército á las órdenes de Mohámed,.
hijo de Alhach, que derrota á los cristianos:
^ 228 —
según el Alholal, fol. 48, Yúsuf vino acoin—
panado de sus hijos Abutáhir Temim j AbuL
basan Ali.
Quinta venida: Aunque Ahmed Anasi
p. 122, dice que Yúsuf pasa de nuevo en
año 497, j le llama 4.* venida, es la quin
j debió de efectuarse en el año 496, en ca
fecha se verificó en Córdoba la proclamaci
ó jura de Alí, como príncipe heredero, en
mes de Dulhicha (Cartas, p. 101. — ^Dos
Notices, pág. 225. — Abenaljatib, fol. 22
mi ejemplar).
3
(Página 4)
Alí había sido proclamado Príncipe he
redero por su padre Yúsuf en Marruecos e:
el año 495, según consta del documento qai
se inserta en el Ms. N. X, de la Col. Gajan
gos en la Academia de la Historia, fol. 50;
en el año siguiente, 496, se hizo la jura
lemne en Córdoba por los magnates españo^
les: á esta jura hecha con mucha solemnidad.
— 229 —
asistió Abdelmélic, hijo de Almostáin II,
rej de Zaragoza, quien envió magníficos re-
galos, en los que iban 14 arrobas de objetos
de plata, en los que figuraba en taracea el
nombre de Almoctádir, abuelo de Almos-
táin, cujos objetos fueron convertidos en
qoirates (pequeñas monedas), que fueron
distribuidos al público en la noche del día
10 del mes de Dulhicha (Dozj, No tices sur
qnelques manuscrits ar. pág. 225. — Cartas,
página 101).
El nombramiento de Alí como príncipe
heredero en el año 495 ofrece alguna duda,
por lo que resulta del testimonio de las mo-
nedas, en las cuales Alí no figura como
Principe jtt^^t hasta el año 497, j con el de
Principe heredero hasta el mismo año 500. De
Segelmesa haj dinares hasta el año 498, in-
clasive, sin que se mencione el nombre de
Alí: lo mismo se observa en las monedas de
Agmat hasta este mismo año, j en una de
Fez de 499 (?); el nombre de Alí con el tí-
tulo ji^^ figura desde el año 497 en mone-
das de Córdoba j Almería; desde 498 en las
de Agmat y Denia; y desde 499 en las de
— 230 —
Játiva, Sevilla j Valencia: con el título de
Jl^x)| h sólo aparece en monedas de Mála-
ga del año 500 (Véase Monedas de las Dinastias
Arábigo-españolas, por D. Antonio Vives, nú-
meros 1449 á 1530).
4
(Página 5)
Cartas, pág. 101. — Según Abenjalicán,
(tomo III, edic. del Cairo, pág. 460) Yúsnf
murió el lunes 3 de Moharrem (4 de Sep-
tiembre de 1106) después de un reinado de
50 años j 90 de vida.
5
(Página 5)
Alí había nacido en Ceuta en el año 477,
de modo que al subir al trono contaba 23
años de edad: era hijo de una esclava cris-
tiana, que según algunos autores se llamaba
j^9 Camar (Luna), ^*«^l J^^^ (Cartas, pá-
— 231 —
:gina 102. — Alholal Almauxía, folio 52;
«unque algún otro autor la llama \jía j ^t
] Maño (?) j Omalhasán (Abenalcadi,
pág. 291, edición de Fez).
6
(Página 5)
El imperio de los Almorávides se exten-
'día desde Bugía hasta el extremo del Sus»
por el mediodía desde Segelmesa hasta los
montes del Oro en el Sudán, j por todo el
país de Alandal US, desde Mallorca, Menor-
<» é Ibiza, siendo proclamado en la oración
pública en dos mil trescientos j tantos pul-
pitos.
(Página 6)
No es fácil fijar con precisión las veces
-en qne Alí, durante su reinado, vino á Es-
paña, donde ja había estado antes.
-'^^'^' L^-^'''''^ Ao.^aie4e
'^ra^o^^'-.„T)e---tÍJ^^'l
^:?eCe^<iÍ:^o.a..-^;c6.ac.
treaeC--t^^y,BeaeUe-
de ^S°*^°
— 233 —
durante un mes; luego se dirige hacia Tala-
yera (de la Reina), que toma á viva fuerza^
cajendo en su poder hasta 17 ó 27 fortalezas
de los alfoces de Toledo, entre ellas Madrid j
Guadalajara, j presentándose ante los muros
de Toledo, la sitia durante un mes, talando
su campiña, j después de hacer mucho daño
á los cristianos se volvió á Córdoba (Cartas^
página 105. — Ahmed Anasirí, pág. 125. —
Abenjaldún, VI, 182, 188.— Abenaljatib,
Ms. Ac. núm. 37, p. 250. — Anales Toledanos,
Bsp. Sag., to. XXIII, 388. — Bibl. Ar. hispa-
na, to. III, p. 88, j VI, p. 527). La Crónica
de Alfonso VII, confunde, ó mejor dicho, re-
funde con esta expedición otra bastante pos-
terior, en la que el jefe no fué Alí, sino su
hijo Texufín, quien por este tiempo no ha-
bía venido á España: según el autor, no pu-
diendo Alí apoderarse de Toledo, se dirigió
á las ciudades j castillos que había al otro
lado de la sierra, rompiendo los muros de
Madrid, Tala vera. Olmos, Canales j otros
muchos, haciendo muchos cautivos, pero sin
que pudiera apoderarse de las fuertes torres
da dichas ciudades, que llaman alcázares:
— 234 —
Gaadalajara coa otras ciudades 7 castillos
quedó ilesa j sus muros no fueron derruidos,
(Chronica Adephonsi Imp. Esp. Sag., tomo
XXI, págs. 356 á 359). El autor del Alholal
(fol. 54) añade que los musulmanes destm-
jeron á las puertas de Toledo una célebre
almunia, detalle que confirma j aclara el
autor de la Crónica del Emperador al decir
que los moros prendieron fuego á una fuerte
torre que había á la cabeza del puente frente
á San Servando.
La cronología concreta de estos sucesos
no resulta clara, pues los Anales Toledanos,
cujo autor en general estaba bien enterado
dice: «Prisieron Moros Talayera en XVI días
de Agosto, Era MCXVII (sic)» (parece de-
bería ser MCXLVII), cuja fecha correspon-
de á la que se da anteriormente como de la
salida de Alí de Ceuta^ j su embarque para
venir á España: los mismos Anales Toleda-
nos indican el sitio de Toledo por Alí con
estas palabras: «Posó el Rei Alí sobre Tole-
do é tóvola cercada VIII días, Era 1148.»
Tercera venida: Por los cronicones portu-
gueses podemos determinar la tercera yenida
— 235 —
de Alf, la cual aparece con pocos detalles en
los autores árabes. Abenaljatib (Ms. Aca-
demia, núm. 37, fol. 250) sólo dice que pasó
por tercera vez, sitió á Coimbra (el texto
dice hj^: lo mismo se lee en el manus-
•crito de la Biblioteca de Argel, segúa copia
de mi pertenencia), j luego la abandonó: se-
gún el autor del Alholal (f. 54) pasó por
tercera vez en el año 511 con propósito de
hacer la guerra santa; en este año con pistó
la ciudad de Coimbra (texto Ij ^.'^l^ que su-
ponemos estará del mismo modo en el códi-
ce de Leiden, puesto que en el códice de la
Colección Gajangos están anotadas las ya-
riantes por Mr. Dozj, y de este nombre nada
se anota)^ conculcando el país de los inñeles
•con ejércitos innumerables, dejando en él
muchas huellas». — El Chronicon Lusitano, (Es-
paña Sag., to. XIV, 2.* edic.,p. 420) fijando
el año j la persona del jefe dice: «^ra 1155
Rex Sarracenorum Hali Ibenjuceph, ye-
niens de ultra mare cum multo exercitu ob-
sedit Colimbriam, adjuncto simul et omni
exercitu, qui erat circa mare^ quorum nu-
meras erat iñnumeralilis sicut arena maris,
— 236 —
solí Deo tanium cognitus erat. Obsedit an-
tem Colimbriam yiginti diebus quotidie for-
titer in loto exercitu oppugnans eam, sed
per Yoluntatem Dei non potuit nocere et ci-
vitas illaesa remansit, et inhabi tantea in es.»
La fecha 22 de Junio de 1117, correspondien-
te á 18 de Safar del año 511 de la hégira,.
está determinada por el Chronicon de Coim-
bra (Esp. Sag., to. XXIII, p. 331) con es-
tas palabras: «In Era 1155 obsedit Rex Ali
Colimbriam X kal. lulii et fuit ibi per tres
hebdómadas.»
Cuarta venida: En el año 513 6 quizá á
principios de 514 Alí hubo de venir á Alan—
dalus por cuarta vez, no con el objeto prin*
cipal de hacer la guerra santa, sino de cal-
mar una sedición promovida en Córdoba,
cujos naturales, á causa de la insolencia de
uno de los siervos ó criados del valí Abubé-
quer Yahja, hijo de Rauad, habían echada
de la ciudad á los almorávides: sabido esto
por Alí, hubo de venir, los sitió, j por fin
perdonó á los de Córdoba, gracias á la me-
diación de los alfaquíes (Abenalatir, to. X^
página 392). Según algunos autores (Cartás>
— 237 —
página 106. — Amed Anasirí, to. I, p. 126),
«0ta Yeaida de Alí fué motivada por la noti-
cia de la toma de Calatajud por Alfonso el
Batallador: Alí pasó (por segunda vez dice
el texto) con ánimo de hacer la guerra santa,
arreglar el estado del país j asegurar las fron-
teras: al llegar á Córdoba se hospedó en las
«fueras, j allí se enteró del estado del país
por los mensajes que le llegaron: des ti tu jó del
cadiazgo á Averroes, nombrando en su lugar
á Abulcásim Abenhamdín; haj que adver-
tir que esta destitución j nombramiento de
cadí no aparecen bastante claras en los auto-
res, j quizá se reñeran á tiempos algo poste-
riores: según estos mismos autores, no olvidó
Alí la guerra santa j desde Córdoba salió
para Santamaría ó quizá San taren, que sitió
hasta tomarla á viva fuerza, destruyendo en
el occidente alquerías j monasterios: los de-
talles en cuanto á la guerra me parecen sos-
pechosos, por no encontrar indicaciones en
otros autores, ni aun en la obra Alholal Al-
maiLvia (fol. 54), en la que se trata con más
extensión de esta cuarta venida, que por in-
corrección evidente del texto aparece como
m
i
declarado los alemas (sabios) que era
ma la resistencia: prolongada la estai
*; Alí delante de la ciudad, mediaron n(
clones de los principales de Córdoba,
fin convinieron en pagar una indemni
por lo que el pueblo había robado en
queo de las casas de los almorávides
se dice aquí de Abenroxd (abuelo d
rroes). Parece que Alí prolongó su eí
en Alandalus basta el año 515, en
vuelve á Marruecos (Cartas, págs. 106
Abmed Anasirí, to. I, p. 126), aunque
nos autores le suponen allí en 514, ei
año tuvo una entrevista con Almehd
comenzaba sus predicaciones (Cartas,
Tina m 112— Abftnnlntír Y ^^Ácr 4
— 239 —
8
(Página 10)
Batalla de üclés. Autores árabes j cris-
tianos dan noticia de esta batalla, j por cier-
to con bien diferente extensión, limitándose
éstos á consignar el año del suceso con esta»
palabras del Chronicon de Burgos (Esp. Sa-
grada, tomo XXIII, pág. 310): «Era 1146
Fuit la de Uclés». Loa Ármales Complutenses:
«Era 1134 (1146) et illum de Ucles fuit fac-
tum». Más explícitos los Anuales Toledanos
(Esp. Sag. tomo XXIII, pég. 387) dicen con
no menor laconismo: «Arrancada de Uclés
sobre los Christianos en el mes de Majo,
Era 1146. — ^Mataron al Infant D. Sancho é
al Conde D. García cerca de Uclés^ III día
kal. de Junio Era 1146.
Entre los autores cristianos (antiguos) sola
en la Historia del Arzobispo D. Rodrigo Xi-
ménez de Rada, autor de índole muj dife-
rente á la de los anónimos de los Chronico—
nes, encuentro noticias más amplias, aunque
no muj concretas.
— 240 —
Los autores árabes, parafraseando unos,
6 copiando lo escrito por otros, dan algunos
detalles importantes, que copiamos del Car-
tas, por estar la traducción francesa al al-
cance de los no arabistas, aunque en esta
obra la fecha está algo retrasada.
Dice en la página 103 del texto j 228 de
la traducción de Beaumier:
«En 502 (1108 J. C), eut lieu V affaire
d' Akeljch ^ avec les Chrétiens. Temjm ben
Youssef était alors general en chef de V ar-
mes musulmane, et gcuvernait Grenade. C
est de cette yille qu' il partit pour aller coa-
rir sur les terres des Chrétiens. Etant arrivé
«cus les murs de la forteresse d' Akeljrch,
habitée par une forte garnison de Chrétiens,
il en fit le siége et j penetra. Les Chrétiens
s' étant retranchés dans la kasbah, expédié-
rent un courrier a Alphonse, qui se mit
aussitut en mouvement. Au moment de son
départ, sa femme 1' arreta en le suppliant d*
envojer son fils íi sa place a la renco atre de
Temjm. «Observez, luí dit-elle, qu' il est
CliAleau d' üclos.
— 241 —
plus convenable d' opposer h Temjm, fíls de
r emir des Musulmans votre fíls Chandja *,
fils de r emir des Chrétiens!:» Alphonse, se
rendant h cet avis, envoja done Chandja k
la tete d' une grande armée de guerriers qui
6* avanca promptement jusque sous les mure
d* Akeljrch. A la nouvelle de 1' approche des
Chrétiens, Temjm manifesta le désir d* évi-
ter le combat, en évacuant la place; mais
Abd Allah ben Mohammed ben Fc\tjma et
Mohammet ben Ai cha, ainsi que quelques
autres kaíds Lemtounah, le dissuadérent, et
lui rendirent V espoir et le courage, en lui
affirmant que 1' enemi n* avait pas plus de
trois mille cavaliers et qu' il était loin enco-
ré. Temjm crut ii leurs paroles; et, le soir
méme, les Chrétiens fondaient sur lui par
nombreux milliers; il voulut fuir, ne se sen-
iant point capable de combattre, mais il était
trop tardi et il ne pouvait deja plus avancer,
ni reculer, lorsque les kaids Lemtounah se
précipitérent sur V enemi, auquel ils livre-
4 Chandja, V ínfant don Sancho, flis d' Alphon-
se et de ZaTda.
Almorávides 46
— 242 —
rent un combat desesperé et tel qvL on n' en
avait jamáis yu de pareil. Dieu trés-liaut
renversa V enemi et donna la victoire aux
Musulmans. Le fíls d' Alphonse fut tué ainsi
que YÍngt-irois mille Chrétiens enviroD. Les
Musulmans entrérent a Akeljch par la forcé
de leurs sabres, et un grand nombre de Cro-
jants périrent a V assaut (que Dieu leur fasse
miséricorde!). En apprenant ce desastre, Al-
phonse ressentit un tel chagrín qu' il tomba
malade et mourut viogt jours aprés ^. Te-
mjm envoja un courrier k son pére ^ Aljr
pour luí annoncer cette victoire».
Abenaljatib (fol. 106 v. de mi copia) ca-
lifica la derrota de Uclés como una segunda
batalla de Zalaca^ aunque da pocos detalles.
(Página il)
El autor del Cartas dice, «En el año 504
(20 de Julio de 1110 á 10 de Julio de 1111)
i Tardó bastante más en morir.
2 Temim no era hijo, sino hermano de Ali.
— 243 —
el príncipe Sir, hijo de Abubéquer, conquis-
tó á Sentaren (en el texto impreso (^t^^-^),
Badajoz, Portugal, Evora (texto »j j^L) Lis-
boa j todo el país del Algarbe en el mes de
Dulcada (11 de Majo á 9 de Junio de 1111),
comunicando la victoria al Príncipe de los
muslimes Alí» (pág. 105). Ahmed Anasirí,
tomo I, página 125, dice lo mismo, aunque
con la variante de no indicar que se apode-
rase de todo el Algarbe, j poniendo bien los
nombres de Sentaren y Evora.
El Chronicon Lusitano (Esp. Sag. tomo
XIV, 2/ edi. pág. 420) da cuenta de esta ex-
pedición con estas palabras: «^Era 1149 Rex
Cjrrus cepit Santarem sept. kal. Junii (26
de Majo). El Chronicon de Coimbra (España
Sag. tomo XXIII, pág. 331) dice: «In Era
1119 (léase 1149 como dice el editor) pressa
foit Givitas Sancta Erene a Rege Cir YIIL
kal. Junii».
— 244 —
lO
(Página 42)
La fecha j lugar de la derrota j maerto
de Almostáin fué fijada por Dozj (Rechei^
ches sur 1' histoire... 3/ edi. to. II, pág. 15):
á los documentos aducidos por Dozj merece
añadirse el texto de los Annales Toledanos,
que mencionan el lugar de la derrota, si bien
en el texto se ha impreso Valencia por VaUie-
rra, dice: «Murió el Rej Almortajen en Va-
lencia, Era 1148^> (Esp. Sag. tomo XXIXI,
pág. 338).
Abenaljatib da noticia de esta derrota
de los musulmanes con más detalles que los
autores hasta hoy publicados 6 conocidos, si
bien equivoca el año del suceso, que como
probó Dozj, no cabe suponer anterior al 503
de la hégira.
Este interesante texto dice: >vot ^JI^JL^U
" 1
J\ vli,.2í^3". »A)J« Iu^) ÍhaJI ^JL£S^ é^
— 245 —
JJO {[] L^ J^^ OJU^C A**.^ ^ é.K* L^Ul
^ü. s^i.l^ [¡3 \j^.jj^ L^^j Ul^c.1 L^^
^j^ J^ J^'! ^^ ^^J-^\ j-^vb
vlIUl JLj^ ¿jol í^xj ^^^. ¿*jjí'J4l fol. 218
de la copia de la Academia j fol. 22 del
ejemplar copia del de Argel.
«Continuó el reinado de Almostáin hasta
el año 501 (léase 503): en este año, renovada
BU proclamación j la de su hijo^ partió para
{[) En mi copia L^JU J.á.^é
— 246 —
la guerra santa en el mes de Chumada pos-
trero (de 26 de Diciembre de 1109 á 23 de
Enero de 1110), j entrando por Tudela, hasta
01ite(?) ^, la sitió, tomando sus arrabales: sus
moradores se defendieron en una iglesia an-
tigua en la cual entró (ó de la cual se apartó)
después de haber capitulado con dinero qne
le habían de pagar, j por el cual tomó re-
henes: luego se marchó, pues ja había hecho
incursiones por toda esta región, quemando,
robando j destrujendo: cuando estaba á
punto de llegar al país del islam, le alcan-
zaron los cristianos j pelearon ambos ejérci-
tos con denuedo (?), hasta que murió mártir
Almos tai Q ben Hud con derrota de los mus-
limes, j muerte de la major parte de ellos.
Dios los ha ja perdonado: esto sucedió el
primer día de Racheb (24 de Enero de 1110)
del mencionado año: después reinó su hijo
Abdelmélic» .
i Tal como aparece este nombre en el texto
¿rabe, lo más natural seria leer Orla ú Oñate; pero sa
mucha distancia hace que ninguna de estas dos atri-
buciones resulte aceptable: por eso sospechamos
pueda ser 0/t^e, como podría leerse sin gran cambio
de letras.
— 247 —
U
(Página 12)
La fecha concreta j detalles de la toma
de Zaragoza por Alfonso el Batallador resul-
tan muj vagos tanto en los aiftores arago-
neses como en los árabes.
El autor anónimo de la Crónica de San
Juan de la Peña, primera fuente escrita de
nuestra historia general de Aragón, no da la
fecha de la conquista, que parece referir al
año 1111 ó 1112, pues lo vago de la relación
no permite fijar la fecha (pág. 68 de la edi-
ción de 1876).
Blancas ; lamentando la incertidumbre
que reinaba en los autores respecto á la fecha
de la toma de Zaragoza, se propuso investi-
gar de un modo especial este punto de nues-
tra historia, j contra la opinión de Zurita,
que la fija en 1118, da como indudable la de
1115 con estas terminantes palabras: «Es,
pues, evidente que recobró Alfonso la ciudad
de Zaragoza en el año 1115, que corresponde
— 248 —
á la fecha del anterior privilegio 1153 de la
era hispánica ^.»
Ni aun en estos úllimos años se ha podi-
do fijar de un modo definitivo la fecha de la
toma de Zaragoza, al menos en cuanto al
mes; pues el año resultaba ja fijado: así, el
diligente investigador de nuestras cosas ara-
gonesas dice al hablar de ésta ^: «Según Ebn
Al-Abbar, en el mes de Ramadhan (24 de
Abril á 24 de Majo de 1118): véase Abd-r
Halim; creemos, sin embargo^ que fué á
fines de año por el mes de Diciembre».
Algo más explícitos son los autores ára-
bes, j por ellos sabemos algunas noticias de
las cosas de Zaragoza durante estos años.
Muerto en 508 en la batalla del Gongost
de Martorell el valí de Zaragoza Mohámed
hijo de Alhach, que parece ser el verdadero
4 Comentarios de las ("osas de Aragón, obra escrita
en latín por Jerónimo Je Blancas, cronista del reino, y
traducida al castellano por el P. Manuel Hernández de
las Escuelas Pías, Zaragoza, 1878, (pág. 431).
2 Ensayo histórico acerca de los Orígenes de Aragón
y Navarra, por Tomás Xim-nez Je Embún, Zaragoza, 4878
(pág. 218).
— 249 —
jefe^ j destituido por haberse vuelto loco el
príncipe Abuabdala, hijo de Yúsuf Abente-
^ufín, conocido por Abenaixa, fué éste reem-
|)lazado por el Príncipe Abubéquer, hijo de
Ibrahim, hijo de Tifiluit ó Tefulat, valí de
Ifarcia, cuñado de Alí, j padre según pare-
ce del Yahja Abengania, de quien se hablará
luego: el nuevo valí de las fuerzas musulma-
nas de Valencia j Zaragoza parece quiso 6
tuvo encargo de veDgar el desastre del Con-
gost de Martorell j llegó hasta Barcelona,
que sitió durante 20 días; al regresar de esta
expedición, se hizo cargo del gobierno de
Zaragoza, donde dándose tono de príncipe,
permaneció hasta su muerte acaecida en el
año 510 (16 de Majo de 1116 á 4 de Majo
de 1117) (Abenaljatib, Ihata, fol. 98 de la
colección Gajangos; Cartas, págiua 104;
Ahmed Anasirí, tomo 1, pág. 125; Bibl. Ar.
his. 111, pág. 55).
Muerto Aben Tifíluit, j acosada Zara-
goza por las armas de Alfonso^ hubo de acu-
dir en su auxilio el valí de Murcia, el Prín-
cipe Abuishac Ibrahim, hermano de Alí,
quien después de arreglar los negocios de
— 250 —
Zaragoza .se volvió á Murcia (Abenaljaiib,
Ihata, fol. 98).
Poco después, ja en 511, se hace cargo
del gobierno de Zaragoza Abdala hijo de
Almazdalí; quien combatiendo á Alfonso, le
hace retirar, según el autor del Cartas, pero
muere después de un año completo de man-
do, quedando la ciudad sin valí.
Parece que por este tiempo Alfonso, 6
quizá el Conde de Barcelona, sitia á Lérida,
en cujro auxilio fueron fuerzas de los almo-
rávides mandadas por Temim hermano de
aIí (Cartas, pág. 106), quien una vez levan-
tado el sitio, se volvió á Valencia: esta ex-
pedición para levantar el sitio de Lérida, de
la que parece que no haj noticia en nuestros
autores cristianos, resulta de importancia
según los autores árabes, pues Alfonso hubo
de abandonar á Lérida, cujo sitio había em-
prendido con gran empeño^ así que no cejó
de su propósito hasta después de haber per-
dido 10.000 caballeros en la empresa: la fe-
cha no resulta consignada en el Cartas, 7
aunque refiere la expedición después de in-
dicar la muerte de Mazdalí, que murió en
— 251 —
^^^, como en esta expedición hace intervenir
** ^alí de Zaragoza, parece resultar que de-
*^ifS de tener lugar algunos meses antes, ja
7^« por otra parte se indica que el fracaso de
^^rida fué causa de que Alfonso hiciera un
"^^mamiento á los jefes de los francos, que
^oen como hormigas, j con su auxilio se
06 sitio en regla á la antigua corte de los
^nihud, que combatida con torres de ma-
^ra sobre las que se montan máquinas de
>ierra, j acosada por el hambre, tiene que
edir capitulación ofreciendo rendirse, si en
lazo corto no le llegaba auxilio, que espe-
aba de parte de los almorávides.
Los autores árabes, que mencionan la to-
A de Zaragoza por los cristianos, todos le
^^tsignan la fecha de 512 (de 24 de Abril de
1118 á 13 de Abril de 1119): la generalidad
no fijan el mes ni día; Almacarí (tomo 11, pá-
gina 767) j Abenalabar (apud Dozj, Notices,
pág. 225) señalan el miércoles 4 de Rama-
dán, que corresponde á 19 de Diciembre del
año 1118, fecha que de un modo menos con-
creto sólo encontramos entre los autores cris-
tianos en los Anales Complutenses, que dicen:
— 252 —
«Era MCLYI. Capta est Civitas Ccssaraugusta
ab Adefonso Rege Aragonensium mensa De-
cembris» (Esp. Sag. to. XXTII, pág. 315).
Berganza (Antigüedades de España, to-
mo II, pág. 29) á continuación de noticias
peregrinas que no encontramos en otra parte,
suponiendo que el «6 de Diciembre huvo una
muj reñida batalla con el rej de Marruecos,
el rej de Granada, el rej Temim j su her-
mano que hujó»; que todos fueron vencidos,
presos j muertos en el campo, añade: «j el
10 de Diciembre fué tomada la ciudad»: jra
hemos visto que la fecha 4 de Ramadán que
asignan los autores árabes, corresponde al 19
de Diciembre de 1118.
Una dificultad grave contra la admisión
de tal fecha resulta del hecho de que los
Anales Toledanos I, cu jo autor, moro proba-
blemente, j casi siempre mujr exacto, dice:
«El Rej de Aragón con ajuda de Dios y de
sus Christianos, en el mes de Majo, priso
Zaragoza de Moros, Era 1157» (léase 1156 co-
mo observa el P. Flórez en su Esp. Sag. tomo
XXIII, pág. 388): sin duda el autor de los
tales Anales Toledanos I, consignó como fe-
— 253 —
cha de la toma de Zaragoza la del principio
del sitio, que según los Anales Compostela-
nos daró YII meses^ j por tanto debió co-
menzar hacia el mes de Majo: este detalle
de los siete meses de sitio no lo encontramos
en otro autor ni moro ni cristiano j nos pa-
rece digno de ser tenido en cuenta; dice así:
«Hic (Alfonsus) in bellis expertus et audax
in principio regni sui Ciesaraugustam YII
mensium obsidione cinxit, in qua obsidione
septies cum Moabitis dimicevit et devicit:
tándem ipsam urbem cum Castellis et Yillis
sibi adjacentibus cepit sub era 1157» (léase
1156^ como observa el editor. Esp. Sag. tomo
XXin, pág. 321).
De las condiciones que los moros de Za-
ragoza propusieron á D. Alfonso el Batalla-
dor para entregar la ciudad en el caso de que
no fueran socorridos, nada sabemos directa-
mente por autores antiguos; pero el Sr. Ribe-
ra, con sagaz crítica, ha sabido descubrir el
texto casi íntegro de la capitulación en las
de Tortosa j Tudela (Colección de Estudios
arábigos, tomo II. — ^Orígenes del Justicia de
Aragón, pág. 397 y siguientes).
— 254 —
(Página 42)
Las circunstancias j hasta la fecha en que
el último rej independiente de Zaragoza
Abdelmélic Imadodaula fué echado de la an-
tigua corle de los rejes Tochibíes j de loa
Benihud, son desconocidas por la major
parte de los autores árabes j puede decirse
que por todos los cristianos: tanto unos como
otros suponen que Alfonso el Batallador fué
quien desposeyó del reino á Abdelmélic Ima-
dodaula, que había sido destronado por los
sujos ajudados de los almorávides, 6 más
bien fué destronado por éstos, ayudados 6
ayudando á una fracción de los moros zara-
gozanos.
Muerto Ahmed Almostáin II en la bata-
lla de Valtierra, el 1.° de Racheb del año 503
(24 de Enero de 1110), le sucedió en el trono
de Zaragoza su hijo Abdelmélic Imadodaula,
de quien parece que los subditos exigieron
el compromiso de no aliarse con los cristia-
— 255 —
nos (esta exigencia procedería sin duda del
partido más exaltado en mater¡Hs religiosap,
j afecto á los almorávides): AboDaljatib (Ma-
nuscrito Ar. N. 37 de la Academia, fol. 218)
86 hace eco de una tradición, que no me pa-
rece admisible, indicando que al mes de la
muerte de Almostáin II, el valí de Valencia ^
Abdelmélic hijo de Fátima entró en deseos
de apoderarse de Zaragoza, á donde se diri-
gió con su ejército, pero que al aproximarse,
moros de la ciudad (el partido no afecto á los
almorávides?) salieron á su encuentro j le su-
plicaron que se retirase j no promoviese la
guerra civil, sino que ayudase al Príncipe
contra los cristianos j efectivamente se retiró
de ellos».
Mas aceptable nos parece la versión de
4 El texto dice el raid de loa almorávides de Zara-
goza: pero aunqae en las dos copias de esto texto dice
lo mismo, creemos que el Abdelmélic hijo de Fátima
seria cáid ó vali de Valencia: de este personaje no
encuentro más noticia que la do que era uno de los
capitanes quo acompañaban al Príncipe Temim on
la batalla de Uclés, si bien debemos advertir que alli
se le llama Abdala hijo de Mohámed hijo de Fátima»
y quizá no sea el mismo.
— 256 —
que se hace eco el autor del libro Holal alma»"
xia (Ms. Ar. Ac. Colección Gajangos N. X»
fol. 62 ver.) quien dice que la gente de esta-
do había aconsejado á Alí que se apoderase
del reino de los Benihud por convenir así á
la religión^ por sus relaciones con los cris-
tianos: conforme á estas indicaciones Alí les
envió el Príncipe Abubéquer hijo de Tifilnit
(léase Mohámed Abenalhach según veremos)
con un ejército: Abdelmélic en vista del pe-
ligro; j como sorprendido por tal resolución
de parte de Alí, se fortificó j escribió á ésta
recordándole la antigua amiFtad entre ambas
familias, cuya carta copia el autor; pero si
bien Alí revocó la orden, como al recibir la
contraorden, los almorávides eran ja dueños
de Zaragoza, no parece que se pensara en
deshacer lo hecho, j se aplicó la teoría de los
hechos consumados.
Segáa otra versión del mismo Abenalja-
tib, que tampoco creemos del todo aceptable,
disgustados los de Zaragoza (el partido afecto
á los almorávides) porque Abdelmélic había
hecho alianza con el rej de Castilla (es
concertado el matrimonio de D. Alfonso co:
— 257 —
D/ urraca, j por tanto hasta cierto punto
6ra rey de Aragón j Castilla^ pero no es creí-
ble tal alianza) contra lo que había prometi-
do, llamaron al cáid de Valencia Mohámed
hijo de Alhach, quien sin duda habría reci-
bido órdenes ó instrucciones de Alí, j ha-
biéndose presentado en Zaragoza, sus parti-
darios le abrieron las puertas de la almedina:
Abdelméiic, según el autor» pidió auxilio á
Alfonso, j habiéndose trabado combate con
Abenalhach^ abandonado éste por las gentes
^por sus partidarios) murió (no es exacto),
siendo derrotados los muslimes (los afectos á
los almorávides) en la tarde del domingo 15
de Dalcada (aunque el texto pone aquí Dul-
hicha, que es el mes siguiente, esta indica-
ción corresponde al hecho posterior; además
de que suponiendo esto, resulta bien la fe-
cha, pues el 15 de Dalcada era domingo, j
el 15 de Dulhiclia fué martes).
Instalado Mohámed hijo de Alhach en la
•almedina j Abdelmélic en la ciudad, habría
sin duda batalla ó batallas entre ambos par-
tidos, en una de las cuales, según Abenal-
abar (Bibl. Ar. his. to. VI, pág. 555), mu-
Almoravidek 47
— 258 —
rió Abderrahman hijo de Mohámed, conocida
por Abencorrejax, j en la mañana del sáK
bado 10 de Dulhicha la gente de Zaragoza
echó á Abdelmélic, entrando Mohámed hijo
de Alhach en la ciudad: por lo que dice
Abenalabar (Dozj, Notices, pág. 225) j aun
el mismo Abenaljatib al fín del texto ante-
rior, podría suponerse que Mohámed hijo de
Alhach entraba en Zaragoza, llegando desde
Valencia, pero creemos que entró desde la
almedina, que sería la Aljafería: la fecha,
.sábado 10 de Dulhicha de 305, de la entrada
definitiva de los almorávides en Zaragoza no
es exacta, pues el 10 fué jueves, no sábado,
como dicen Abenalabar j Abenaljatib.
Después de todo, atendiendo á los muchos
autores, tanto árabes como cristianos, que
suponen el destronamiento de Abdelmélic
Imadodaula por Alfonso, casi podría ponerse
en duda el coDJunto de la narración anterior;
pero tenemos monumentos, al parecer irrecu-
sables, del dominio de los almorávides en
Zaragoza, al menos desde el año 504; se con-
servan dos monedas de cobre acuñadas en
Zaragoza en los años 504 j 509, á nombre de •■
— 257 —
D/ urraca, j por tanto hasta cierto punto
6ra rey de Aragón j Castilla^ pero no es creí-
ble tal alianza) contra lo que había prometí-
do, llamaron al cáid de Valencia Mohámed
hijo de Alhach, quien sin duda habría reci-
bido órdenes ó instrucciones de Alí, j ha-
biéndose presentado en Zaragoza, sus parti-
darios le abrieron las puertas de la almedina:
Abdelmélic, según el autor, pidió auxilio á
Alfonso, j habiéndose trabado combate con
Abenalhach^ abandonado éste por las gentes
^por sus partidarios) murió (no es exacto),
siendo derrotados los muslimes (los afectos á
los almorávides) en la tarde del domingo 15
de Dulcada (aunque el texto pone aquí Dul-
hicha, que es el mes siguiente, esta indica-
ción corresponde al hecho posterior; además
de que suponiendo esto, resulta bien la fe-
cha, pues el 15 de Dulcada era domingo, j
el 15 de Dulhicha fué martes).
Instalado Mohámed hijo de Alhach en la
«Imedina j Abdelmélic en la ciudad, habría
sin duda batalla ó batallas entre ambos par-
tidos, en una de las cuales, según Abenal-
abar (Bibl. Ar. his. to. VI, pág. 555), mu-
Almorávides 17
— 260 —
cristianos: que el Rota se llamase ñotalyehud,
que se ha traducido Rota de los judíos, casi
creeríamos que es inyención de Conde, quien
para las campañas deOmar hijo deHafsún in-
ventara entre otros pueblos este Rotalyehud,
no mencionado de este modo por ninguno
de los autores árabes que hoj conocemos:
como nos hace observar amigo muj compe-
tente en estas cosas, quizá el Rotaljehud es
pura j simplemente Rota Benihud, Rota de los
Benihud, por ser el castillo fortaleza-refugio
de estos Príncipes, que Conde crejó identifi-
car con Roda de la provincia de Huesca.
Que el Rota de los Benihud fué el anti-
guo castillo, donde Alfonso II de Aragón
fundo el Monasterio de Rueda^ ha podido
hacerlo sospechar la circunstancia de esta
elección; el que al fundarlo fuera propiedad
real el coto redondo de su jurisdicción, j el
que el castillo j pueblo de Rueda de Jalón
pueda parecer de poca importancia para ha-
ber sido baluarte del reino de Zaragoza, don-
de los fienihud conservaran por algunos años
un resto de su antiguo poder.
En verdad que en los autores árabes no
— 261 —
6nconiramos indicaciones que puedan ser-
Timos para resolver la cuestión: sólo una te-
níamos anotada que pudiera servir á este ob-
jeto, cual es la de que en la parte superior
liaj una fuente; pero esta circunstancia no
resulta ni en el artículo referente á Rueda de
Jalón, ni al Monasterio de Rueda, en los
artículos geográficos respectivos del Diccio-
nario de Madoz, en el que se acepta que
Rueda de Jalón corresponde al Rota, forta-
leza del reino de Zaragoza.
Argumento muy decisivo en favor de
esta atribución podría creerse el suministra-
do por el Diccionario geográfico de Yacut,
que de las varias poblaciones que los autores
árabes mencionan con este nombre en Espa-
ña, sólo recuerda el ^j^ »^^'j ^ ^^^j
Boda (Rueda) sobre el rio Xalóriy de la cual,
fijada su vocalización, sólo dice que era un
castillejo ó fortaleza muy pequeña, de los
distritos de Zaragoza: por tanto no resuelve
que el Rueda de Jalón sea el Rota baluarte
7 sitio real de los Benihud.
Casi no merecía la pena de consignarse
— 262 —
que Berganza (Antigüedades de España, to-
mo II pág. 63) identifica el Rota con Rueda
de la Mancha, diciendo que «Zafadola des-
cendiente de los antiguos rejes de Córdoibt
(léase Zaragoza), que tenía su asiento en Rue-
da de La Mancha, se hizo vasallo del Empe-
rador...»
14
(Página 43)
La pretensión de los almorávides de re-
cobrar á Zaragoza pareció tan disparatada á
nuestros historiadores aragoneses, relativa-
mente modernos, que suponiendo que la ex-
pedición tenía por objeto levantar el sitio de
Zaragoza, adelantaron la fecha; pero hoj,
merced al testimonio muj repetido de los
autores árabes, no cabe duda de que la expe-
dición j derrota de Cutanda fueron posterio-
res en dos años á la conquista de Zaragoza.
Nuestros autores, no sólo ignoraban la fe-
cha de la batalla de Cutanda, sino hasta los
detalles más importantes: sólo tenían noticia
— 261 —
encontramos indicaciones que puedan ser-
Timos para resolver la cuestión: sólo una te-
níamos anotada que pudiera servir á este ob-
jeto, cual es la de que en la parte superior
hay nna fuente; pero esta circunstancia no
resulta ni en el artículo referente á Rueda de
Jalón, ni al Monasterio de Rueda, en los
artículos geográficos respectivos del Diccio-
nario de Madoz, en el que se acepta que
Rueda de Jalón corresponde al Rota, forta-
leza del reino de Zaragoza.
Argumento muy decisivo en favor de
esta atribución podría creerse el suministra-
do por el Diccionario geográfico de Yacut,
qae de las varias poblaciones que los autores
árabes mencionan con este nombre en Espa-
ña, sólo recuerda el ^^ sS^\^ s^ ^^J
Boda (Rueda) sobre el rio Xalón, de la cual,
fijada su vocalización, sólo dice que era un
castillejo ó fortaleza muy pequeña, de los
distritos de Zaragoza: por tanto no resuelve
(jpe el Rueda de Jalón sea el Rota baluarte
j sitio real de los Benihud.
Casi no merecía la pena de consignarse
— 264 —
limitan á decir: «Fué la batalla de Cotanda^
Era 1159 (En Aragón junto á Daroca): algo
más explícitos los Aúnales Compostelani (Es-
paña Sag. to. XXIII, pág. 321), consignan
la batalla en estos términos: «Deinde Cala-
tajud (Alfonsus) firma obsidione yallayit, et
acceptis obsidibus una cum Gruillelmo Picta-^
yiensi Comité, qui inauxiliumejusvenerat,
ad Castrum Cotanda contra Sarracenos pug-
naturus, iter direxit^ ibique Sarracenia ex-
pugna tis, Castra Moabitarum diripuit, et-
ipsum Castrum Cotanda cepit».
Mejor enterados los autores árabes dan
idea más clara de la importancia de la de—
rrota j es de esperar que se llegue á encon-
trar relación aun más detallada: Abenalatir
(to. X, pág. 414) dedicando capítulo aparte
á la narración de este suceso, dice: «Relación
del sitio de la ciudad de Culanda. En este año
(514,=2 de Abril de 1120 á 21 de Marzo de
1121) uno de los re jes de Alandalus, llama-
do Abenradimir, salió basta llegar á Cutanda,
la cual está cerca de Murcia en el oriente de
Alandalus j la sitió j apretó: el Príncipe de
los muslimes, Alí, hijo de Yúsuf, estaba en-
— 265 —
tonces en Córdoba con gran ejército de mu»^
solmanes j los contingentes de yoluntarios, j
los envió contra Abenradimir: habiéndose
encontrado, trabaron un gran combate, en el
qae Abenradimir los derrotó con derrota des-
conocida (ó dura ^), muriendo muchos mu-
sulmanes; entre los muertos estaba Abuabdala
hijo de Alfarre, cadí de Almería, sabio prác-
tico j asceta justo en el cadiazgo».
Abenalabar en su Almocham ^ es quien
nos proporciona datos más concretos, j por
cierto donde nadie pudiera esperarlos, al
hablar de la muerte de uno en el año 514,
pero sin relación ninguna con la batalla, de
este modo: «murió en el año 514, j en este
año murió Abualí Asadafí (el gran maestro
de cujos discípulos trata el libro) en la ba-
talla de Cutanda...» cuja fecha concreta
trata de fijar, resultando discordia en los
autores, que varían entre 18, 19 j 24 de Re-
bia primero j 17 j 23 de Rebia postrero (ó
4 El texto dice JJ Xjjt Jj I» , pe^o «"©o debe-
ria decir i* j.^aJo» ^"^'a»
5 Bibl. Ar. hisp. to. IV, pág. 7.
— 266 —
sea 17, 18 y 23 de Junio j 16 y 22 de Julio
de 1120): Abenalabar no dice de un modo
explícito que la expedición fuera mandada
por el Príncipe Ibrahim, hijo de Yásuf hijo
de TexufÍD, y por tanto hermano del Sultto
Alí, pero lo dice Almacarí (to. II, pág. 759),
que emplea en parte las mismas palabras con
la particularidad de incluir algunas, que to-
madas sin duda de un mismo autor, pero
omitidas por Abenalabar, alteran substancial-
mente el sentido, pues en éste resultaría que
en la batalla había muerto el Príncipe Ibra-
him asociado de Abuali Asadafi en la excelencia,
siendo así que el asociado en la excelencia, ó tan
excelente ó más que Abuali Asadafi, era Abuab-
dala hijo de Alfarre, que efectivamente mu-
rió en la batalla y era uno de los sabios y
ascetas más ilustres: tanto Abenalabar como
Almacarí añaden que en la batalla murieron
cerca de veinte mil voluntarios, sin que mu-
riera ninguno del ejército ^.
A Lo más concreto acerca de esta batalla lo
dimos á conocer por primera > ez en el Boletín de la
Real Academia de la Historia, tomo VIII, pAg. 347 y si-
guientes.
— 267 —
La influencia de la batalla de Cutanda en
«1 progreso de la reconquista de' Aragón fué
muj grande, j puede suponerse expresada
«on las palabras de los Anales Composíelanos,
Post Iiaec, Alfonsus Da roca et Calatajud et
<niinpum Arcilli cum universis eorum muni-
tionibus sibi subjugavit: inde Tirasonam et
Borgiam cepit, inde Lérida m et Fragam pe-
ragravit...» pero por desgracia, al insistir en
•apoderarse de Fraga, encontró el término de
43U glorioso reinado.
15
(Página 18)
Aunque de la batalla de Fraga j de la
muerte de Alfonso el Batallador hablan mu-
chos autores moros j cristianos, coetáneos 6
poco posteriores, en general no fijan la fecha
sino en cuanto al año, j esto no siempre con
exactitud: j como por otra parte haj que
fijar dos fechas, la de la batalla j la de la
muerte, se ha producido una gran confusión,
de la que no es fácil salir.
— 268 —
A pesar de haber sido la batalla de Fraga
tan gloriosa para las armas musulmanas, po*
eos autores la mencionan, así que nada en-
contramos en Almacarí ni en el autor del
Cartas.
Adabí, al mencionar el año 528, en el
que muere alguno de los biografiados ^, dos
▼eces dice: «j en este año fué la gran batalla
de Fraga». Abenalatir (tomo XI, pég. 21),
el autor que da más detalles, á quien hemos-
seguido en la narración casi por completo,
confundiendo quizá las fechas de la muerte
j de la batalla, refiere ésta al año 529 (22
de Octubre de 1134 á 10 de Octubre de
1135) 2.
Abenaljatib, en la biografía del héroe de
la batalla, Yahja hijo de Alí» llamado Aben-
gania (el Abengama de nuestros textos, por
no haber puesto el punto á la i), dice poco j
nada concreto de la batalla de Fraga: en la
1 liibliothfica Ar. his. lo. III, pág. 95 y 406.
2 La traducción del texto de que nos servi-
mos, fué publicada por nuestro amigo D. Tomás A't-
rfiénez de Emhún en su Ensayo histórico acerca de los Orí-
genes de Aragón y Navarra.
— 269 —
l)iografía de Abumohámed Abdala hijo de
Abobéquer, gobernador del oriente de Alan-
dalus j luego de Granada j que asistió á la
l>atalla de Fraga con el convoj, dice que sa-
lió en el mes de Safar del año 525 (será 528) ^ .
En la biografía de Mohámed, hijo de
Saad hijo de Mohámed Abenmerdanix, cujo
padre Saad era gobernador de Fraga, también
hace mención de ello, pero sin datos con-
cretos.
Algún detalle más da en otra de sus obras,
que se conserva en la Biblioteca de Argel ^,
aunque tampoco fíja fechas.
Entre los autores cristianos antiguos, el
autor de la Crónica de Alfonso Vil, es quien
da noticias más detalladas j concretas, fijan-
do las fechas de la batalla j de la muerte ^:
4 Ms. Gg. 28, pág. 91 de la .Bibl. Nacional de
Madrid.
3 Véase Catalogue gmñal des.Manuscrits des bihlio-
théques publiques de Frunce. DepartemeiUs. Tome XVIII.
Alger, Par E. Fagnan. N.° 1617. El códice que posee
la Real Academia do la Historia, no comprende esta
parte: lleva el N.° 37, entre los Ms. Ar.— Boletín do la
Real Academia de la Historia to. XVI, pág. 377 y si-
guientes.
3 Esp. Sag. to. XXI, pág. 339 y siguientes.
— 270 —
respecto á la batalla le asigna la fecha gexb^
décimo haL Augusti, j aunque no fija el año,
como después refiere la muerte al 25 de
Enero de 1134, la batalla se referiría al aña
1133, aunque nos inclinamos á creer que la
fecha sexto décimo kal. Aug. se refiere efecti-
vamente á la batalla, j al año 1134 K
En el Martirologio de Solsona, publicado
por Villanueva en su Viaje literario, tomo IX,
pág. 238, encuentro confirmación indirecta
j pudiera decirse terminante de la fecha
mencionada; se lee: <^XVI, kal. Augusti.
Ipso die interfectus fuit Raimundus Tedbal-
li, frater noster, a paganis apud Fragam,
anuo M.G.XXX.IIIT, incarnationis Xpi. •>
1 Mr. ¡hiisiisianu en la páp. LXVI de su lutro-
(lurtiou á L'i Prise Jí* Corilrc.a et df Sehille, chanann ile
gettc <hi X II s/»-'/'' jnihü'f <!' apris le jnanu^rrit unique de
la ififiliDtlif'ifUf natioiíali', Paris MDCCCXCVI, traducien-
do mal oí se.rio dn-iitu) hil. Ahíj. fija romo fecha el 4r>
do Afíoslo: osla ol)ra, además do contener buenas no-
ticias biblioprálicas,- tiene indicaciones muy impor-
tantes para nosotros, en especial on lo referente á lo
que Orderico Vital dice del desquite tomado por Al-
fonso después de la batalla, y lo relativo á la con-
quista de Harbastro por los Normandos, que con nue-
vos datos presenta bajo un punto de vista bastante
diferente de como lo presento Dozy y aceptábamos
generalmente.
— 271 —
El año 1134 está fijado de un modo ter-
minante por otros cronicones; así, los Añíla-
les Toledanos dicen: «Fue la batalla de Fraga,
que fizo el Rej Daragon con Abengama
(Abengania) día de Santa Rufina, é fue ven-
cido el Rej Daragon, é perdióse allí, Era
1112». "Kl Chronicon Der túsense II (Villanueva,
Viaje Literario tomo V, pág. 238) dice: <^Era
M.C.LXXII, anno M.C.XXXIIII, obviit II-
dephonsus Rex Aragonse apud Fragam, et
Centulus de Biarn et Aimericus Narbon. et
multi alii christiani perierunt».
Parece que de los testimonios aducidos
podemos inferir que la batalla de Fraga tuvo
lugar el 16 de las calendas de Agosto, ó sea
17 de Julio de 1134 (23 de Ramadán de 528
de la hégira).
Respecto á la fecha de la muerte de don
Alfonso, hemos visto que sólo la Cró-
nica de Alfonso VII, la fija en octavo kal. Fe-
hr. Era CLXXII jwst millesimamt 6 sea 25 de
Enero de 1134, lo que no podemos admitir
dn alterar la fecha de la batalla: algún autor
árabe le supone muerto á los 20 días: los
erisiianos dicen en general que murió poco-
— 272 —
después: alguno concreta el punto, en JiAiitc-
nienle (Esp. Sag. to. XXVIII, pág. 346).
£1 Sr. Ximénez de Emhún (p¿g. 229)
indica que segiin algunos murió el 7 de SefH
tiembre, fecha que ni admitimos ni recha-
zamos, pero que nos parece aproximada á la
verdad, pues parece indudable que tíyíó
poco después de su derrota.
16
(Página 20)
La batalla del Congost de Martorell, co-
mo dicen los autores catalanes modernos, 6
del Puerto, como dicen los autores árabes^
tan gloriosa para las armas catalanas, que
humillaron el poder de los Almorávides en
el período de su major pujanza^ ha sido casi
completamente desconocida, j aun hoj no
presumimos poderla poner completamente en
claro: en el tomo VIII del Boletín de la
Real Academia de la Historia, publiqué al-
gunas noticias concretas relativas á la mis-
ma: aquí, con algún dato nuevo, j teniendo
— 273 —
á la vista lo que encuentro en los cronicones
antiguos, expondré las razones en que me
fundo para exponerla como se hace en el
texto.
Que la expedición salió (probablemente
de Zaragoza) hacia principios del año 508
(7 de Junio de 1114 á 26 de Majo de 1115),
resulta del hecho de que las dos campañas
parecen referirse por los autores al mismo
año, j que la batalla, término de la primera
campaña, tiene lugar en el mes de Safar ó
Rebia primero, que nos da Abenalabar (Có-
dice fotog. pág. 254, línea 17).
El dato de que la expedición pasase por
Clervera, sólo consta, que sepamos, en la
Crónica de Ripoll, publicada por Villanueva
(Viaje literario, tomo V, pág. 247); aunque
la fecha está equivocada en el texto, es evi-
dente que se refiere á esta campaña: dice así:
<1140... Raimundus Dux Provinciae, et Co-
mes Barchi. cum Pisis. Maj ericas intrat,
MoabitsB indigna ti hujus rei causa Barchi-
Bonam venerunt: á Cervaria usque ad prsefa-
iam civitatem cuneta perderunt et vastarunt:
Post hoc de a paucis (sic) devicti prselio
Almorávides i8
— 274 —
occiduntur in loco qui dicitur Martorell»^
este mismo párrafo, más correcto, aunque
mutilado, aparece en el Cronicón de Tartasa,
publicado por el mismo autor^ diez pági-
nas antes j que dice: «Era M.C.LIII, anno
M.C.XY... et capta est Majorica civitasa
Rajmundo Comité BarchinonsB et Pisanis»
Pro hoc irati Moabitse et multi ex eis pene-
runt in loco qui dicitur Martorelb.
Sólo en estos textos encontramos indica-
ción del nombre Martorell: de su redacción se
infiere que el uno es trasunto del otro, ó am-
bos lo son de un tercero, desconocido para
nosotros: los autores árabes le llaman batalla
del Puerto, indicando que puerto es lo mismo
que w'Lj puerta.
Los detalles de las campañas j los nom-
bres de los personajes están tomados del
Cartas, pág. 104 j 105; Ahmed Anasirí, au-
tor que quizá vive (véase Boletín de la Real
Academia de la Historia to. XXX, pág. 251)
dice lo mismo j casi con las mismas pala-
bras, aunque el texto resulta más correcto, j
Abenalabar, Bibl. Ar. His. tomo IV pág. 55,
134, 193 j 309.
— 275 —
La fecha 508 (de 7 de Junio de 1114 á 26
de Majo de 1115) consta en los textos ára-
bes indicados: el Cronicón de Tortosa señala
el año 1153 de la Era, j 1115 de J. C, de
modo que coinciden sólo en parte, j en mi
aentir haj error de un año al asignar la fecha
1115 de la derrota en Martorell, pues en ella,
según Abenalabar, murió Yahja hijo de Mo-
háuned el Omauí de Lérida, en el mes de Sa-
far 6 Rebia primero ^ (de 7 de Julio á 3 de
Septiembre de 1114), j aunque esta fecha,
constando en un solo punto, j de un modo
TBgo, no sea completamente segura, podemos
admitirla provisionalmente.
¿Quién mandaba el ejército cristiano ven-
cedor en el Gongost de Martorell? Ni los au-
tores árabes ni los cristianos lo indican: cuan-
do tratamos de esto por vez primera, admi-
timos, siguiendo á los autores catalanes, que
4 Esta biografía figura en la Bíbliotheca Arab.
his. lomo IV, pág, 309, sin la indicación del mes, que
consta en otra obra del mismo autor, la Tecmila, to-
mo III, códice fotografiado por D. Julián Ribera, pági-
na S54, línea 47, si bien hay que advertir que en vez
do t^j .^jJl dice ^ ^3 ^ J I que podría interpretarse
Alpuettte.
— 276 —
D. Ramón Berenguer, al volver de la con-
quista de Mallorca, fué quien sorprendió &
los moros: para esto hubimos de suponer que
la batalla tu 70 lugar hacia fines del año 508»
^a que constaba que D. Ramón Berenguer
estuvo en Mallorca al menos hasta primeros
de Abril de 1115, j el año 508 de la hégira
terminó el 26 de Majo.
Estudiados mejor los textos j con la in-
dicación de que la batalla fué anterior, cree-
mos hoj que D. Ramón Berenguer para nada
intervino en lo de Martorell: quizá ni su mis-
mo lugarteniente, ó como quiera que llame-
mos á quien en su ausencia gobernase en
Barcelona: la sorpresa, siendo pocos los mo-
ros, pues el grueso del ejército iba escoltan-
do el botín, pudo muj bien ser llevada á
cabo por los paisanos de Martorell j pueblos
inmediatos, a paucis devicti, como dice el texto
indicado.
¿La expedición, cuja primera parte ter-
mina en Martorell, fué motivada por el eno-
jo que en los almorávides causara la toma de
Mallorca por D. Ramón Berenguer j los de
Pisa, como indican los textos copiados de los
— 277 —
cronicones? En manera alguna: los autores
árabes nada dicen, j se comprende; pues los
almorávides nada tenían que ver con los de
Mallorca, con quienes sólo tenían de común
el ser musulmanes; además de que, como
acabamos de ver, resulta casi seguro que la
batalla del Congos t de Martorell fué anterior
en algunos meses á la completa conquista de
Mallorca, cujo último recinto fué tomado,
según el Sr. Gampaner, el 3 de Abril del año
1115 ^: sospecho que en el texto primitivo,
de donde tomaran la noticia los dos cronico-
nes conocidos, que de es^to tratan, la irrita-
ción de los moros se referiría á la primera
parte de la campaña, única que consta en el
texto actual, j que en el primitivo tuviera
dos partes como en los textos árabes, en los
que, si no se habla de irritación, sí de la tris-
teza de Alí por la muerte de Abenalhach; j
en virtud de esto, habiendo perdido la razón
su hermano Abuabdala Mohámed, conocido
4 Campanor, Boaquejo histórico, pág. 419; otros
adelantan los sucesos y otros los retrasan: véase Ra-
laguer, Uistoria de Cataluña, 2.* edic. to. II, páginas
309 á 315.
— 278 —
por Abenaixa^ jefe de la expedición, inme-
diatamente nombró nuevo jefe, á quien sin-
duda daría órdenes de emprender nueva cam-
paña, que los autores árabes consideran como
continuación de la anterior.
Esta segunda campaña, ó segunda parte,
debió de tener lugar á • fines del año 506 j
quizá entrado ja el 509^ j á ella dio fín don
Ramón Berenguer con las tropas del llano
de Barcelona j del país de ¿Narbona?: el au-
tor del Cartas le confunde con Alfonso el
Batallador, llamándole Abenramiro; Ahmed
Anasirí añade que era pariente de Alfonso,
sea que ha ja visto esto en ejemplar más
completo j correcto del Cartas, sea que lo
tome de otro autor, ó que se baja permitido
alguna pincelada por su cuenta, lo que no
creemos probable, dado el carácter de los
historiadores árabes.
(Página 23)
Ofrece dificultades el fijar quién fuera el
designado por Alí para mandar la segunda
— 279 —
expedición contra Barcelona, ja que las no-
ticias que encontramos en los autores son es-
casas j contradictorias.
El autor del Cartas (pág. 104) j el his-
toriador marroquí moderno Ahmed Anasirí
{to. I, pág. 125) dicen que llegada á oídos de
Alí la muerte de Abenalhach en la batalla
del Puerto, nombró para reemplazarle á Abu-
bequer hijo de Ibrahim Abeotifíluit ^
Abenalabar (Bibl. Ar. bis. to. IV, pá-
gina 55), en la biografía de Ibrahim hermano
de Alí, dice que Ibrahim fué el nombrado
para este cargo.
Aunque nos parece que debe seguirse la
indicación del autor del Cartas, ja que Aben-
alabar en la biografía de Ibrahim hermano
4 El sobrenombre, con que era conocido este
personaje, resalta escrito de dos modos muy diferen-
tes: el antor del Cartas y el moderno historiador ma-
rroquí escriben vJ^^Lí ^I .46<?n/f/7uí(?):Abenala-
bar (Bib. Ar. his. lo. V, p. 446) escribe C^^y^ ^, t
AbentifiluU (?): Abenaljatib no menciona este sobre-
nombre en su biografía: conforme á la vocalización
que consta en Abenalabar, adoptamos llamarle Aben-
Ufliuit
— 280 —
•
de Alí no se muestra muj bien enterado, j
por otra parte el texto indudablemente está
falto en algo^ no deja de extrañarnos el que
Abenaljatib en la biografía del emir Abu-
béquer liijo de Ibrahim nada diga de la ex-
pedición á Barcelona, siendo así que da no-
ticias hasta detalladas de su gobierno en
Zaragoza.
No debe extrañarnos el que hoy no po-
damos resolver estas dificultades, pues ja
Abenaljatib indica que loi autores referían á
Ibrahim, hermano de Alí, algún suceso refe-
rente al cuñado.
El emir Abubéquer hijo de Ibrahim Aben-
tifiluit, uno de los jefes almorávides, era cu-
ñado de Alí, por haber casado con una her-
mana de éste, llamada Fanu (?), de la cual
tuvo al célebre Yahja (el conocido por Aben-
gania).
Venido á España, Abentifiluit fué go-
bernador de Granada desde el año 500, sien-
do después trasladado á Zaragoza, según
Abenaljatib (Ihata, Ms. de la Col. Gajangos,
fol. 98) al salir de ella Almostáin Abenhud;
pero en realidad en el año 508, después de
— 281 —
la muerte de Abenalhach en la batalla del
Puerto.
Abentifíluit gobernó en Zaragoza dán-
dose aires de rej j vistiendo como tal, hasta
que murió en el año 510, estrechado ya por
el rebelde Alfonso, que luego se apoderó de
ella.
18
(Página 24)
La Crónica del Emperador, retórica j
pomposa como siempre, da noticias detalla-
das de esta incursión de los de Toledo (Esp.
Sag. to. XXI. pég 365) con estas palabras:
«53. Post mortem Gulerii Hermenegildi To-
letanse militisc Principis, sicut superius dic-
tum est, Cónsul Rodericus Gundisalvi inve-
nitgrátiam in conspectu Imperatoris; Impe-
rator fecit eum Principem Toletanae militi»
et Dominum totius Extrematurse, qui con-
gregans magnam militiam Castellaa et Ex-
trematurse, insuper milites et pedites Toleti,
et aliarum Civitatum, qua) sub conditione
Toleti sunt, ascendit in terram SibillisQ et
— 282 —
destruxit totam illam regionem^ et fecit mul-
tas strages et incendia; et omnia arbusta
fructifera fecit incendi: et accepit magna
spolia eorum et captivationem hominum et
mulierum et parvulorum, quorum non erat
numerus: aurum et argentum^ vestes pre-
tiosissimas abundanter: greges equorum et
equarum et asinorum et boum et vaccarum;
et omnia pécora campi sine numero. Hoc
videns Rex Sibillise convocavit multa millia
Moabitarum, et Arabum et Agarenorum ab
Insulis maris^ et maritimis, et vicinos^ et
amicos, et multos Principes et Duces, et per*
secutas est Castra Consulis. Hoc autem non
latuit Comiti: et Cónsul movit exercitum de
castris^ et steterunt Sarracenis obviam, et
divisi sunt pedites Christianorum in duas
acies, et viri sagitarii, et fundibularii cum
eis^ etprimi certaminis omnes potentes, et
deinde acies militum Avilse contra acies
Arabum; secunda acies Secovise contra acies
Moabitarum et Agarenorum: Cónsul vero
stabat in novissima acie Toletanse militise et
de Trans-Serram, et Castellse, ut auxilium
ferret imbecillibus corde et consolationis.
— 283 —
Tolneratis. loito autem certamine, Sarrace-
ni clamabant tubis aeréis^ el tamboribus, et
Yocibus, et invocabant Mahomet. Christiani
autem ex toto corde clamabant ad Dominum
Deum, et ad S. Mariam, et ad S. Jacobum,
ut eorum misererentur et obliviscerentur pee-
cata Regum, et eorum, et parentum, et ce-
ciderunt vulnerati multi ex his, et ex illis.
Novissime vero quia vidit Cónsul fírmiorem
partem exercítus Regís Sibillise, convene-
ront cum ipso in bello omnes constantes cor-
de, et irruit in eum: et Rex Sibillise cecidit
in bello, et mortuus est, et multi Principes
et Duces cum eo; et omnes acies Paganorum
contritse sunt, et fugerunt. Cónsul vero per-
aecutus est eos usque ad portam Sibillise,
accepitque spolia eorum, et prGedam, coepit-
que reverti in sua castra.»
Mucho más que la Crónica del Empera-
dor^ que olvidó decirnos el año j lugar del
auceso, j el nombre del gobernador ó rey de
Sevilla, nos dicen los Anales Toledanos en
tres líneas. «Entró el conde Rodrigo Gon-
zález con gran hueste en el Axaraf de Sevi-
lla, é lidió con los Moros, é venciólos é mató
— 284 —
al Rej Ornar en Azarada. Era 1170.» (Esp.
Sag. to. XXIII, p. 389).
Eq dos autores árabes encuentro noticia
concreta de la fecha de la batalla j de la
muerte del gobernador de Sevilla: Abánala-
bar en el tomo III de su Tecmila (códice
fot. pág. 210, lín. 16) menciona por inciden-
cia la muerte del emir de Sevilla Ornar
Abenmacur, á quien mataron los cristianos
en el mes de Racheb del año 526 (de 18 de
Majo á 17 de Junio de 1132): la noticia se
da con motivo de la biografía del que escri-
bió al Sultán Alí de parte del pueblo de Se-
villa, dándole noticia de la muerte j pidien-
do auxilio: la misma fecha de la muerte del
emir de Sevilla Ornar Abenmacur, ó Macún,,
se da al fol. 26 re. del Ms. N.° 1682 de la
Biblioteca del Escorial.
19
(Página 2.'))
Abenalatir (to. XI. p. 20) supone esta
alianza en fecha posterior, en el año 529
— 285 —
(22 deOctu; 1134 á 10 de Octu. de 1135):
Abenalabar (Dozj, Notices, pág. 225) aun la
retrasa más^ fijando la fecha 534^ á mitad
del mes de Dulhicha (1 de Agosto de 1140):
la marcha de los acontecimientos narrados
por la Crónica del Emperador parece obligar
á aceptar la fecha indicada: la fecha dada
por Abenalabar resultaría ser la verdadera^
suponiendo equivocada la decena treinta por
veinte: con esto tendríamos que Zafadola se
había puesto de acuerdo con Don Alfonso^ á
los tres meses de la muerte de su padre en
Rueda, en el mes de Xaabán de 524 (Dozj,
Notices, pág. 225).
(Página 36)
La fecha de la muerte de Texufín resulta
muj dudosa por los autores á pesar de las
muchas noticias que de ella dan, j de que la
marcha de los acontecimientos parece que
debía fijarla de un modo claro.
Tres son las fechas que se asignan á este
— 286 —
suceso: el 27 de Ramadán del año 539, el
año 540 j el año 541.
La ma jor parte de los autores árabes fijan
la fecha de 27 de Ramadán del año 539, con
la particularidad de que algunos al fijar el
tiempo de su reinado, le señalan la duración
de dos años menos dos meses 6 menos mes y mMo,
que efectivamente corresponden al tiempo
transcurrido desde el 8 de Racheb del año
537, en que fué proclamado, hasta el 27 de
Ramadán del 539.
Puede verse esta fecha en Ahmed Anasiri
(tomo I, pág. 127 j 142).— Abenjaldún (to-
mo VI, pág. 231, tomo VII, pág. 77).— El
Alholal almauxía (fol. 82 de la Colección
Gajangos). — Abenalcadi (pág. 106).-Aben-
aljatib (Ms. N. 37 de la Academia, fol. 250
rec). — Abánala ti r (to. X, pág. 409). — Aben-
alabar (apud Dozy, Notices, pág. 199). —
Cartas (108 j 122).— Aben jali can (tomo III,
edi. del Cairo, pág. 461).
La fecha 541 como la de la muerte de
Texufín la encuentro en Abenjaldún (to. I,
pág. 247 de la edición de Argel, j tomo VI,
de la del Cairo, pág. 189); pero como este
— 287 —
mismo autor, en otras partes ciladas antes,
señala la fecha 27 de Ramada u de 537, su
testimonio tiene poca autoridad, por más que
alguna le presta el autor del siglo pasado
Aburas Mohámed hijo de Ahmed Abenalcá-
dir, quien, al fol. 34 ^er. del códice 1235 de
la Biblioteca de Argel, señala la fecha 1.^ de
Xaual, 6 sea al amanecer de la noche de la
ruptura del ajuno del año 541 ^.
La fecha 540, que en definitiva deberá
aceptarse, no la encuentro consignada ex-
presamente más que en Abdeluáhid, autor
que por sí solo nos haría poca fuerza, pues
incurre en bastantes inexactitudes, aun en la
narración de este suceso; pero tiene en su
favor el testimonio indirecto, pero de indu-
dable autenticidad j al parecer terminante,
de las monedas acuñadas á nombre de Texu-
fín en el año 540.
Dice Abdeluáhid (pág. 146 del texto j
4 Acerca de este autor del siglo pasado puede
verse el trabajo publicado por el orientalista Gorguos,
que tradujo parte de esta obra en la fíeiue Africaine,
lomo V, correspondiente al año 1861: el texto en que
nos ocupamos está traducido en la pág. 384.
— 288 —
176 de la traduccidn por Fagnán): «A la mort
de son péreTñchefín se dirígea surTlemcen,
mais r espoir qu* il fondait sur les habitante
de cette ville ajant été déca, il gagna Oran,
a trois étapes de Tlemcen. Les Almohades
Vj assiegérent et le presserent si yivement
qu' il en sortit tout armé et monté sur une
jument grise, et se precipita dans la mer oü
il trouva la mort. On dit que ses enemis re-
péchérent son cadavre et qu aprés 1' avoir
crucifíé ils le briilerent. Dieu sait ce qu' il en
est. TáchefÍQ avait régné, depuis le jour de
la mort de son pere jusqu' a ce que lui-méme
perit a Oran dans les circonstances que nous
venons de diré en 540 ^ trois ans moins deux
mois. Pendant toute cette periodo, il ne put
se fíxer nuUe part, car le pajs le repoussait
toujours et les révoltes étaient incessantes».
Según esto, para que fuese exacto qae
Texufín hubiera reinado tres años menos
1 En o39 selon les Bcrberes (II, 178) ou 541
(ibi. Si'i); en ¡^^^9 selon le Cartas (pág. 122) et Ibn Albir
(X, 409), qui (lonne des dótails sur la mort de ce prin-
ce. Zerkecbi (pág. o) donnc aussi la date du 27 Rama-
dc'^n del' un 539.
— 289 —
<los meses, debió de morir en Chumada 1.^
•del año 540, ja que comenzó á reinar en Ra-
cheb del 537.
Parece que las monedas son las llamadas
Á resolver la cuestión: de que no vivió Texu-
fín hasta el año 541, dan testimonio termi-
nante las monedas del año 540 acuñadas por
su hermano j sucesor mediato ó inmediato,
Ishac^.
De que Texufín vivía á principios del
año 540 nos dan testimonio cuatro dinares,
acuñados en Nul-Lamta, Segelmesa, Treme-
cén j Sevilla, descritos en la obra del señor
Vives en los números 1856, 1860, 1865 y
1869 j conservados respectivamente en las
colecciones del autor (hoj en el Museo Arq.),
Museo Británico, Museo Arqueol. j Museo
Brit.
1 A la muerte de Texufín se dice que le sucedió
su hijo Ibrahim, nombrado ya Príncipe heredero, y
como tal ílgura en algunas monedas de su padre; pe-
ro añaden los autores que habiéndole encontrado
débil, le depusieron los suyos, dando el mando á su
tic Ishac, que resulta reinar ensparte del año 540, co.
Deciéndose monedas suyas de los años 540 y 41 do
Córdoba y Granada, y de 541 de Sevilla (Vives. N.
1888 á 1694).
Almorávides 49
— 290 —
. Mientras no conocíamos de estas mone-
das más que el ejemplar existente en el Mu-
seo Arqueol. de Madrid, podía quizá ocurrir
la duda de que fuera una errata, posible 7
no desconocida aun en monedas; pero ha-
biendo cuatro ejemplares de diferente pobla»
cidn, desaparece toda duda.
La moneda de Tremecén tiene valor es-
pecial para la resolución de esta cuestión;
pues por lo que resulta del conjunto de los
hechos, muerto Texufín, Abdelmumen se
dirige á Tremecén, compuesta de dos ciuda-
des, distantes entre sí la carrera de un caba-
llo; el gobernador militar con las tropas^
abandona la parte que ocupaba j se retira á
Fez, entrando Abdelmumen en Tremecén, si
bien los de la otra parte se apercibieron á la.-
defensa j hubieron de ser sitiados: la toma
de la mitad de Tremecén fué muj poco pos-
terior á la muerte de Texufín, j según loB-
autores, desde allí, ja en el año 540, Abdel-
mumen se dirigió á Fez.
A pesar de todas estas razones que pu*
dieran tomarse por decisivas, no debemos
omitir un argumento en contra, que nos hace
— 291 —
sospechar pueda haber en estos aconteci-
mientos alguna circunstancia especial impo-
sible de determinar.
Para nosotros tienen mucha fuerza las in-
dicaciones incidentales: en el to. II, pág. 4
de la obra de Almacari, ¿ (j^^.^'l j^j^
jtoLc jU^I, Ms. N. 36 de la Real Academia
de la Historia, hablando del cadí de Ceuta
Abulfádal Ijad hijo de Muza, encuentro la
noticia de que á fines del año 539 fué nombra*
do cadí de Ceuta por Ibrahim hijo de Texufín
hijo de Alí hijo de Yúsuf hijo de Texufín J
^^^üjj ÓAs^-'J >lc j^l ¿ ^j*-" i-^J^-^ Á^» J^
Li^*^ {¿y^ s.-^-^ íj' ^^^V^^ 6n este texto
podrá suponerse uDa equivocación, induda-
blemente más fácil que en las monedas, de to-
dos modos nos hace dudar, hasta que aparez-
can nuevos datos, que de seguro existirán
en algún texto desconocido por nosotros.
— 292 —
(Página 39)
De Abulualid Mohámed hijo de Ornar
Abenalmóndir, da noticias detalladas Aben-
alabar en su biografía (Dozj, Noti. p. 202),
inclujendo las más importantes de este pe-
ríodo de revueltas, entre ellas algunas refe-
rentes á Abencasi, Sidrej j Abenhud, que
quizá no constan en otra parte.
Parece que Abenalmóndir para poderse
proclamar en Silves hubo de ser ajudado
por Sidrej Abenuazir, que ja se había re-
belado en Evora: luego, Abenalmóndir se
dirigió al castillo de Marchic (?), del distrito
de Silves, donde se habían hecho fuertes los
almorávides, j se apoderó del castillo ma-
tando á sus defensores: en vista de esto, los
almorávides que había en Becha, pidieron el
aman ó salvoconducto para dirigirse á Sevi-
lla, j en cuanto salieron de la ciudad, entró
en ella Abenalmóndir con el ejército, que le
había dado Sidrej, al frente del cual iban su
— 293 —
lermano Ahmed j su amigo Abdala hijo de
Üí AbeDSomáil: todo esio'parece que acaeció
mies de principios de Rebí primero de 539,
3n cuja fecha Sidrej j Abenalmóndir se
presentaron en Mértola.
99
(Página 56)
Los textos árabes están unánimes en re-
ferir la proclamación de Abenhamdín al mes
de Ramadán del año 539, fijando algunos el
día, jueves, dnco del mes: suponen que Aben-
hud llegó á los 12 ó 14 días j se apoderó de
Córdoba, huyendo Abenhamdín á Horna-
chuelos (Dozj, Notices, pág. 204): que pa-
sados 12 ó 14 días, Abenhamdín fué llamado
de nuevo á Córdoba, hujendo Abenhud á
Jaén j luego á Granada. El autor de los
Anuales Toledanos (pág. 330) nos pone en
camino de aclarar estas fechas diciendo,
«Fué Cahedola (Zafadola) en el mes de Ya-
nero á Córdoba é mató á Farax Adali é fuxó
á Granada, é pues que fuxó Cahedola, le-
— 294 —
vaniaron á Abenhaindín Rey en Córdoba en
el mes de Marcio Era 1183». De este aserto
de los Annales Toledanos resalta qne des-
pués del reinado de Zafadola, que dar¿ de
Enero á Marzo^ en este mes faé proclamado
AbenhamdÍD, j como el mes de Ramadán
de 539 comprende desde 4 de Febrero de
1147 á 5 de Marzo, los Annales Toledanos
coinciden con los textos árabes en cuanto i,
la proclamación de Abenhamdín; si bien
éstos nos harían suponer que se trataba de la
primera proclamación: de los Annales Tole-
danos, por sus lacónicas palabras, pudiera
creerse que al llegar á Córdoba Abenhad
nada tuviera que ver con Abenhamdín, el
cual según esto habría sido proclamado una
sola vez: pero como los autores árabes hablan
varias veces, j de un modo terminante de
dos períodos de mando de Abenhamdín, te-
nemos que la proclamación de cinco de Ra-
madán fué la segunda j más solemne, en la
que tomó los títulos de Almansur Amir almos-
limín, como dicen algunos autores, j que
difícilmente hubiera aceptado ningún ara-
bista, á no encontrarlos en muchas monedas.
— 295 —
que de AbenhaindÍQ se conseryan (Vives,
Monedas de las Din, Ár. esp,, números 1903 á
1908): el título de Anásir lidinala, que le atri-
buje Abenaljatib, omitiendo el de Alman-
flur, suponemos será una equivocación. Falta
fijar la fecha de la primera proclamación,
que de un modo aproximado fíjan los Aúna-
les Toledanos al decir que Zafadola fué á
Córdoba en el mes de Enero (7 de Racheb
á 7 de Xaabán): como los autores árabes
están casi contestes en que Abenhud llegó á
Córdoba á los 12 ó 14 días de la exaltación
de Abenhamdín, ésta debió tener lugar en el
mes de Enero ó en Diciembre del año ante-
rior, ó sea en uno de los dos meses árabes
Racheb ó Chumada postrero, á los tres ó cua-
tro meses de la rebelión de Abencasi en
Mértola.
(Página 57)
Para sospechar que Abenhamdín no obra-
ba por su cuenta en su primera proclamación.
— 296 —
nos apoyamos en las indicaciones de Aben-»
aljatib, quien en una parte dice que Aben»
bamdín temó los títulos de li^^^l ^c^^^
el cádi lugarlenierUe j en otra que tomó los de
Amir almoslimin j defemor de la religión, títuloe
que deben referirse á diferente tiempo, pue»
que en realidad son incompatibles: no puede
suponerse que el título 'íaJ^^ t se tome aquí
en la acepción de Pontifice supremo, sino en el
modesto de lugarteniente de otro, lo que cuadra
bien con la primera parte del título, el cadí,
lugarteniente. Por otra parte, el autor de la
Crónica del Emperador D. Alfonso, aunque ne
siempre bien informado de lo que pasaba en
Córdoba, dice (pág. 394) con relación á la
expulsión de Abenbud, «que un sacerdote
mabomeiano, llamado Abenfandi, el más
rico de Córdoba, llamó á Farax Adalí de Ca-
latrava j á los magnates, j trataron de ma-
tar á Zafadola, j reemplazarle»: esto prueba
que Abenhamdín seguía en Córdoba después
de haber cesado en el mando por primera
vez, j aun ejerciendo el cargo, pues dice:
hahuit cum eis consilium ministerii sui; por tanto
— 295 —
^ae de Abenliamdín se conseryan (Vives,
Mwi^kis de las Din, Ar. esp,, números 1903 á
1908): el título de Anásir lidinala, que le atri-
iaje Abenaljatib, omitiendo el de Alman-
fUr, suponemos será una equivocación. Falta
%'ar la fecha de la primera proclamación,
^ue de un modo aproximado fijan los Anua-
les Toledanos al decir que Zafadola fué á
Córdoba en el mes de Enero (7 de Racheb
^ 7 de Xaabán): como los autores árabes
^^stán casi contestes en que Abenhud llegó á
C]!6rdoba á los 12 ó 14 días de la exaltación
-^e Abenbamdín, ésta debió tener lugar en el
3nes de Enero ó en Diciembre del año ante-
rior, ó sea en uno de los dos meses árabes
Racheb ó Chumada postrero, á los tres ó cua-
tro meses de la rebelión de Abencasi en
Mértola.
(Página 57)
Para sospechar que Abenhamdín no obra-
ba por su cuenta en su primera proclamación.
— 298 —
tidarios de éste, que vivió aún basiantes
año8^ siendo en los últimos de su vida cadí
de Córdoba j Sevilla, donde murió en el
año 560 ó 561, según Abenalabar, que copia
versos de varias de sus composiciones (Dozj,
Notices, pág. 222).
95
(Página 81)
Por el contexto de alguna de las relacio-
nes de los autores árabes pudiera creerse que
la entrada de Zafadola en Granada tuvo lugar
después de la muerte de Abenabicháfar de
Murcia en la batalla de la Almosala en Re-
bí primero de 540; pero alguna indicación
de Abenaljatib nos hace ver que el de Mur-
cia fué en auxilio de Abenbud Zafadola, por
más que Abenalabar no lo indique como pa-
recía natural.
Como en el mes undécimo de 539 Zafa-
dola dio el mando de Guadix á Abdelaziz
hijo de Abuásim, es de suponer que en est
tiempo fuera ja señor de Granada, pues d
— 297 —
parece seguro qae el fin del primer período
fio faé violento 6 debido, á fuerza^ j que los
autores árabes han atribuido al fin del pri-
mer mando su foga j retirada á Hornachue-
los, á donde según algún autor se refugió al
fin del segundo período^ como veremos luego.
9#
(Página 59)
Con la salida de Córdoba de Abenhamdín
aparece en escena otro personaje, Abulcásim
Ajjal^ el de Ronda, secretario del destronado
oadí, quien no queriendo ser menos que su
antiguo señor, se declara independiente en
su ciudad natal, aunque por muj poco tiem-
po; pues sus paisanos, disgustados de él, en-
traron en relaciones con Abulgomar, hijo
de Asaib Abengarrún^ señor de Jerez j Ar-
cos, que hasta entonces había dependido de
Abenhamdín: Abengarrún consiguió hacerse
dueño de la alcazaba de Ronda sin combatir,
salvándose Aj jal, aunque con dificultad, lo
que no libró del saqueo las casas de los par-
— 298 —
tidarios de éste, que tívíó aún bastantes
años, siendo en los últimos de su vida cadí
de Córdoba j Sevilla, donde murid en el
año 560 ó 561, según Abenalabar, que copia
versos de varias de sus composiciones (Dozj,
Notices, pág. 222).
»5
(Página 81)
Por el contexto de alguna de las relacio-
nes de los autores árabes pudiera creerse que
la entrada de Zafadola en Granada tuvo lugar
después de la muerte de Abenabicháfar de
Murcia en la batalla de la Almosala en Re—
bí primero do 540; pero alguna indicación,
de Abenaljatib nos hace ver que el de Mur-
cia fué en auxilio de Abenhud Zafadola, por
más que Abenalabar no lo indique como pa-
recía natural.
Como en el mes undécimo de 539 Zafa-
dola dio el mando de Guadíx á Abdelaziz
hijo de Abuásim, es de suponer que en este
tiempo fuera ja señor de Granada, pues de
— 301 —
hijo de Tádar, que había sucedido al emir
Alí hijo de Fono (esta Fono era hermana de
Alí el emir de los muslimes)^ aunque se dice
que como lugarteniente de Abengania había
tenido que apoderarse por fuerza de la alca-
zaba, en la que permaneció hasta el año 551,
an cuja fecha la entregó á los almohades.
No puede admitirse en todos sus detalles
la dramática relación de los sucesos acaeci-
dos en Granada durante los últimos meses
del año 539 j primera mitad del 540.
El mismo Abenalabar se hace eco de otra
versión^ que parece admisible en casi todas
sus partes, j que seguimos en el texto, al
menos en su conjunto: supone el historiador
de los almorávides, Abensáhibasala, que la
muerte de Abenadha fué posterior á la del
hijo de Zafadola^ quitándole toda la parte
dramática: Abenaljatib dice que murió si-
tiando á los almorávides de la alcazaba, en
el año 540 (Ms. de la Bib. Na. Gg. 27, pá-
gina 578); el mismo autor, Abensáhibasala,
supone la llegada de Zafadola á Granada
anterior á la batalla de la Almosala j muerte
del cadí de Murcia Abenabicháfar, quien iría
— 302 —
á Granada en auxilio de los rebeldes al do-
minio de los almorávides, es decir, en última
termino, en auxilio de Zafadola.
96
(Página 85)
El historiador Abdeluáhid de Marruecos
hace un pomposo elogio de Abenijad (pági—
na 149), el cual trascribimos, á pesar de que
el autor no parece muj bien enterado, pues
además de no dar fechas, le cambia el nom-
bre, llamándole Abderrahman por Abdala.
«Los habitantes de Valencia, Murcia y
la España oriental se pusieron de acuerdo
para reconocer á uno de los principales del
cliund (ejército regional ?) llamado Abderrah-
man Abenijad, que era de lo más puro y
mejor del pueblo musulmán: supe (dice) por
varias referencias que sus oraciones eran
siempre oídas: entre lo más notable que á él
se refiere está el que era muj compasivo y
mujr propenso á derramar lágrimas: cuando
montaba á caballo j tomaba las armas, no
— 303 —
liabía quien le hiciese freo te j niogiin va-
liente podía salirle al encuentro: los cristia-
nos contaban á él solo como cien ginetes j
al yer su bandera, decían Aquí está Abeniyad:
por la bendición de este hombre puro guardó
Dios esta región j apartó de ella al enemigo,
porque el temor, que se esparció en los pe-
chos de los cristianos, fué bastante á recha-
zarlos del país: Abenijad permaneció en el
oriente de Á.landalus, defendiendo esta re-
gión hasta que murió no sé en qué fecha».
Podrá ser merecido este elogio de Abeni-
yad; pero los cristianos no le tendrían tanto
miedo, cuando le vencieron en la batalla de
Albacete, como veremos luego, con muerte
del Rej Zafazola, á cujas órdenes estaba, al
menos de nombre, j después le vencieron
otra vez, hiriéndole mortalmente.
(Página 87)
A pesar del perfecto acuerdo que en cuan-
to 6 la fecha de la batalla de Albacete haj
— 302 —
á Granada en auxilio de los rebeldes al do*
minio de los almorávides, es decir, en última
término, en auxilio de Zafadola.
(Página 85)
El historiador Abdeluáhid de Marruecos
hace un pomposo elogio de Abenijad (pági-
na 149), el cual trascribimos, á pesar de que
el autor no parece muj bien enterado, pues
además de no dar fechas, le cambia el nom-
bre, llamándole Abderrahman por Abdala.
«Los habitantes de Valencia, Murcia j
la España oriental se pusieron de acuerda
para reconocer á uno de los principales del
chund (ejército regional ?) llamado Abderrah-
man Abenijad, que era de lo más puro y
mejor del pueblo musulmán: supe (dice) por
varias referencias que sus oraciones eran
siempre oídas: entre lo más notable que á él
se refiere está el que era muj compasivo y
muj propenso á ilerramar lágrimas: cuando
montaba á caballo j tomaba las armas, no
— 305 —
una embajada al Rej Zafadola^ diciéndole:
-«Ven, líbranos de las manos de los Cristía-
nes j te serviremos en paz.:> Al punto \\eg6
«1 con un grande ejército, j habiéndolo de-
jado 6 la yista de los cristianos, se dirigió
«n ademán pacífico al campamento de éstos
j dijo á los Condes: «Volvedme los cautivos
j botín que habéis hecho j con vosotros iré
al Emperador: cuanto me mande, jo lo haré.»
Respondiéronle los Condes: «Lejos esto de
nosotros: tú enviaste mensajeros al Empera-
dor diciendo: «los de Ubeda están rebeldes
á mí j á tí; ahora pues, envía un ejército,
qne destruja á ellos j á su tierra» — ^por eso
bemos hecho lo que tú j el Emperador nos
habéis mandado,-— j Zafadola les contestó
diciendo, — «Si no me diereis todos los cau-
tivos j el botín, armado pelearé contra vos-
otros» — ahora es tiempo j ocasión, contesta-
ron los Condes, j al punto, ordenadas las
haces, travaron la batalla, que se agravó
mucho: por fin volvieron las espaldas los
Agarenos, declarándose vencidos j el Rej
Zafadola fué hecho prisionero por los solda-
dos de los Condes: teníanle para llevarle á
Almorávides 90
— 304 —
entre Abenalabar j el autor de los Anales
Toledanos, es probable que las noticias que
uno y otro tuvieran del suceso, fuesen bas-
tante diferentes: en la Crónica del Empera-
dor D. Alfonso, cuyo autor parece también
toledano^ se dan detalles que difícilmente
pueden ponerse de acuerdo con los que nos
suministra Abenalabar.
Dice la Crónica, después de referir la sa-
lida de Abenhud de Córdoba: Entonces el
rey Zafadola envió mensajeros al Emperador
diciéndole: «La tierra de Ubeda y Baeza y
sus castillos no quieren obedecerme ni pa-
garte tributos.» Oído'esto, el Emperador lla-
mó á los Condes Manrique, Ermengod y
Poncio, y con ellos á Martín Fernández y
les dijo: «Id y sujetad á mi dominio y al del
Rey Zafadola á Baeza, Ubeda y Jaén y á to-
dos los rebeldes; que vuestra espada no per-
done á ninguno de ellos.» En virtud de esta,
orden, marchando con un gran ejército, des-
truyeron aquella tierra rebelde é hicieroix
grandes presas y muchos cautivos.
Pero cuando los ciudadanos de aquella,
región se vieron muy oprimidos, enviaron.
— 307 —
ser clásico^ cuidando más de la frase j del
efecto que de la verdad histórica: es tal el
pniríto que tiene por darnos las palabras de
los actores de este j otros dramas, que no
parece, sino que á cada uno de los personajes
acompañaba un taquígrafo, que transcribiera
íntegras las arengas j conversaciones de cada
actor.
Mr. Mercier, en su Histoire de /' Áfrique
Sepientrionale, tomo II, pág. 90, al tratar de
los acontecimientos de la España musulmana
relacionados con los almorávides, dice que
al querer Zafadola licenciar sus auxiliares
castellanos, éstos se rebelaron contra él j le
mataron en un combate (año 1146): aunque
la fecha resulta exacta, el hecho, como mu-
chos de los que pertenecen á este período,
está muy mal entendido.
(Página 92)
Adabí (Bibl. Ar. his. to. III, bio. 1005),
que pone la biografía de Abumohámed Ab->
— 306 —
sus tiendas, cuando llegaron los soldado»
que llaman Pardos, j habiéndole conocido^
le dieron muerte: Viendo esto los Condes se
entristecieron mucho j enviaron mensajeros
al Emperador que estaba en León, para que^
le anunciasen todas las palabras de la gue-
rra: luego que le dijeron, tu amigo el Rey
Zafadola ha muerto, el Rej, muy entriste-
cido, dijo: «Amigos míos, jo estoy limpia
de la sangre de Zafadola» — Cristianos y Sa-
rracenos, desde la Arabia, que está junto al
río Jordán, hasta el mar Océano conocieron
que el Emperador no había tenido parte en
la muerte del Rey Zafadola ^ .
Qué relación debemos aceptar como más-
probable? La de Abenalabar, que fija lugar y
tiempo de la batalla y nada dice que no sea
muy natural, ó la de la Crónica del Empera*
dor, llena de detalles minuciosos y dramá-
ticos y que nada concreto dice del lugar
tiempo del suceso?
No lo sé: en la Crónica del Emperado
▼eo la pluma de un historiador, que pretenda
'! Chronica Adefonai Imperatoris. Esp. Sag.
mo XXI, pág. 394 y 395.
— 309 —
(Página 108)
La fuga de Abenabdelaziz , cuando el
ejército le hizo traición en Valencia, hasta
que llegó á Almería, es referida por otros
autores de modo muj diferente, con detalles
que no tienen interés.
Al huir de Valencia, el alcázar fué sa-
queado durante algunos días j sus partida-
ríos 6 personas más adictas, fueron persegui-
dos: llevado á Mallorca desde Almería, Aben-
abdelaziz fué encerrado en lóbrego calabozo,
donde no se distinguía el día de la noche:
más de una yez fué dejado sin alimento
alguno j su prisión se prolongó hasta diez
años; en tan largo espacio de tiempo hubo
alguna vez de consolarse componiendo ver-
sos, algunos de los cuales copia Abenalabar.
Al cabo de largo tiempo salió de su pri-
sión, merced á los buenos oficios de Abu-
chafar Abena tía, y como fuese partidario de
los almohades, advertido de ello Ishac, rej
de Mallorca, le deportó á Bugía, de donde
— 310 —
se trasladó á Marruecos: Abenatía, 6 quien
debía la libertad, gestionó su presentación al
Sultán almohada, ante quien Abenabdelazis
recitó unos versos, que se dice fueron una
de las causas principales de la muerte de
Abenatía. Abenabdelaziz murió en Marrue-
cos en el año 578 á los 72 de edad.
30
(Página 443)
No parece esto tan claro como supone
Dozj: que el nombre no es árabe lo admiti-
mos sin dificultad: para dudar de que sea
Martínez nos mueven varias razones: si hu-
bieran querido iTdiií8CTÍbÍT Martínez, probable-
mente hubieran escrito rf^^^j"* no it^'*^^»
como escriben constantemente: es verdad que
el uso de la ^ por 'S no es muy violento, pero
lo es fonéticamente el que pusiesen j de pro-
longación después del 3, si no se había de
leer Martínez, que nunca ha podido pronun-
ciarse: el cambio de la vocal tónica i de Mar-
tínus ena 6 e también parece poco admisible.
— 309 —
(Página 108)
La fuga de Abenabdelaziz , cuando el
qército le hizo traición en Valencia, hasta
^e llegó á Almería, es referida por otros
autores de modo muj diferente, con detalles
q[ue no tienen interés.
Al huir de Valencia, el alcázar fué sa-
queado durante algunos días j sus partida-
rios ó personas más adictas, fueron persegui-
dos: llevado á Mallorca desde Almería, Aben-
abdelaziz fué encerrado en lóbrego calabozo,
donde no se distinguía el día de la noche:
más de una yez fué dejado sin alimento
alguno 7 su prisión se prolongó hasta diez
años; en tan largo espacio de tiempo hubo
alguna vez de consolarse componiendo Ter-
sos, algunos de los cuales copia Abenalabar.
Al cabo de largo tiempo salió de su pri-
sión, merced á los buenos oficios de Abu-
chafar Abenatía, y como fuese partidario de
los almohades, advertido de ello Ishac, rej
de Mallorca, !e deportó á Bugía, de donde
— 310 —
se trasladó á Marruecos: Abena tía, á quien
debía la libertad, gestionó su presentación al
Sultán almohada, ante quien Abenabdelaziz
recitó unos versos, que se dice fueron una
de las causas principales de la muerte de
Abenatía. Abenabdelaziz murió en Marrue-
cos en el año 578 á los 72 de edad.
30
(Página 443)
No parece esto tan claro como supone
Dozy: que el nombre no es árabe lo admiti-
mos sin dificultad: para dudar de que sea
Martínez nos mueven varias razones: si hu-
bieran querido irdinscnhÍT Martínez, probable-
mente hubieran escrito tr-^>^j-» no ¡M^^»
como escriben constantemente: es verdad que
el uso de la ^ por >' no es muj violento, pero
lo es fonéticamente el que pusiesen ¿ de pro-
longación después del 3 , si no se había de
leer Martínez, que nunca ha podido pronun-
ciarse: el cambio de la vocal tónica i de Mar-
tínus ena 6 e también parece poco admisible.
— 313 —
mo y, pág. 228), quien en la biografía de
Abenalfáris, presidente que había sido del
Consejo en Murcia, dice que fué nombrado
cadí de Valencia en el mes de Racheb de 546,
j que á principio de Xaual de este mismo
año hizo dimisión de su cargo con motivo
de la conmoción de Abdelmélic, hijo de Sil-
ban 6 de Abenhámid antes de él^ contra el
emir Mohámed Abensaad, cuja solución fué
el fuerte sitio de Valencia en el año siguiente.
Del mismo rebelde Abensilbán dice el
mismo autor (pág. 196), que en el año 547,
durante su rebelión, dio muerte á un primo
de Abenabdelaziz, el que había sido rej de
Valencia en el año 539, durante cujo mando
había sido cadí de Valencia j lo fué tam-
bién después por nombramiento del rej
Lobo.
Otra indicación encuentro en el mismo
autor, quien al hablar de Asim, hijo de Já-
laf el Tochibí, dice que murió en la cárcel
en Chumada primero del año 547 durante la
rebelión de Abdelmélic, hijo de Sabán (an-
tes le llama Silban)^ conocido por Abencho-
luna: añade que fué enterrado en la muralla.
— 314 —
lo que parece indicar qpe la ciudad estaba
sitiada.
(Página 438)
En general los autores árabes dan pocas
j contradictorias noticias acerca de la toma
6 reconquista de Almería por los musulma-
nes en tiempo del califa almohade Abdelmu-
men: j cosa singular, donde los hecbos apa-
recen más claros j exactos^ es en Abenalatir,
historiador oriental, tomo XI, pág. 147 j
148, cuja narración hemos seguido por más
aceptable.
El autor del Cartas^ haciendo intervenir
á los mismos personajes, refiere este suceso
al año 547 (pág. 126 j 177): el autor moderno
Ahmed Anasirí, dice lo mismo, tomo I^ pá-
gina 149.
Abenjaldún (tomo IV, pág. 236 de la
edición del Cairo, j tomo I, pág. 315 de la
de Argel) inyolucra la toma de Almería con
la de Granada, refiriendo, parece, ambos
— 313 —
mo y, pág. 228)^ quien en la biograña de
Abenalfáris, presidente que había sido del
Consejo en Murcia^ dice que fué nombrado
eadí de Valencia en el mes de Racbeb de 546,
7 que á principio de Xaual de este mismo
año hizo dimisión de su cargo con motivo
de la conmoción de Abdelmélic^ hijo de Sil-
ban 6 de Abenhámid antes de él^ contra el
emir Mohámed Abensaad, cuja solución fue
el fuerte sitio de Valencia en el año siguiente.
Del mismo rebelde Abensilbán dice el
mismo autor (pág. 196), que en el año 547,
dorante su rebelión, dio muerte á un primo
de Abenabdelaziz, el que había sido rej de
Valencia en el año 539, durante cu jo mando
había sido cadí de Valencia j lo fué tam-
bién después por nombramiento del rej
Lobo.
Otra indicación encuentro en el mismo
autor, quien al hablar de Asim, hijo de Já-
laf el Tochibí, dice que murió en la cárcel
en Chumada primero del año 547 durante la
rebelión de Abdelmélic, hijo de Sabán (an-
tes le llama Silban), conocido por Abencho-
luna: añade que fué enterrado en la muralla.
— 316 —
ría, j lo dice el autor poco antes: respecto á
la muerte del Emperador, muerto de enfer-
medad al regresar de la fracasada expedición
de Almería, dice que encontró la muerte^
combatiendo á los infieles.
34
(Página 444)
La generalidad de los historiadores ára-
bes dan muj pocas noticias respecto á estos
acontecimientos, j casi todos equivocan la
fecba^ que difícilmente hubiera podido fijarse
á no haberse servido Dozj del texto del his-
toriador Abensáhibasala.
£1 autor del Cartas, muj mal enterado
de estos sucesos, contra lo que podía supo-
nerse, dice (pág. 127), que en el año 551 (por
549) los almohades se apoderaron de Grana-
da, haciéndose la oración pública por Abdel-
mumen, quien envió un gobernador, pero
que faltando al reconocimiento hecho, los de
Granada mataron al gobernador, levantán-
dose en ella Abenmerdanix, Abenhemoxico
— 317 —
7 el Calvo; pero en el año siguiente Abdel-
mumen envió contra Granada á sus dos hijos,
Yúsuf j Otmán^ quienes tomaron la ciudad
por fuerza^ matando al Calvo j á los cristia-
nos que estaban con él, hujendo Abenhemo-
chico j Abenmerdanix; añade el autor, esto
dice Abenmatruh, pero Abensáhibasala dice
que fué la toma de Granada en el año 557,
pero Dios sabe la verdad.
Bl mismo autor del Cartas^ más adelante
(pág. 177), al hacer el resumen de la historia
de los almohades, sin duda por la imperfec-
ción de los códices de esta obra, dice que
los almohades se apoderaron de Granada en
el año 550; que luego sus moradores hicieron
traición á los almohades j los mataron, j que
en el año 556 se apoderaron de nuevo de ella
después de un fuerte sitio.
Abenabidinar refiere estos acontecimien-
tos al año 551 (pág. 111 del texto árabe ^).
4 Esta obra, interesante para el conocimiento
<le nuestra historia, está traducida al francés, hace
muchos años, y apenas es conocida entre nosotros.
Histoire de r Afrique de Mohámmed-ben Abi el-Raini-
el KairouAni, traduite de 1' árabe por M. M. E. Pellis-
8ier et Remusat. París MDGCCXLV.
— 318 —
Abenjaldún (to. VI, pág. 238 de la edi-
ción del Cairo, tomo I^ pág. 317 de la de
Argel) refiere estos acontecimientos del mis*
mo modo en el fondo j con menos detalles,
que el historiador Abensáliibasala á quien
hemos seguido con Dozjr.
Abenalatir (tomo XI, pág. 186) se mani-
fiesta bien enterado, dando en parte los mis-
mos detalles que Abensáhibasala: en una
circunstancia importante yaría^ al asegurar
que Abenhemochico, cuando fué invitado
por los de Granada á que fuese á ellos, j que
le entregarían la ciudad, ja se había hecho
almohade; era por tanto de sus partidarios j
subditos V le excitaba contra Abenmerdanix:
el autor ha confundido aquí los sucesos pos-
teriores.
La fecha de la batalla de Asabica, üjuí^
iXjkA..J| , el viernes 28 de Racheb del año 557
está también indicada por Abenalabar (Do-
zy, Notices, pág. 230).
Los Anales Toledanos con su siempre
lacónica redacción confirman el año de la
batalla de Asabica, que se acaba de mencio-
nar, con estas palabras: «Lidió el Rej Lop
— 317 —
7 el Calvo; pero en el año siguiente Abdel-
mumen envió contra Granada á sus dos hijos,
Tüsuf j Otmán^ quienes tomaron la ciudad
por fuerza, matando al Calvo j á los cristia-
nos que estaban con él, hujrendo Abenhemo-
chico j Abenmerdanix; añade el autor, esto
dice Abenmatruh, pero Abensáhibasala dice
que fué la toma de Granada en el año 557,
pero Dios sabe la verdad.
El mismo autor del Cartas, más adelante
(pág. 177), al hacer el resumen de la historia
de los almohades, sin duda por la imperfec-
ción de los códices de esta obra, dice que
los almohades se apoderaron de Granada en
el año 550; que luego sus moradores hicieron
traición á los almohades j los mataron, j que
en el año 556 se apoderaron de nuevo de ella
después de un fuerte sitio.
Abenabidinar refiere estos acontecimien-
tos al año 551 (pág. 111 del texto árabe ^).
4 Esta obra, interesante para el conocimiento
<le nuestra historia, está traducida al francés, hace
muchos años, y apenas es conocida entre nosotros.
Histoire de 1* Afrique do Mohámmed-ben Abi el-Raini-
el Kairouáni, traduite de V árabe por M. M. £. Pellis-
8ier et Remusat. París MDCGGXLV.
Abeajoldún {to. VI, pfig. 231
cián del Cairo, lomo I, pág, 31
Argel) refiere estos aconlecimien.
mo modo oq el fondo j con meD(
que el historiador AhensáíiibasB
hemos seguido con Dozj.
Abenalatir (lomo XI, pág. 18
fiesta bien ealeredo, dando en pa
moa detalles que AbenaShibasal
circunslaocia importante varía,
que Abeuhemocliico, cuando fi
por loa de Granada á que fuese á i
le entregarían la ciudad, ya se h
alinohade; era por lanío de si
subditos ¡' le excitaba contra Abei
el autor ha confundido aquí 1
teriores.
Le fecha de la batalle de Asi
iíjj....)| , e! viernes 28 de Racheb
está también indicada por Abeui
zj, Nolices, pSg. USO),
Los Anales Toledanos con i
lacónica redacción confirman el
batalla de Asabica, que se acaba
nar. con estas palabras: «Lidió i
— 321 —
Merrdkechi, traduite el annotée par E. Fagnan,
Alger, 1893.
36
(Página 153)
De esta expedición dan noticia los auto-
res árabes j de un modo parecido los Anales
Toledanos (pág. 393) con estas palabras: «EL
Rej de Marruecos Abenjacob vino á cercar á
Huepte, é lidióla, é fue en hora de se perder
la Villa por sed: más el día de Santa Justa
envióles Dios agua del cielo cuanto ovieron
menester é fue la agua tan grand, que des-
varató las tiendas del Rej Moro. E era el
-Cardenal de Roma en Toledo, é daba gran-
des solturas: é ayuntáronse todos los de Es-
paña, é fueron en acorro, é allegáronse azes
•con azes é non lidiaron é fuese el Rej Moro;
mas de tornada que fizo, ganó el Regno del
Rey Lop. Era 1210.
Almorávides 24
— 320 —
modo indudable por un documento publicado
por el P. Yillanueva en su Viaje Ulerario, to-
mo IX, pág. 239. En el Martirologio 6 Ne-
crologio Celsonense leemos: «Idus Octob. In
hoc die interfectus fuit Guillelmus de Spug-
nola a paganis cum multis alus Xpianis,
apud Murciam^ anno M.C.LXY incarnatio-
nis Dominio.
La fecba, los idus 6 15 de Octubre de
1165 corresponde perfectamente al yiemes 7
de Dulhicba del año 560 de los autores
árabes.
Abdeluáhid el Marrecoxí á su vez fija la
ortografía del nombre del lugar de la batalla,
escribiendo v^^sr't ^j^^^, j aunque, como
queda advertido, es autor no siempre bien
informado, ó quizá dijéramos mejor, que
tergiversó con frecuencia los acontecimien-
tos, da detalles dignos de tenerse en cuenta
respecto á la conducta de Abenmerdanix:
recomendamos á los no arabistas la traduc-
ción de esta obra por el distinguido profesor
de la Escuela de Letras de Argel, Mr. E. Fag-
nan, Histoire des Almohades d* Ahd el-Wáhid
— 321 —
Merrákechi, traduite el annolée par E. Fagnan,
Alger, 1893.
36
(Página 153)
De esta expedición dan noticia los auto-
res árabes j de un modo parecido los Anales
Toledanos (pág. 393) con estas palabras: «EL
Rejr de Marruecos Abenjacob vino á cercar á
Huepte, é lidióla, é fue en hora de se perder
la Villa por sed: más el día de Santa Justa
envióles Dios agua del cielo cuanto ovieron
menester é fue la agua tan grand, que des-
varató las tiendas del Rej Moro. £ era el
-Cardenal de Roma en Toledo, é daba gran-
des solturas: é ayuntáronse todos los de Es-
paña, é fueron en acorro, é allegáronse azes
-con azes é non lidiaron é fuese el Rej Moro;
mas de tornada que fízo, ganó el Regno del
Rey Lop. Era 1210.
Almorávides 24
— 322 —
(Página 4«0)
Abenalatir (to. XI, pág. 99): casi la»
mismas palabras emplea Almacarí, to. U^
pág. 296.— Abenjaldún (to. YI, pág. 235 de
la edición del Cairo^ tomo I, pág. 313 de la
de Argel, j pág. 188 del tomo II de la tra-
ducción del Barón de Slane) da algunos
otros detalles de este sitio de Córdoba por el
Emperador.
Nuestros historiadores, poco enterados de
estos sucesos, pues no disponían casi de más-
datos que los que suministra la Crónica del
Emperador, j los escuetos, pero en general
exactos, de los Anales Toledanos, ó no hacen
mención de esta campaña del Emperador ó-
la confunden con la del año 540 en apojo de
Abenbamdín contra Abengania.
SandoTal habla con alguna extensión de
esta campaña, conviniendo en que «no hay
historia que dé noticia concreta de ella; así,
dice, que los autores todo lo confunden sin
orden ni concierto de los tiempos^ ni aun
— 323 —
saber las jornadas que el Emperador hizo
contra los moros ^ : con el auxilio do los pri-
i^ilegios de este año cree aclarar la cuestión^
pero incurre en los mismos escollos en que
tropezaron sus predecesores, confundiendo
también esta jornada con la del año 540, en-
gañado por un documento del Monasterio de
Eslonza del año 1188 de la Era (1150 de
Cr. j 545 de la hégira), documento, ó falso
6 mal interpretado, en el que se lee, según el
autor, como fecha: «Post reditum fossati, quo
prsenominatus Imperator principem Mauro-
rum Abiogamiam sibi vassallum fecit, et
quandam partem CordubsD deprajdavit cum
Mezquita maiori». Esta reseña evidentemen-
te se refiere á la expedición del año 540 de
la hégira, pues que efectivamente el Empe-
rador se apoderó, como hemos visto, de parte
de la ciudad, que saqueó con la mezquita, j
Abengania le prestó homenaje.
4 Ilisioria de los Reyes de Castilla y de León, Don
Femando el Magno, primero de este nombre, Infante de
Navarra, Don Sancho que murió sobre Zamora, Don A Ion-
no VI de este nombre. Doña Urraca, hija de Don Alonso VI
y Don Alonso VII, Emperador de las Espafias... fol. 498,
— 324 —
Por fortuna^ Sandoval apoja bvl aserto
con otro documento de más valor por sa con-
gruencia: del libro Becerro de la Iglesia de
Astorga copia una donación hecha en este
año por el Emperador, j en ella se dice que
está hecha, «quando Imperator tenebat Cor-
dubam circumdatam et pugoavit super eam
cum XXX milia Muzmidis et cum alus An-
daluciis et devicit eos»: el autor deduce que
la victoria sobre los Mazmuditas (almohades)
tuvo lugar el 23 de Julio del año 1188 de la
Era: la victoria que se atribuje al Empera-
dor, sería más 6 menos efectiva; pero si se
dice que la sitió, j no que la tomase, parece
puede darse por seguro que no la tomó, j
coinciden con lo que dicen los autores árabes.
Los Anales Toledanos confirman esta ex-
pedición del Emperador con estas lacónicas
palabras: «Cercó el Emperador Córdoba, Era
1188» (Esp. Sag. to. XXIII, pág. 391).
38
(Página 170)
No resulte claro por los textos á quién se
cLebió principalmente la conquista de Ma-
— 325 —
Horca: en general los autores árabes hablan
sólo de cristianos: Abenjaldiin (to. VI, pá-
gina 188 j 242 de la edición del Cairo^ to. I^
pág. 246 de la de Argel) la atribuje á los
genoYeses: nuestros Cronicones mencionan
en primer término á Ramón Berenguer III
Conde de Barcelona, ayudado de los Písanos
7 sólo dejan á los genoveses el papel poco
honroso de haberla entregado: la toma de
Ibiza es atribuida exclusivamente á los Pisa-
nos. MaS'Latrie, Traites de paix... Introduc-
ción^ pág. 35.
30
(Página ni)
Estos sucesos j los nombres de los per-
sonajes almorávides que en ellos intervienen
hasta el año 520^ resultan muj enredados en
los pocos autores que de ellos tratan.
Abenjaldún (to. I, de la edic. de Argel,
pág. 246, tomo YI^ de la del Cairo, pág. 188),
á quien siguió el Sr. Campaner en su Bos-
quejo histórico, supone á Mallorca recobrada de
— 326 —
los cristianos por el capitán Abentafartasat^
C^*4.i>JLj" ^1, indicando que trata de esto
en otra parte, al hablar de los Rejes de Tai-
fas, j efectivamente (en el to. IV de la edi-
ción del Cairo, pág. 165) trata de la con-
quista de Mallorca j dice que el sitio dur¿
diez meses j que los auiilios pedidos á Alí
no llegaron hasta después de haberse apode-
rado de Mallorca los cristianos; que al llegar
la escuadra, el enemigo abandonó la ciudad;
que Alí dio el mando de ella á üanur, hijo
de Abubéquer el Lamtuní^ quien oprimió á
los naturales del país, queriendo que edifica-
sen otra ciudad lejos del mar, j que habién-
dose rebelado, consiguieron prenderle j en-
carcelarle; luego enviaron mensajeros á Alí,
explicando su conducta, j el Príncipe pasó
por lo hecho, ó lo aprobó: añade el autor que
los envió ó unió al gobierno de Mohámed,
(léase) Yahja hijo de Alí Abengania, valí
del Algarbe de Alandalus, quien les envió á
su hermano Mohámed, valí de Córdoba, el
cual al llegar á Mallorca, tomando á Uanur,
le encarceló j envió á Marruecos; y Mohá-
med permaneció en Mallorca durante diez
— 327 —
^^Qdios, hasta que murió su hermano Yahja j
^\ Sultán Alí».
Como se ve, Abenjaldun confunde lasti-
^mosamente muchos sucesos, j por tanto no
podemos dar gran crédito á los datos que nos
floministra, j que no constan en otros au-
tores.
Yahja Abengania no era por estos tiem-
pos (año 520) yalí del Algarbe, de donde no
lo fué hasta el año 538 ^ ni aun del Oriente
de Alandalus, donde gobernó antes que en
Seyilla: además, desde el año 516 ó 520 hasta
«1 538 habían pasado más de diez años: Ab-
deluáhid, por el contrario, retrasa la ida de
Mohámed Abengania á Mallorca hasta des-
pués de la muerte de su hermano Yahja,
incurriendo también en otros errores ^.
Se necesitarían muchas páginas para rec-
tificar una á una todas las inexactitudes de
los autores árabes respecto á este punto.
4 Abenaljatib, biografía de Yahya, Ms. Gg. N. 28
^e la Bibl. Nació, pág. 755, y Ms. Ar. de la Academia
H, 34 tomo III, fol. 472.
3 Véase pág. 231 y siguientes de la HiHoire des
Almohades d' Ábd el-Wáhid Merrákechi traduite et anno-
iée par E. Fagnan. Alger, 4893.
^ 228^
El mismo Abenjaldún (to. I, de la edi-
ción de Argel, pág. 324 j 325, tomo VI, de
la edición del Cairo, pág. 242) da otra ver-
sión algo diferente, aunque no contradicto-
ria, suponiendo que al ser abandonada Ma-
llorca por los cristianos, Alí envió como go-
bernador á Uanur, de quien aquí dice que
dio muerte al jefe de los rebeldes, quienes le
prendieron j enviaron mensaje á Alí expli-
cando su conducta, j sin que diga nada de
Yabja Abengania, supone el nombramiento
de Mobámed para el mando de Mallorca, he-
cho directamente por el Príncipe.
En otra parte, como veremos en la Ilus-
tración inmediata, da Abenjaldún la verda-
dera fecha del nombramiento de Mohámed
para el mando de Mallorca.
40
(Página 173)
La fecha de la muerte de Mohámed Aben-
gania resulta muj dudosa: nos inclinamos á
seguir la cronología del llamado Anónima
— 329 —
de Copenhague, que en general da noticias
concretas j exactas respecto á este período
de nuestra historia, poco estudiado: Ms. Gg.
N. 490 de la Biblioteca Nacional, j Ms. Ar.
n."" 83 de la Acad.
Abenjaldún (tomo IV de la edición del
Cairo, pág. 166) pone como fecha de la muer-
te de Mohámed Abengania el año 567, si
bien haj que tener en cuenta que el texto
parece alterado con palabras que deben refe-
rirse á otro suceso: en el tomo YI de la mis-
ma edición, pág. 242, j 325 del to. I de la
de Argel, tomo II, pág. 206 j siguientes de
la traducción de Slane, [refiere la muerte de
Mohámed al año 546, j que tanto él, como
su hijo Abdala, nombrado Príncipe heredero,
fueron muertos por sediciosos movidos por
8u hijo Ishac, descontento, como se ha dicho,
por el nombramiento de Príncipe heredero
hecho á favor de su hermano.
La misma fecha del año 546 resulta con-
signada por Abenalabar (Dozj, No tices, pá-
ginas 215 j 216) al decir que Ishac Abenga-
nia gobernó á Mallorca después de haber
sido muertos su padre Mohámed j su her-
— 330 —
mano Abdala en el año seis, 6 mejor dicho en
el 547; pero á pesar de palabras tan ter-
minantes de Abenalabar j de la conformidad
de estos dos testimonios, nos inclinamos por
boj á seguir al llamado Anónimo de Cope-
nhague, quien dice de un modo concreto que
Ishac, hijo j sucesor de Mohámed, reinó en
Mallorca treinta años, siendo el primero el
550 y el último el 580.
41
(Página 176)
Tratando Abenalatir (to. XI, pág. 147)
del año 552, j de la desaparición del poder
de los almorávides, dice que en este año des-
apareció su imperio, no quedándoles más
que la Isla de Mallorca bajo el mando de
Hamu Abengania: el autor confundió á Ha-
mu con Ishac, ó mejor dicho, el autor ó al-
gún copista suprimió el nombre propio j los
de algunos ascendientes^ pues Hamu es uno
de los últimos, si bien puede emplearse in-
mediatamente después del nombre propio
— 331 —
como lo hace AbeDJalicán (tomo III de la
edición del Cairo, pág. 385), Uamáindole
Abaibrahim Ishac Abenhamu.
4»
(Página 477)
De la incursión del rej de Mallorca en
Tolón da cuenta la Crónica de San Víctor de
Marsella con estas palabras:
«MCLXXVIII. Tholonensis urbs a Re-
ge Majoricse debellata et capta est, et Ugo
Gaufredi Yicecomes Massiliensis et nepos
ejus et multi alii capti in Majoricam ducti
sunt.» (España Sag. to. XXVIII, pág. 346).
El P. Villanueva en su Viaje literario (to-
mo XV, pág. 16 y sig.) da noticias de la Co-
legiata de Santa María de Ulla, pequeña vi-
lla situada junto á Torroella de Mongrí; de
un Necrologio j de una pequeña Crónica de
esta Colegiata publica los textos que siguen:
VI. Kal. julii obitus duorum fratrum,
scilicet Guillermi de Lemona, pbri., et Be-
rengaríi de Palegreto, subdiachoni, qui si-
— 332 —
muí in hac ecclesia a Sarracenis^ proh dolor!
fuerunt occisi anno MCLXXVIII.
YI. Nonas julii eodem die memoria vel
obitus duorum fratrum Bernardi de Pulija-
no, pbri., et Guillermi de Curiada, quos
hinc duxerunt Sarraceni captivos et saucia—
tos, et mortui sunt in mari. (pág. 213).
Anno ab Incarnatione Dni. MCLXXVIII
XV. Kal. julii, Deo permitiente, capia fuit
a Paganis ecclesia S. Marise de Uliano, et
ómnibus bonis suis penitus spoliaia: cujus
ecclesise canonici alii gladio ibidem perem-
pti alii Maioricbas iransducii fuerunt. (pá-
gina 216.)
Puede consultarse acerca de estos punios
la obra citada del Sr. Campaner, pág. 144.
43
(Página 179)
El tratado de Pisa en su texto latino,
casi único conocido, está publicado con algu-
na variante en la fecha: en el texto publica-
do por el Sr. Campaner se lee: «et íuit boec
— 333 —
carta scripta nono décimo die mensis saphar
anno predic. Maumeti DLXXXI, Anno vero
Domin. Incarnat. MCLXXXV. Ind. II. Kal
Janii»; en los publicados por Mas Latrie j
Amari se lee <!cAnno a predicatione Macumeti
quingentésimo octuagesimo, anno vero Do-
minicse Incarnationis MCLXXXV, indictio-
ne secunda^ ipsa die Kalendarum Junii.»
Haj que advertir que el texto latino en
realidad no es traducción, sino extracto del
texto árabe, en el cual no cabe duda respec-
to á la fecha que dice: «19 de Safar del año
580 de la predicación (de la hégira) de Ma-
homa, y que corresponde al primero de Ju-
nio de los cristianos» : estando todo en letra
en el texto árabe publicado por Amari ^ no
cabe equivocación, correspondiendo perfec-
tamente la fecha 19 de Safar de 580 con el
primero de Junio de los cristianos (del año
1184): no hay por tanto necesidad de supo-
ner que Ishac muriera en el año 581, como
supuso el Sr. Campaner por la inexactitud
del extracto latino de que se sirvió.
4 Amari, Diplomi artibi del R. Arch. FiorentinOy
p&g. U.
— 334 —
44
(Página 479)
Hay muj pocos datos para conocer las
circunstancias j aun la fecha aproximada de
la muerte de Ishac: la coincidencia de dos
testimonios^ cristiano el uno, árabe el otro»
parece resolver la cuestión, á pesar de que
ambos son poco explícitos: la Crónica de San
Salvador de Marsella (España Sagrada, tomo
XXXVIII, pág. 346) nos da un dato precio-
so de la historia de Mallorca en las siguien-
tes palabras: «MCLXXXV Christiani cepe-
runt Palatium civitatis Majoricarum, et fue-
runt libera ti a captivitate.»
Por otra parte, Abenalabar (Bibl. Ar.
his. to. VI, pág. 491), en la biografía de Ab-
dala, hijo de Mohámed Abenuacas, natural
de Mallorca, nos dice que murió mártir en
la batalla del alcázar de Mallorca al tiempo
de la muerte del emir Ishac, hijo de Mohá-
med, en el año 580.
Nadie fija el mes de la muerte de Ishac»
que debió de acaecer poco después de haber
— 335 —
firmado el tratado con Pisa el 19 de Safar de
580, pues en Xabán del mismo año su hijo
j ¿segundo? sucesor Alf, salía para Bugía, de
la que se apodera el día 6 del mismo (Car-
^8> P^g* 179). Cerno entre la muerte de
Isliac j la salida de su hijo para Bugía de-
hi6 de mediar algún tiempo, ja que Alí pro-
clamado & continuación de la muerte de su
padre, 6 después del corto reinado de su
hermano, hubo de ocuparse en las cosas del
gobierno, puede suponerse que la muerte
ocurrió muj poco después de firmado el tra-
tado con Pisa.
Aun puede precisarse más la fecha: según
algún autor ^, Ishac murió poco antes que el
califa Almansur, muerto en la expedición de
San taren ó á seguida de ella, en Rebi 1.*" ó
2.° de este mismo año 580, luego Ishac mu-
rió & los dos meses ó antes, después de haber
firmado el tratado con Pisa.
La toma del alcázar por los cristianos j
su libertad puede referirse á otra sublevación
poco posterior ocurrida en el mismo alcázar.
Abenjaldiin, to. VI, pág. 242.
— 336 —
según entienden los textos Campaner (pági-
na 150) 7 Dozj ^ ; pero de todos modos la
muerte de Ishac en su palacio con motivo de
una batalla librada en él, resulta del testi-
monio de Abenalabar, desconocido antes, á
no ser que diéramos á la preposición -vác en
la frase del autor U^a-*! i\jj J^^ al tiempo de
la muerte de su emir IshaCy la acepción de des-
pués, que dudo pueda aceptarse gramatical-
mente; pero que quizá no sería muj de ex~
trañar, dadas las muj yagas acepciones de
algunas de las partículas árabes.
Siendo tan raro el que resulten dos suble-
vaciones graves en el palacio de Mallorca en
el mismo año, j ambas con resultado satis-
factorio para los revoltosos, constando ade-
más por otra parle que los autores que de
estos sucesos tratan, están en general poco
enterados, es muj posible que hajan confun-
dido los sucesos, haciendo dos sublevaciones
de una sola, en cujo caso habría que admitir
la posterior, respecto á la cual se dan más
noticias, figurando en ella personajes, que
I fíecherches sur V histoire... 3.* edi. to. II, p. 440.
— 337 —
no pueden figurar en la primera, viviendo
Mohámed.
45
(Página 181)
La narración más concreta de estos suce-
sos, al menos de parte de ellos, se encuentra
en el llamado Anónimo de Copenhague (Ms.
Gg. 490 de la Bibl. Nació, pág. 63, 64 j 65),
texto que no se encuentra en el códice que,
procedente de la biblioteca de Dozj, posee la
Real Academia de la Historia: en dicho tex-
to, muj incorrecto, como casi todo lo conte-
nido en dicha obra, dice expresamente que
Abulhasán Alí (hijo de Reverter) fué enviado
á Mallorca por el califa Abuj^acub después
de la muerte de Ishac: que aunque muj bien
recibido j obsequiado, se le tuvo como pri-
sionero, dando largas al asunto de la obe-
diencia á los almohades: que aun antes de
romper con él, se apoderaron de las naves
que había llevado desde Ceuta, instalando
en ellas equipaje isleño, j trasladándolas al
arsenal: que cuando tuvieron noticia de la
Almorávides 22
— 338 —
muerte del califa Abujacub, le detuYie^0Ik^
prisionero en su morada, encargándose de él
los guardias j centinelas, de modo que no le
fuese posible maquinar cosa alguna: el texto
no hace mención del nombre del rej Mobá-
med, ni del bermano ó bermanos que pro-
movieron la resistencia: parece inferirse que
esta fué debida al mismo Mobámed ó quien
fuese el rej proclamado á la muerte de Isbac:
sólo se bace mención del rumí Raxid, diri-
giendo la prisión del bijo de Reverter, j
después la conducción de fuerzas á Bugía.
Como este texto puede ser interesante
por otras indicaciones que en él se contie-
nen, j quizá no consten en otra parte, lo in-
cluímos á continuación para conocimiento de
los arabistas, á pesar de su incorrección ma-
nifiesta, que, al menos para nosotros, bace
ininteligibles algunas frases.
— 339 —
itÁs» f^j *cLlo3t tJ'jHJ Ayl-c (V 1 ^3=^í
j/j4I ^^\ jj] í^Ul ^^ Je J\s^r,
(pég. 64) ^1 ^.^ ^^i ^ ^r.,^0 j\^ J\
♦J >^jl.ia>5 jJ^=:Xj\ ^jUL (sic) <%^C-U|
^-i^! (sic) C^ljj A^ J.^1 ^^^xa. dJ^jA^
— 340 —
^,J\ ^^í^, jj^l ^y ^íylj ^_pt
fí^- Ji "^jíj ^y^'j ^j^ ^" ''-^"^
(pág. 65) .yL ^> jLII Jal ^^ ^^^U ^i-li
— 341 —
46
(Página 483)
Según otra yersión del mismo Abenjal-
dún (to. IV, de la edi. del Cairo, pág. 166),
«Talha, hermano de Ishac, le sucede en el
mando j reconoce á los almohades ja en el
año 581, jendo una comisión de Mallorca á
prestar obediencia: los almohades enviaron
con los comisionados á Alí hijo de Reverter;
pero al llegar éste á Mallorca se rebelaron
contra Talha sus sobrinos Yahja j Alí, hijos
de Ishac, j combatiendo á Alí Abenreverter,
echaron á Talha: luego, habiéndoles llegado
la noticia de la muerte del califa Yúsuf, sa-
lieron para África».
Difícil es darse cuenta de lo que pueda
haber de verdad en esta versión, que en la
fecha al menos está equivocada, pues tanto
la muerte del califa, como la salida de Alí j
Yahja para África, deben referirse al año
anterior 580.
— 342 —
47
(Página 485)
Aunque en el texto se ha procurado dar
idea lo más exacta posible del contenido de
éste ^ 7 de los tratados anteriores firmados
por los re jes de Mallorca, por ser el más
corto, 7 más concreto, insertamos á conti-
nuación la traducción latina antigua publi-
cada por Silvestre de Sacj, quien conside-
rándola bastante exacta^ no añadió traduc-
ción francesa, como en otros: no publicamos
el texto árabe, por no recargar la impresión,
sin^gran utilidad.
In nonime omnipotentis pii et misericor-
dis. Carta pacis fírmse et stabilis, factse bona
et spontanea volúntate, ab elmir sublimi,
Abo-Machomet Abd-ella, filio Isahac, ebn
Machomet ebn Ali (quem Deus manu te—
neat!), cum alto et egregio legato Januen—
sium Nicola Leccans nuptias(quem D. m. t.);
•I En el texto se ha impreso que la duración
del tratado debía ser de 10 años, en vez de 20, que fija
el texto.
— 343 —
«quam pacem fecit et recepit ídem lega tus,
per archiepiscopum et cónsules et sapientes
JanusB, qui propterea eum cum multa le-
galitate miserunt, observandam inviolatam
per Januenses omnes et de districtu Januse
(q. D. m. t.) Qui Nicola, legatus Januse,
cartam Januensium consulum detulit, in qua
continebatur ut verbis suis fídem haberetur,
tanquam ab ore Januensium consulum pro-
la tis et omnium Januensium intus et ex-
terius (q. D. m. t.); quse pax facta fuit
per bonam fídem et legalitatem ab utraque
parte, sicut in carta inde facta continetur.
Et rex ille Abem Machóme t Abdella, ebem
Isaac ebem Machomet ebem Ali (q. D. m.
t.), de prsedicta conventione facta cum Ni-
cola Leccans nuptias legato, et cum archi-
episcopo et consulibus et ómnibus Januen-
sibus et de districtu JanusD, tenetur secan-
dum quod scriptum est in eadem carta sic.
Nulla persona sui districtus debet venire,
neo offensionem uUam faceré, in Januen-
ses vel districtus Januse; et omnes ejus et
galesB ipsius non debent offendere Januen-
ses, in ierra vel mari, nec offensionem faceré
a Corvo usque insulam Sanctse Margaritse-
super Canebam sitam; et quod omnes naves
Januenses debent salvari et custodiri ab ho-
minibus sui districtus et a galeis suis, per
totam terram suam, et per Garbum et Yapa-
niam, et per universas partes, ubicumque
inventas, ubicumque vadant vel undecum-
que veniant; et si quando aliqua navis Ja-
nuensium in pertibus suis forte, quod Deus
advertat (sic), naufragium passa fuerit^ quod
debeant ab hominibus sui districtus pro par-
va et convenienti quantitate (sic); nec ultra
quod convenerint invicem debent accipere
bomines sui. Hoc autem promisit rex, pro
bonore et amore Januensium et honore ip-
sius. ítem nullus Januensis qui Majoricam
venerit causa mercandi, aut forte iverint (sic)
Garbum vel Yspaniam, vel inde redierint,
ullum drictum daré debet; et promisit illos
salvare et guardare et eis exhibere honorem.
ítem promisit daré Januensibus fundicum^
ubicumque Januensibus placuerit, et furnum
et balneum, in unaquaque ¿eptimana per
diem unum, sine aliquo drictu; et ecclesiam
unam in qua orare debeant Januenses, et
— 345 —
faceré ministerium Dei; et hoc pro amore
Januensium (q. D. m. t.) facit et donat Ebo
Maoomet Abd-ella eben Isaac ebo (sic) Ma-
comet eben Ali (q. D. m. t.), per legatum
Januse, Nicolam Leccans nuptias, qui ex
parte archiepiscopi et coosuliim JaDuensium
et omnium Januensium (q. D. m. t.) hsec
qusesiyit. Hanc conventionem fírmam et illi-
batam promisit rex Majoricse obseryandam
per se et homines suos. Hsec sunt ea quse
sibi convenit Nicola, ex parte archiepiscopi
et consulum Januse et omnium Januensium:
Januenses non deben t faceré aliquod malum
ñeque oífensionem in térra sua, nec adjuvare
inimicos ipsius contra eum, ñeque per fa-
ctum, aut per díctum, vel per personam, seu
per pecuniam; et salvare deben t et guardare
terram suam, et homines suos, et res eorum,
mari et térra, et in ómnibus partibus ubi-
cumque inventos. Et (sic) superior rex forte
invenerit aliquem Januensium cum suis ini-
micis^ eum oífendentem, quod ipse faceret
inde vindictam si ullum (sic) habere et ca-
pare poterit. Et fírmum et stabile debet ha-
beri et teneri per archiepiscopum et cónsules
— 246 —
Januse^ et consiliatores et omnes Januenses.
Et ita CQDtinebatur in carta quam Nicola
Leccans nuptias ex parte ipsorum adduxit
regi Majoricse, quod firmum et ratum debe-
bat permanere usque annos viginti^ secun-
dum quod ipse convenerat, tanquam si per
«cónsules factum esset.
Actum apud Majoricam, mense jumedi
lachar, in augusto videlicet, anni Macomet
DLXXXIIII. Facta fuit hsec pax et convenio
ínter regem Majoricse et Commune Januse.
Testis sit Deus solus, qui bonus testis est,
melior et potior ómnibus testibus, inter re-
gem Majoricse et consulus Januae, secundum
legem omnium hominum. Et Deus velit et
illi placeat quod bene observetur ab utraque
parte, et qui contra fecerit, Deum oífendet,
et seipsum, nisi illam fírmam et illibatam
«ervabit; et qui bene illam servaverit, Deum
«erviet^ et faciet inde bene placitum Deo, et
suam et suorum honestatem servabit, quia
Deus testis bonus est inter homines, et spe-
cialiter inter regem Majoricse et Januenses.
Explota est carta, Baulile, id est, per gratiam
Dei, firma et stabile permanere debente. In
— 347 —
mense Augusto. Eleamaro cullao lile gel oas, id
€st; Deus qui est melior ómnibus rebus^ et
habet omnium potestatem. (Notices et ex-
traits des maDuscríts de la BibliothéqUe du
Roí et autres Bibliothéques, publiés par V
Institut Rojal de Franca. To. XI, pág. 17).
48
(Página 203)
Abumohámed Abdala^ hijo de Mohámed,
Abenasid, natural de Badajoz^ donde nació
en el año 444 j conocido por el de Badajoz,
gramático, filósofo j literato distinguido,
tanto que algún autor llega á calificarle de
superior á Mobarrad ^ vivió en Valencia,
donde murió á mitad de Racheb del año 521
(27 de Julio de 1127): en dicha ciudad, y
quizá en otras, fué muj celebrada su ense-
ñanza por la facilidad con que se hacía com-
prender^ de modo que las gentes se reunían
para las lecturas bajo su dirección, como
dice Abenjalicán ^, j prueba de los muchos
4 Adabi. Bibliolheca arab. hU, tO. III, bíog. 892.
2 Diccionario biog. edic. del Cairo, to. I, pág. i74*
— 348 —
discípulos que tuvo nos la suministra Aben-
alabar con las muchísimas veces que le men-
ciona con los solos nombres de Abumobámed
el de Badajoz.
Abenasid escribió muchas obras cu jo ca-
tálogo no es fácil completar, j nos permiti-
mos poner algún tanto detallado.
Abenpascual, que escribió su biografía ^,
sólo cita tres de sus obras, inclujendo la que
es motivo de este estudio, la cual por cierta
aparece en este autor como en otros, con al-
guna variante que puede hacer formar de la
obra concepto muj diferente: titulase el libro
el mismo título le da Abenjalicán j aceptado
por el Sr. Pons ^, ha traducido «El libro del
despertamiento ó del aviso (que versa) sobre
las causas necesarias para la oposición ó re-
beldía del pueblo» : El título puesto así pu-
diera muy bien tomarse por indicación de
una obra eminentemente política, en la que
se examinasen nada menos que las causas en
i Jiibliotheca arah. his. to. I, biog. 639.
2 Obra citada.
— 349 —
TÍrtud de las cuales se justificara el derecho
de rebelión contra la autoridad: sin variar
mucho lo material de las palabras, el título
«parece de modo muj diferente en otros au-
tores.
Abenjair ^ con quien coinciden, al me-
nos en lo fundamental, las notas bibliográ-
ficas de los catálogos de la Biblioteca de Tú-
nez j de dos de Constantinopla, llama á
este libro >J:^^jl c^'' w^L-^^ ^ ¿.x^vdl
^W^«'l 1^ ^-^^ t -Awí^o acerca de las cau-
sas que producen la disidencia (6 diferente modo
de pensar) entre los musulmanes» : aunque la
palabra ^-wM significa también rebelión,
como en alguna de las notas bibliográficas,
se varía diciendo ^^ i^-Jl ^^^=^1 sw-^^^— I
^usas de la disidencia de los musulmanes, creemos
que casi no cabe duda de que se trata sólo
de las causas de la disidencia 6 diferente
modo de entender algunos textos 6 tradicio-
nes. Confirma esta interpretación el hecho de
que el mismo autor tiene otra obra de título
1 Bibliotheca Ar. hin. to. IX, pág. 258.
— 350 —
parecido respecto á la disidencia en la escue-
la de Abuhanifa, en cujo título se emplean
en parte las mismas palabras ^-*ísrM *w^L--f
aaÍjL3cM l\l\ ^\} !l9\j)\ Causas de la disidencia
que existe en la religión ó secta Ilanefi, obra que
le atribuye Hachi Jalifa.
La importancia de esta obra puede sospe-
charse que esté en las indicaciones que el
autor haga respecto á las cosas j hombres de
su tiempo; pues por el solo título de las obras
no es fácil calcular la importancia de las
mismas, además de que resulta difícil j casi
imposible la traducción de los títulos, mien-
tras no pueda estudiarse la obra; de aquí
que distioguidos bibliógrafos modernos, con
quienes estamos de acuerdo^ al no dar las
traducciones de los títulos, parecen indicar
que el hacerlo tiene más inconvenientes que
ventajas.
Por la circunstancia de ser Abenasid au-
tor español muj celebrado j por si esta obra
diera noticias importantes relativas á Espa-
ña, convendría que se publicase, ja que
existe ejemplar de la misma en Constanti-
— 351 —
nopla j una Exposición en la Biblioteca de
Túnez ^ .
Los biógrafos de Abenasid de Badajoz le
celebran sólo como gramático, literato j filó-
logo; pero por los títulos de sus mucbas-
obras podemos ioferir que trató puntos muy
diferentes, j en especial que no fué ageno á
los estadios históricos j filosóficos.
Como historiador, el Sr. Pons cita un
L^9 , ó sea Catálogo 6 lista de sus maes-
tros: es casi seguro que al mismo género per-
tenecía su obra ^L«3 ^^ Las genealogías, ci-
tada por Hachi Jalifa en el número 1353.
Abenpascual j Abenjalicán mencionan
algunas de sus obras; pero quien de un mo-
do indirecto nos da más noticias es Aben-
jair ^, que menciona hasta quince, aunque
alguna parece estar citada con título doble:
de éstas sólo encontramos cinco citadas por
Hachi Jalifa, quien en cambio cita otras que
1 Véase Catálogo do la Bibl. de la mez:iuita
Azeituna, N.° 0(^39.— Catálogo do la Biblioteca Asad
Efendi. Constantinopla, año 1300 (de la Iiégira), en 8.^
343 págs.-pág. 318.
9 Biblioteca Arabico-hisp. to. X. pág. 555.
— 352 —
no conoció Abenjair, caja lista completa-
mos á continuación indicando las fuentes:
(DXii^l mi ^^; ^1 Jt ^^ár't w.U~l
(T) ix*Jt ^_Jjj^\ s^U"=>
(V) viJUL* A^ii) J^^^J^] ¿ L^-» ^^i-
Jalifa,
(^)(^M
i
Hachi
N.° 9110.
2
»
»
» 578.
3
»
»
» 1353.
4
»
»
» 4192.
5
»
»
» 5651.
6
»
»
» 10049.
7
»
»
» 13437.
8 Bibl. Arab. hisp. to. III. pág. 522.
^ » » » » » » 522.
— asa-
do J-»^"^ s_^U^=. ^J¿.
(II) iM^
(ir) ;tw¿üT
(ID J*?^I -^'ji-'t > j^^i
(\f ) üJi)| O'ÍÍLá'' i-.~«t't -jA
(10) ^3«-4tj *~'^' ¿ jJl.^,
De las treinta obras escritas por nuestro
.Abenasid el de Badajoz se sabe que se con-
servan ocho en diferentes bibliotecas.
^^ » » » » » » 523.
^< » » » » » » 153.
*s » » » » » » 301.
« Catálogo de la Bib. de Túnez N. 4194.
^^ CcUalogue d* une Col. de la Maison Bríll
par Houtsma, pág. 78.
« CoKifoyo de la Bibl.de Túnez, N." 1844.
4^ Catalogue de la Biblio. de Asad Efen-
di, Gonst. pág. 301.
Almorávides S3
— 354 —
49
(Página 906)
Aunque son muchos los autores que daa
noticias de Abenalarif j de su compañero
Abenbarrachán, en ninguno encontramos no-
ticias tan concretas como en el modernísimo
historiador marroquí Ahmed Anasirí, j por
eso lo traducimos á continuación ^ :
«En el año 536 murió el alfaquí Abula-
bás Ahmed, hijo de Mohámed, hijo de Mu-
za^ hijo de Ataala el Sanhachí, conocido por
Abenalarif: era de los que habían llegado al
límite de la perfección, religión y ascetismo
en este mundo j entregado por completo al
bien: dirigíanse á él las gentes j familiari-
zándose con él, celebraban su compañía:
acusado ante el emir de los creyentes Alí,
mandó fuese conducido á la corte de Marrue-
cos, donde murió en la noche del viernes,
23 del mes de Safar del año mencionado (27
de Septiembre de 1141): habiendo afluido la
gente para su entierro, el emir de los mus-
4 Tomo I. pág. 129.
— 355 —
limes se arrepintió de lo que había hecho
con él en vida, j se le hicieron obsequios (?):
fué enterrado cerca de la aljama antigua que
habia en medio de Marruecos, en el jardín
del cadí Muza hijo de Ahmed el Sanhachí.»
«Su sepulcro es hoj muy conocido en el
zoco (mercado) de los perfumistas de Ma-
rruecos: sobre él haj una esmerada cons-
trucción.»
«En este mismo año murió Abulhácam
Abenbarrachán^ de quien dice Abenjalicán
«que se llamaba Abulhácam Abdesalam, hijo
de Abderahman, hijo de Mohámed, hijo de
Abderahman el Lajmí conocido por Abenba-
rrachán (indica la vocalización del sobre-
nombre): era siervo virtuoso, j tiene una
Tafsira del Corán el noble, y escribió mucho
(multiplicó sus palabras) acerca de él con-
forme á la secta de los señores de los estados
j sesiones.»
«Dice el autor del libro Ataxanuf (El
Atavío) «Cuando Abulhácam Abenbarrachán
fué conducido desde Córdoba á la corte de
Marruecos, en ocasión en que los alfaquíesle
habían presentado algunas consultas, dijo:
— 356 —
por Alá, no viviré, ni vivirá después de mi
muerte el que me ha hecho conducir; refe-
ríase al emir de los muslimes Alí, hijo de
Yúsuf: habiendo muerto Abulhácam, el emir
Áe los muslimes mandó que fuese abando-
nado en un estercolero j que no se hiciese
oración sobre él, ¿designando quien hablase
de esto de parte de los alfaquíes? Encontrá-
base entonces en Marruecos Abulhasán Alí
^Abenharzaham?, j presentándosele un negro
que le había servido, j asistía á su tertulia,
le contó lo que el sultán había dispuesto
acerca del entierro de Abulhácam: oída la
relación, Abulhasán dijo al negro: «si quie-
res comprar tu alma á Alá, haz lo que te voj
á decir»; á lo que contestó el negro: «manda
lo que quieras, y lo haré»; díjole: ve gritando
por las calles 7 mercados (lo siguiente): os
dice Abenharzaham, asistid al entierro del
jeque, santo y continente alfaquí Abulhá-
cam Abenbarrachán: quien pueda asistir y
no asista, sobre él la maldición de Alá. Hí-
zolo el negro como se lo había mandado, y
cuando llegó esto á noticia del emir de los
muslimes, dijo: aquel cuya bondad sea reco-
— 357 —
nocida j no asistiere á su entierro^ la mal—
dicidn de Alá será sobre él.»
«Dice Abenabdelmélic en su libro Apéri'
dice á la Tecmila, «Abulhácam Abenbarrachán
está enterrado en Marruecos en la Plaza del
trigo: es el que el pueblo llama Sidi Abu-
richaL»
Para más noticias referentes á estos dos
personajes, véase^ réspede áAbenalarif.^i &e»-
jalicán, edi. del Cairo, tom. I. pág. 93 — ^^t-
hliotheca Árabico-his. tom. I. biogr. 175— to-
mo III. biog. 360 — tom. IV. biog. 14; y
respecto al segundo, BibL Ar. his. tom. YI^
biogr. 1797: es de advertir que Abenalabar
en esta obra le llama Abenborrichán 6 Aben-
barricbán, citándole varias veces por inci-
dencia además de poner su biografía.
50
(Página 216)
El mismo autor moderno, que nos ha su-
ministrado los datos más concretos para la
ilustración anterior, nos da en la misma pá-
gina algunos datos acerca de la quema de
— 358 —
los libros de Abuhámid el Gazalí; con moti-
vo de tratar de la muerte de un célebre al&-
quí, dice: «En el año 513 murió en Calatha-
mad Abulfádal Yúsuf, hijo de Mohámed,
hijo de Yúsuf, conocido por Abenanahuí,
el cual había acompañado á Abulhasán el
Lahmí j á otros jeques: este Abulfádal era
hombre de ciencia j religión por la direc-
ción de una buena ascendencia, j era oído
en las oraciones.»
«Cuando los alfaquíes del Almagreb hu-
bieron dado la consulta acerca de la quema
de los libros de Abuhámid el Gazalí, com-
plázcase Alá de él, j el emir de los muslimes
mandó quemarlos, este Abulfádal tomó la
defensa ^ de Abuhámid, Alá le haja perdo-
nado, escribiendo al emir de los muslimes
acerca de esto.»
«Cuenta el autor del libro El Atavío, Abu-
jacub Yúsuf hijo de Yahja el de Tedela, j
Marroquí por la estancia, conocido por Aben-
zijat, tomándolo de Abulhasán Alí Aben-
4 La frase ^-^ ^^ ^\ ^ V^^ J.-is¿'l ^ \ y^^ \
pudiera ofrecer duda en su sentido á no ser por la
autoridad del Suplemento de Dozy.
— 359 —
üarzaham, que dice: Cuando llegó á Fez la
orden del emir de los muslimes Alí Abenjú-
suf de buscar con solicitud el libro de la
Resurrección (de las ciencias de la religión)
j^ de que las gentes prestasen los grandes
juramentos de no tener en su poder tal libro»
me dirigí á Abulfádal para pedirle suscri-
biese la consulta con estos juramentos, y me
-contestó que no procedían: á su lado había
unos libros, j me dijo: éstos son del libro La
Resurrección j deseo no ver otros en mi vida:
Abulfádal había copiado el libro de Algazalí
en treinta partes, j cuando entraba el mes de
Ramadán, cada día leía una parte: sus virtu-
des eran grandes, Alá le ha ja perdonado.»
(Dice el autor moderno:) «Durante el im-
perio de los Almorávides no ocurrió cosa más
•abominable que ésta, á saber, la quema del
libro La Resurrección, pues cuando llegó al
país del Almagreb la copia de él, lo exami-
naron muchos alfaquíes, entre ellos el cadí
Abulcásem Abenhamdín S j habiendo ele-
gido algunas cosas como cargos contra el
4 Aunque hubo un Abulcásem Abenharadin,
fué posterior en poco; el que intervino en esto füó
— 360 —
jeque Abuliámid, las comonicaron al Soliáit
con la consulta de que conyeDÍa quemarla j
que no se permitiese su lectura...»
«Alí hijo de Yúsuf, lo mismo que su pa-
dre, estaba sometido al consejo de los alfa-
quíes j sabios, á quienes había devuelto to-
dos los fallos, j cuando dieron la consulta
acerca de la quema del libro, escribió á la
gente de su reino en los demás países j re-
giones, mandando que se buscasen con soli-
citud las copias j que se quemara cuanto se
encontrase: en virtud de esta orden se re-
unieron muchas copias en Alandalus, j pues-
tas en el patio de la aljama de Córdoba, se
derramó aceite sobre ellas y se prendió fue-
go: lo mismo se hizo con las copias que se
encontraron en Marruecos, continuándose la
quema en los demás países del Almagreb.»
Abuabdala Mohámed, hijo de Alí, hijo (de Mohámed)
hijo de Abdelaziz Abenhamdín. muerto en el año 508:
su hijo Abucháfar Ahmed murió en el año 521 , y Ham-
dín hijo de éste, el que obtuvo el mando de Córdoba,
murió en 543: pueden verse respecto al primero Bihl.
Ar. his. to. II. biog. 1138 y to. III. bio. 230. Para el se-
gundo Bibl. Ar. his. to. I. bio. 169. y para el tercero en
la misma obra, tom. 111. bio. 68o y tom. V. bio. 119.
— 361 —
«Se dice que esto fué en vida del jeque
Abuhámid, j que por esto hizo oración para
que fuese destruido el poder de los almorávi-
des, j que le fué otorgada su petición acerca
de ellos: si fué así, la fecha de la quema se-
ría en el intermedio entre el año 500 j el
505, pues la proclamación de Alí fué á prin-
cipios del año 500 y la muerte del jeque
Abuhámid el Gazalí acaeció el lunes 14 de
Chumada postrero del año 505» .
Como se ve, la fecha de este suceso queda
yaga, j tanto más, si no admitimos la anéc-
dota de que Abuhámid tuviese noticia de la
condenación de su libra j de su maldición
contra el imperio de los almorávides: de to-
dos modos la fecha es aproximada j se in-
fiere de la coexistencia de los personajes, que
intervinieron en el asunto.
Ta hemos visto que Abulfádal Yúsuf
Abenanahuí, muerto en el año 513, tomó la
defensa del libro de Algazalí; por consi-
guiente la quema fué anterior á esta fecha.
El personaje^á quien más intervención se
atribuje en este suceso, es Abuabdala Mohá-
med, hijo de Alí|(hijo de Mohámed) hijo de
— 362 —
Abdelaziz, Abealiamdín, cadí de Córdoba
desde el mes de Xabán del año 490 hasta el
de Moharrem del 508, en que murió: Aben-
pascual j Adabí en su biografía nada dicen
de su intervención en la quema de los libros
de Algazalí; pero menciona esta circunstan-
cia Abenalabar ^ en la biografía de Abulba-
sán Alí, hijo de Mohámed, hijo de Abdala
-el de Berja^ muerto en el año 509; dice que
éste exigió (?) la quema de los libros de Alga-
zalí j la indemnización de su valor, cuando
los quemó Abualdala Abenhamdín por orden
de Abentexufín (el texto dice Teocufín): indica
que la consulta fué suscrita por Abubéquer
Omar hijo de Ahmed Abenalfasih, por Abul-
cásim Abenuard j por otros alfaquíes de
Almería, j que con motivo de la quema de
los libros pasó historia extraña entre Alí el
de Berja j el cadí de Almería Abuabdelmé-
lic Meruán, hijo de Abdelmélic: lo mismo
viene á decir, aunque con diferentes pala-
bras, en la biografía de este ultimo ^.
^ Bibl. Ar. his. tomo VI, bíog. 1841, y tomo IV,
biog. 233.
2 Bibl. Ar. his. to. V, biog. 108^.
— 363 —
Muertos en los años 513, 512, 509, 508 j
507 los personajes mencionados, Abulfádal
Yúsuf Abenanahuí, Abumeruán Abdelmélic,
Abulbasán Alí el de Berja, Abuabdala Aben-
hamdín j Ornar Abenalfasih, que intervie-
nen ó se indican con motivo de la proscrip-
ción de las obras de Abuhámid el Gazalí,
resulta que el suceso acaeció entre los años
500 j 507.
En el texto (pág. 216), dijimos que Aben-
jair no cita á Algazalí entre los autores cujras
obras estudió; haj que rectificar la noticia;
el nombre de Algazalí no figura en el índice
de autores citados, porque sólo se incluyeron
«n él los autores de quienes se dan los nom-
bres de las obras.
De las de Abuhámid Mohámed hijo de
Mohámed el de Tus, conocido por Algazalí,
dice Abenjair que las estudió teniendo por
maestros al cadí Abubéquer Abenalarabí j
Abulhasán Abad Abensirhán el Maafirí, na-
tural de Játiva, quienes las aprendieron del
mismo Algazalí.
Ambos estuvieron en Oriente, donde fue-
ron discípulos de Algazalí, j enseñaron en
— 364 —
Alandalus, especialmente Abenalarabí> de
quien los autores dan noticias muj detalla-
das, transcribiendo la biografía, que escribid
su discípulo Abenpascual, quien dice (bio-
grafía 1181) que le encontró en Sevilla en el
año 516; respecto á las relaciones de Aben-
alarabí con Algazalí dice que le encontró en
Bagdad, cuando fué á aquella ciudad por
segunda vez, j que de él j otros sabios tomó
lecciones j estudió derecho.
Almacarí es quizá quien ha reunido más
noticias acerca de Abubéquer Abenalarabí,
á quien dedica diez j siete páginas (tomo I,
pág. 477 á 489): en este autor encontramos
los nombres hasta de 33 obras de Abenalara-
bí, en alguna de las cuales, r^^j-^ v^Lo
j>^ j«'t Libro de la Lámpara de los moridin
(ó adeptos), quizá encontráramos algo refe-
rente á la rebelión contra los almorávides.
Gomo los autores mencionan muchísimas
veces en la cadena de las tradición literaria^
tanto á Abad Abensirhán como á Abubéquer
Abenalarabí, j sabemos por Abenjair que
ambos enseñaban las obras de Algazalí, ca-
— 365 —
balmente en el período más floreciente de los
almorávides, pues ambos murieron de edad
muj avanzada en el año 543, tenemos un in«
dicio más de que el anatema lanzado contra
las obras de Algazalí no sólo no estorbó su
circulación, sino que quizá la fomentó.
51
(Página 219)
Ya que hemos creído oportuno insistir
tanto vindicando la memoria de los prínci-
pes almorávides, no estará demás el insertar
literalmente algo de lo que en pro ó en con-
tra resulta en los autores árabes que tenemos
anotados.
^1^^ El texto, que más ha servido para el
^ pítulo de cargos formulado por Dozj, está
^tomado del historiador de los Almohades
jAbdeluáhid el de Marruecos, autor no en
/todo bien informado, como hemos tenido
/ ocasión de probar más de una vez. ^'
Para que no se crea que damos al texto
árabe más ó menos fuerza de la que le corres-
— 366 —
ponde^ tomamos la traducción tal como la
pone Mr. Fagnán, j por más que la creemos
algún tanto vaga, renunciamos á ponerle no-
tas^ pues resulta lo de siempre, que al que—
rer dar forma literaria á la traducción á
nuestras lenguas, haj que variar el enlace de
ciertas cláusulas, j omitir palabras que quizá
fuera bueno conservar en pro de la exacti-
tud: dice así en la pág. 1'79, traducido al
castellano:
"^ «Después del reinado del Príncipe de lo&
muslimes Abulhasán Alí, hijo de Yúsuf, la
situación de la Península española vino á ser
de las más perturbadas, porque los Almorá-
vides abandonándose los unos á los otros,
cedieron á su amor de reposo j tranquilidad
j cayeron bajo la autoridad de las mujeres-
Convertidos en objeto de desprecio j desdén
de los habitantes, excitaron la audacia de los
enemigos, y los Cristianos se hicieron due-
ños de muchas plazas fuertes próximas á la
frontera. A las causas mencionadas de alte-
ración, haj que añadir la revolución de Aben-
tumart en el Sus, que distrajo la atención de
Alí de las cosas de España. Envalentonados
— 367 —
los magnates españoles por el estado de de*
bilidad en que veían á la dinastía almorayid,
echaron á los guerreros, que estaban instala-
dos entre ellos, j cada uno pretendió ser se-
ñor de su propio territorio: poco faltó para
que el país cajrese en el mismo estado, que
después de la desaparición de la dinastía de
los Orne jas.»
El autor del Cartas nos presenta un cua-
dro muj diferente fijándose en otras consi-
deraciones: en la pág. 108 dice lo siguiente,
que tomamos de la traducción francesa de
Beaumier, pág. 238:
«Les Lemtouna étaient un peuple des
j campagnes, religieux et honnéte; ils surent
/ conquerir un immense empire en Andalou-
sie et au Maghreb, dont ils régularisérent le
gouvernement, et ils fírent la guerra sainte.
Ben Djenoun rapporte que les Lemtouna
etaient religieux, charitables, justes, et que
leur cuite était pur; qu' ils gouvernérent V
Andalousie depuis le pajs des Franca jus-
qu* á r Ocean, et le Maghreb depuis la yille
de Bedjaia jusqu' au Djebel el-Dheb du Son-
dan. Leur rcgne fut tranquilla et ne fut trou-
— 368 —
ble par aucune révolte, ni dans les villes, ni
dans les campagnes; on ñt les khotbali en
leur nom dans plus de deux mille chaires.
Leurs jours farent heureux, prosperes et tran-
quilles> et durant leur période V abondance
et le bon marché furent tels, que pour un
demiducat on avait quatre charges de blé^ et
que les autres grains ne se vsndaient ni ne
s' achetaient. II n' j avait ni tribut, ni im-
pdt^ ni contribution pour le gouvernement,
si ce n' est V aumdne et le dime. La prospé-
rite s' aumenta toujours, le pajs se peupla,
et chacun put s' occuper librement de ses
propres affaires. Leur régne fut exempt de
mensonge, de fraude et de révolte, et ils fu-
rent cberis pour tout le monde jusqu' au mo-
ment oíi El-Mehedj, V Almohade, se leva
centre eux en 515.»
Ya que el texto citado de Abdeluáhid,
ampliado por Dozj, ha llegado á crear atmós-
fera entre los escritores modernos contra la
funesta influencia de las mujeres en el go-
bierno de los almorávides, bueno será incluir
aquí la memoria de dos de las ilustres da-
mas de que encuentro noticia, j que si res-
— 369 —
pecto á la cuestión de influencia en el go-
bierno nada prueba, para la de cultura de
los bereberes no deja de ser importante.
Abenalabar al fín de su Tecmila pone las
'biografías de algunas mujeres ilustres, j
aunque en el compendio que hubimos de pu-
blicar, falta la biografía de Temima, bija de
Yúsuf Abentexufín, se conserva íntegra en
«1 tomo III de la misma obra^ que existe
en el Cairo en poder del distinguido biblió-
filo Suleiman Pacha Abaza y del cual tene-
mos copia fotográfica: en la pág. 308 de di-
cho códice antiguo leemos la siguiente bio-
grafía, que con las mismas palabras copia
Abenalcadi en la pág. 106 de la obra varias
veces citada.
«Temima hija de Yúsuf hijo de Texufín,
hermana de Alí, j que por sobrenombre se
llamaba Omotalha (Madre de Talha) era de
grande hermosura, de excelente inteligencia,
celebrada por la elegancia de costumbres j
doctrina, j por la generosidad; vivía en Fez:
viola cierto día un su secretario, á quien ha-
bía mandado rendir cuentas; en cuanto ella le
vio, conoció lo que le había ocurrido, j com-
Almorávides 24
— 370 —
prendió porque le había sobrevenido aquello^
j se lo indicó con los siguientes versos :
Ella (es) el sol, y su habitación (está) en el cielo::
vence el ánimo con paciencia ilustre:
No podrás subir á ella, ni ella podrá bajar á ti »
•
El mismo Abenalabar pone á continua-
ción la biografía de otra dama, hija j mujer
de dos personajes de quienes hemos tenido-
ocasión de hablar, pues era hija de Ibrahim
hijo de Tifiluit (gobernador de Zaragoza),
j mujer de Abutáhir Temim, hermano de
Alí j gobernador poco afortunado de Alan-
dalus durante bastantes años; por desgracia
la biografía resulta incompleta por el estado-
del códice; pero se lee que era buena, casta^.
dadivosa j limosnera j que sabía de memoria
muchos versos: cuatro cita el autor dirigidos
á ella por un Abuishac, cujo nombre está
illegible en el original.
La noticia de estas dos ilustres damas es
una prueba más de lo infundado del cali-
ficativo de bárbaros, que en general aplica
Dozj á los almorávides, j que autores mo-
dernos recargan, con virtiéndolo en salvajes-
almorávides.
— 371 —
(Página 221)
Las monedas de los almorávides^ la serie
más numerosa j variada de cuantas se acu-
ñaron en España por los musulmanes, son
indudablemente las más perfectas como sis-
tema monetario, las más artísticas j las que
más han influido en el sistema monetario de
España durante la Edad Media.
El Sr. Vives en la citada obra describe
2200 monedas arábigo-españolas: de éstas
pertenecen al tipo almoravid 588^ más de la
cuarta parte, siendo la más antigua una del
año 450, acuñada en Segelmesa por Abubé-
quer Abehomar, primer jefe militar de los
almorávides.
Durante más de 30 años los almorávides
parece que sólo acuñaron su moneda en Se-
gelmesa, ó al menos no conocemos otra ceca
hasta el año 484: por este tiempo, poco des-
pués de haberse apoderado de parte de la
España musulmana, aparecen ja monedas
de oro de las diferentes cecas españolas á
— 372 —
marroquíes; en 484 Ceuta, — 486 Agmat j
Córdoba, — Játiva 489, — Marruecos 490, —
Sanlúcar (?) j Sevilla 491,— Almería 492,—
Granada 493,— Málaga y Fez 494,— Valen-
cia 496— j Denia 497.
Desde los primeros tiempos las monedas
de los almorávides aparecen con su peso uni-
forme las de oro ^ , j las subdivisiones en las
de plata, al menos las fracciones de medio
dirhem ó quirate j medio quirate, no cono-
ciéndose hasta ahora los fraccionarios inferio-
res de los primeros tiempos, probablemente
porque su pequenez los ha hecho desaparecer.
Como es de suponer, las monedas de los
primeros años, acuñadas todas en Segelmesa,
no son más artísticas que las que por el mis-
mo tiempo se acuñaban en España por los
1 En tiempo de los Omoyas los diñares tenían
peso muy vario: tenemos nota de cuatro dinares del
año 380, los cuales teniendo los mismos detalles de
adornos, tanto quo de tres de ellos examinados al
mismo tiempo anotamos la particularidad de que pa-
recían del mismo cuño, lo que sucede pocas veces,
pesaban 3 gr. 55—3 gr. 90 y 6 gr. 05; el cuarto, exami-
nado posteriormente, posaba 4 gr. 70— otros del mismo
año, pero con otros adornos, pesaron 3,55—3,60 y 4,10:
monedas tan diferentes habían de aceptarse al peso.
— 373 —
rejes de Taifas, pero tampoco son inferiores
á la generalidad de éstas bajo el aspecto ar-
tístico j son superiores en la acuñación ^ .
Por los datos publicados hasta hoj, cono-
cemos monedas con fecha, de Abubéquer
Abenomar, de los dños 450 á 478 inclusive, si
bien faltan de algunos años, con la particu-
laridad, para nosotros inexplicable, de que
haj dinares indudables de Ibrahim hijo de
Abubéquer, de los años 462, 465 j 466, fal-
tando estos dos últimos en las monedas de
Abubéquer Abenomar.
Las monedas conocidas de Yúsuf comien-
zan en el año 480, siendo la serie de Segel-
mesa casi completa hasta el año 498, sién-
dolo desde el 486 la de Agmat.
4 La indudable superioridad bajo el punto de
Yísta monetario de los dinares almorávides aun des-
de sus comienzos, podría dar algún apoyo á la opi-
nión de Mr. G. Charmes, ¿ la que se adhiere M. de la
Martinidre, según la cual «en el periodo brillante
del imperio musulmán en España, lo que se llamaba
cíTllización árabe se elaboraba en Marruecos, de
donde partía para España», opinión que á M. Edmond
Doutté parece inadmisible, como parecerá á casi to-
dos los arabistas. Véase BuUetin bibliographique de V In-
lam maghribin par Edm.ond Doutté. Oran, 4899. pág. 65-
— 374 — •
Como se Te, la cronología de las prime-
ras monedas almorávides, no deja de ofrecer
complicaciones en relación con los datos co-
nocidos, con los cuales no es fácil ponerlas
de acuerdo: así el autor del Cartas dice (pá*
gina 92) que el año 473 cambió Yúsuf la
moneda en todo su reino, j puso en ella su
nombre^ lo que no está conforme con los da-
tos, que éstas nos suministran: el historia-
dor moderno Ahmed Anasirí emplea las mis-
mas palabras que el autor del Cartas, al
repetir este dato, variando sólo en el empleo
de diferente verbo, aunque con el mismo
significado.
Como prueba de la perfección artística
de las monedas de que tratamos, j como
muestra de las que tuvieron curso ordinario
en la España cristiana, principalmente en
Toledo, ponemos á continuación y reprodu-
cidas en láminas las que nos ha parecido
más importante dar á conocer de visUy no ha-
ciéndolo de major número, porque, como
queda indicado, la serie es numerosísima, y
curiosa en extremo por la variedad de aspecto
y leyendas la serie de las moneditas de plata.
— 375 —
N. i. Monería de oro de Segelmesa del año
^^0: es la más antigua que de los almo-
rayides conocemos, teniendo ja el aspecto
j leyendas que tienen todos los dinares
de esta dinastía.
L A. *JJI ^V , Ji Y
No haj Dios sino Alá:
Mahoma es el mensajero de Alá:
El emir Abubéquer
Benomar,
Y al que siguiere otra religión fuera del islam,
no le será recibido, y él en la otra vida será de los
descarriados,
II. A. ^.L.^^
— 376 —
El imam (pontífice)
Abd-
ala
emir de los crejentes.
En el nombre de Alá fué acuñado este diñar en
Segelmesa año dncuenla y cuatrocientos.
Vives. N. 1425. peso, 4,10 gr.
N. 2. Diñar acuñado en Agmat: acuñación
elegantísima: tiene las mismas leyendas
que la anterior con la sola diferencia de
estar acuñado en vJ>L^¿l Agmat, año A81y
j variando el nombre del príncipe, pues
ja pertenece al reinado de El emir Yúsuf
Ben Texufin,
Vives. N. 1466. peso, 4,15 gr.
N. 3. Monedita de plata (quirate) acuñada
en- Córdoba en el año 502.
I. A. A>í3»;^'l ^^^^^ *^l ^*^^
^ )i T . )i Y
— 377 —
En el nombre de Alá, el clemente, el mise-
ricordioso:
No haj Dios sino Alá:
Mahoma el mensajero de Alá.
M. No tíene orlas.
II. A. ^J-vJL.^)| .^^1
Emir de los muslimes
Alí.
Córdoba.
En el nombre de Alá fué acuñado este dirhem
año dos y quinientos.
Vives. N. 1667. peso, 1,10 gr-
N. 4. Quirate de Córdoba del año 505.
I. A. ^ Ol Y
— 378 —
No hay Dios sino
Alá: Mahoma
mensajero de Alá.
M. Sin orla.
II. A. Je
J
I^l' f3
Alí
el emir.
Córdoba,
M. Áo ¿ "-^J"^ >¿í^jJl (;;^^^I *^' /»***f
** I •
En el nombre de Alá, el clemente, el misericor-
dioso, fué acuñado en el año cinco y quinientos.
Vives. N. 1668. peso, 0,9 gr.
Se conocen ejemplares de estas elegantes
moneditas de los años 505, 506 y 507, con la
particularidad de que eo unos ejemplares se
lee la palabra ii^ j en otros Ác por nuestra
palabra año ^ .
I
1 Esta sinonimia de /»^^ y a^-**», muy común
en las monedas de los almorávides, aparece ya en
unas monedas de Toledo del año 468: véase la obra
del Sr. Vives, N. 1117.
— 379 —
N. 5. No tan elegantes como las moneditas
de Córdoba, las acuñadas en Sevilla por
Alí presentan singular perfección artísti-
ca j variedad de lejendas.
L A. r ^)\ Y
No ha j Dios sino
Alá:
Las bendiciones de Alá (sean) sobre él
Mahoma su siervo y mensajero.
II. A. ..r\x>^^i
Pide la protección de
Alá
el emir de
los muslimes
— 380 —
Alí.
Smlla,
Vives. N. 1676. peso, 0,85 gr.
N. 6. Quirate de Córdoba, elegante j ca-
prichoso en -su distribución.
*^ 0AJ9I8 ne
g No haj Dios sino 9
J. Alá, -S
p solo; no tiene compañero
Vives. N. 1706. peso, 0,99 gr.
II. A. j. r;v«i-**%-4 1 t-f«-/»l
^ ^-— i»j ^
Emir de los muslimes
y defensor de la religión
Alí hijo de Yúsuf.
C&rdoha.
— 381 —
Encima á manera de resello ó\)\ íj^,
Ayúdele Alá,
Vives. N. 1706. peso, 0,99 gr.
N. 7. Por la elegancia de la acuñación me-
recen lugar especial aquí j que se repro-
duzca al menos una de las monedas de
Fez de los tres últimos años del reinado
de Alí.
I. A. T 6. i! Y
J )|
^\J\ Jj-.^j A.^.:^^
No haj Dios sino
Alá:
MaHoma mensajero de Alá:
Emir de los muslimes Alt, hijo de
Yúsuf: principe heredero
el emir Texufin,
M. Después de la leyenda ordinaria, el
grabador aun tuvo espacio para añadir
Jülj ,jí^a\ creo en Alá,
— 382 —
II. A. >UT
El imam
Abdala
. el Abasí
emir de los ere jen tes.
•• I
.. (^» -5
^n el nombre de Alá, el clemente, el misericor-
dioso: tu protección, olí Alá, ¡ué acuñado este diñar
en la ciudad de Fez, año seis y treinta y quinientos.
Vives. N. 1808. peso, 4,20 gr.
Parece que el grabador encargado de abrir
los cuños de las monedas de Fez de los años
535, 536 y 537 formó empeño en hacer alar-
de de que al incluir en la inscripción circu-
lar la leyenda coránica ordinaria, nada corta
por cierto, aun le sobraba espacio: en las del
año 535 pudo añadir las palabras aíÍÍ ^*-^.*
— 383 —
en las del 536 JJb c^*\ j en las del 537
i.ljt «^^ : estas mismas palab'as se leen en
las monedas acuñadas en Fez á nombre de
Texufín en los años 537 j 538, j probable-
mente en la única que se conoce del año 539,
existente en el Museo de París, aunque Mr.
Lavoix, que hace notar detalles menos impor-
tantes, no advierte esta particularidad, como
tampoco la nota respecto al diñar del año
538, en el que, como resulta del grabado, se
nota lo mismo que en los ejemplares que he-
mos visto.
N. 8. Los di nares acuñados en Almería,
que indudablemente son las monedas más
toscas de este período, distando mucho de
la perfección j elegancia de las de las
otras cecas, se modiñcan visiblemente
comenzado ja el año 536: las acuñadas
por Texufín en el año 538 alcanzan ja la
perfección ordinaria: estas monedas, que
parece debieron acuñarse en grandes can-
tidades, habiendo circulado en Toledo
durante algunos años como la moneda
legal, ó usual, presentan su major per-
— 384 —
fección en las acuñadas en el año 539,
consignando el nombre del Príncipe he-
redero Ibrahim; la reproducimos con el
número 8.
I. A. *Üt T JI Y
j,i.A i-L)| Jj-^j ->..^-.s^
^.í^)! ^-^b^. e^^^"
^^ J^ J^ ^ cxvá-'^*
No hay Dios sino Alá
Mahoma mensajero de Alá: emir
de los muslimes y defensor de la religión,
Texujin hijo de Áli; su principe heredero,
el emir Ibrahim.
M. La leyenda ordinaria, más las palabras
II. A. Á^r
J.-„A C
.) )|
— 385 —
El imam
Abd-
ala
emir de los orejen tes, el Aba-
sí.
M. La lejenda ordinaria con la fecha 539.
Vives, N. 1870 peso, 4,20 gr.
De los cortos reinados de Texufin j de
6u hermano Ishac, en especial del primero,
se conservan muchos ejemplares de los quira-
(es, medios de qmrale, cuartos, octavos j diez y
seisavos, quiz\ por la coincidencia de haber
podido adquirir casi todo un tesoro de mo-
nedas descubierto en Córdoba hace algunos
años, tesoro que debió de esconderse en el
año 541, pues no salió ninguna moneda pos-
terior á este año.
Por su elegancia en tan diminuto tamaño,
merece publicarse el siguiente cuarto de
quirate.
N. 9. I. A. Adorno.
II. A. ,_-.*!
Almorávides ^
— 387 —
Emir de
los muslimes
Ishac.
Vives, N. 1899.
Muchas son las monedas acuñadas por
diferentes poblaciones al separarse de la obe-
diencia de los almorávides: merecen ser re-
producidas por su elegancia é interés, j aun
por su curiosidad, las siguientes de Córdoba.
N. 10. Diñar de Abenhamdín.
I. A. "ir Jl Y
No haj Dios sino
Alá
Almansur biía emir
de las fnuslimes llamdin, hijo
de Mohámed Abenhamdin,
M. La misión profetice de Mahoma^
II. A. >UT
\
— 388 —
^ )|
El imam
AJbd-
ala
emir de los crejentes.
En el nombre de Alá, fué acuñado este diñar
en Córdobay am cuarenta y quinientos.
Vives, N. 1905. peso 3,95 gr.
Hay dinares con las mismas leyendas,
aunque con ligera variante en la distribu-
ción, de los años 539 j 40.
N. II. Pequeña moneda de plata; 6 sea
quirate.
I. A. T ^)\ Y
. )|
No^haj'Dios sino
Alá:
— 389 —
Mahoma mensajero de Alá.
Córdoba.
11. A. «ÜL.
bila
Almansur
emir de los muslimes Hamd
ín hijo de Mohámed.
Vives, 1906. peso 0,95 gr.
Hay otros ejemplares con pequeña va-
riante en la distribución de las leyendas de
la n. A.
N. 12. Vi quirate.
LA. Sin leyenda: adorno.
11. A. *ÜU
bila
Almansur
— 390 —
Hamdin hijo de
Mohámed.
Vives, 1908. peso, 0,487 gr.
Como procedentes del tesoro meacionado
al tratar del N. 8, pueden suponerse de estos
ndsmos años las dos moneditas siguientes
N. 13. Vs ^® dirhem
I. A. ^jj li.»
^it , jiJl
Este es Vs
del dirhem.
II. A. i^*- ^>»
L^AíjJ
De la ceca
de Córdoba.
Vives, N. 2013. peso, 0,245 gr.
N. 14.
Vi6 ^® quirate.
I. A.
sin lejenda.
II. A.
ix]cys
Córdoba.
Vives, N. 2012. peso, 0,0474 gr.
Es
casi seguro que están acuñadas en
— 391 —
Córdoba en los años 542 6 543 las dos mone-
das siguientes
N. 15. Quirate.
I. A. ¿ü\
No haj Dios sino Alá (arrib )
Mahoma mensajero de Alá.
II. A. ^^.| .^\
. , I ..
Oh Alá, lea compasión
de los emires de los muslimes
los Benitexulin.
Vivej», N. 1981. peso, 0,99 gr,
N. 16. Semiquirate.
LA. .c^.l
Ten compasión
oh Alá
de los emires de los muslimes
— 392 —
IL A. i...>
los Beni-
lexufín.
Vives, N. 1983. peso a,50 gr.
Acuñadas estas dos últimas moDedas, pro-
bablemeute ea Córdoba por Abengania des-
pués de la muerte del último Príncipe elmc-
ravid, pueden ser consideradas como un pia-
doso recuerdo dedicado á la buena memoria
de la extinguida dinastía: se conocen mone-
das de oro con esta lejenda acuñadas en
Córdoba en 542 j en Granada en 545. (Vi-
ves, N. 1978 y 1979).
Queda indicado que de Abenmerdanix ó
sea del rey Lope ó Lobo se conservan muchas
monedan: parece fueron conocidas de los
cristianos con el nombré de lupines; una del
año 553 reprodujimoi en nuestro Tratado de
Numismática arábigo-española: por su singular
elegancia reproducimos aquí dos de estos
preciosos dinares.
N. 17. Diñar de Valencia.
I. A. M
— 393 —
\y * !i Y
Alá:
No haj Dios sino
Mahoma mensajero de Alá:
El emir Mohámed, hijo de
Saad.
M. La lejenda ordinaria de las monedas
almorávides.
11. A. >UT
. 1 )t
El imam
Abd-
ala
emir de los crejentes.
M. > c ¡kA«v.vj »Uj-\)| !jl» s.^ i-^ *Ü| ^**^
— 394 —
En el nombre de Alá, fué aeimaio este diñar
en Valencia año cuatro y cuarenta y qwmentos,
ViTes, N. 1937. peso, 3,90 gr.
N. 18. Diñar de Murcia.
I. ^-LJl T ^)\ Y
No haj Dios sino Alá,
Mahoma mensajero de Alá;
se apoja en la protección de Alá
el emir Abiiabdala
Mohámed Abensaad, avúdele
Alá.
M. La lejenda ordinaria de las monedas
almorávides.
II. A. .U^V
— 395 —
El imam
Abdala
emir de los crecentes
el Abasí.
••I . . I * I ••
En el nombre de Alá, el clemente, el misericor-
dioso, fué acuñado este diñar en Murcia año ocko
y cincuenta y quinientos.
Vives, N. 1957. peso, 3,90 gr.
En estas monedas Abensaad reconoce ex-
plícitamente la soberanía espiritual del Califa
Abasí; como lo hizo hasta el fin de su reina,
do desde el año 547, poniendo en las de al-
gunos años el sobrenombre 6 título sultánico
Entregada Baeza á Alfonso Vil en el año
542 de la hégira, vemos que por estos años
se acuñan en ella monedas árabes con tipo
de las de los almorávides, sin que sea fácil
determinar las causas que á ello contribuje-
ron: tales monedas circularon mucho, siendo
por algunos años la moneda de oro corriente
— 396 —
en Toledo: por esta circunstancia, pues pa-
recen haber sido las que sirvieran de tipo
inmediato para la moneda alfonsí, ponemos
á continuación esta siu guiar moneda, que
solo encontramos acuñada en el año 548.
N. 19.
I. A. *Ü!
Alá:
No hay Dios sino
Mahoma mensajero de Alá:
Alá (es) amigo de los que
creen.
M. La lejenda ordinaria de las monedas
almorávides.
II. A. La lejenda ordinaria como en la mo-
neda N. 18, con ligera variante, j en la orla
¡LiL^j >Lc iwl^vj i^á.ja3i ja» vw-> f^i^ *Ü) A*^-*
— 397 —
En el nombre de Alá, fué acuñado este diñar
en Baeza, año ocho y cuarenta y quini[entos) .
Vives, N. 1996. peso, 3,90 gr.
De los años 544, 545 j 546 se conocen
dinares muy parecidos en la lejenda de la
I. A. é igual la de la II. A., en los que pa-
rece leerse, acuñado para (?) Baeza (?), Jaén (?)
y Sevilla.
N. 20. Moneda de Alfonso VIH 6 sea diñar
alfomi,
I. A. .*>»l
M
Emir de
los católicos
Alfonso hijo de Sancho,
ayúdele Alá
y protéjale.
M. ^>Sk^ IlJajJu» 'LjX^> jUjJlII ti*» ym^j'io
I
— 398 —
Fué acmado este diñar en la ciudad de Toledo
año 4249 de la era española.
t
II. A. S-*-jj^)| M
.^lbji)| é^A,
Imam de la religión
del Mesías, el Papa
de Roma la grande.
M. JiJi (^.^.Aij)l jj)\j ^.T. ^^i .
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Es-
pirilu Sanio, Dios único, quien creyere y fuera
bautizado, será salvo.
Vives, 2021. peso 3,90 gr.
N. 21. Diñar alfonsí del año 1222: en la
I. A. en vez de las palabras ^^sl»*' ^^jj ,
aparece la abreviatura de Alfonso, ALF:
todas las posteriores siguen este modelo.
Vives, N. 2022. peso 3,72 gr.
— 400 —
La acuñación de estas monedas de Toledo
es en general tan mala, j las letras están
trazadas de un modo tan tosco, que aun sa-
biendo lo que en ellas debe decir, es difícil
darse cuenta de las letras j seguir su lectu-
ra; por eso nada tiene de extraño que no
acertaran los primeros que intentaron su
lectura ^.
La acuñación de la moneda propia de los
rejes de Castilla j León comienza en tiempo
de los almorávides con Alfonso YL La de
oro tomó el nombre de ellos, llamándose
morabili [moneda almoravid): anteriores á Al-
fonso VIII, sólo se conocen monedas de oro
(los maravedises) de Feroaudo II de León y
Alfonso IX.
Alfonso VIII no se contenta con imitar
en el sistema monetario los dinares almorá-
vides, sino que los acuña en árabe, imitando
en la distribución de las leyendas el tipo
4 Puede verso lo que decimos en nuestro folle-
to, Errores de varios numismático'^ extranjeros al tratar de
^as monedas ara higo-españolas, pág. o, donde en las li-
neas 10 y II deben corregirse las fechas 1123 y 1161
por 1223 y 1185.
— 401 —
consagrado por el uso, si bien poniendo le-
yenda cristiana.
Y cosa singular, las monedas acuñadas en
Toledo á nombre de Alfonso VIH se conti-
núan después de su muerte durante dos 6
tres años> habiendo reinado desde el año
1158 al 1214^ se conocen dinares alfonsíes
desde el año 1174 de J. C. al 1217, 6 sea
desde el año 1212 hasta el 1255 de la era
de Safar, como dice en ellas.
Aunque hasta ahora la moneda más anti-
cua que conocemos de esta clase es del año
1212, comenzaron á acuñarse antes, pues se
citan los mizcalos de oro alfonsí en docu-
mentos de Toledo desde el año 1210 *: con
■este mismo nombre tuvieron circulación en
Toledo al menos hasta el año 1260 de la era
española.
En los años 1182 á 1190 se citan mt;8-
oales de oro almoravid de la real acuñación de
Almería, j como el 1182 de la era (1144 de
J. C.) corresponde en parte al 539, la mone-
da de Almería de este año que publicamos
4 Pons, obra citada.
Almorávides 96
— 402 —
con el n.° 8 será la designada en tales docu-
mentos de Toledo.
Desde el 1194 al 1210 de la era encontra-
mos citados los mizcales de oro albayesi, que
remplazaron en Toledo á los mizcales de Al-
mería, hasta que á su vez fueron dados al
olyido por la acuñación de los mizcales de
oro alfonsi: por las monedas de oro albajesí
deberán entenderse las monedas de Baeza,
como la publicada con el n.° 19, que es del
año 548 (de 29 de Marzo de 1153 á 17 de
Marzo de 1154 de J. C. 6 sea 1191 j 1192
de la era española) .
Durante todo este período encontramos
citados en los mismos documentos de Toledo
mizcales sin determinación especial, ó mizca-
'es de oro bueno y justo peso, que suponemos
serían simplemente los corrientes en las fe-
chas respectivas: son pocos los documentos
publicados en dicha obra, anteriores al 1182
de la Era.
ÍNDICE CRONOLÓGICO
FICHAS DE LA HISTORIA DE ESTE PERÍODO
Día acei Afio
436 Muerte de Mochéhid de Denia. 167.
468 Álmoctadir rey de Zaragoza despoja de
su reino á su yerno All de Denia. 167.
477 Nacimiento de Ali hijo de Yúsuf. 280.
y Oclu.* ^OSel^®^"* ^® Zalaca. 1. 226. 227.
484 Segunda venida de Yúsuf; sitio de Ale-
do. 8. 227.
483 Tercera venida de Yúsuf: destrona á los
reyes de Granada y Malaga. 8. 227.
490 Cuarta venida de Yúsuf. 228.
49% Persecución contra los mozárabes de
Granada: destrucción de una iglesia
antigua. 218.
495 Ali proclamado Príncipe heredero en
Marruecos 228.
496? Quinta venida de Yúsuf. 228.
40 Dulh. 496 Jura solemne de Ali como Príncipe he-
redero, en Córdoba. 228. 229.
499 Mozárabes de Málaga salen para Ma-
rruecos. 214.
4 Sept*. IfOel^"®'*^ ^® Yúsuf. 6. 280.
Diuh. 500 Primera venida de Ali á España (como
emir délos muslimes), é. 8. 282.
500 Abentiflluit, cuñado de Ali, goberna-
dor de Granada en 500;— en 508 de Za-
ragoza, donde muere en 510. 280.
— 406 —
Sil Uh ASo
30 mS?¿ IwI»»*»"» ^« Uclés. 10. 289.
^ Dum° ^soll^*^®'"'® ^® Alfonso VI. 10.
•I Julio 4409 Doña Urraca sucede ¿ su padre Alfon-
80 VI. 10.
503 Segunda venida de Ali. 11. 382. 284.
45 Safar. ^Soll*^^™* ^® Talavera. 11. 282. 284.
4 Rach.
^ Ener.
45 Dulc.
503|Muerte de Almostaín II de Zaragoza en
44401 ^ " *
503
Valtierra. 12. 244. 254.
Combate dentro de Zaragoza, en que
f>arece son derrotados los afectos á
os almorávides. 257.
40 Dulh. 503 Los de Zaragoza echan de la ciudad al
rey Abdelmélic, y entra (desde la al-
medina) Mohámed Abenalhach. 258.
4444 ISir se apodera de Santarén: de Bada-
5041 joz, Oporto, Evora y Lisboa. 11. 248.
504 Moneda de los almorávides en Zarago-
za. 258.
504/ jTemim se retira de María? 12.
507 Mobáxer rey de Mallorca. 168.
4i44|Liga de príncipes cristianos contra los
I corsarios de Mallorca.
26 Mayo
45 Dulc.
507.1
168.
Junio 44i4|Abenalhach sale de Zaragoza de expe-
507/g| dición contra Cataluña. 20. 278.
Safar 508|Batalla del Congost de Martorrell y
ó Re- I muerte de Abenalhach. 21. 207. 248.
bí4.o I 273.275.
3 Abril. 44 ISIToma del último recinto de Mallorca.
6 Dulc. 5081 277.
50«/9 A fines de 508 ó principios de 509 Don
Ramón Berenguer derrota á los mo-
ros en el llano de Barcelona. 278.
509 Uanudín valí de Mallorca durante tres
meses después de la conquista. 170.
509 Abubéquer valí de Mallorca después
de Uanudín. 170.
510 Muere el príncipe Abubéquer Abentifi-
luit en Zaragoza. 249.
— 407 —
lU Mei Afio
49 Safar 544ITercera venida de Ali: sitio de Coim-
n Junio 4147| bra. 286.
511 Abdala Abenalmazdali valí de Zarago-
za. 250.
511 ¿Temim hermano de Ali hace levantar
el sitio de Lérida? 250.
Mayo msIComienza el sitio de Zaragoza, que du-
513| ra 7 meses. 252.
512 Muerte de Almazdali, valí de Zarago-
za. 250.
¿19 Dici.? IHSIToma de Zaragoza por Alfonso el Bata-
4 Ram. 512| Mador. 12. 251.
513/4 Cuarta venida de Ali: toma ¿ Santama-
ría ó Santa rén. 286.
Re.l.^» 514IBaUlla de Cutanda. 18. 268. 264. 265.
ó 2.0 I 266.
515 Muerte de Almehdí, fundador de la
secta Almohade. 868.
518 Nace en Peñiscola Abenmerdanix. 152.
4125|D. Alfonso de Portugal se arma caba-
o19| llero á los 14 años. 28.
519 Los almohades; su aparición. 28.
1 Sept. 1125lAlfonso el Batallador sale para Anda-
519| lucía. 14. 209. 218. 214.
5 Ener. 11%|Alfonso el Batallador llega á Grana-
5 Dulh. 5191 da. 14.
8 Marz. 1126|Muere Doña Urraca, y le sucede su
520| hijo Alfonso VII. 5. 10. 28.
1I Saftr ^Jloj»»'»»» *« A'-'^^^l- IS-
Ham. 520 Destierro de los mozárabes ¿ África.
211.
520 Muere Abenuarafe valí de Mallorca.
171.
520 Ali da el mando de Alandal us á su
hijo Texufin, y Mohámed Abengania
se encarga del gobierno de Mallor-
ca. 171.
45 Dulh. 524 Alianza de Zafadola con el Empera-
dor. 285.
525 En 525 ó 526 Zafadola reconoce al Em-
perador Alfonso Y II, y le entrega el
— 408 —
Mi Mm Afio
castillo de Rueda. 24. 72. 284. 285.
Rach. 536 Las milicias de Toledo llegan á Sevilla
y matan en un encuentro al valí
Omar. 24. 284.
527/ Hamdín cadí de Córdoba desde 527 á
529 á 532. 64.
1433lZafadoIa y el Emperador talan la An-
52?/,! dalucia. 26.
« Ra'm.* ^5»|^'»"» *^® ^""«S»- *®- ^^' 2^^- *^*'
¿7 Sep.? 4434 Muerte de Alfonso el Batallador. 272.
539 Alianza de Zafadola con el Empera-
dor, según algún autor. 284.
533 Abenroxd (abuelo de Averroes) reem-
plaza en el cadiazgo de Córdoba á
Abenhamdin hasta el 536. 54.
Septi. Í^Jxoma de Oreja por el Emperador. 26.
33 Safar. 536 Muere en Marruecos el alfaqui Aben-
alarif, fundador de la secta de los
moridin. 854.
536 Abenhamdin vuelve al cadiazgo de Cór-
doba. 54.
8 Rach. 537 Muerte de Ali. 27.
37 Febr. 4i43|Mueren en batalla contra los cristia-
9 Xabá. 537| nos Azuel y Avenceta. 27.
53^/, Mohámed Abenganía pasa desde Ma-
llorca á visitar á su hermano Yahya
nombrado gobernador general de Es-
paña. 172. 327.
Ages. 4443lMuere en combate contra los moros
Safar. 5381 Mu nio Alfonso, el vencedor de Azuel
I y Avenceta. 28.
Xau. 538 Un adepto se apodera de Monte-Agu-
do. 86.
34 Dulh. .'>38 Abenabdelaziz nombrado cadí de Va-
lencia. 102.
539 4 de Julio de 1U4 á 23 de Junio de Ui5
Safar. » Principio de la rebelión en el Algar-
be. 91.
43 Safar. » Toma de Mértola por Abenalcabíla. 38.
Safar. » Antes de Rebí 4.°Sidrey se rebela en
— 409 —
día Mes Ano
Evora, Abenalmondir se apodera de
Silves, y á priocipíos de Rebi 1.° se
presentan en Mértola. 89. 292.
^ Re.l.<^ 539 Abencasi se instala en Mértola. 88. 56.
Sept. 4U4ISe reúnen en Toledo los ejércitos de
Re.4.<^ 539| Alfonso VII para anvadir la Andalu-
I cia. 74.
u Abenalmondir se apodera de Huelva.
40.
» Derrotado Abenalmondir cerca de Se-
villa es perseguido por Abengania,
que sitia á Niebla, defendida por Yú-
suf el Petrochí. 41. 66.
Rach. » Abenhamd'.n proclamado por primera
vez en Córdoba. 56. 78. 91.
Ener. 4445lZafadola se presenta en Córdoba y es
Rach. 539| reconocido sin dificultad. 57. 78. 91.
I 298.294.(4)
5 Ram. » IZafadola es echado de Córdoba: se-
4 Marz. 444o| cunda y solemne proclamación de
I Abenhamdin. 57. 79. 81. 102. 293.
I 294.
539 Llega á Valencia la noticia de la pro-
clamación de Abenhamdin: alboro-
to. 102.
Ram. » Abenalhach proclama en Murcia á
AbeDhamdin^ por quien se hace la
oración pública en parte de Rama-
dán y Xaual. 92.
43 Ram. » Abenhasún se declara in'dependiente
en Málaga. 68.
48 Ram. » Abengania de Valencia envia su fami-
lia á Játiva. 108.
27 Ram. » Muerte de Texufin según la generali-
dnd de los autores. 86. 286.
3 Xau. » Abenabdelaziz se hace cargo del go-
bierno de Valencia. 105.
43 Xau. » Abenabdelaziz de Valencia llega á Já-
tiva contra Abengania. 105.
(4) Corrijase en las pág. 78. 91. 294. lo indicado
en la fe de erratas.
— 410 —
Dia Un Abo
45 Xaaa. 539 Abdala el Zegri echa de Murcia á Aben-
alhach y proclama á Abenhud, 92.
9S. ó á Abenhamdin. 95.
fin Xaua. » Abenabicháfar echa de Murcia á Abda-
la el Zegrí. 98.
fin Xaua. » Abenabicháfar de Murcia llega á Játi-
va en auxilio de Abenabdelaziz de
Valencia, que sitiaba á Abengania.
105.
¿Dnlc? » Abenhud entra en Granada. 298.
» Ibrahim, hijo de Texufin, á fines del
año nombra cadi de Ceuta á lyad hi-
jo de Muza. 291.
540 24 de Junio de 1U5 i 13 de Junio de U46
Muere en Granada Ali Abenadha. 81.
Ali Abenmaimún se rebela en Cádiz,
y presentándose en Fez á Abdelmu-
men, entra en su obediencia. 168.
Abenabdelaziz entra en Valencia des-
pués de la conquista de Játiva. 106.
Abenabicháf-tr de Murcia sale para
Granada. 94.
Batalla de la Almosala de Granada y
muerte de Abenabicháfar. 82.94. 298.
Llega á Murcia la noticia déla derrota
de la Almosala y muerte de Aben-
abicháfar: es proclamado Aben táhir.
94. 97. 100.
¿Zafadola se retira de Granada? 88.
Abencasí se presenta á Abdelmumen.
45.
Moneda de Tremecén á nombre de Te-
xufin. 290.
Muerte de Texufin. 289.
Abentáhir abandona el alcázar de Mur-
cia, apoderándose del mando Aben-
iyad el 10 o 26 de este mes. 60 84.
99. 107.
Abenabdelaziz huye de Valencia. 107.
Los de Valencia instalan en el alcázar
como lugarteniente de Abeniyadrey
de Murcia á Abdala Abensaad. 85. 108.
Moha.
»
»
Safar.
»
Safar.
»
3 Re.1.°
))
in Re.4.°
»
Re.2.°
Re.2.°
»
»
Ch.l.o
10 Ch.1.0
»
25 Ch.1.«
25 Ch.1.°
1)
411 —
SiA Kei
ASo
fin Ch.4.«
540
»
48 Rach.
42 Xabá.
20 Xabá.
5 Febr.
»
»
»
4446
Xabá.
540
Xabá.
»
Xabá.
Ener.
4 Duih.
4 Dalb.
4446
5V0
»
40 Duih.
24 Mayo
4446
544
40 Moh.
D
7 Rach.
»
"/, Xabá. »
4 Xaua.
Xaua.
Abeníyad llega á Valencia. 108.
Llamado Abengania por los de Córdo-
ba, le sale al encuentro Abenham-
din, que es derrotado en Ecija. 59.
Entrada de Zafadola en Murcia. 81. 88.
Abengania entra en Córdoba. 59.
IBatalla de Alloch ó de Chinchilla en la
que mueren Zafadola y Abensaad,
llamado el de Albacete. 87. 109.
Abeniyad rey en Valencia después de
la muerte üe Abenhud. 109.
Abdala el Zegrí en lucha en Murcia
con Abeniyad. 109.
jsidrey se apodera de Mértola. 44.
Los almohadas pasan á España. 46.
Abdala el Zegri queda dueño de Mur-
cia. 109.
Abu'gamar, señor de Jerez, Arcos y
Ronda reconoce á los almohades. 159.
El Emperador y Abenhamdín entran
I en Córdoba. 61. 68. 822.
544 13 de Junio de U46 i 1 de Junio de 1147
Llega á Córdoba la noticia de la entra-
da de los almohades en España. 46.
Abdala el Zegri es muerto y Abeniyad
ocupa el trono de Murcia por segun-
da vez. 110.
Toma de Sevilla por los almohades.
46.64.
Primera rebelión general contra los
almohades, en la que entra también
Abenmaimún de Cádiz. 165.
Recobrada Algeciras por Abengania,
Abenalhacham se adhiere en Bada-
joz al movimiento insurreccional
contra los almohades. 161.
Muerte de Texufin, según algún au-
tor. 287.
Muerte de Ishac, último príncipe al-
moravid, después de la toma de Ma-
rruecos por los almohades. 66.
— 412 —
W» Mm Alto
btí 2 de Junio de Ui7 á 21 Ibjo Ui8
22 Re.1.<^ » Abeniyad muere á consecaencia de
heridas en batalla contra los cristia-
nos. 110.
22 Re. 4.0 » Abenmerdanix, muerto Abeniyad, es
reconocido como rey de Valencia.
111.
ChA.^ » Abenmerdanix llega á Murcia. 181.
17 Octu. 4447|Toma de Almería por los cristianos.
20 Ch.4.0 5421 185.
fin Gb.4.° » Al í Abenobaid, lugarteniente en Mur-
cia de Abeniyad, muerto éste, hace
entrega del mando á Abenmerda-
nix. 112.
» Diñar acuñado en Córdoba con piado-
so recuerdo á la memoria de los al-
morávides. 892.
.H43 22 de Uayo de Ui8 i 10 de Ugyo de 1119
» Mohámed hijo de Alí Abenalhacham
acuña moneda de oro en Badajoz.
163.
Ch.2." » Abengania disgustado con D. Alfon-
so Vil, se avista en Ecija con Barraz,
y entrega á los almohades Córdoba
y Jaón. 49. 64.
31 Dicte. lUSlConquista de Torto.sa por D. Ramón
16 Xabá. 5i3l Berenguer. 124.
24 Xabá. » Abengania muere en Granada. 64.
27 Ener' IUqI^''*^®**^ ^^^ ^^^ ^°^^ ^^^ ^^^^' ^^'^•
Jun'^ ^ Jlgllratado del rey Lobo con Genova. 124.
10 Ch.2.0 544|Conquista de Lérida, Fraga y Mequi-
24 Oclu. 11491 nenza. 126. 126.
II.SOITratado de paz entre Abengania de
.-viVsl Mallorca y Pisa. 178.
ok) Abencasí en rebelión contra los almo-
tiades. 50.
» Abulgomar alcaide de Córdoba evita
— 413 —
Wa _llei_ i5o^
con su previsión la sorpresa que
preparaba Alfonso Vil. 159. 160. 16á.
824.
54o Los rebeldes del Algarbe obtienen el
perdón de Abdelmumen por media-
ción del general Abenyagmor, y fe
presentan en Salé, renunciando sus
pretendidos derechos. 160. 162. 165.
545 Diñar de Granada, piadoso recuerdo
de los Benitexiifin. 88. 892.
49 Rach. 546 Muere en Málaga el exrey Abenham-
din. 68. 68.
Ch.1.^ 546 Es muerto Abencasi. 51.
546 Abenmerdanix ayudado por Alfonso
Vil se apodera de Guadix. 188.
546 Muere Monámed Abenganía de Mallor-
ca; según otros muere en 550. 178. 829.
546 Rebelión en Valencia contra el rey
Lobo. 128. 818.
547 Continúa la rebelión en Valencia. 818.
» Desde este año el rey Lobo reconoce
en las monedas la soberanía espiri-
tual del Califa de Oriente. 895.
11 Re.t.° 548 Muere el rey de Málaga Abenhasún. 70.
» Moneda de Baeza en árabe y con le-
yenda musulmana á pesar de estar
en poder de los cristianos desde el
año 542. 896.
549 Maimún Abenbéder entrega Granada á
los almohades. 65. 186. 188. 815. 816.
551 Entrega de Granada á los almohades,
según algún autor. 801.
551 Los de Sevilla piden á Abdelmumen
que les envié por gobernador algu-
no de sus hijos: es designado Abu-
yacub. 52.
552 Almeria perdida por los cristianos.
, 187.815.
91 Agos. 1157|Muerte del Emperador en Fresneda al
13 Rach. 552I regresar de Almeria. 187. 815.
553 El principe Abuyacub desaloja de Mér-
tola á Texufín el Lamtuni. 52.
553 Mueren á la vista de Sevilla en com-
bate contra los cristianos, los exfo-
— 414 —
su Km Ab
II
Abuigamar y Ajyentlhaelinn.
8M Jaén presúobedltfaeta al rer Lobo. 1S4.
Un 866 Córdoba aitlada por el rey Lobo. 1S4.
4464 lEI rey de Mallorea trata de paz con los
66^1 Písanos. 19S.
867 Abenbemoebieo ae apodera de Grana-
da. Itf . tlt. $17.
667 Derrota de los almohades en la pra-
dera de Harebaroead á 4 millas de
(Granada. 140.
SB Baoh. 887|Batalla de la Ixabica y derrota de
43 Julio. 44021 Abenbemoebieo y del rey Lobo en
I Granada. 14S.S1¿
668 Abayacub Tdsní es 11 amado de Espa-
ña para «er declarado Prínolpe he-
redero* 146
Gb.l® 866 Huerta de Abdelmnmen. 148.
800 El caliün Abuyacub llama á su herma-
no Abusaid Otmán, qoe estaba en
Granada. 148.
800 Abenhemochico intenta apoderarse de
Córdoba. 148.
860 Muerte de Ahyal, exrey de Ronda. 187.
7 Dulb. 860|Derrota del rey Lobo en el llano de
48 Octu. 44681 Murcia con muerte de todos los sol-
I dados cristianos. 146. 820.
860 Murcia sitiada por los almohades des-
pués de la derrota del rey Lobo. 146.
864 Abenhemochico entra en relaciones
con los almohades, ofreciendo so-
meterse. 147.
8 Noví. 4468|Alianza del rey Lobo con Alfonso II de
3 Safar. 664| AraRon. 121.
864 Abenhemochico se rebela en Jaén con-
tra el rey Lobo. 129.
864 Se rebela en Almería contra el rey
Lobo, su primo Mohámed. 129. 149.
48 Rach. 864IAbuIhachach Yúsuf, hermano del rey
47 Abril 44691 Lobo, ¿independiecte? en Valencia.
I 128.
664 Hilel es proclamado Príncipe herede-
ro del rey Lobo, según las monedas,
151.
— 415 —
Di« Kei ¿£o
565 Conquista de Baza por el príncipe
Abuhafs después de tomar posesión
de Lorca. 149.
565 Abenhemochico pasa ¿ Marruecos á
tener una entrevista con el Califa.
148.
565 El principe Abusaíd va á Badajoz, y
pactada paz con D. Alfonso de Por-
tugal regresa á Sevilla. 148.
565 Rebelión de Alcira contra el rey Lobo.
129.
565 Moneda de Ishac Abengania en Ma-
llorca. 175.
566 Abuihachach Yüsuf, hermano del rey
Lobo, se pasa ¿ los almohades. 180.
45 Xaua. 566 Sitio de Alcira rebelada contra el rey
Lobo. 149.
45 Dulc. 566 Abenhílel se encarga del sitio de Alci-
ra y le es entregada. 149.
567 Rebelión do Elche contra el rey Lobo.
150.
667 Viene á España el califa Abuyacub y
se instala en C'^rdoba. 151.
99 Racb. 567 Muerte del rey Lobo. 151.
567 Sitio de Huete por los almohades, y
fracaso de éstos. 158. 821.
567 Moneda de Ishac Abengania de Ma-
llorca. 175.
1173|Elrey de Mallorca firma tratado de
56S/.I paz con Pisa. 178.
5 Re.1.^ 570 Casamiento del Califa con la hija del
rey Lobo. 158.
11781 El rey de Mallorca acomete y toma la
573/4I ciudad de Tolón, en Francia. 177.
I 881.
97 Junio 4178ILOS moros mallorquines saquean la
9 Moh. 574| iglesia de Santa María deülla (Ge-
I roña). 177. 881. 882.
574 Muere en Marruecos Abentáhir exrey
de Murcia. 100.
575 Gánim hijo del rey de Lobo, con la es-
cuadra almohade acomete á Lisboa.
158.
— 416 —
ga M» Ho
ITTI Muere Abeiiebdeleiiz,exrer deYalen-
cia.tM.
19 Salir 880fEl rey de Mallorca Arma tratado de
I Jnnio II84| ]»ai con Pisa. 178.
no Mnerte de lahac de Mallwca poeo an-
tea de la mnerte del califa AbaTft-
cob. IVt. 179. 999. 994.
¿Re.9.^ 689 Muere el oalüa Iboyacub á eonae-
coencia^de la derrota de Santarén.
181.998.
680 Los de Mallorca se sublevan contra
Moliámed y proclaman & su lierma-
no Alf . 181.
8 Xabá. 880 Ali de Mallorca se apodera de Bugfa.
189.
4488ILOS cristianos cautivos se apoderan
68Vil del palacio de Mallorca. 189.
883 Proclamación de Abdala Abengania en
Mallorca. 184.
883 El capitán Abulabás, el de Sicilia, se
apodera de Ibiza. 184.
Cb.9.* 88l|Abdala de Mallorca firma un tratado
Agos. 4488| de paz con Genova. 185. 948.
596 Muerte del califa Almansur. 186.
598 El califa Anésir sale de Marruecos
contra Mallorca. 186.
Dulh. 599 Los almohades entran en Mallorca, y
muere el rey Abdala Abengania. 186.
ADDENDA ET CORRIGENDA
?ág. Linea U$m
47 15 (Abengama de nuestras crónicas)
21 23 Abuabdala Abenhach, el Principe se
volvió
96 20 de 4439 ^ de la hégira),
27 5 el 27 de Enero
39 43 (21)
49 7 este modo una buena
54 43 enviado
78 44 (Racbeb de 539)
94 9, 40 y 44 Abenhud pocos días después, por este
mismo tiempo
402 6 Guando llegó á Valencia la noticia de
la proclamación de Abenhamdin el
sábado 5 de Ramadán del año 539
429 22 códice
452 46 Abulcamar
462 8 se sometió como los otros): quizá aun
volvieron á rebelarse,
467 44 Almoctadir,
472 44 Abentimacadmat?;
485 49 20 años
203 7 den luz
243 23 remeavit
247 7 servil y poco apropiada»:
220 43 y vemos por vez primera las monedas
fraccionarias
236 7 á 49 de Safar
286 8 que no corresponden
286 44 de 539, pues resultan dos años y dos
meses.
294 7 comprende desde 25 de Febrero de 4 446
&27 de Marzo
304 4 hijo de Béder,
339 44 iáo*^íl
Almorávides 27
índice de este libro
INTRODUCCIÓN VU
REINADO DE YCSUF 4
REINADO DE ALÍ 8
Aragón: Tudela, Zaragoza, GaUnda 43*
Expedición á Andalucía 43
Batalla de Fraga 47
Los almorávides en Catalana: batalla de Mar-
torell 90
Portugal y Castilla tt
REINADO DE TEXUFÍN 97
REBELIÓN DE LOS ESPAÑOLES 39
La Rebelión en el Algarbe 33
La Rebelión en Córdoba 58
La Rebelión en Málaga 68
La Rebelión en el Oriente de Alandalus ... 70
En Murcia y Valencia 8^
--420 —
Oobiemo de Abenalhach M
« del arráez Ábdala el Zegrf 98
» deiJbenablcliáito 9S
» de ÁbentálUr 97
» deAbenirad 99
La BébelfóB en Valencia. 401
aUHAPO DE MOHÁMBD ABBNfLIAD, ABCNMERnAinX,
ÓILBBTLOIIO III
Tratados de Abenmerdanix con loa crislianoa . 190
Reconquista por los cristianos de las ciadades
de Tortoss, Lérida, Fraga y Meqoinenza . 193
Valencia bajo el rey Lobo 197
Conquistas de Abenmerdanix 490
Conquista de Guadix 434
Jaén, Ubeda y Baeza 431
Almería 435
Granada 438
Defecciones en la familia del rey Lobo .... 447
REYEZUELOS Ó REBELDES DE ESTE PERÍODO, POCO
COIfOGIDOS 455
Abyal rebelde en Ronda 456
Abengarrún señor de Jerez y Ronda 458
Abenalhacham rey de Badajoz 460
Alí Abenmaimún señor de Cádiz 463
LAS BALEARES BAJO LOS ALMORÁVIDES 467
Mohámed Abengania 474
Ishac Abenganía 474
EFÍMEROS REINADOS DE MOHÁMED, ALÍ, TALHA, MO-
HÁMED (2.* VEZ) Y TEXÜFÍN 479
— 421 —
Juicio acerca de la dominación de los almorá-
vides en España 489
Persecución de loa mozárabes 208
ILUSTRACIOKES 225
Cronología detallada de lo contenido en este
libro 403
Addenda et corrigenda 447
OBRAS DE ARABISTAS ESPAÑOLES
que estin de venta en las librerías
Bibliotheca arábico-hispana
To. I y II. ABEN PAScuALis AssiLA (Dictionarium bio-
graphicum) ad fidem codicis Escurialensis ará-
bico nunc prímum edidit et indiciboa locaple-
tissimis iDStruxit Franciscus Codera in Universitate
Matritensi Arábicas linguae professor ordinarius
et Regise Historíese Academise Sodalis. Matríti, 4882
et 4883. Dos tomos en ^.^ con foliación única, XX
y 767 páginas, 4 ptas.
To. III. DESIDERIUM QUíERENTIS HISTORIAM VIRORUM
popuLi ANDALusiiE (Dictionarium biographicam)
AB ADH-DHABBi scRipTUM, ad fldcm codicis Escuria-
lensia arabice nunc primum ediderunt indicibus
additis Franciscus Codera in Universitate Matriten-
si Arabicae lingnse professor ordinarius et Regise
Historíese Academíse Sodalis et Julianus Ribera,
Malriti. MDCCCLXXXV, en 4.°, XXV y 642 páginas
y un facsímile del códice, 34 ptas.
To. lY. ALMocHAM (Dictionarium ordine alphabetico)
DE DISCIPULIS ABU ALI ASSADAFI AB ABEN ALÁBBAR
scriptum, ad fidem codicis Escurialensis arabice
nunc primum edidit indicibus additis, FraruHscus
Codera et Zaydin. Matrití, MDCGCLXXXVI, en 4.^
XIX y 365 pág. 49 ptas.
To. V y VI. coMPLEMENTTUM LiBRí ASSiLAH (Dictiona-
rium biographicum) ab aben alabbar scriptum.
partem quoe superest ad fidem codicis Escaria-
lensis. arabice nunc primum edidit, indiclbus
additis, FrancUcu8 Codera. Matríti, MDGGCLXXXIX.
Dos tomos con foliación continuada, XIY y 964
páginas, 30 ptas.
TO. Vil y VIH. HISTORU virorum doctorum andalu-
SL£ (Dictionarium biographicum) ab aben alfa-
RADHi scrípta, ad fidem codicis Tunicensis ará-
bico nunc primum edidit, indicibus additis, Fran'
CÍ8CUS Codera, (Accedunt dúo fragmenta inédita ex
ABEN PAScUALis assila). Matriti. To. I. MDGGCXG, 444
páginas y to. II. MDGGGXGII, con un facsímile del
original, XII y S73 págs. 35 ptas.
To. IX y X. índex librorüm de diversis scientiarum
ORDINIBUS QUOS A MAGISTRIS DIDICIT ABU BEQUER BEIf
KHAíR ad fidem codicis Escurialensis arabice nunc
primum ediderunt indicibus additis Franciscu* Co-
dera et J, Ribera Tarrago. To. I, Matriti, MDGGGXaiI.
463 pág. to. II, índices et introductionem conti-
nens, XIII y 449 pág. 48 ptas.
Obras de D. Francisco Codera
Catedrático de lengua árabe en la UnÍTcrsidad de Madrid
Tratado de numismática arábigo-española, con 24 lá-
minas (23 autoectipografiadas por el autor). Ma-
drid, 48^, en 4.^ XXIV y 319 pág. 45 ptas.
ERRORES DE VARIOS NUMISMÁTICOS EXTRANJEROS al tra-
tar de las monedas arábigo-españolas é impug-
nación. Madrid, 1874, en 4.^ 34 pégs. 2 ptas.
TÍTULOS Y NOMBRES PROPIOS EN LAS MONEDAS ARÁBIOO-
E8PAÑ0LAS. Madrid, 1874, en 4.^ 88 págs. ' 2 ptas.
MISIÓN HISTÓRICA EN LA ARGELIA T TÚNEZ. TrabajOS leí-
do8 ante la Real Academia de la Historia. Madrid,
4892, en 4.^ 207 págs. TSO ptaB.
ELEMENTOS DE GRAMÁTICA ÁRABE ptrR USO de lOS alUm-
no8 de D. F. G. y Z. Segunda edición. Madrid, 4892,
litografiada, en 4.°, 443 págs. 2 ptas.
Obras de D. Leopoldo de Eguilaz
decano <1« la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad
de Granada y correspondiente de las R. R. A. A.
de la Lengua j de la Historia
GLOSARIO ETIMOLÓGICO DE LAS PALABRAS ESPAÑOLAS»
(castellanas, catalanas, gallegas, mallorquínas,
portuguesas, valencianas y bascongadas) de ori-
gen ORIENTAL (¿rabe, hebreo, malayo, persa y
turco) por D, Leopoldo de Eguilaz y Yanguas^ cate-
drático de la Universidad de Granada y corres-
pondiente las R. R. A. A. de la Lengua y de la
Historia. Granada, 4886, 4.<> m. XX1V-S91 páginas,
25 ptas.
RESE>A HISTÓRICA DE LA CONQUISTA DEL REINO DE GRA-
NADA POR LOS REYES CATÓLICOS, SEGÚN LOS CRONIS-
TAS ÁRABES, por el mismo autor. 2.* edición, Gra-
nada, i 894, con el fotograbado de un autógrafo de
Boabdil, 3 ptas.
Para los pedidos de estas dos obras, hay que dirigirse
al autor, Carrera de Darro, 43, Granada.
Obras de D. Fraqoisco Pons Boigues
del ArchÍTo Histórico Nacional
APUNTES SOBRE LAS ESCRITURAS MOZÁRABES TOLEDANAS,
que se custodian en el Archivo Histórico Nacio-
nal. Madrid, 4897, en 8.^ 390 págs. Librería de
D. Mariano Murillo, 3 ptas.
ENSATO BIO-BIBLIOGRÁFICO SOBRE LOS HISTORIADORES Y
GEÓGRAFOS ARÁBIGO-ESPAÑOLES. Obra premiada por
la Biblioteca Nacional. Madrid, 4898, 4.°, 514 pa-
ginas, 40 ptas.
Obra de D. Antonio Vives y Escudero
correspondiente de la Real Academia de la Historia
MONEDAS DE LAS DINATÍAS ARÁBIGO-ESPAÑOLAS. (DOS-
cripción de todas las monedas de esta dinastías,
conocidas hbsta la fecha). Madrid, 4893, en 4.^ pro-
longado, X y 553 páginas. Librería de D. Mariano
Murillo, precio, 40 ptas.